No hay amor en la muerte: Coloquio

Por Sergio Fernández Martínez

The sacrifice of Isaac Marc Chagall Original Title: Le sacrifice d'Isaac Date: 1966;

Detalle de El sacrificio de Isaac, de Marc Chagall (1960-1966)

El jueves 26 de octubre los socios del Club de Lectura nos reunimos para debatir nuestras opiniones acerca del segundo libro elegido: No hay amor en la muerte, del autor vallisoletano Gustavo Martín Garzo.

Utilizando las preguntas de la guía de introducción a la lectura, el público rápidamente dio vía libre a sus comentarios. Así, el constante juego de contrarios —vida y muerte, mujeres y hombres, generación adulta y generación joven, etc.—, visible desde los inicios de la novela e hilado a través del discurso bíblico, muestran la auténtica realidad que Gustavo Martín Garzo quiere transmitir: el enfrentamiento a las grandes coyunturas humanas. De este modo, las diferencias vitales, generacionales y de formación sirven como pretexto de algunos de los grandes temas no solo de la literatura universal, sino de la propia existencia.

La novedad textual que aporta esta novela, con su marcado estilo renovador llamó la atención de muchos de los participantes, quienes vieron en No hay amor en la muerte ciertas semejanzas con la narración de José Saramago: uso de minúsculas, discurso ininterrumpido o las rayas oblicuas que separan las frases. Asimismo, la creación de la obra suscitó un gran interés: ¿qué recursos estilísticos utiliza Martín Garzo para hacernos llegar el mensaje? ¿cómo de intensa ha sido su investigación histórica? ¿qué peso tiene la tradición en esta novela? Desde luego, el uso novedoso de la técnica literaria no dejó indiferente a nadie.

El sacrificio de Isaac, de Adi Holzer (1997)

El sacrificio de Isaac, de Adi Holzer (1997)

En relación a este punto, también sobresale la importancia de la intertextualidad y cómo esta interviene lúdicamente en el desarrollo escritural y novelesco. El uso de metáforas que sirven para profundizar en temas tanto clásicos —que, precisamente, por su condición de clásicos son modernos— como contemporáneos nos hizo ver que las grandes preocupaciones del hombre son esenciales, no importan las circunstancias ni el contexto sociohistórico. Otros debates, que también giraron en torno al proceso de la escritura, del estilo y de la construcción de un texto, se centraron en el uso y descripción de los ángeles como personajes clave, las relaciones psicológicas con Dios, con la familia y con los siervos, la importancia de la onomástica en la novela —por ejemplo, Isaac: “el que hace reír”— y la función que esta desempeña, de manera mordaz, en el transcurso de la historia. Asimismo, el tema de la crueldad y cómo este evoluciona a lo largo de la trama, superponiéndose en muchas ocasiones a otros temas de gran envergadura —libre albedrío, amor, libertad— fue uno de los más debatidos en la última sesión del Club de Lectura.

En último lugar, pero no por ello menos importante —sino más bien todo lo contrario— , el rol que desempeñan los personajes femeninos ocupó gran parte de la sesión. Si bien la oposición entre lo femenino y lo masculino es evidente, quizá ya desde el mítico tema de Adán y Eva —«La vida da la razón a las mujeres y la muerte a los hombres» llegamos a leer en uno de los pasajes»—, esta antagonía no hace sino reflejar los constantes opuestos y la eterna dualidad. No solo entre los sexos sino también entre los grandes temas que polarizan la novela y que ya mencionamos anteriormente. Precisamente, esto es extensible a los personajes femeninos; una concepción visible sobre todo en Agar y Sara, que reflejan dos modelos de mujer —fantasías versus miedo, fertilidad versus senectud, actividad versus pasividad, etc.—.

Esta persistente confrontación de contrarios hizo preguntarse a algunos de los socios si, en realidad, esta novela no será una obra contestataria a los radicalismos. Desde luego, las últimas páginas son realmente esclarecedoras, utilizando el proteico símil del concepto de la vida y la diferenciación que va surgiendo de esta a lo largo de la evolución humana y cómo las generaciones otorgan un mayor peso a diferentes dimensiones de la existencia humana.

La suerte es que el autor de No hay amor en la muerte, Gustavo Martín Garzo, nos visitará en la próxima sesión del Club de Lectura. Será el jueves 9 de noviembre a las 19:00 horas en la Sala de Conferencias de la Biblioteca General San Isidoro: una ocasión única para preguntarle posibles dudas o hacerle llegar nuestras opiniones y comentarios. ¡No te lo pierdas!

Abraham y los tres ángeles, de Marc Chagall (1966)

Abraham y los tres ángeles, de Marc Chagall (1966)

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9 pensamientos en “No hay amor en la muerte: Coloquio

  1. ANGELA MARTINEZ ARIAS

    Tras la lectura de “No hay amor en la muerte” del autor Gustavo Martín, he de decir que personalmente me ha resultado demasiado pesado a la hora de leerlo por su estilo diferente de formato. Refiriéndome a lo que es el contenido del libro, me ha parecido interesante el giro que le da el autor a uno de los episodios de la biblia más importantes. Finalmente y tras el análisis que se ha realizado en el coloquio el pasado jueves, he de decir que me ha parecido interesante el libro pero que, por otra parte, no sería uno de los libros al que recurriría más veces.

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  2. CARMEN RODRÍGUEZ CAMPO

    “No hay amor en la muerte” me ha parecido una lectura diferente a lo que suelo leer pero no en el sentido del formato, ya que estoy acostumbrada a Saramago, por ser uno de mis escritores favoritos, sino en el hecho de recuperar una imagen bíblica y crear con ella una antología de imágenes entre las que podemos hallar diversos cuadros a los que se alude bajo las repeticiones del autor (véase, Saturno devorando a su hijo, de Francisco de Goya). No es un libro que probablemente vuelva a leer, como ya afirmó uno de los socios en el coloquio, pero me parece una novela arriesgada en el hecho de resaltar el papel de la mujer y ofrecérselo al lector a modo de reflexión.

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  3. Daniele Arciello

    Para mí, son muchos los elementos paradigmáticos de otros géneros que se pueden apreciar en esta sorprendente novela. Parece como si Garzo quisiera homenajear a las estéticas literarias primigenias —las que han ido constituyendo, a lo largo de los siglos, los cimientos estructurales de los textos más notos— exaltando, en particular, el aspecto oral que caracteriza la narración de No hay amor en la muerte. En concreto, lo que mayormente me ha sorprendido ha sido la elección del uso de cursivas en los pasajes de las mujeres, que animan al protagonista para que relate sus vicisitudes. Fue casi instintiva mi asociación de sus incitaciones con el papel que desempeñaba una componente fundamental de las antiguas tragedias, es decir, el coro. Allí la relevancia del diálogo se detectaba observando la interacción entre personajes y las voces que, a menudo mediante el párodo, participaban del estado anímico de los actores. En suma, si lo sagrado y lo profano en las páginas de “No hay amor en la muerte” se entrelazan en una lectura tan sugerente, puede que incluso lo trágico se contraponga a la hilaridad aparentemente ingenua, ambos leitmotiv de las piezas de antaño.

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  4. Daniele Arciello

    Otra consideración respecto del empleo de recursos ficcionales que quería subrayar, versa sobre las incursiones de lo insólito. Lo que se suele denominar ‘lo maravilloso cristiano’ interviene en algunos eventos nunca de forma abrupta, sino interpolándose en la trama, enriqueciendo la parte anecdótica de la narración. Aunque la conciencia de vivir en un «mundo de prodigios» esté bien marcada, nadie exhibe contundentemente perplejidades, pues se acepta implícitamente la introducción de lo absurdo en la rutina diaria. Pero lo milagroso no se limita a manifestarse en lo cotidiano: puede sobrepasar los borrosos lindes entre realidad y sueño, o cruzar el umbral entre el rígido mundo de la Ley y el libertinaje de entidades sobrenaturales. Tales eventos suscitan reacciones anodinas: arduamente causan asombro perturbador. Hay incluso una frase que parece indicar eficazmente cómo repercuten en el ánimo de los personajes, con miras de que el lector se percate del cambio hacia lo metafísico: en el momento en que se produce lo extraño, el hecho de «querer darse cuenta» señala tanto la separación real/irreal como la falta de inquietud de las personas implicadas. En conclusión, el retrato de lo inexplicable destaca una vez más la maestría de un autor capaz de forjar una complejidad textual señera. Es un libro que desprende a la vez delicadeza y violencia y creo que al contarnos acontecimientos alegres o siniestros —por muy lejos de nuestra percepción habitual que parezcan—, Martín Garzo nos invita a reflexionar sobre temas esenciales y muy actuales. Se trata de algo que un escritor mediocre no sería capaz de conseguir. Ni mucho menos.

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  5. Giulia Pedrali

    Como comenté al principio del último coloquio del club de lectura, en “No hay amor en la muerte ” me sentí enseguida envuelta en la atmósfera de los salmos bíblicos y a la vez interpelada por los coros de la antigua tragedia griega.
    En esta original reescritura de la historia bíblica de Isaac, tuve la sensación de que Gustavo Martín Garzo quisiera hacer más cercano este relato tan solemne, inquietante y difícil de comprender todavía al día de hoy – de allí el uso de los versículos que reenvían a los mismísimos salmos bíblicos – a través de una narración que “transcurre” sin letras mayúsculas ni puntos ortográficos.
    Aunque estos recursos a primera vista pueden confundir aún más al lector, creo que en realidad es sólo cuestión de dejarse interpelar por estos coros femeninos cuyos versículos en cursiva remiten a la oralidad y al acercamiento emocional al personaje – en este caso a Isaac – como en las antiguas tragedias griegas.
    Esta atmósfera hipnótica en mi opinión ayuda a penetrar, a través del misterio del sacrificio fundacional para la religión judía, los muchos misterios, interrogantes, deseos y temores que envuelven la Vida a través del tiempo.
    De hecho el propio autor cita más fuentes además del texto bíblico en cuestión, del Libro del Génesis y de la antología de Elena Romero de relatos bíblicos: los cuentos de I.B. Singer, de Franz Kafka, y la poesía de Paul Éluard.
    De manera que, a partir de la historia bíblica del episodio de Abraham, nos encontramos con un canto a la relación entre un padre y un hijo – entre el autor y su hijo Manuel.

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  6. Teresa Carbajo Fernández

    Debo de decir que ”No hay amor en la muerte” ha sido una obra diferente al marco de lectura al que estoy acostumbrada, pero he disfrutado con esa narrativa dispar que me ha resultado tan llamativa. El libro cubre gran variedad de oposiciones sobre las mayores circunstancias que preocupan a la sociedad, y también preguntas acerca de lo que somos. Con ello el autor relata distintos pasajes religiosos de forma totalmente característica. Se podría decir que el autor transmite esa preocupación por como radiar el saber vivir la vida de padres a hijos. Para él eso es algo necesario, pero lo es también la capacidad de siempre poder elegir. Por lo tanto habría constantemente esa oposición de términos como lo es en el caso de la verdad y el amor, los cuales deberían de ir unidos, pero nos quedaríamos únicamente con el amor en el caso de tener que permanecer solamente uno.

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  7. Nuria González Acevedo

    “No hay amor en la muerte” ha sido un libro muy diferente a los que estoy acostumbrada a leer, el estilo y el formato eran nuevos para mí pero sin duda alguna volveré a introducirme de nuevo en este tipo de narrativa tan pronto como pueda. Quizás uno de los aspectos que más me hayan impresionado es esa sintaxis carente de puntos y puntos aparte los cuales son sustituidos por barras. He de decir que en la historia fuera del aspecto religioso, por la cual está caracterizada, el autor se toma la libertad de responder a las preguntas que pueda hacerse el niño dado que éste conserva una relación muy especial con su padre.
    Me quedo con dos frases pronunciadas por el autor Gustavo Martín Garzo durante su visita al club que son las siguientes: “la literatura no puede abandonar el terreno de la ambigüedad”; “cada lector crea su propio libro”.

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  8. Pablo

    Como lector joven (y novicio) hube de consultar el primer libro del Antiguo Testamento para leer, por primera vez, el ya sabido sacrificio de Isaac. Disfruté la lectura del texto sagrado como, siendo franco, nunca hubiera imaginado.
    Fue entonces cuando, interesado, comencé el libro propuesto. La lectura nunca me llegó a interesar, resultándome tediosa en algunas ocasiones (y también en las otras). Esta pesadez seguramente estuvo acentuada por la incapacidad para habituarme a la ausencia de puntuación que caracteriza la obra.
    Pese a todo ello, y a que, como escriben otros comentaristas en líneas superiores, con gran seguridad no regresaré a las páginas de este libro, he de agradecerle que se haya convertido en un acicate para comenzar la lectura de la tantas veces recomendada Biblia.

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  9. Pablo

    Celebro que Martín Garzo tuviera a bien acercarse a León para compartir con los partícipes en el club sus reflexiones acerca de su obra, siendo una gran experiencia dentro de las actividades organizadas por este club. Escuchar a Martín Garzo resultó muy interesante para entender mejor el libro y su planteamiento.

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