Un pensamiento en “no-hay-amor-en-la-muerte

  1. Evangelina Fernández Gordón

    Pasé por Valladolid el viernes 3 de Noviembre, (estupefacta me quedé al ver que ya tenían colgados los adornos navideños), sabiendo que el 9 venía al club Martín Garzo),quería ver la exposición del Museo Nacional de Arquitectura, (la quitaban el día 5) titulada Alonso Berruguete y el Lacoonte. Había una talla de Alonso Berruguete, de Abrahan, con el cuchillo en la mano con la locura en su mirada y el brazo levantado con fuerza directo a la posición de degollar a su hijo. Este atado, veía como el cuchillo iba directo a el, no estaba acostado sino arrodillado. La talla de madera es pequeña pero preciosa. Abrahan ya mayor casi quita la vida, su hijo Isaac, su primogénito. Me recordó en ese instante que me paré a verla, la diferencia entre el Abrahan y el Isaac de Martín Garzo, y la obra renacentista del tallador palentino. El niño de Martín Garzo lleno de amor por su padre, que sabe que es mayor, y se le va algo la cabeza, como en un juego, se deja llevar por su padre, juega a las ovejitas y ofrece su cuello, para el es un juego no sabe que va a morir. El de Alonso Berruguete, es un adolescentes que ve que va a morir, está atado y arrodillado pero en su mirada, y en la posición de sus brazos intenta defenderse. Cómo ha dulcificado Martín Garzo un acto de violencia y barbarie. Creo que el ángel lo suaviza todo, pero los dos personajes bíblicos en su mirada lo dicen todo.

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