“El orden del día”, de Éric Vuillard. Guía a la lectura

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Actualizado 8 de febrero de 2019: Vídeo de la sesión

Por Luis Buendía

Luis Buendía es profesor en el Departamento de Economía y Estadística de la Universidad de León desde 2015, adonde llegó tras haber trabajado en otras cinco universidades españolas. Es Doctor en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid y su principal campo de investigación es la economía política de los Estados de bienestar, en especial en los países nórdicos y en España. Sobre estos temas tiene artículos publicados en revistas como Socio-Economic Review o Cambridge Journal of Economics, entre otras.

Luis Buendía

Luis Buendía

Ha publicado, solo o en co-autoría, varios libros en editoriales como Fondo de Cultura Económica, Icaria o RBA. Su último libro, del que ha sido co-editor y co-autor, ha sido The Political Economy of Contemporary Spain. From Miracle to Mirage, Routledge, 2018, y en él ha analizado los elementos que explican el último auge económico de España y su crisis desde 2008.

Además, es el coordinador del Grupo de Innovación Docente sobre Economía, Comunicación y Arte de la Universidad de León, grupo en el que ha puesto en marcha con otros profesores de la Universidad un proyecto sobre Economía y literatura con el que se propone un acercamiento a la economía desde la literatura.

¡El orden reina en Berlín!…
Rosa Luxemburg, 1919

El pasado 15 de enero hizo un siglo desde que los Freikorps, unos cuerpos paramilitares alemanes de extrema derecha, asesinaran a Rosa Luxemburg. 1919. Ni siquiera pasaron 14 años antes de los hechos que se relatan en el inicio de El orden del día. Las relaciones son evidentes. Veremos por qué.

Antes, es importante empezar conociendo un poco del autor. Éric Vuillard es un autor francés que ha dedicado la mayor parte de su obra a relatar en forma de ficción algunos acontecimientos de importancia histórica. En castellano, su obra era inédita, con la excepción de Tristeza de la tierra, una novela sobre los claroscuros de la conquista del Oeste, que fue publicada en 2015. Cuando en 2017 obtuvo el premio Goncourt por El orden del día, creció también su fama internacional, y al tiempo que el propio Vuillard está terminando su última novela en francés, acaba de salir en castellano 14 de julio, que novela el inicio de la Revolución Francesa, y que él había publicado en 2016.

Vuillard se vale de la novela para arrojar luz sobre determinados hechos históricos. Lo hace con una perspectiva crítica sobre esos acontecimientos, sabedor como es de que la novela le permite jugar con la realidad con muchas más posibilidades que el ensayo, pero sin dejar de ser fiel a los acontecimientos históricos, que es lo que ha elegido hacer. Así, en el diario El país, el autor afirmaba:

“El papel de la ficción cambia en función del momento político en que nos encontremos. Por ejemplo, cuando se vive en un periodo de fuerte autoridad, la ficción puede ser una manera de escapar a la censura. Hoy no nos encontramos en esa situación. Recurrir a la ficción puede ser engañoso. Como lector, me siento cada vez más ávido de realidad, de obtener claves de comprensión”.

En el caso de la novela que nos ocupa, la llegada de Hitler al poder, el autor entronca con una vasta literatura que ya ha tratado el asunto, y sin embargo, lo hace con mucha originalidad. En efecto, son muchas las aristas del ascenso, consolidación y, afortunadamente, derrota del nazismo que han recibido atención a estas alturas de nuestra existencia. Y muchos también los campos desde los que se han abordado. Desde la psicología, el ya clásico El hombre en busca de sentido, de Viktor Emil Frankl; desde el cine, por supuesto, La lista de Schindler o El niño del pijama de rayas, pero también la monumental Amén; desde el ensayo analítico, necesariamente, las obras de Hannah Arendt y también la llamada de atención más tardía de Zygmunt Bauman en Modernidad y holocausto. Y naturalmente desde la literatura. Aquí es donde se encuentra Vuillard, y antes que él, también en cuanto cronología del contenido, también podemos encontrarnos con Una princesa en Berlín, de Arthur G. Solmssen, que precisamente traza el nexo entre esos acontecimientos con los que iniciamos esta entrada, es decir, el asesinato de Rosa Luxemburg, y el ascenso del nazismo en Alemania.

 

El orden del día, de Éric Vuillard

El contexto

La novela relata se ubica en la llegada al poder de Hitler y sus primeras medidas, pero también la II Guerra Mundial y el genocidio que practicaron los nazis. Es importante entender un poco de esta historia. Así, los orígenes remotos de estos acontecimientos podríamos situarlos durante la I Guerra Mundial, y con ella, dos hechos muy importantes que servirían para desencadenar acontecimientos posteriores.

Por un lado, la guerra en sí, y la derrota sufrida por Alemania con las consiguientes sanciones impuestas al país a raíz de ello. Contra estas sanciones surgieron críticas importantes, como las de J. M. Keynes, por lo que suponían para el país. Esas sanciones resultaron humillantes para la población alemana, pero, más allá de lo simbólico, resultaban además imposibles de pagar y llevaron al país a una situación económica de penuria. Terminada la I Guerra Mundial, el gobierno alemán opta por imprimir dinero para estimular la economía y devolver la deuda. El resultado fue un episodio de hiperinflación que sigue utilizándose en todos los manuales de economía como ejemplo de las consecuencias de una política monetaria errada. Precisamente, en Una princesa en Berlín, se trazan muy bien los rasgos de esta situación, el sufrimiento cotidiano (la humillación para conseguir moneda fuerte, es decir, extranjera, y por tanto no afectada por esa depreciación o la necesidad de utilizar una carretilla para llevar el dinero que costaba una rebanada de pan) y las consecuencias que podría tener. En efecto, si bien hubo franjas de población que salieron beneficiadas con aquella situación (quienes tenían acceso a divisas, o quienes operaban con deuda, que de un día a otro ya no valía nada), buena parte de las clases bajas, no. Y la denominada clase media, ésa que anhelaba no parecerse al proletariado, se vio de repente en las mismas condiciones que las y los obreros, con todo lo que de insoportable tenía para ellos.

Por otro lado, es necesario incorporar la variable política. Alemania fue cuna del primer partido socialdemócrata de Europa en la década de 1860, y como tal, en paralelo a una intensa industrialización económica, el movimiento obrero fue haciéndose cada vez más fuerte. A comienzos ya del siglo XX surge en el seno de la socialdemocracia alemana el debate entre reforma o revolución, sintetizado en la discusión teórica entre Eduard Bernstein y Rosa Luxemburg, debate que tendrá su réplica en el resto de Europa. Dicho debate concluyó con una mayoría dentro del partido a favor de la vía reformista al socialismo, y una minoría, liderada por Karl Liebknecht y la propia Luxemburg, que terminará formando el Partido Comunista Alemán. La disputa ideológica se plasmó también en la posición ante la guerra, con la mayoría socialdemócrata favoreciendo una posición belicista y la minoría oponiéndose a ella (al considerar que en las guerras siempre es la clase trabajadora la que pierde). Finalmente, Alemania decidió ir a la guerra y el desenlace ya lo conocemos, pero no se quedó ahí: en medio de una insurrección obrera (que dio pie a la formación de consejos obreros en Berlín, Baviera y otros lugares del país), de la que formaba parte esa minoría mencionada, el gobierno socialdemócrata optó por resolverla armando a unos cuerpos paramilitares de extrema derecha que terminarán asesinando en enero de 1919 tanto a Liebknecht como a Luxemburg.

Rosa Luxemburg se dirige a una multitud de Stuttgart en 1907. Aquí está flanqueada por retratos de Karl Marx (derecha) y Ferdinand Lassalle (izquierda), los fundadores del movimiento socialista alemán.

Rosa Luxemburg se dirige a una multitud de Stuttgart en 1907. Está flanqueada por los retratos de Karl Marx (derecha) y Ferdinand Lassalle (izquierda), los fundadores del movimiento socialista alemán.

El consenso político en contra del izquierdismo se impondrá a partir de entonces, incluso en un contexto en el que el propio Adolf Hitler diera un golpe de Estado como reacción a la invasión francesa de la cuenca del Ruhr (golpe que le llevó a la cárcel, donde escribió Mi lucha). Sin embargo, la justicia se empleaba de forma desigual con los extremistas de izquierdas y con los de derechas: si con los primeros se empleaba con “dureza”, mostraba, sin embargo, hacia los segundos una “indulgencia sistemática”, a decir por Hermann Kinder y Werner Hilgemann (Atlas histórico mundial, Ediciones Istmo, Madrid, 1990, vol. II, p. 167).

La inestabilidad política y los problemas económicos nos llevan directos a la década de los 30: aunque ya sin hiperinflación, la depresión económica afectó también a Alemania, de suerte que, a la llegada de Hitler al poder, la tasa de desempleo del país estaba por encima del 40%. Entretanto la inestabilidad política se traducía en refriegas en las calles y el ascenso electoral del Partido Nacionalsocialista de Hitler, que se apoyó en otros partidos políticos. Con el apoyo de Zentrum (Partico de Centro, católico) y del Partido Nacional del Pueblo Alemán (conservadores nacionalistas), Hitler es nombrado Canciller el 30 de enero de 1933. Justo ahí es donde Vuillard inicia su relato, y es por tanto ahí, donde debemos dejar que sea él el que continué el resto.

Los acuerdos de Múnich fueron aprobados y firmados durante la noche del 30 de septiembre de 1938 .  De izq. a der.: Chamberlain, Daladier, Hitler, Mussolini, y Ciano, fotografiados antes de firmar los Acuerdos de Múnich.  (CC BY-SA 3.0 de File:Bundesarchiv Bild 183-R69173, Münchener Abkommen, Staatschefs.jpg)

Aspectos en los que fijarse en la lectura

  • La complicidad entre las empresas y el régimen nazi, y derivado de ello, la lógica de los negocios. ¿Quién pone el dinero? ¿Para qué?
  • Una vez en el poder, los vínculos entre la forma de proceder de la economía y las estrategias perseguidas por el régimen nazi. ¿Qué papel juega “lo económico” en esas estrategias? ¿Qué tienen en común?
  • El papel de los políticos que, al menos en teoría, no apoyaban el nazismo (Halifax, Schacht, Chamberlain, etc.). ¿Cómo se desempeñan los políticos ajenos al nazismo con éste?
  • La neutralidad del “ser humano” común. ¿Qué hizo la población en su conjunto? ¿Cómo reaccionó ante un ascenso que suponía la supresión de las libertades más básicas?
  • El miedo al izquierdismo (comunismo) como realidad y como pretexto. ¿Qué papel desempeñan las diferentes corrientes de izquierda antes del nazismo y tras su llegada al poder?
  • La idealización de la efectividad. El hecho de que un país pusiera en jaque a la mayoría del mundo occidental, y lo hicieran en relativamente poco tiempo, lleva a extender cierto sentimiento de admiración: ¿qué nos dice la novela sobre lo que había detrás, sobre la fundamentación de esa admiración?

Os esperamos el martes 12 de febrero a las 19:00
en la Sala de Conferencias de la Biblioteca General San Isidoro
para abordar el coloquio participativo sobre esta obra

¡Buena lectura!

Un pensamiento en ““El orden del día”, de Éric Vuillard. Guía a la lectura

  1. Angel Herranz Garcia

    Lo que he aprendido con la lectura, se resume al final del libro.Lo incorporo para mi crecimiento espiritual.
    “Nunca se cae dos veces en el mismo abismo, pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y pavor. Y uno quisiera tanto no volver a caer que se agarra y grita. A taconazos nos quiebran los dedos, a picotazos nos quiebran los dientes y nos roen los ojos”

    La impresión del trabajo de os que manejan los resortes del poder en el mundo
    Entre esos tipos y yo hay algo personal
    Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
    de declarar públicamente su empeño
    en propiciar un diálogo de franca distensión
    que les permita hallar un marco previo
    que garantice unas premisas mínimas
    que faciliten crear los resortes
    que impulsen un punto de partida sólido y capaz
    de este a oeste y de sur a norte,
    donde establecer las bases de un tratado de amistad
    de una plataforma donde edificar
    un hermoso futuro de amor y paz.

    Y Una propuesta para construir un mundo donde el ser humano se pueda desarrollar
    Teniendo en cuenta que el libre albedrío, viene de serie en los humanos, desde Adán y Eva, respetando los derechos de la persona, es legitimo ejercitarlo.
    A pesar e lo anterior, si las personas decidimos vivir en comunidad para protegernos de los peligros de la soledad y del aislamiento, como grupo social organizado, tenemos que dotarnos de instrumentos que permitan la convivencia y la cooperación. Esos instrumentos deberían impedir o al menos convencer de que no sea rentable para el individuo o la manada trasgredir las normas. Es decir, que en el momento de decidir atentar contra las personas o sus interesas legítimos, el presunto trasgresor piense y decida que no le compensa realizar ese tipo de acciones.
    Jamás debería resultar rentable ni conveniente para una persona y/u organización ejercer contra otra y/u otras, violencia, engaño, robo, intimidación, acoso, explotación y etc., etc.
    Diseñar estos instrumentos (leyes, normas) e implantarlos con el acuerdo de la ciudadanía, es una de las tareas de los políticos que han asumido la responsabilidad de legislar y la de aplicarlos la función de que ostenta la responsabilidad de juzgar; en cuanto a los que se dedican a ejecutar o gestionar, para realizar su tarea, solo necesitarían pensar en las consecuencias de sus decisiones o acciones y responsabilizarse de ellas.
    Con esto y un programa de compromisos a corto medio y largo plazo… todo resuelto.

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