¿Cómo vas a celebrar el Día Internacional de la Mujer?

El  próximo 8 de marzo es el  Día Internacional de la Mujer.
Para que lo celebres, participa en una propuesta especial:

Después de siglos de silencio, las primeras reivindicaciones se acallaron con violencia, y aún hoy se miran por algunos sectores con recelo o condescendencia, cuando no con burla.  La realidad de la mujer en el mundo actual deja bastante que desear: la desigualdad (aún) de los derechos y oportunidades, la brecha salarial, la escasa presencia en la vida económica y política, la falta de reconocimiento y protagonismo en los puestos de responsabilidad. Y eso en la parte “privilegiada” del mundo.,.

La obra artística refleja la realidad de la sociedad de su tiempo y la mirada  y la autoría masculina prevalecen en la Historia del ArtePara celebrar el Día de la mujer trabajadora te presentamos lo que será una obra escrita por una mujer sobre mujeres  cuya valía fue silenciada por el hecho de serlo. Presta atención y, si te convence, colabora en el proyecto de publicación para dar voz y recuperar la figura y la obra de pintoras  borradas de la historiografía tradicional.

 

Las pintoras olvidadas y un crowdfunding

Por Ángeles Caso

Sofonisba Anguissola. Autorretrato pintando a la Virgen y el Niño. 1556. Muzeum Zamet w Lancucie, Lancut.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato pintando a la Virgen y el Niño. 1556. Muzeum Zamet w Lancucie, Lancut.

Sofonisba Anguissola, maestra de la pintura de Cremona, fue llamada por Felipe II a la corte de Madrid en 1559, y aquí retrató a toda la familia real, incluido el rey. (Obviamente, un rey solo posaba ante el “el mejor pintor de todos”). Artemisia Gentileschi, pintora barroca, ganó tanto dinero con sus numerosos encargos, que logró casar a sus dos hijas con dos nobles napolitanos, previo pago de enormes dotes. Luisa Ignacia Roldán, la Roldana, fue escultora de cámara de Carlos II y de Felipe V, y trabajó para el mismísimo papa de Roma. Adélaïde Labille-Guiard, retratista oficial de las hermanas de Luis XVI, ingresó en la Real Academia de Pintura y de Escultura de Francia –el máximo honor para un artista de su época– en 1783, al mismo tiempo que Élisabeth Vigée-Lebrun, retratista oficial de María Antonieta. Marie-Guilhelmine Benoist retrató a toda la dinastía Bonaparte. Frances Benjamin-Johnston fue la fotógrafa oficial de cinco presidentes de los Estados Unidos. Hilma af Klint pintó numerosos lienzos abstractos desde 1896, quince años antes de que Kandinsky firmase la que suele considerarse la primera acuarela abstracta de la historia.

Adélaïde Labille-Guiard. Autorretrato con dos discípulas. 1783. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

Adélaïde Labille-Guiard. Autorretrato con dos discípulas. 1783. Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

¿Dónde están todas esas artistas? ¿Quién las conoce? La historia –ese invento de unos señores decimonónicos con chistera, bastón y barba blanca, con la mente ensombrecida de prejuicios patriarcales y miradas androcéntricas– las ha dejado fuera. En los cánones no existen. En los índices de los manuales de historia del arte, sus nombres no aparecen. En los museos, están a menudo colgadas en los rincones más inaccesibles, o escondidas en los depósitos, bajo el supuesto de que “no son tan buenas”, mientras que las obras de muchos pintores que “tampoco son tan buenos” se exhiben orgullosas en las salas. A veces, incluso, han sido saqueadas, y sus cuadros han resplandecido bajo el nombre de ilustres artistas varones, hasta que algún especialista ha sacado al museo de su error. Eso sucedió, por ejemplo, con los retratos de Anguissola en el Prado: hasta hace veinte años, figuraron como lienzos de Alonso Sánchez-Coello o Juan Pantoja de la Cruz.

Frances Benjamin-Johnston. Autorretrato (fotografía). 1896. The Libray of Congress, Washington.

Frances Benjamin-Johnston. Autorretrato (fotografía). 1896. The Libray of Congress, Washington.

El trabajo de recuperación de todas estas artistas olvidadas es lento y difícil, pero ya inexorable, a medida que sus nombres y, sobre todo, sus obras, van saliendo a la luz. Permitidme que presuma de ser una de las historiadoras del arte que, laboriosamente, va contribuyendo a ese esfuerzo colectivo, investigando, colaborando con diversos museos como especialista en género y publicando libros, artículos y textos de catálogos.

Mi último libro nace de una constatación hecha tras muchos años de estudiar a las pintoras: muchas de ellas se dedicaron al retrato, un género “menor” respecto a la pintura religiosa, mitológica o de historia, y socialmente aceptable para una mujer, siempre y cuando estuviese bien educada, claro está. Y muchas, muchísimas, se autorretrataron. Algunas lo hicieron incluso en numerosas ocasiones, superando a los siempre citados Durero o Rembrandt en su voluntad de dejar constancia de su propia imagen y del paso del tiempo sobre ella.

Paula Modersohn-Becker. Autorretrato como regalo en el 6º aniversario de boda. 1906. Kunstsammlungen Böttcherstrasse, Bremen

Paula Modersohn-Becker. Autorretrato como regalo en el 6º aniversario de boda. 1906. Kunstsammlungen Böttcherstrasse, Bremen

Ellas mismas. Autorretratos de pintoras. Desde la Edad Media hasta las vanguardias reúne 100 ilustraciones a todo color, desde los graciosos selfies que algunas monjas medievales se atrevieron a deslizar entre las páginas de los manuscritos que ellas miniaban –sí, también las monjas contribuyeron a mantener la cultura a lo largo de la Edad Media, y no solo los monjes, como siempre nos han contado– hasta las extraordinarias artistas de Dada o del Surrealismo. El libro incluye además las biografías de todas ellas, una introducción sobre las mujeres artistas y una bibliografía si no extensa –pues aún no existe–, al menos intensiva. Es, creo, una buena manera de dar a conocer a todas esas magníficas pintoras olvidadas, que se ofrecen al público a través de la imagen que tuvieron de sí mismas.

Lamentablemente, las cosas en el mundo editorial español están tan complicadas, que ninguna editorial ha querido apostar por este libro, caro de producir a causa de las reproducciones en color, el tipo de papel que exige y los derechos que hay que pagar a los museos por todas esas imágenes. Y, tal vez, poco comercial por lo desconocido del asunto. Pero yo no he querido meter mi obra en ese tristísimo cajón donde yacen todas las buenas ideas que nunca llegan a ver la luz. He querido seguir adelante, convirtiéndolo en un acto colectivo que es, además, un doble gesto de resistencia: resistencia frente al canon androcéntrico. Y resistencia también frente a una sociedad cada vez más indiferente hacia la cultura, a punto de dejarse arrasar definitivamente por los bárbaros.

Para poder publicar el libro, necesito la colaboración de muchas personas. Es fácil: se trata tan solo de suscribirse a través de una plataforma en línea, pagando por adelantado el volumen, que llegará a manos de quienes lo adquieran en el mes de junio. Con el añadido de que los nombres de todos esos “micromecenas” aparecerán en él, dando fe de que, al final, lo hemos hecho entre todxs. Os dejo el enlace a la plataforma de recogida de fondos (crowdfunding), donde podréis ver todos los detalles, tanto del libro como del sistema, totalmente transparente, de funcionamiento de la plataforma Verkami. Y os animo a que participéis en este acto de rebeldía cultural.

Aquí puedes participar

 

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