Los Reyes inauguran (con incidente incluido) el Congreso Internacional de la Lengua Española

El viaje sólo dura un día porque la agenda del monarca está condicionada por la incertidumbre política

Antes de comenzar el discurso, un hombre ha interrumpido a Don Felipe para exigir la liberación de Óscar López Rivera

Su discurso ha sido rotulado con una errata: “Su Magestad” (sic)

Una semana después de la primera crisis de imagende nueva planta que la Casa Real ha tenido que afrontar tras la renuncia de Don Juan Carlos, los Reyes han hecho su primer viaje oficial desde las elecciones para apadrinar la apertura del Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) que se celebra desde hoy y hasta el viernes en San Juan de Puerto Rico. El viaje sólo dura un día porque la agenda del monarca está condicionada por la incertidumbre política, pero eso es suficiente para volver al amable guión: los Reyes han aparecido esta mañana atentos a Jorge Edwards y a Sergio Ramírez, sentados con Víctor García de la Concha y Darío Villanueva, aplaudidos por académicos de toda América, atentos al nobel francés Jean-Marié Le Clézio… Para estas cosas, está muy bien la cultura.

Antes de comenzar el discurso, un hombre ha interrumpido a Don Felipe para exigir a gritos la liberación de Óscar López Rivera. Su causa es la de un antiguo militante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña, una guerrilla nacionalista contraria a la asociación de la isla a los EEUU, que fue encarcelado por la justicia estadounidense en 1982. Bill Clinton le ofreció una amnistía durante su mandato, pero López Rivera la rechazó. Su nombre ya había aparecido durante el discurso de Luis Rafael Sánchez, un escritor puertorriqueño que habló ante el público antes que el monarca. Sus alusiones a López Rivera han sido recibidas con aplausos.

Después de que el manifestante terminara su intervención sin interrupciones, el Rey ha comenzado su discurso, que ha sido rotulado durante unos segundos por la propia organización con una errata: “Su Magestad” (sic). “Llegamos a Puerto Rico, la isla de la simpatía, como la llamó Juan Ramón Jiménez en su sentido propio de comunidad de sentimientos. En efecto, en esta ciudad que Colón bautizó en 1493 con el nombre de San Juan, todo hace que un hispano se sienta en su propia casa, empezando por nuestra lengua, que se oye con un acento que se me antoja entre andaluz y canario. Precisamente las culturas más extensas del mundo son las que mejor pueden administrar la diversidad en su interior. Es la lengua indohispana, trufada de términos taínos, porque, a través de los siglos, la fusión de sangres ha abierto cauce a las viejas raíces históricas mestizas, las que aquí afloran también en las canciones populares acompañadas de maracas y güiros puertorriqueños”.

Habrá que recordar: el Congreso Internacional de la Lengua Española fue una iniciativa del entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, que animó al Instituto Cervantes y a la Real Academia Española a organizar unas jornadas abiertas al público y dedicadas a pensar y festejar el idioma español. El primer encuentro fue en Zacatecas, en 1997, y, el siguiente en Valladolid. Después, el CILE viajó a Rosario y Cartagena de Indias. En 2010, el terremoto de Chile se cruzó en su camino. En 2013, tocó el turno a Panamá y esta semana llega el turno de San Juan.

Los puertorriqueños han sabido como pocos vivir y sobrevivir en la frontera de las sociedades, las culturas y las lenguas. Porque éstas no son contradictorias con la diversidad, basta con aceptarlas de forma natural”, dijo el Rey. “Son precisamente las culturas más extensas las que mejor pueden administrar la diversidad en su interior”.

El encanto del CILE, se supone, consiste en que no es un encuentro académico cerrado sino casi festival, capaz de atraer a muchedumbres. Ocurrió en Rosario y en Cartagena, y esta mañana, el asunto empezó bien. Profesores y estudiantes escucharon la sesión de apertura ante dos grandes pantallas propias de un concierto de rock. Para ellos hubo guiños, citas a Cortázar y Juan Ramón, a Gabriela Mistral y Pedro Salinas, los escritores más famosos para un lector español de cuantos habitaron la isla alguna vez.

Ninguno de ellos es puertorriqueño. Para los que hemos llegado a Puerto Rico, ese es el reto, descubrir una literatura poco conocida entre los países hispánicos. Julia de Burgos, Luis Rafael Sánchez, Luis Palés Matos… No es sólo una cuestión de cortesía. Tiene que ver con el valor simbólico de Puerto Rico, una de las puertas por las que el español ha entrado en Estados Unidos. El país en el que el español se juega su futuro como un idioma capaz de crecer.

“En modo alguno venimos a un país extraño”, dijo Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, en su discurso de bienvenida: “Esta es la base más firme para que el español se consolide como la segunda lengua de comunicación internacional en Occidente”.

Cualquiera que viaje hasta el Estado-Libre-Asociado a través de una escala en Miami se da cuenta de que los dos idiomas, el español y el inglés, conviven en un equilibrio inestable. En Florida, los policías y los meseros son latinos pero se dirigen al viajero en inglés. En Puerto Rico, en cambio, el inglés se lee pero no se escucha. Algo parecido a lo que ocurre con el francés en los países árabes.

Cervantes, el Inca Garcilaso de la Vega, Rubén Darío, Juan Ramón, el español de África, la traducción, la comunicación científica… Son los temas de los que se hablará en San Juan con la excusa de las efemérides o de la acualidad. Leonardo Padura, Le Clézio, Jorge Volpi y Fernando Aramburu estarán en la partida. Ellos y la muchedumbre.

 

Print Friendly

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *