Sin ruido. Coloquio participativo de guía a la lectura

“Sin ruido”,  de José Corredor-Matheos

Por Luis Artigue

Introducción

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Dentro de las tergiversaciones de nuestra época se cuenta la de que hablar de conocimiento en la Universidad de hoy debe ser hablar de emplear el método científico, pero, para los antiguos, al conocimiento se accedía tanto por la vía de la razón, como por la vía espiritual poético-teológica…

De hecho, cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían, y por eso inventaron a los seres humanos. Pero seguían aburriéndose, e inventaron el amor. Vieron que ya no se aburrían, de modo tal que decidieron probar el amor ellos mismos, y tuvieron que inventar la risa para poder soportarlo….

Y cuenta también la historia que para los griegos en principio los hombres y las mujeres éramos uno, pero un dios cicatero nos separó y por eso ahora los seres humanos vivimos así, buscando nuestra otra mitad, tratando de recomponer el sentido existencial (un sentido que acaso no sea apenas nada, pero sin el cual nos derretiríamos en la inesencialidad).

Igual que los seres humanos fuimos separados hace mucho, entonces, en las nieblas del tiempo antiguo, así también el discurso espiritual y la poesía, que fueron uno, han venido separándose desde la antigüedad.

Sí, la realidad es sólo una parte de lo que hay dentro y fuera de nosotros, y esto lo saben desde antiguo tanto las religiones como ese otro discurso espiritual que es la poesía. Por eso en la descripción, desentrañamiento y comprensión de lo que es la realidad, en la eterna antigüedad estaban juntas tanto la poesía como las religiones, pero lamentablemente estas dos, la poesía y la espiritualidad, se fueron separando hasta tomar la gran distancia que en apariencia hay ahora entre ambas en esta época en la que el racionalista y la erudición desprecian a la docta ignorancia.

Sin embargo en todas las épocas y tradiciones ha habido individuos iluminados, o buscadores de la esencia, que han tratado de volver a juntar lo que había sido separado, la teología y la poesía: en estos parámetros se circunscribe la obra y el legado casi astral de Zoroastro, el legado metafísico de Plotino, el cabalístico de Maimónides y Moisés de León, el sufí de Ibn’ Arabi, el de los compiladores de koans del budismo zen y todo el legado de los ascetas y místicos europeos, tanto los de vía purgativa, como los de vía iluminativa y unitiva, entre los que se cuenta la brillante obra de, por ejemplo, Hildegarda de Bingen, el Maestro Eckhart, San Francisco de Asis, San Benito de Nussia, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, y también la mística heterodoxa de Miguel de Molinos y Juan de Valdés, y el legado de la mística oriental de Buda, Confucio, los Lamas tibetanos, el Vendanta Sutra de los hinduístas…

La mística cristiana se fundamenta en el silencio y la oración y busca la experiencia unitiva mediante un estado final de conciencia que teológicamente se denomina kenosis.

De otro modo la mística oriental se fundamenta en la meditación y la concentración profunda, y busca un estado de renunciación del ser y desapego de los sentidos que llaman nirvana.

De gran influencia para tres poetas de la generación del 50, José Ángel Valente, José Caballero Bonald y Antonio Gamoneda, han sido los escritos de toda la tradición mística, y en especial de la mística española de lenguaje exuberante.

De gran influencia para otro poeta no adscrito de la generación del 50, José Corredor Maheos, han sido no tanto los escritos en sí como los descritos procesos espirituales y las vías de conocimiento iluminativo tanto de los místicos orientales como los de los occidentales.

El autor: José Corredor Matheos

9788490662519En sus memorias tituladas Corredor de fondo, que abarcan su nacimiento (1929) y primeros años en Alcázar de San Juan, pasando por sus estudios, su inmersión en la vida catalana, su desarrollo profesional, su relación con el mundo del arte, con los grandes artistas españoles del siglo XX (Miró, Dalí, etc.), sus reflexiones sobre las relaciones entre Cataluña y el resto de España, y las numerosas personas y personajes que ha conocido a lo largo de su dilatada existencia hasta su actualidad, se nos presenta con exquisita ponderación como poeta, crítico de arte y estudioso de mundos tan dispares como el budismo zen o la historia del juguete. Y es que José Corredor-Matheos ha ejercido a lo largo de su vida una discreta, pero constante, labor de engarce entre geografías, figuras y ámbitos literarios y artísticos muy diversos, desde la pintura al diseño, desde la arquitectura a la cerámica, o desde la poesía a las numerosas exposiciones de las que ha sido comisario. En estas memorias el autor dibuja una extraordinaria imagen de la sombría Barcelona de posguerra, poblada de personajes favorecidos o maltratados por el régimen, a los que el autor pone ante nuestra mirada con singular viveza. A partir de los años sesenta, el autor recrea una cultura viva, mestiza y nada compartimentada, en la que aparecen creadores de la talla de Rafael Alberti, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Salvador Espriu, Carles Riba, J.V. Foix, Antonio Saura, Eduardo Chillida, Antonio López, Salvador Dalí, Joan Miró o Antoni Tàpies.

Pero tan elocuente como lo que nos dice son sus silencios, ese no nombrar a una parte del panorama poético catalán, pues le basta el silencio y jamás cae en lo que Luis Cernuda llamó “la forma amarga del elogio” que es la descalificación, tan propia del género memorialístico.

Su obra

Su primer poemario fue Ocasión donde amarte (1953). Luego le siguieron, por citar los más importantes, Ahora mismo (1960), Poemas para un nuevo libro (1962), por el obtuvo el Premio Boscán de Poesía, Libro provisional (1967), Carta a Li Po (1975), Y tu poema empieza (1987), Jardín de arena (1994) y El don de la ignorancia (2004). En ese trayecto su poesía se ha ido concretizando en un estilo personal riguroso y austero en palabras, donde la emoción y el sentido se exponen despojados de cualquier vestimenta retórica. Estética y ética en leve comunión.

Su poemario “Sin ruido”

Se trata de un libro casi místico que comienza con el sin-ruido_9788483834961silencio y termina con el silencio, como aconsejó en su regla monástica San Benito de Nursia, y que describe un proceso espiritual sincrético sin Dios y sin ligazón unitiva (de hecho, eso le aleja de la mística cristiana y le acerca a la oriental).

Está escrito con un lenguaje contenido, cristalino y machadiano en la forma (la difícil sencillez), y así impregnado de la apuesta espiritual franciscana por la austeridad y de la apuesta espiritual benedictina por el silencio (de ahí el título de Sin ruido).

Partiendo del silencio y pasando por la renunciación, el desapego, el hacerse uno con el mundo, con el paisaje y con los muertos amados y regresando al final de nuevo al silencio, el libro describe un proceso espiritual: va recorriendo lo que el místico sincrético catalán Raimon Llul denominó escalas del ascenso y descenso del entendimiento espiritual, y va concentrando el ser al modo en que enseña la tradición taoísta, y desarrollando a la vez un panteísmo lírico que entronca con Angelus Silesius, y con la disolución de la razón lógica que pretenden los koans del budismo zen, para acabar presentándose como iluminado con sentido de misión y describiendo los llamados de misión del encomendado, llegando a su vez a entonar también un canto por la pérdida de valores de esta época, y hasta llegando a hacer una admonición en la que casi el poeta se convierte en profeta…

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Gervasio Troche

He aquí un libro de espiritualidad lírica, sincrética, audaz y excéntrica de quien repasa sin alardes las distintas escuelas místicas plurirreligiosas para proceder líricamente por decantación hasta destilar un misticismo desapegado, desnudo, personal, panteísta, ecologista, trascendente, y quizás, por momentos, evanescente…

Sí, son poemas que no terminan donde terminan las palabras; poemas en los que cada verso es un punto de partida para la meditación trascendental.

Éste es el libro de un autor cuya obra posee el regusto de lo clásico porque es en verdad un buscador de esencias que trata de reunir lo que artificialmente fue separado, la poesía y la espiritualidad, para ayudarnos a transitar nuestro propio camino interior continuo en pos del sentido de nuestra existencia.

Su legado

Es notoria la influencia de su poesía y de su concepción de la poesía en poetas de lenguaje cristalino y finura espiritual como por ejemplo Vicente Valero, el último Vicente Gallego, Agustín López Leal y Sandro Luna.

Gervasio Troche

Gervasio Troche

3 pensamientos en “Sin ruido. Coloquio participativo de guía a la lectura

  1. Sergio Blanco Alba

    Con este libro me he estrenado en el mundo de los poemas. Si, debería darme vergüenza pero reconozco que nunca me he acercado a un libro que no fuese una novela, y de no ser por el club de lectura no hubiese empezado tampoco por este.

    No me ha resultado un libro fácil de leer (quizás por ser el primero como ya he comentado), pero al final ha conseguido que me interesase. Tras leer un poema, volver a leerlo y pensar que significaba para mí, me apetecía continuar con otro más, así hasta que llegué al final.

    Se que se ha vendido con distintas filosofías/religiones, sin embargo para mí todo el libro carece de sentido religioso; aquello que iba buscando y encontrando por el camino no era un Dios, era yo mismo, mi mejor yo.

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  2. Sergio Blanco Alba

    Estas Navidades he vuelto a releer algún que otro poema del libro, y creo que con este fragmento puedo resumir mi sentimiento en estas fiestas:

    “Si te sientes feliz
    no es que seas feliz
    o no lo seas,
    si no que ya no piensas
    si eres feliz o no. […]”

    Eso me pasa a mi con la familia, me siento feliz pero porque dejo de preguntarme si lo soy o no, solamente me dedico a disfrutarles.

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  3. LAURA LÓPEZ

    La verdad, que no soy muy partidaria de las poesías, puesto que no me suele costar bastante leerlas y entenderlas. Pero tras una lectura intensa, en la que he tenido que leer y releer los poemas me quedo con que tenemos que vivir el momento, en lo que somos ahora y siempre tenemos que buscar lo mejor de nosotros mismos para darlo a los demás.

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