II Concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones” (V)

“Let Me Help”, Hussain Khalaf

El próximo viernes 31 de marzo termina el plazo de presentación de originales para el II Concurso de Microrrelatos “Unidos por generaciones” (consulta las BASES del concurso), en el que pueden participar todos los miembros de la comunidad universitaria de la Universidad de León y cualquier persona mayor de 60 años residente en la provincia de León. Para poder ganar un lote de libros por valor de 100€ o 1h de vuelo para dos personas en el Centro de Simulación Áerea de la Universidad de León, además de la difusión de tu microrrelato en este blog y en la web del CEI Triangular, solo tienes que crear una historia de un máximo de 150 palabras sobre las relaciones intergeneracionales y enviárnosla a la dirección electrónica tulectura@unileon.es junto con tus datos personales y de contacto. 

Anteriormente ya te hemos ofrecido unas pocas ideas que pueden inspirarte para crear un relato que hable de aquellas cosas que unen a los jóvenes y a los mayores. Hoy te traemos este entrañable prólogo de Doris Lessing a su obra Alfred y Emily, en la que imagina cómo habría sido la vida de sus padres de no haber estallado la Primera Guerra Mundial:

Mis padres eran asombrosos, pero cada uno de forma muy distinta. En cambio, lo que tenían en común era su vitalidad. La Primera Guerra Mundial pudo con ambos. La metralla le destrozó una pierna a mi padre y le obligó a llevar una prótesis de madera. Jamás se recuperó de su época en el frente. Murió a los sesenta y dos años, convertido en un anciano. En el certificado de defunción deberían haber escrito «Causa de la muerte: la Gran Guerra». El gran amor de mi madre, un médico, se ahogó en el canal de la Mancha. Ella nunca se recuperó de esa pérdida.

En este libro he intentado darles la vida que podrían haber vivido de no haber estallado la Primera Guerra Mundial. Algo fácil en el caso de mi padre. Creció jugando con los hijos de los granjeros en los campos que delimitaban Colchester. Toda la vida había deseado ser granjero en Essex o en Norfolk. No tuvo dinero para comprarse una granja, por eso he hecho realidad su deseo más anhelado: ser granjero en la campiña inglesa. Destacaba en los deportes, sobre todo el críquet.

Mi madre fue enfermera de heridos de guerra durante los cuatro años que duró el conflicto. Trabajaba en el hospital Royal Free, que por entonces se encontraba en el East End londinense. A los treinta y dos años le ofrecieron el puesto de comadrona en el hospital Saint George, uno de los mayores centros hospitalarios de la época; en la actualidad es un hotel. El puesto de matrona solía ofrecerse a mujeres que ya habían cumplido los cuarenta. Mi madre era de una eficiencia formidable. De niña yo la hacía rabiar diciendo que, si hubiera estado en Inglaterra, habría dirigido el Instituto de la Mujer o, como Florence Nightingale, habría sido la precursora de la reorganización hospitalaria. Además, tenía un gran talento para la música.

Esa guerra, la Gran Guerra, la guerra que acabaría con todas las guerras, se instaló en mi niñez. Para mí, las trincheras estaban tan presentes como cualquier otra realidad visible. Y aquí sigo, intentando descargarme del peso de ese monstruoso legado, intentando liberarme de él.

Podría haber conocido a Alfred Tayler y a Emily McVeagh en la actualidad, tal como los he descrito, tal como podrían haber sido de no haber estallado la Gran Guerra. Espero que habrían aprobado las vidas que he imaginado para ellos.

¡No esperes más y participa! 

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