Concha Casado inauguró en el Museo Etnográfico la biblioteca que lleva su nombre

La etnógrafa Concha Casado, en la biblioteca etnográfica que lleva su nombre en el Museo de Mansilla de las Mulas.

No lo ha hecho para que críen polvo en el ponedero de un estante. Todos los libros, artículos, manuscritos, trabajos de campo y recuerdos personales de Concha Casado Lobato, el legado de una vida casi por entero dedicada al estudio, divulgación y puesta en valor de las tradiciones leonesas, ha quedado ya depositado en la llamada Biblioteca Etnográfica Concha Casado del Museo Etnográfico de León con sede en Mansilla de las Mulas. El objetivo, «que la gente venga hasta aquí y consulte este material», según dijo y remachó varias veces la veterana etnógrafa que ayer ofició, junto a la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, la inauguración de este nuevo espacio para la investigación.

Distinguida en octubre del año pasado con la Medalla de Oro de la Provincia, momento en el que mostró de manera oficial su intención de donar todos sus materiales a la Diputación, doña Concha, como es conocida en toda la provincia, se encontraba ayer especialmente feliz al ver cuidadosamente colocados y catalogados todos sus libros. No obstante, la cantidad es tal —el material editado se acerca a las 3.000 unidades y el total, con recuerdos, premios, fotografías, objetos personales y demás, a casi el doble— que otra parte de los volúmenes espera turno para ser ubicada en una sala aneja, mientras que muchos materiales secundarios se encuentran en los almacenes.

A Concha Casado lo que le alegra —lo dice a menudo— es que la gente «valore lo que yo valoro», y por eso ayer comentaba con alegría cada foto antigua que la llenaba de recuerdos de juventud al verlas aparecer en un audiovisual preparado por el director del museo, José Ramón Ortiz del Cueto, para acompañar e ilustrar el acto. Ante un numeroso público de amigos, familiares, compañeros y representantes institucionales, doña Concha volvió a lanzar, a sus 93 años, su invariable grito de guerra: «¡Tenemos que salvar las artesanías»! Y es que a pesar de que su movilidad se ha reducido mucho y de que «si no apunto algo, se me olvida» (dijo, aunque su discurso volvió a pronunciarlo entero de memoria), la autora de El habla de la Cabrera Alta o Indumentaria tradicional leonesa continúa rastreando documentos y trabajando en la medida de sus posibilidades.

Mientras tanto, Isabel Carrasco agradeció a Concha Casado «en nombre de toda la provincia» su gesto de entregar a la Diputación («que es lo mismo que decir a todos los leoneses») «el legado entero de su vida y su trabajo»: libros y artículos antiguos y modernos, suyos y de otros autores, muchos descatalogados y de difícil acceso; material audiovisual, revistas, reconocimientos… Tras las declaraciones oficiales, la comitiva contempló la flamante Biblioteca, en la que se encuentran seleccionadas algunas de sus obras más señeras (la tesis sobre el leonés de la Cabrera que mereció Premio Extraordinario, luego editada en forma de libro) o el gran volumen sobre trajes populares de León, Zamora y Salamanca.

Pero además, existe entre este material libros antiguos de gran valor, como las Ordenanzas de la ciudad de León de 1669, el Libro de la salida del Pósito de la ciudad de León de 1790, el Fuero de Sepúlveda, diversos libros y legajos datados entre los siglos XVI y XVIII y entre ellos varios ejemplares originales de La Pícara Justina, del siglo XVIII, así como diversos ejemplares de historia y literatura relacionada con León de los siglos XIX y principios del XX.

Según la catalogación hecha por el propio museo, «las materias de mayor tratamiento de sus publicaciones destacan los de agricultura, aperos, alfarería, arquitectura, artesanía, cerámica, ceremonias, curtidos, dialecto, folclore, indumentaria, forja, joyas, religiosidad, ramos, ritos, y sobre los monasterios de Carrizo, Otero y Nogales».

El investigador Pío Cimadevilla, además, ha destacado de la personalidad de doña Concha que es «un referente lingüístico-etnográfico de clara relación con la Escuela de Hamburgo de F. Krügger y su método de estudio ‘palabras y cosas’, bajo la influencia de Dámaso Alonso, Menéndez Pidal y Julio Caro Baroja». Y subraya la importancia concreta de dos títulos: La biblioteca de un escritor del siglo XVII: Bernardino de Rebolledo, y la Colección Diplomática del Monasterio de Carrizo.

Fuente: El Diario de León.es 13-06-2013

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