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Guía a la lectura: Retablo, de Marta Sanz

Por Raquel de la Varga Llamazares

Actualizada con el VÍDEO DE LA VISITA DE MARTA SANZ

Marta Sanz

La siguiente escritora que nos visita en esta edición especial del club de lectura es otra de las voces más originales y sugerentes de la narrativa española actual. Marta Sanz, que ya visitó en 2015 nuestro club de lectura  cuando leímos Daniela Astor y la caja negra, vuelve cinco años más tarde, y con galardones de la talla del Premio Herralde a sus espaldas y su consolidación como una de las autoras más innovadoras y originales en cuanto a su estilo, el ritmo de su prosa, las técnicas cinematográficas y narrativas que utiliza o en cuanto al dominio de la parodia o la autoficción. Esta vez nos adentramos en su producción en el terreno de la narrativa breve con Retablo, recientemente publicado en Páginas de espuma y en colaboración con Fernando Vicente.

Tras sus años de formación académica es licenciada en Filología Hispánica y doctora por la Universidad Complutense de Madrid comenzó su andadura novelística publicando en la editorial Destino obras como El frío (1995), Lenguas muertas (1997), Los mejores tiempos (2001, Premio Ojo Crítico de Narrativa) o Animales domésticos (2003), hasta ser finalista del Premio Nadal con Susana y los viejos (2006). La lección de anatomía, del año 2008, junto a las anteriores obras, supuso el reconocimiento y la consolidación de Marta Sanz en el panorama nacional. A partir de entonces, empezó a publicar y a reeditar en Anagrama novelas que homenajean y parodian la novela negra clásica como Black, Black, Black (2010) y Un buen detective no se casa jamás (2012), cuyo protagonista, Arturo Zarco, rompe todos los estereotipos de género en el más amplio de los sentidos: es uno de los pocos detectives de la ficción criminal homosexuales. En 2013 publicó Daniela Astor y la caja negra, y Farándula en 2015 por la que obtuvo el prestigioso Premio Herralde y Clavícula en 2017. Retablo (2019) es su primer libro formado íntegramente por cuentos.

También ha publicado tres libros de poesía en la editorial Bartleby: Perra mentirosa / Hardcore (2010), Vintage (2013, Premio de la Crítica de Madrid al mejor poemario de 2014 y Cíngulo y estrella (2015). Ha participado en numerosas antologías de relatos; editado y prologado, asimismo, volúmenes como Tsunami. Miradas feministas en sexto piso (2019), Metalingüísticos y sentimentales: antología de la poesía española (1966-2000), 50 poetas hacia el nuevo siglo (2007) y El libro de la mujer fatal (2009). Recientemente ha publicado tres ensayos breves: No tan incendiario (2014), Éramos mujeres jóvenes (2016) y Monstruas y centauras (2018).

Frecuentemente colabora en diversos medios de comunicación como el diario El País, donde semanalmente podemos disfrutar de sus artículos de opinión. Ha ejercido la docencia en instituciones superiores como la Universidad Antonio de Nebrija, y en la actualidad es profesora en escuelas de escritura. 

Su conocimiento sobre la literatura contemporánea, no solo en el ámbito de la poesía, le ha llevado a colaborar con diversas instituciones como el Círculo de Bellas artes de Madrid o la Biblioteca Nacional, donde acaba de comisariar junto a Germán Gullón la exposición dedicada Benito Pérez Galdós por el centenario de su muerte. 

 

Fernando Vicente

 

Fernando Vicente es uno de los más prestigiosos ilustradores de nuestro país que, desde los años 80, crea desde el caballete y no de forma digital las cubiertas e ilustraciones de publicaciones como Babelia, o El Cultural y una numerosa lista de portadas de libros o de carteles que se han hecho tan célebres como los de la Feria del Libro de Madrid. Retablo no es el primer volumen de la editorial Páginas de espuma que ilustra: London Calling de Juan Pedro Aparicio, Invasión y Bienvenidos a Incaland, de David Roas o Helarte de amar de Fernando Iwasaki son colaboraciones anteriores. A través de su web podemos estar al día de sus creaciones e incluso adquirir nuestras favoritas.

 

 

RETABLO

Comencemos por el título. La RAE define ‘retablo’ como:

Quizá la utilización que más no suene es la segunda, la que se refiere al retablo artístico, propio de las iglesias, que generalmente combina pintura y escultura y que se divide en dos, tres o varias partes y se sitúa tras el altar principal. Cada una de las partes de un retablo nos muestra una escena o la parte de una historia y, todas ellas, tras una lectura conjunta, nos ofrecen una imagen o una lectura más amplia o desde diferentes perspectivas de un mismo hecho. Además, cabe la pena recordar que los retablos de las iglesias permanecían gran parte del tiempo cerrados y que se habrían como un libro en determinadas ocasiones.

Calle céntrica de Malasaña

Si le quitamos la sobrecubierta al libro veremos otra ilustración diferente, que se corresponde con el fragmento central de la cubierta, donde leemos el título ‘Retablo’. Ese tipo de construcción azulejada, llamada retablo cerámico, ha sido muy frecuente en España desde hace siglos, y en el barrio de Malasaña han sido un elemento decorativo muy significativo hasta la desaparición de los comercios tradicionales.

 

El sentido paródico de la obra

En cuanto a la técnica, la primera noción y más general a la que debemos acudir es a lo que se ha denominado en el ámbito de la posmodernidad como la parodia. En este punto es necesario aclarar que no nos referimos a la parodia en un sentido humorístico o despectivo, sino como generalmente se utiliza en la en la teoría de la literatura, como sinónimo de reescritura de algún motivo, tema, género e incluso de una obra literaria existente a la que homenajea y a la vez actualiza y añade nuevos significados (de ahí que hablemos del Quijote como una parodia de los libros de caballerías y no como una simple crítica de los mismos).

Una cuestión de género

Como la producción novelística anterior de Marta Sanz evidencia, lo policíaco y la ficción criminal son uno de sus moldes preferidos y varias de sus novelas como Un buen detective no se casa jamás o Black, Black, Black son novelas policiacas que distan bastante del género al uso, ya que utiliza todos sus códigos, pero a la vez se aleja del mismo y lo subvierte. En Retablo vamos a encontrarnos dos historias muy relacionadas con la temática o el género de lo policíaco, que homenajean y parodian historias muy conocidas de la literatura anglosajona.

«Extraños en un tren (versión amarilla)»

La primera de las partes que componen el retablo, desde el propio título, manifiesta el homenaje que la sustenta, y es que Extraños en un tren es el título de la novela de Patricia Highsmith y de la película homónima de Alfred Hitchcock. En su subtítulo de ‘versión amarilla’ queda clara la intención de la autora de evidenciar que se trata de una nueva versión a modo de homenaje en la que, como es habitual en su obra, van a tener un papel muy relevante la crítica mordaz contra el paradigma políticosocial en el que se inserta, así como el humorExtraños en un tren es además de una de las más famosas novelas de corte policíaco de principios de siglo, cuyo argumento ha trascendido los límites de lo literario y de la que conocemos múltiples variantes, homenajes y reescrituras desde la célebre película de Alfred Hitchcock hasta su aparición en un capítulo de Los Simpson. La historia de dos desconocidos que se conocen en un vagón de tren y que medio de veras, medio en broma, acuerdan asesinar a sus respectivos enemigos para llevar a cabo el crimen perfecto sin sospechar de ellos, se ha convertido en un motivo célebre de la ficción criminal. Si no lo habéis hecho ya, os insistimos en que veáis una de las mejores películas de Alfred Hitchcock y de todo el cine de suspense.

El género policíaco, tras su creación, su buena aceptación y su evolución después del éxito de obras tan conocidas como Los crímenes de la calle Morgue (1841) o los numerosos volúmenes en torno a los misterios resueltos por Sherlock Holmes encontró en el cine un filón para contar a través de un lenguaje diferente las historias que ya eran todo un éxito a través de su evolución hacia la novela negra. Dado que en Retablo tiene tanta presencia el trasfondo policíaco, cabe recordar que, cronológicamente, la novela de Patricia Highsmith y su adaptación por Alfred Hitchcock distan ya del policíaco clásico y se ubican en la literatura contemporánea que muestra una preocupación mucho mayor por reflejar y ahondar en los problemas sociales de la sociedad en la que se marcan así como en la motivación del asesino, que en algunas ocasiones posee más protagonismo que el propio detective, o que logra que el  lector empatice con su circunstancia muy por encima del primigenio afán de descubrir sencillamente quien había cometido el asesinato. 

«Jaboncillos Dos de mayo»

«Jaboncillos Dos de mayo», la segunda pieza del retablo, posee otro referente literario claro: uno de los cuentos más canónicos y a la vez truculentos de la literatura finisecular anglosajona,  «Aceite de perro», de Ambrose Bierce. El narrador de esta célebre historia se retrotrae hasta su niñez y nos cuenta cómo su familia sobrevive gracias a las dudosamente lícitas actividades mercantiles de sus padres: deshacerse de bebés recién nacidos no deseados y la elaboración de aceites a partir de grasa de perro. Para quien nunca se haya enfrentado con este cuento, tan lleno de sordidez como de humor, os lo enlazamos ya que su lectura no tiene desperdicio. Además, nos puede traer a la mente otras obras literarias (o adaptaciones cinematográficas) como El perfume de Patrick Süskind o a un personaje folclórico como el sacamantecas.

La gentrificación como telón de fondo

En las numerosas entrevistas realizadas a Marta Sanz a colación de Retablo, ha salido a la palestra el término gentrificación, que se ha adoptado del inglés y que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua aún no recoge pero cuyo uso se encuentra en aumento, como señala la Fundeu, que lo define como el proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor.

Malasaña, uno de los barrios más populares y concurridos de Madrid en la actualidad, ha cambiado de forma radical no solo en comparación con un siglo atrás (cuando se llamaba Maravillas o Universidad), sino que su punto neurálgico, la Plaza del Dos de Mayo, es un emblema que va cambiando de identidad con el paso de las décadas. En los años posteriores al fin de la Guerra Civil se colocó la estatua de los héroes Daoiz y Velarde tal y como permanece en la actualidad (sin las espadas).

Plaza Dos de Mayo

Ilustración de Fernando Vicente en Retablo

Sin embargo, desde la Transición hasta la actualidad, especialmente después de la movida en los 80 que tuvo Malasaña como sede, el aspecto y el mundo comercial han cambiado radicalmente. De la tradición artesanal y los comercios que están dando sus últimos coletazos hemos pasado a percibir Malasaña como un barrio absolutamente ‘hipster’. Para los más jóvenes socios del club quizá no sea algo que llame la atención porque siempre han conocido Malasaña con su actual estética. Sin embargo, este fenómeno no es solo exclusivo de la capital, aunque sí donde se manifiesta en extremo. En nuestra pequeña capital de provincias, el comercio tradicional en barrios que ahora parecen muertos durante el día, como “el húmedo”, otrora presentaba un aspecto completamente diferente, lleno de vida, de comercios de ropa y alimentación de los que ya solamente resiste una zapatería como emblema —como Casa Labrador—. Eso sí, los locales, sobre todo bares y restaurantes, con aire retro, hipster, boho, veggie, etc. cada vez tienen más presencia vayamos a donde vayamos. La diferencia, sin embargo, es abismal, ya que solamente podemos hablar de verdadera gentrificación en Madrid ya que, poro desgracia, en nuestras pequeñas ciudades no ha habido un relevo generalizado sino que, simplemente, el comercio ha desaparecido. 

De esta «invasión hispter» se lleva hablando desde hace años, de hecho, en 2016 se publicó un volumen titulado First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades que analiza este proceso en dos barrios de Madrid, del que extraemos una cita que, sin duda, recordaréis después de leer Retablo: “Cuando aparece el primer muffin ya podríamos decir que estamos al 75% del proceso de gentrificación. Las cuatro fases son degradación, estigmatización, resignificación y mercantilización. El cupcake pertenece a algún punto entre la resignificación y la mercantilización». Os dejamos enlazados algún artículo de opinión en prensa, un tablero de Pinterest o, sencillamente, los resultados de la búsqueda ‘gentrificación madrid malasaña’ en Google. La polémica está servida.

Ilustración de Fernando Vicente en Retablo

Preguntas de guía a la lectura

El título, ¿qué relación crees que tiene con la obra?

Respecto a «Extraños en un tren. Versión amarilla», ¿crees que se entiende al mismo nivel sin haber leído la novela / visto la película?, ¿qué diferencias encuentras con la/s versión/es original/es?

Respecto a los personajes, y en relación con otros libros o películas del género que hayas visto… ¿empatizas con la figura del detective o del asesino?

Sobre las ilustraciones, ¿qué te parece que aportan al texto?, ¿nos cuenta algo su disposición fragmentada?

El humor (o humor negro) es un rasgo que despunta en algunos pasajes, perfectamente compatible con el tono trágico o paródico, ¿te ha llamado la atención (o te ha hecho reír algún episodio en especial?

Guía a la lectura: Anatomía sensible, de Andrés Neuman

Por Raquel de la Varga Llamazares

Actualizado con el VÍDEO DE LA VISITA DE ANDRÉS NEUMAN

 

El autor

Ni español, ni argentino. Ciudadano y lector de sustancia híbrida, nacido en Buenos Aires y residente en Granada desde los dieciocho, Andrés Neuman se ha convertido en una de las voces narrativas jóvenes más brillantes del panorama de las letras en español de las últimas dos décadas.
Con solo veintidós años publicó su primera novela —Bariloche (finalista del premio Herralde, Anagrama, 1999)—, a la que siguieron otras como La vida en las ventanas (Espasa, 2002), Una vez Argentina (Anagrama, Finalista del premio Herralde, 2003), El viajero del siglo (Alfaguara, Premio Alfaguara, Premio Tormenta y Premio de la Crítica, finalista del Premio Rómulo Gallegos, 2009), Hablar solos (Alfaguara, 2012) y Fractura (Alfaguara, 2018). Su narrativa más extensa transita territorios tan dispares como la ficción autobiográfica y la historia reciente de Argentina, la Europa del Romanticismo entre amor y música o las cicatrices corporales e históricas de un superviviente a las bombas atómicas que vive la explosión de Fukushima.
Su interés por los entresijos literarios, además de desde el punto de vista más académico, que desarrolló como investigador y docente en la Universidad de Granada, se traduce en una contínua voluntad metaficcional que ha volcado especialmente en la narrativa breve. Sus cuentos, entremezclados o hibridados con la poesía, están igualmente contagiados por un espíritu ensayístico, lo que los sitúa en un terreno fronterizo con la poesía o el aforismo, constituyendo el propio texto literario un desafío o un tratado teórico contra los géneros literarios. El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001), Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006), Hacerse el muerto (Páginas de Espuma, 2011) y el recientemente publicado Anatomía sensible (Páginas de Espuma, 2019), que nos reúne aquí, componen gran parte de la nómina de su narrativa breve.

En el campo de la ficción hiperbreve no solamente ha aportado como autor, sino que su interés por la definición y los límites del micrrorrelato han llegado hasta el plano teórico. De ello también se deriva como consecuencia que en sus libros de cuentos se incluyan apéndices teóricos sobre el género, o que haya coordinado antologías como Pequeñas Resistencias (vol. 5, Páginas de espuma). Entre lo académico, la libertad creadora y lo divulgativo, su blog Microrréplicas ha sido durante la última década uno de los espacios digitales más interesantes dedicados al microrrelato.
A medio camino entre el microrrelato y el poema, ha cultivado también la escritura de aforismos que se pueden encontrar en El equilibrista (Acantilado, 2005), Caso de duda (Cuadernos del vigía, 2016), Barbarismos (Páginas de Espuma, 2014). Ha publicado y traducido otras obras, como por ejemplo el libro de viajes Cómo viajar sin ver (Alfaguara, 2010).
Como poeta ha publicado Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), La canción del antílope (Pre-Textos, 2003), Mística abajo (Acantilado, 2008), Gotas negras (Plurabelle, 2003), Sonetos del extraño (Cuadernos del Vigía, 2007), poemarios todos ellos antologizados en Década. Poesía 1997-2007 (Acantilado, 2008), recopilación a la que se suman otras como el libro-disco Alguien al otro lado (La Veleta, 2011), Vendaval de bolsillo (Almadía, 2014), Patio de locos (Estruendomudo, 2011) y No sé por qué (Ediciones del Dock, 2012). Su último poemario es Vivir de oído (Almadía, 2017).

 

Anatomía sensible

En la primera lectura de esta edición especial del club nos adentramos en un territorio fronterizo que no habíamos transitado anteriormente en lo que a géneros literarios se refiere. Lo primero que debemos tener en cuenta al enfrentarnos a Anatomía sensible es que hay que dejar de lado el frecuente afán que tenemos como lectores de poder ponerle una etiqueta o saber con exactitud qué es eso que vamos a leer. Este volumen está compuesto por textos narrativos breves que, por extensión, podrían tildarse de cuentos; sin embargo, no poseen argumento, ni tiempo, ni espacio ni personajes: pertenecen a la categoría de los textos literarios que por su rupturismo y su hibridación no tienen nombre. Andrés Neuman, como teórico y como creador, ha sabido trascender las normas y, por ello, uno de sus cualidades más destacadas como escritor es su ficción inclasificable, fragmentada y profundamente poética.

Anatomía sensible es esencialmente un viaje y una oda por y para el cuerpo. Basta con conocer la anécdota sobre cómo surgió la chispa del libro para entender el origen de ese viaje. Numerosas reseñas o noticias se hacen eco: en un determinado momento del año 2018, Andrés Neuman decidió buscar en Google Imágenes la palabra ‘belleza’ —y ahora recordad que el objeto máximo al que ha aspirado siempre el arte y uno de los mayores intentos de la filosofía y la metafísica ha sido precisamente la definición o la mímesis de la misma—.  Si ahora tú también has hecho la búsqueda te habrás sorprendido de la idea tan canónica que los algoritmos de Google, basados en las búsquedas de internautas. En el caso de Neuman aparecieron 98 fotos de mujeres occidentales (97 de ellas jóvenes), una imagen de una pareja y otra de un bebé. En la actualidad encontramos esporádicamente alguna variante racial y alguna sorpresa como Nietzsche o el actor Jake Gyllenhaal. Así, el afán rupturista con los géneros se traslada al propio contenido, ya que en “cada uno de sus capítulos se rebela contra el hedonismo de la cultura del Photoshop. En tiempos de retoque compulsivo y poses digitales, acaso sea la hora de releer nuestro cuerpo para recuperarlo. Todos los cuerpos son bienvenidos aquí“, reza la contraportada.

Ilustración de Aitch

No todas, pero sí varias partes del cuerpo humano han sido tópico y lugar común, repetidamente visitados en todos los tiempos: desde la atención en la Antigüedad al talón de Aquiles, hasta los numerosos (hasta la saciedad) cabellos dorados de los ideales de belleza femeninos que, cuando pasaron a ser oscuros o cobrizos, seguían empañados por la idealización de poetas y pintores del momento. Hoy, más que nunca, la atención que se le presta al cuerpo ha adquirido dimensiones y se sujeta a cánones que, en un recorrido inversamente proporcional a la modernidad de los tiempos, esclavizan más que liberan. Tanto a las ya visitadas zonas como a las muchas otras que han quedado invisibilizadas en nuestro concepto social de belleza, Andrés Neuman las revisita con unas gafas nuevas que incorporan el filtro de lo poético, lo político, lo metaliterario y lo humorístico.

Cada uno de los capítulos o cuentos está dedicado a uno de nuestros órganos o miembros. “Revoluciones del cabello”, “Una vagina propia”, “El talón y la intemperie”, “Reprobación del brazo y alabanza del codo”, “Matiz del ano” o “El ojo como déspota ilustrado”, desde sus propios títulos, nos avanzan la intertextualidad o la ironía desde la que Neuman se instala para cuestionar dogmas, creencias y prejuicios que acarreamos y transmitimos de siglo en siglo y de generación y generación, desdeñando nuestro propio cuerpo y relegando toda identidad a su apariencia.

Tanto la forma como el contenido están directamente relacionados, ya que la mezcla de códigos, de géneros y de registros es, al igual que hace con las partes del cuerpo, algo subversivo. Respecto al estilo, como en todas las obras de Neuman, hay un trasfondo poético que, además de en el ritmo, está en fondo de cada texto, demostrado en la búsqueda de la esencialidad y en la manera de examinar las cosas del mundo.

En la forma de contar detectamos ciertas formas narrativas que recuerdan (cuando no están muy próximas) al aforismo y especialmente a la greguería. El humor, tan propio del autor argentino, unido a la creación de metáforas y símbolos, tratando de explicar o definir ideas o partes del cuerpo, no solo retoma el espíritu de Gómez de la Serna sino que además crea nuevos sentidos. Es por ello que, aunque se trate de una obra corta en extensión, posee tantas capas de lectura que recomendamos firmemente una segunda o tercera lectura para captar los matices o mensajes que, en un primer acercamiento, se nos pueden escapar. Las referencias, frases hechas o a obras y lemas de todo tipo plagan los textos de Neuman, por lo que la parodia en su acepción posmoderna enriquece notablemente la lectura.  Os adelantamos un ejemplo de uno de los innumerables fragmentos en los que hallamos una mezcla entre belleza formal, intertextualidad, denuncia y humor. Pertenece a “Panfleto de la nalga”:

Poetas, activistas y peatones levantan al unísono su voz: sin exceso no hay bellezas ni verdades. Merecemos la carne de la realidad. Por eso protestamos ante la disminución impuesta por la alta costura, la más baja de todas. La austeridad física es otro imperialismo, el capital engorda adelgazándonos. Combatamos la opresión de la curva trabajadora. Nalgones del mundo, uníos.

Patricia Esteban Erlés ha escrito una magnífica reseña en Zenda de Anatomía sensible, titulada “El dios del cuerpo”, que os recomendamos leer tanto previamente como tras la lectura del libro de Neuman. Pero sobre todo os queremos recomendar la entrevista que también en Zenda le hicieron a Andrés Neuman, en la que él mismo explica todas las claves de la obra y las incógnitas que nos pueden quedar tras su lectura. Y por eso mismo os recomendamos encarecidamente que la leáis… PERO DESPUÉS DE LEER EL LIBRO, para no robaros a vosotros mismos el extrañamiento y la reflexión que suscita.

El pasado año Neuman visitó las Jornadas de la RIUL y nos recitó uno de sus poemas…   a partir del minuto 51.

Como siempre, cerramos nuestra guía con unas preguntas que no son más que eso, “preguntas trampa” que nos dirigen hacia aspectos más importantes de la obra, antes y después de su lectura.

¿A qué género literario dirías que pertenece Anatomía sensible y por qué?

¿Cuál es el capítulo/parte del cuerpo que más te ha gustado y por qué?

¿Has subrayado alguna cita que te ha llamado mucho la atención? ¿por qué?

Sobre la imagen de la portada, ¿de qué crees que se trata o qué te sugiere?

Cuando comenzamos a leer un libro es bastante habitual que las citas iniciales no nos digan nada o no las comprendamos, aunque tengan una relación directa con la obra. Cuando volvemos a ellas, acabado el libro, cobran un enorme significado. Las citas que abren Anatomía sensible, ¿por qué crees que las ha elegido el autor y qué quieren decir?

Con los títulos de los capítulos ocurre algo parecido. Con frecuencia son incluso necesarios para entender los textos. En la mayoría de los títulos de Anatomía sensible hay sátira e intertextualidad. Elige el que más te haya gustado o transmitido (o hecho reír) para comentarlo en el coloquio.

En este especial viaje la última parada es el alma. ¿Qué te ha parecido este capítulo?, ¿Por qué forma parte del cuerpo?

Después de terminar el libro, ¿cómo te sientes?, ¿ha cambiado algo en tu cuerpo o en tu forma de mirarlo?

 

 

Club de lectura con Andrés Neuman y Marta Sanz

En el mes de febrero de 2020 tendrá lugar el Curso Club de Lectura Universidad de León, con solo dos lecturas y la obtención de un certificado de asistencia y 1 ECTS. El programa implica la asistencia a cuatro sesiones presenciales:

Lectura 1: Anatomía sensible, Andrés Neuman

▪ 3 de febrero de 2020: Publicación de la guía a la lectura en el blog tULEctura. Sesión no presencial.
▪ 6 de febrero de 2020: Coloquio participativo de los socios en la Sala de Conferencias de la Biblioteca San Isidoro, a las 19:00 horas.
▪ 7 de febrero de 2020: Encuentro de los socios con Andrés Neuman en la Sala de Conferencias de la Biblioteca San Isidoro, a las 19:00 horas.

Lectura 2: Retablo, Marta Sanz

▪ 24 de febrero de 2020: Publicación de la guía a la lectura en el blog tULEctura. Sesión no presencial.
▪ 26 de febrero de 2020: Coloquio participativo de los socios en la Sala de Conferencias de la Biblioteca San Isidoro, a las 19:00 horas.
▪ 28 de febrero de 2020: Encuentro de los socios con Marta Sanz en la Sala de Conferencias de la Biblioteca San Isidoro, a las 19:00 horas.

CRITERIOS DE EVALUACIÓN: Se exigirá la asistencia de al menos el 80% de las sesiones presenciales. Se entregará un pequeño ensayo de reflexión crítica sobre las lecturas.

FOLLETO INFORMATIVO Y BOLETÍN DE INSCRIPCIÓN

Feliz Navidad 2019

Estimados amigos:

Hemos llegado otro año más,  (pero este, de momento… 🙂 )  al final de una nueva  edición del  club de lectura. Este hecho suele  coincidir con la cercanía de las fechas navideñas, por lo que  nuestras últimas lecturas se mezclan, cada año, con los típicos (para bien y para mal, según los gustos) turrones, árboles, luces y  chinchimpunes.

Para no faltar a las costumbres, cada año preparamos con todo el cariño nuestra felicitación para estas pascuas. Todo muy navideño, muy lector y muy institucional.

Aunque de verdad, de verdad… lo que queremos  es felicitar la navidad con el mismo espíritu de alegría con el que hemos compartido los libros  de este año. Hemos sido, más que nunca, cómplices en la lectura, en las sesiones y los coloquio. Hemos aprendido, hemos disfrutado y nos hemos divertido tanto que, en confianza, quienes hemos estado colaborando en la organización de  esta edición no podemos sino felicitar a los socios y seguidores con todo el cariño y la cercanía que ellos nos han brindado a lo largo de estos meses. Sea, pues, así:

 

Guía a la lectura: El manuscrito del aire, de Luis García Jambrina

Por Natalia Álvarez Méndez

Actualizado 17 de diciembre de 2019:
Encuentro de los socios con Luis García Jambrina (vídeo)

 

Luis García Jambrina

Luis García Jambrina (Zamora, 1960) es profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Autor de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S.A. (2005). Como novelista se dio a conocer con El manuscrito de piedra (2008), galardonada en 2009 con el prestigioso Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, de la que han aparecido numerosas ediciones y varias traducciones. Después ha publicado, con gran éxito de público y crítica, El manuscrito de nieve (2010), En tierra de lobos (2013), La sombra de otro (2014), Bienvenida, Frau Merkel (2015), La corte de los engaños (2016) y El manuscrito de fuego (2018).

El manuscrito del aire (2019) constituye la cuarta entrega de la serie de las aventuras de Fernando de Rojas, autor de La Celestina. Las tres novelas anteriores son: El manuscrito de piedra (2008, V Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza en 2009 y Finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2009), El manuscrito de nieve (2010) y El manuscrito de fuego (2018). Los primeros manuscritos nos ofrecen novelas negras de época sobre el final de la Edad Media en Salamanca, pues Fernando de Rojas, su protagonista, vivió en el último tercio del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI. Se reflejan los conflictos propios del tiempo de los Reyes Católicos, con la corrupción política y religiosa, las tensiones del momento y la violencia social, retratando los abusos de poder de las instancias políticas, jurídicas, eclesiásticas y universitarias.

Cuando se habla de esta serie, se suele publicitar especificando que combina la novela histórica y la novela negra, aunque también se puede hablar de ficción criminal histórica, pues comparte los rasgos de esta categoría genérica. Tal como sintetizó Javier Sánchez Zapatero en el III Congreso Internacional sobre Literatura Actual de Castilla y León, celebrado en la Universidad de León en octubre de 2019, entre dichos rasgos sobresalen: estructura detectivesca; Rojas como investigador ocasional (pesquisidor); ambientación histórica; mezcla de personajes reales e imaginarios; referentes e intertextos literarios (La Celestina, El Lazarillo); hibridación (bildungsroman, aventuras, fantasía…).El propio García Jambrina explica su intención en las siguientes declaraciones:

«Con todo esto he querido tender un puente de palabras entre unas obras del pasado y el momento actual; asimismo, he tratado de hermanar el pasado histórico con el presente, la literatura clásica con la literatura contemporánea, la literatura culta con la literatura popular. También he pretendido que mi novela sirva de estímulo para que muchos lectores de ahora, sobre todo los jóvenes y todos aquellos que tienen interés y curiosidad por nuestra cultura, se acerquen a nuestros clásicos y hagan nuevas lecturas de ellos. Al igual que ocurría a finales del siglo XV, ahora se hace necesario volver a las fuentes de nuestra cultura, a nuestros grandes clásicos; y, para ello, hay que mantener y cuidar las humanidades, que últimamente se están viendo amenazadas, y tender puentes hacia ellas. Si, en aquella época, la llegada del Humanismo tenía que enfrentarse al rechazo de una buena parte de la sociedad y de la Universidad, en el mundo de hoy, los Estudios de Humanidades podrían estar a punto de desaparecer ante la llegada de una nueva barbarie. Y es que los clásicos son un buen asidero en tiempos de crisis, como los que ahora vivimos en España. Los clásicos son los únicos valores firmes que ahora nos quedan». (Aula Medieval, 6, 2007, p. 8).

El manuscrito de aire

(Información ofrecida en el dossier de prensa de Espasa)

La historia

El 6 de enero de 1515, una pequeña aldea de indios taínos muy próxima a la ciudad de Santo Domingo, en la isla La Española (Haití y Quisqueya, para los nativos), es arrasada por el fuego. Conmovidos por la tragedia, varios frailes dominicos se dirigen a España para rogar al rey que envíe a alguien a la isla para descubrir a los culpables y hacer justicia.

El encargado de la investigación será Fernando de Rojas, hombre resuelto y de confianza, autor de la célebre La Celestina, que acepta el encargo pese a las enormes dificultades que entraña. Una vez allí, Rojas conocerá de primera mano la situación en la que se encuentran los indios, cuya población ha sido diezmada desde la llegada de los españoles, que los utilizan, entre otras cosas, como esclavos para extraer oro. De hecho, entre los posibles motivos de la masacre están precisamente el castigo y la venganza por haberse rebelado.

Elementos narrativos y argumentales destacados

Desde su primera obra, Luis García Jambrina muestra su preferencia por la mezcla de géneros en literatura, los llamados «géneros híbridos». En esta ocasión, combina de nuevo novela histórica y novela negra, pero añade dos componentes que enriquecen el conjunto: una inusual historia de amor y una notable carga crítica. De ahí que podamos afirmar que se trata de la novela más ambiciosa y comprometida de la serie protagonizada por Fernando de Rojas.

Como toda gran novela histórica, El manuscrito de aire habla tanto del pasado como del presente. Recreando un tiempo y un lugar excepcionales, plantea cuestiones que hoy ocupan un lugar destacado en el debate público: el choque cultural, la violencia política, el racismo, la destrucción del medio ambiente en nombre del progreso, la relación entre religión y poder político, etc.

A partir de unos personajes perfectamente definidos, se reflexiona también sobre cuestiones de hondo calado humano, emocional, ético, como la ambición, el ansia de riqueza, el fanatismo, el miedo, el heroísmo y el poder redentor del amor.

Como sucede con las tres novelas anteriores de la serie, aunque las grandes pasiones humanas sean universales y atemporales, el autor realiza un gran esfuerzo narrativo para que el crimen y las motivaciones de los personajes respondan a criterios históricos y no supongan una traslación del crimen contemporáneo con disfraz de época.

El carácter histórico de la novela se sustenta sobre una documentación exhaustiva que ha permitido tanto la perfecta y muy realista recreación de la vida cotidiana en la América colonial como el retrato lleno de claroscuros del conflicto que enfrentó a los dominicos —y al antiguo encomendero Bartolomé de las Casas— con el obispo de Burgos, Juan Rodríguez Fonseca, organizador de la política colonial castellana en las Indias.

La historia de ficción está enmarcada por hechos reales. Aquel año de 1515 fue uno de los más agitados del periodo. Con maestría, Luis García Jambrina integra los acontecimientos en la acción de la novela: la llegada de Bartolomé de las Casas a La Española, las matanzas de indios taínos, los excesos de los encomenderos para escándalo de una parte de la Iglesia y de la Corte, el relevo de Diego Colón como gobernador en el virreinato de las Indias y su regreso a España, el papel ambiguo del rey Fernando, el saqueo del oro americano para pagar las guerras europeas de España, etc. También se apunta la no demasiado lejana rebelión taína (1520) liderada por el cacique indio Guarocuya, conocido como Enriquillo por los españoles.

Así arranca la novela

Isla de La Española, 6 de enero de 1515

Un grupo de indios taínos, huidos de una encomienda, se ha establecido en una aldea no muy lejos de la ciudad de Santo Domingo, en un lugar alto y apartado. El día de la Epifanía, fray José de Cuenca los bautiza y lo celebran con una gran fiesta. De madrugada, la aldea sufre un devastador incendio. Mueren ochenta y siete taínos, entre hombres, mujeres, ancianos y niños, así como el fraile

Talavera de la Reina, unos meses después

Fernando de Rojas está impartiendo justicia, como alcalde mayor, cuando uno de sus hijos corre a avisarle de que lo esperan en casa.

Es urgente. Se trata de dos frailes dominicos, que le relatan la masacre de la Epifanía. Quieren que Rojas viaje hasta La Española y averigüe quiénes fueron los asesinos y por qué lo hicieron. Después deberá informar al rey de sus pesquisas y de la terrible situación de la isla.

En esta obra de arte se puede sentir la ira del dolor y el sufrimiento del pueblo taino masacrado

Desde Cristóbal Colón a Juan Luis Guerra (Yuri Cuevas)

El rey ha vuelto a nombrarlo pesquisidor real con efectos inmediatos. Todos en la isla estarán obligados a colaborar con él y a proveerle de los medios necesarios para hacer justicia. Los dos religiosos le entregan, además, la correspondiente credencial, así como una carta personal del rey, de su puño y letra. En ella, Fernando el Católico reconoce sin empacho lo mucho que debe a Rojas y la promesa que le hizo de no volver a reclamar sus servicios. Pero a continuación añade que, debido a la gravedad del asunto, le pide que se ponga a las órdenes de los dominicos

Al final de la misiva, el rey admite que es un caso difícil y espinoso; sin embargo, está convencido de que no hay nadie más apropiado que Rojas para hacerse cargo del mismo y  evitar posibles males mayores. Por último, le ruega discreción, pues son muchos los intereses involucrados en ese asunto

Los dominicos están convencidos de que el rey escuchará a su pesquisidor, en especial en todo lo referente a las infames condiciones de vida de los indios. Cuando se lo cuentan ellos, Fernando parece indignarse y preocuparse mucho, pero, tan pronto le llega el oro de las Indias, se olvida de todo.

Los frailes y el pesquisidor deben partir enseguida para Sanlúcar de Barrameda, pasando por Sevilla, para tomar un barco que partirá en unos días hacia La Española.

Galería de personajes

EL PESQUISIDOR REAL FERNANDO DE ROJAS Y SU ENTORNO [Un pesquisidor es una figura propia de los procesos penales de Castilla. Este investigador debía indagar y recoger pruebas sobre un crimen, de forma imparcial e interrogando a cuantos se relacionaban con los hechos, quienes estaban obligados a declarar. Esta obligación —una delegación del poder real, en esencia— es la que le permite enfrentarse a los poderes fácticos de la Española].

FERNANDO DE ROJAS, el célebre autor de La Celestina, es el protagonista de la novela. Nació en La Puebla de Montalbán, Toledo, c. 1474-1476, y murió en Talavera de la Reina, también en Toledo, en 1541. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca.
Al comienzo de la novela, ejerce como alcalde mayor de Talavera y ya no actúa como pesquisidor del rey. Está casado con LEONOR ÁLVAREZ, también hija de conversos, y ya tienen alguno de sus siete hijos.
Con los años amasa una modesta fortuna de la que nunca presume para no suscitar la envidia de sus vecinos ni llamar la atención del Santo Oficio. Su condición de converso y su carácter un tanto heterodoxo bastan para ponerlo en la diana de la Inquisición.
Después de concluir La Celestina (1499), Fernando de Rojas no vuelve a escribir nada que no sean cartas, informes de sus pesquisas o documentos relacionados con su trabajo como jurista.
Su mejor amigo es TOMÁS PÉREZ, persona a la que Leonor puede acudir en ausencia de su marido para que le ayude.

LOS DOMINICOS: Casi todos los frailes dominicos destinados a La Española proceden del convento de San Esteban, en Salamanca, y algunos se han formado, al igual que Fernando de Rojas, en la universidad de la ciudad —el Estudio General— considerada la más prestigiosa e influyente de España.
Uno de los muertos en el incendio de la aldea taína es FRAY JOSÉ DE CUENCA, un activo predicador dispuesto a convertir a los taínos al cristianismo.
Ha tenido sonoros enfrentamientos con encomenderos castellanos a cuenta de su protección a los indios. FRAY ANTONIO DE ZAMORA apareció por primera vez en El manuscrito de piedra; por entonces era herbolario y profesaba en el convento de San Esteban. Viajó a La Española en el tercer viaje de Colón, movido por su gran curiosidad y un poco harto de algunas reglas de la Orden. En un principio, se dedicó a sus cultivos y a conocer las plantas y las hierbas del lugar. Introdujo el cultivo de la caña de azúcar en la isla y ha encargado a sus hermanos plantas de plátano, que viajan, desde Canarias, en el mismo barco que Fernando de Rojas.
Tres formidables personajes reales, que destacaron por su defensa de los indios, tienen un peso notable en la narración. FRAY PEDRO DE CÓRDOBA (1482-1521) es el vicario de los dominicos en La Española. Uno de sus mejores amigos y compañero de fatigas es FRAY ANTÓN DE MONTESINOS (1475-1540), predicador de gran elocuencia. Completa el trío el más conocido de ellos, el futuro dominico FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, (c. 1474-1566), de quien se relata su llegada a la isla procedente de Cuba. En 1515 todavía no ha escrito su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, una muy dura denuncia sobre los excesos de la colonización española.
Otros cuatro frailes de ficción tienen un papel breve pero importante. FRAY CRISTÓBAL DE SAN ESTEBAN y FRAY EMILIO DE BÉJAR son quienes viajan a España en busca de Fernando de Rojas. FRAY ANSELMO DE PEÑARANDA y FRAY TOMÁS DE TOLEDO, intérprete de la lengua taína, son sus primeros guías en la isla.

INDIOS TAÍNOS: Dos indios taínos tienen una gran importancia argumental y narrativa en El manuscrito de aire. Ambos son personajes históricos. A través de ellos conoceremos la cultura, costumbres y creencias del pueblo taíno.
HUIGUEMOTA, para los indios, DOÑA ANA DE GUEVARA, para los españoles, es una princesa taína, hija de los caciques Caonabó y Anacaona. Su padre murió en 1496, cuando Colón lo envió preso a España; su madre fue ejecutada por el sangriento gobernador Nicolás de Ovando tras la matanza de Xaraguá, en 1503. Casada con Hernando de Guevara, ya fallecido, tuvieron una hija, MENCÍA DE GUEVARA. Las autoridades respetaron su linaje distinguido y tiene un séquito y tierras de cultivo. Su belleza cautiva a Fernando de Rojas. ENRIQUILLO o GUAROCUYA, sobrino segundo de Higuemota y esposo de Mencía, es también un cacique taíno. Hijo de Magicatex, muerto en la matanza de Xaraguá, heredó el cacicazgo de Bahoruco. Fue encomendado a don Francisco de Valenzuela, que lo trató siempre como a un hijo. En la novela tiene poco más de veinte años, pero ya distinguimos en él al líder que crearía una importante guerrilla en la isla, en 1520.

LOS ENCOMENDEROS [La encomienda fue una institución socioeconómica que consistía en la asignación, por parte de la corona, de una determinada cantidad de indios a un súbdito español, al que se llamaba encomendero. Esta asignación se hacía en premio a servicios prestados. El encomendero se hacía responsable de los indios a su cargo y percibía los beneficios obtenidos del trabajo que realizaban en las tierras y minas concedidas por el rey, al que pagaba una parte de lo obtenido. Las condiciones de vida de los indios eran, en general, espantosas y la mortandad enorme, sobre todo en las encomiendas que incluían minas de oro].
Los encomenderos forman el principal grupo de sospechosos del asesinato de los taínos y de fray José. Los más significativos en la novela son DIEGO QUESADA, el encomendero al que iban destinados los taínos huidos y muertos; MARTIN CEPEDA, su anterior propietario, un viejo conocido del gobernador Ovando; FELIPE CONTRERAS, un hidalgo venido a menos, enfermo y arruinado, enemigo declarado de fray José; RODRIGO ÁLVAREZ también se la tenía jurada al fraile desde que este se llevó a una india que Rodrigo tenía como barragana. Finalmente, LOPE DE LA CRUZ, antiguo soldado, rastreador y mano ejecutora de Nicolás de Ovando.

EN PALACIO: Son personajes reales el virrey y gobernador general de las Indias, DIEGO COLÓN, y su esposa, MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO. Diego Colón (c. 1479- 1526) era hijo del primer virrey y descubridor, Cristóbal Colón. Aquel año de 1515 es destituido como gobernador por el rey Fernando y debe viajar a España, para dar cuenta de su gestión en la Corte. María Álvarez de Toledo (c. 1490-1549) era sobrina del duque de Alba. Más inteligente que su marido, es un poder a la sombra. Su llegada, junto con sus damas, revoluciona la vida social de Santo Domingo. A diferencia de su marido, tuvo buena relación con los dominicos y recibió elogios de fray Bartolomé de las Casas.

Un infierno en el paraíso

Cristóbal Colón (Gerard Fortune)

Luis García Jambrina ha construido el entramado histórico de la novela a partir de distintas crónicas y de una amplia documentación. Para muchos episodios de una gran crudeza se ha inspirado en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, firmada por fray Bartolomé de las Casas.

De las Casas contó el terror que provocaba la entrada de los soldados españoles en las aldeas indígenas:

«Ni dejaban niños, ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaran e hicieran pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas».

Los primeros frailes dominicos llegaron a Santo Domingo hacia 1510. Pese a ser muy pocos, no tardaron en alzar la voz en defensa de los indios, enfrentándose a los encomenderos. En un primer momento, las autoridades trataron de que se retractaran, pero, al ver que no se doblegaban, los obligaron a vivir apartados, con la intención de que desistieran y abandonaran la isla. Aquel 1515 su presencia y actitud se vio reforzada por la llegada de Bartolomé de las Casas procedente de Cuba. 

Lectura

Tomemos las siguientes preguntas como punto de partida no cerrado para compartir impresiones:

  1. ¿Te ha gustado la mezcla del género negro con el género histórico?
  2. ¿Te ha parecido interesante la mezcla de personajes reales con personajes de ficción?
  3. ¿Qué te ha transmitido el retrato de la violencia y la crueldad de los primeros años de la conquista de América?
  4. ¿Qué te parece la recreación del choque cultural entre dos formas muy distintas de entender la vida?
  5. ¿La codicia, la venganza, los abusos de poder, como temas de la novela, se podrían trasladar a la situación actual de nuestras sociedades? ¿También el motivo de la destrucción del medio ambiente?
  6. ¿Te ha llamado la atención alguno de los escenarios de la novela [Talavera de la Reina, Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, Gran Canaria, La Española y Santo Domingo, Mina del río Haina] y sus descripciones?
  7. ¿Has reconocido alguna referencia intertextual a escritores y obras de la tradición literaria?


En 1992, coincidiendo con el quinto centenario del descubrimiento de América, el músico y compositor dominicano Juan Luis Guerra  sacó a la venta el  álbum  titulado significativamente “Areito”, cuyo último tema  Naboria Daca Ae Mayanimacaná (traducción: Soy un siervo, no me mates), cantado en lengua taina, podría considerarse  el “himno” no oficial  de este pueblo indígena.

 

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: Coloquio de los socios.

En la última sesión nos reunimos para debatir en torno a Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, una de las obras que parece haber gustado más y que ha animado no solo a socios a acercarse hasta la Biblioteca San Isidoro.

Lo primero que se resaltó fue la modernidad de sus tramas, lejos de lo que se suele pensar. “El ingeniero Démencour” no solo gustó sino que encantó a varios socios, al sorprenderse dejándose llevar por el narrador y personaje que encarna el machismo inherente a nuestros constructos culturales. El erotismo (no solamente el de este cuento) ha llamado -y mucho- la atención, especialmente la de aquellos que han vivido una época en que la falta de libertad respecto a la sexualidad condicionó la educación sentimental de varias generaciones. Como le ocurre al protagonista de “Una ventana a la carretera”, descubrir su propia sexualidad y sus dimensiones afectivas se convierte en una ventana que da acceso a un mundo que desconocía por completo: una ventana a la carretera del mundo. “En palabras, palabras para una rusa” ese erotismo se lleva al extremo, siendo uno de los cuento que más ha gustado y que más sugiere, tras el humor compatible con otras sensaciones.

Otro de los cuentos que ha llamado mucho la atención por la caracterización que hace de sus personajes, así como la postura del autor ante el cuento es “El toque de obispo”, uno de sus cuentos más célebres del autor villafranquino. Las anécdotas sobre las que se construyen sus relatos son mucho más que eso: tras el “oficio de mirar” del autor, capaz de percibir la esencia de las cosas, a partir de un pequeño fragmento de la realidad, a la manera borgeana, se puede reconstruir todo un universo elidido. El cuento titulado “El gobernador”, a partir de un viaje en coche y una anécdota cercana al chascarrillo es capaz de representar, como señaló José Antonio, todo el funcionamiento de la dictadura franquista. Las pinceladas, breves pero esenciales con las que dibuja a sus personajes les dotan de corporeidad y humanidad con unas pocas palabras. Esa capacidad de generar la sugerencia distingue al cuento literario contemporáneo de otras manifestaciones literarias, caracterizando la escritura de autores como Pereira, quien llevó la sugerencia y la dosificación de la información a cotas muy elevadas. Es por ello que aún hoy discutimos sobre las motivaciones de personajes como la abuela Társila en el cuento “Obdulia, un cuento cruel”, que lejos de ser tan rígida como en apariencia se presenta, encierra en sí misma un mundo en torno al duelo y a las convenciones sociales sobre la muerte, que a través de las camelias del cuento logran la excelencia, hasta el punto de que el propio autor declaró que se trataba de su cuento favorito. 

El poso amargo de algunos cuentos como “Obdulia, un cuento cruel”, que en la mayoría de los textos se manifiesta como telón de fondo en forma de melancolía, deja paso, sin embargo, al optimismo a través de personajes como los protagonistas de “La enfermedad”, que desde la desesperación y la exclusión acometen el mayor acto de rebeldía y transgresión a través del amor.

Antonio Pereira ha gustado mucho ya que, en definitiva, como nos recordó nuestro compañero Eugenio a través de las palabras de Antonio Muñoz Molina, publicadas hace solo unos días en el suplemento Babelia a colación de las novelas de Galdós:

Un rasgo de los mejores libros es que al volver a ellos siempre son mejores de lo que uno recordaba: más verdaderos, más sorprendentes, más desmedidos unas veces y otras más lacónicos, más ricos en esos pormenores de observación que son lo primero que se olvida después de la lectura. Es falso que uno recuerde bien los libros. La memoria de lo leído es más frágil todavía que la de lo vivido. La memoria es un reseñista distraído que repite ideas rutinarias y que finge saber mucho más de lo que sabe. Los mejores libros uno vuelve a abrirlos con suficiencia y de pronto le estallan entre las manos. Y la admiración antigua que lo llevó a uno a regresar a ellos se convierte en asombro, en remordimiento por no haber sabido recordar bien.

Qué duda cabe de que Pereira es una patria a la que volver, que siempre nos recibirá con los brazos abiertos, y, lo que es más importante, permanecerá siempre ante una nueva mirada colmada de cosas nuevas para darnos.

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: guía a la lectura

Por Raquel de la Varga Llamazares

A continuación veremos unas pinceladas de algunos de los rasgos más destacados que Natalia Álvarez Méndez y Ángeles Encinar señalan con mucha inteligencia en el prólogo de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices. Esta antología pone el foco en la admiración que gran parte de la nómina de narradores jóvenes españoles sienten por el maestro Pereira a partir de los comentarios a sus cuentos que cada uno ha elegido. José María Merino, Soledad Puértolas, Patricia Esteban Erlés, Eloy Tizón, etc., son solo algunos de ellos.

Aunque en vida obtuvo reconocimientos literarios tan importantes como el Premio Fastenrath de la Real Academia Española o el Premio Leopoldo Alas, la selección para el Nadal así como el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de León o el Premio Castilla y León de las Letras, entre muchos otros a su poesía, nos sigue pareciendo que la atención que ha tenido por parte de los lectores es insuficiente. La humildad con la que trató su propia obra puede que sea una de las principales causas de su olvidó en nuestra ciudad. Especialmente son muchos los amigos y lectores que lo recuerdan y lo reivindican, pero aún falta una reivindicación de su calidad literaria, algo que no tiene nada que ver con la admiración y el respeto personal que todos los que lo conocieron muestran hacia su figura. 

El cuento literario español, aunque olvidado en las historias y manuales de la literatura española, vivió su auge de manera paralela al auge del cuento de Antonio Pereira durante los años 90, especialmente en revistas dedicadas a este género como Ínsula o Lucanor, publicaciones en las que muchos de sus relatos vieron la luz. En numerosas ocasiones, sus cuentos fueron fruto de artículos y análisis de teóricos tan importantes sobre el cuento cOmo Fernando Valls, José Luis Martín Nogales o la propia Ángeles Encinar, que incluyó en su Antología de cuento español contemporáneo de la editorial Cátedra “La barbera alemana” como texto representante de la generación del medio siglo. El hecho de que tanto Ángeles Encinar —una de las estudiosas más importantes sobre cuento español contemporáneo y actual— como Natalia Álvarez Méndez —quién ha dedicado gran parte de su investigación a la narrativa de autores leoneses— así como la nómina de grandes y reconocidos narradores, jóvenes y ya consolidados dedique una edición comentada a los cuentos de Pereira nos da una idea de que una década después de su muerte sigue suscitando un gran interés tanto para la crítica como para los escritores generacionalmente posteriores, a quienes ha influido y quienes lo reconocen como un escritor relevante para su propia obra. 

Este formato nos permite, primeramente, leer y conocer a escritores del panorama actual que, conozcamos o no, estaremos leyendo, aunque en su sentido más personal. Especialmente para los socios del club resultará llamativo leer las impresiones de autores como Lara Moreno, Ricardo Menéndez Salmón o David Roas, a quienes nos hemos acercado en otras ocasiones, mostrando su admiración por temas o géneros que en nada relacionábamos con ellos. Pero fundamentalmente lo que nos permite es ampliar nuestras perspectivas sobre la significación de los cuentos. Cuatro ojos siempre ven más que dos, y por lo tanto, sus interpretaciones nos pueden ayudar a comprender y a ver aristas que permanecían ocultas para nosotros.

 

Sobre el autor y su obra

AFIRMACIÓN DE VECINDAD

Soy de una tierra fría, pero hermosa.
Aquí la nieve, la esperanza helada
de que se alumbre cada madrugada
el destino difícil de la rosa.
Y me basta. Me basta si esta rosa
que al fin ha de nacer inmaculada
se la puedo decir a quien me agrada,
a quien conmigo va; y en mí reposa.
Queden en el dorado mediodía
la pronta floración bajo otros cielos
y los mares de lunas navegables…
Yo, con vosotros. Dando cada día
testimonio de cómo entre los hielos
abre el amor sus minas imborrables.

En este poema titulado “Afirmación de vecindad”, soneto originalmente publicado  en su poemario El regreso (1964) y especialmente en su último terceto,  encontramos toda la esencia humana y literaria sobre la que se sostiene toda la obra de Antonio Pereira. “Yo, con vosotros”, el verso que representa el profundo humanismo que demostró no solamente en la poesía, sino también en la novela, el cuento o el artículo periodístico, los varios géneros que cultivó a lo largo de su vida. Como sabemos gracias a entrevistas, Antonio Pereira siempre quiso ser fundamentalmente poeta, y sin embargo, en el terreno lírico no fue todo lo innovador que sí que resultó en el cuento, convirtiéndose en uno de los más insignes  y mejores cuentistas en lengua castellana del siglo XX

El 13 de junio de 1923 nació Antonio Pereira en Villafranca del Bierzo.  Su origen familiar entre el comercio y el mundo del hierro así como su esencia Villafranquina no lo abandonarían nunca. Como reza el propio título de uno de los mejores relatos de su volumen publicado en el año 2000 Cuentos de la Cábila siempre llevo por insignia su origen humilde, enorgulleciéndose de ser “un chico de la cabila”. Además de las tardes que pasó de niño en la imprenta de su tío en contacto con los libros, son otros dos los hechos que condicionaron su particular inclinación por las letras: primeramente el haber podido acudir como alumno a la escuela de Manolo Santín, y en segundo lugar, el haber sido un niño miope, apartado de los juegos violentos de los otros niños, condicionado a apartarse para desarrollar una lectura solitaria. 

ESE NIÑO QUE MIRO Y QUE ME MIRA

[…]

Repliego la mirada hacia mi hondura
y es un niño sin voz lo que contemplo.
Torpe para nadar, le duele el agua.
Torpe para los saltos y los juegos.
-Torpe, torpe…-le dicen.
Y él me mira.
Tiembla una luz delgada entre sus dedos.
Nunca se alzó bastante hasta los nidos.
Torpe, si no era en alcanzar los sueños.
Agua miope y dulce va a sus ojos.
Yo me conozco naufragando en ellos.
(Situaciones de ánimo, 1962)

El profundo autobiografismo que caracteriza a su obra, más como juego entre él y el lector que como un mero mecanismo de verosimilitud, es uno de los rasgos más destacados especialmente en la cuentística; de ahí que el mundo comercial así como las circunstancias históricas entre la Segunda República la Guerra Civil el franquismo o la transición, la vida y las tertulias literarias de las que participaría en su madurez hayan sido el telón de fondo de sus cuentos, muy reconocible especialmente para los lectores leoneses y amigos. Es por ello también qué Villafranca del Bierzo, Lugo, León, o Madrid sean las localidades y los referentes reales en los que se localizan gran parte de sus historias desde la niñez. Por ejemplo, Cuentos de la Cábila, refleja las principales vivencias personales y colectivas de sus primeros años como un niño de la guerra y las consecuencias que esta tuvo en un pequeño pueblo como Villafranca del Bierzo. Las circunstancias vitales le llevaron a continuar con la estela familiar y el negocio de ferretería de su padre, incluso con la oposición de maestro nacional aprobada, y es que su primer empleo fue el de viajante de comercio, profesión que, por cierto, desempeñan varios de sus personajes. 

A los 28 años se casó con la que sería su mujer hasta el día de su muerte y la inspiradora de textos tan conocidos como el poema “Úrsula ciudad” o el cuento titulado “El síndrome de Estocolmo”. Una vez afincados en León y tras la prosperidad del negocio que les permitiría  vivir holgadamente, se dedicaron a viajar a países cercanos como Francia o Portugal así como a otros como Rusia, Jordania, Israel, Puerto Rico o Brasil, lo que alimentaría su cosmopolitismo literario. Sin embargo, como buen homo viator para él la vida es un viaje, viaje que no tiene sentido sin la idea del regreso, por eso se convierte este en un motivo literario omnipresente en su literatura.

En los años 60  comenzaron a vivir entre León y Madrid, dedicándose de lleno a la vida literaria. No quiere decir esto que la concepción de la literatura que mostró Antonio Pereira fuese la habitual, sino que se dedicó a leer y a conocer a escritores, a participar en tertulias literarias, pero sobre todo para escribir lo que quiso y de la manera en la que el quiso, algo que especialmente sus cuentos ponen de manifiesto y es que, aunque se le considera integrante de la Generación de los 50 o también llamada del medio siglo, a cuyas motivaciones responde su obra, lo hizo siempre más allá de dictados o de modas literarias. Siempre se suele decir que, aunque partan de anécdotas cotidianas, sus cuentos no son especialmente fáciles, sobre todo si tenemos en cuenta la ironía o el humor que solamente un lector avezado sabrá interpretar. Pedro Ugarte, en su comentario dentro de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, se refiere a esa dificultad propia de autores como Pereira o Chejov, escritores de cuentos en los que parece que no pasara nada, cuentos con final abierto. Esos cuentos “donde no ocurre nada son cuentos fatales”. Como el propio autor manifestó en el prefacio a su antología titulada Cuentos para lectores cómplices (1989), en un guiño a Julio Cortázar, lo que escribía no estaba pensado para una mayoría, sino para los lectores que estuviesen dispuestos a entrar en su juego literario.

Como hijo de su tiempo, tras su primer libro de cuentos Una ventana a la carretera (1967), ambientado mayoritariamente en el mundo rural de provincias, participo en los años 70 del afán experimentalista, especialmente imbuido —más que por los españoles como Benet o Martín Santos— por los escritores hispanoamericanos por los que siempre demostró una profunda admiración, como Cortázar o especialmente Jorge Luis Borges. Una muestra muy evidente de ello es el cuento titulado “Las erotecas infinitas”, así como el relato que da título al volumen del que del que ambos forman parte, un texto injustamente olvidado dentro de su producción cuentística: “El ingeniero Balboa“. 

Otro aspecto que no hay que perder de vista es que, especialmente desde niño, quiso ser periodista, como le dijo al entonces director del Diario de León Filemón de la Cuesta en el año 1936, con solamente 13 años, pidiéndole el carnet de periodista. A lo largo de su vida escribiría en prensa artículos de opinión entre los que destaca la colaboración con el diario La Vanguardia  a través de la columna de opinión titulada “Oficio de mirar”. Este rótulo, elegido en numerosas ocasiones como título (en artículos, publicaciones, tesis doctorales o en el recientemente publicado volumen que contiene sus diarios) resume uno de los aspectos más destacados de su poética. Ese oficio de mirar nos remite a la observación directa de la vida, de los hechos en apariencia más sencillos y cotidianos, casi anecdóticos, de los que parten mucho desde sus cuentos. Pero esto no debe llevarnos a engaño porque es precisamente a través de su mirada humanizadora y profunda, por lo que a partir una anécdota es capaz de recrear una historia de profundo calado cómo lo es, por ejemplo, “La enfermedad”.

Como a tantos otros autores de su generación, a Antonio Pereira se le ha definido por su escritura realista, en ocasiones mal tachada de costumbrista, lo cual no es incompatible con el cultivo de la literatura no mimética, un aspecto qué ha pasado desapercibido en los análisis de su obra, y que sin embargo destaca en algunos de sus cuentos (“El señor de los viernes” y “Teoría y práctica de las islas”).

Como ya se ha adelantado, el humor, un humor muy fino, a veces próximo al humor negro, caracteriza a toda su obra cuentística, en la que encontrar un texto que participe de un tono verdaderamente dramático es algo excepcional. Por muy dramático que pueda resultar el fondo argumental siempre hay humor (algo que demuestran cuentos como “Obdulia, un cuento cruel” o “El gobernador”). Ese humor es especialmente Cervantino, a través del cual nunca juzga a sus personajes, y que es consecuencia directa de la forma humanista en que trata a sus personajes, y que es lo que convierte a cuántos cómo “Obdulia, un cuento cruel” en una verdadera obra de arte. El humor suele ir también acompañado de una importante carga de erotismo sin caer nunca en lo chabacano, y cuya utilización nos transmite las carencias de una educación sentimental que condicionó o a quienes se educaron en la posguerra, la transición o el franquismo, desde “Una ventana a la carretera” de 1967, pasando por “El ingeniero Démencour” pasando por “Cuadros para una exposición” o “Así empezó Lourido” o “El hilo de la cometa”.

La literatura se convierte protagonista dentro de la literatura a través de diferentes recursos y temáticas, por lo que es habitual encontrar en sus cuentos a personajes lectores, escritores, editores, etcétera, que le sirven como reflexión metaliteraria. Algunos de sus cuentos nos dan una visión concreta puesta en práctica de las ideas literarias del autor con mucha más intensidad de la que mostró en su propia teoría poética, especialmente en entrevistas, o en el ya celebre decálogo para cuentistas que quiso realizar siguiendo la línea  de Horacio Quiroga o Julio Cortázar. “Palabras, palabras para una rusa” es uno de sus cuentos más conocidos, y uno de los cuentos favoritos de quiénes tuvieron la suerte de escuchar al propio Antonio Pereira leerlo. Sin embargo, solemos quedarnos con su contenido más humorístico olvidando la profunda carga en torno al valor y al poder de las palabras. “Picassos en el desván”, “Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos”, “Sesenta y cuatro caballos”, “El toque de obispo” y su último cuento publicado en vida, “Bradomín”, son todos ellos magníficos textos que se sustentan en las reflexiones acerca de la propia literatura. Alguno de ellos es además la demostración de que Antonio Pereira no solo fue un maestro del cuento, sino que también se adelantó al auge del género del microrrelato

Con el paso de las décadas su trayectoria como cuentista se fue afianzando, publicando volúmenes de relatos que han pasado a la historia como Los brazos de la i griega (1982), Picassos en el desván (1991)  o Las ciudades de Poniente (1994). Tras su consolidación en los años 90, publicó dos libros de relatos Cuentos de la Cábila y La divisa en la torre, ya en la década de los 2000. Especialmente este último ha pasado bastante desapercibido tanto para la crítica como para los lectores.

Desde antes de su muerte se preocupó por legar gran parte de su biblioteca así como el legado de su obra a través de la creación de la fundación que lleva su nombre, en la que podemos encontrar mucho material sobre su figura, un gran fondo bibliográfico así como un repositorio institucional (Cábila) en el que acceder a todo lo referente a su obra y a su figura literaria.

Vídeos de entrevistas a Antonio Pereira

 

Lo que pasa en los cuentos donde no pasa nada

'Taxi', ca. 1957 © Saul Leiter

‘Taxi’, ca. 1957 © Saul Leiter

Me gustan esos cuentos donde no pasa nada. En realidad, son los únicos en los que todo se hace realmente visible: lo que ya ha pasado y lo que pronto va a pasar. Todo lo que no se cuenta se puede entrever, de forma misteriosa, cuando un escritor de raza maneja los silencios con sabia autoridad. A través del silencio, asoma en esos cuentos la certidumbre de lo que ya ha ocurrido, y también la certidumbre de lo que va a ocurrir. Y sin remedio.

Los cuentos donde no ocurre nada son cuentos fatales. Señalan, sin palabras explícitas, que la vida de los seres humanos se retuerce en medio de una marea irresistible de acontecimientos, que no hay paz en esa sucesión de corrientes y tormentas, y que resistirse a las fuerzas del destino es una tarea inútil. Querríamos algo de paz, pero ganarla, intentar ganarla, supone estar en guerra constante con el mundo, con los demás, con uno mismo.

(Pedro Ugarte, en “Antonio Pereira y 23 lectores cómplices” Eolas 2019. pag. 246)

Y a ti ¿te gustan los cuentos en los que no pasa nada?   ¿prefieres los  textos concisos y directos  a las peroratas floridas? ¿disfrutas con las historias en las que se hace presente lo insólito, el humor e incluso la socarronería? ¿Quieres leer  con nosotros algunos cuentos escogidos de  Antonio Pereira?

Entonces te espero  en  nuestro Club de Lectura, el lunes 11 de noviembre para abordar la guía  a la lectura de la obra  “Antonio Pereira y 23 lectores cómplices”. A las 19:00 horas, en la Biblioteca General San Isidoro de la Universidad de León.

Reliquias, de Ana Martínez Castillo. Coloquio

La segunda sesión del club de lectura destinada a analizar Reliquias, primer volumen de cuentos de Ana Martínez Castillo, nos ha permitido reflexionar sobre las sensaciones que han generado las composiciones que lo integran. Hemos empezado el coloquio hablando de la estructura tripartita del libro y los nexos temáticos que existen entre los relatos agrupados en una misma sección. Fueron varios los socios que pusieron de relieve que la primera sección, «Ecos», remitía al lector al contacto con el pasado y lo fantasmal, pues los textos resaltaban la vinculación con lo antiguo. Asimismo, se apuntó que la segunda sección, «Reflejos», permitía «vernos reflejados» en los miedos que articulaban los relatos, empatizando mucho con los personajes. En esta parte, los miedos son más cotidianos y las situaciones tienden a participar de la órbita de lo ridículo y absurdo. Finalmente, todos los socios señalaron que en la última sección, «Descenso», se podía apreciar mejor la temática común los relatos. En este sentido, se apuntó la relevancia del inframundo y el más allá como ejes articuladores, así como la presencia continuada del componente religioso.

Una vez abordada la estructura general del libro, empezamos a compartir nuestras opiniones sobre los relatos. Incidimos en las diversas vertientes del miedo que coexistían en la obra. Se mencionó el uso del terror salvaje en «El nido», el relato que más pavor suscitó entre los lectores por su crudeza, el terror macabro que impregnaba la trama de la mayor parte de los relatos y también el empleo puntual de un terror con marcadas dosis de ironía.

Santa Muerte, Laurie Lipton

Sin duda, el relato que más gustó entre el público fue el que da comienzo al universo tenebroso trazado por Martínez Castillo, «Reliquias». Se detallaron las características de ese mundo distópico que desecha lo antiguo y trata de eludir la experiencia del duelo y cualquier tipo de pensamiento acerca de la muerte, por considerar que puede contaminar las mentes de los ciudadanos. Muchos comentarios profundizaron en la caracterización de la Marquesa, personaje que funciona como antiheroína, y en los propósitos de la Hermandad que funda, sin olvidar los homenajes que la ficción guarda con otras composiciones admonitorias ni el papel que desempeñan el resto de personajes, debatiendo incluso el motivo que llevo a la autora a concederles el nombre propio que tienen. «Más allá» fue un relato que también acaparó nuestra atención, puesto que en él el otro mundo aparece concebido como un auténtico lugar de recreación al alcance de todos los ciudadanos, un parque temático que permite a sus clientes visitar a sus muertos más queridos, tratando de mitigan el dolor ante la pérdida. A través del análisis de este texto, varios socios se percataron también del poder subversivo que alberga lo insólito, al poner en primer plano y ofrecer una crítica de elementos inherentes de nuestra sociedad.

Otros aspectos que generaron diálogo fueron los siguientes: el ritmo de la prosa, la variedad de narradores, la técnica o descripción cinematográfica de muchos pasajes y la capacidad de la autora para fusionar variadas referencias literarias del ámbito no realista, principalmente. Respecto al primer aspecto, los socios indicaron que se apreciaba la influencia de la faceta poética de la autora en varios relatos —especialmente en «Reliquias»— si bien ese estilo se va modificando a lo largo del libro, derivando en frases cortas de gran contundencia en la segunda mitad del volumen. Por lo que se refiere a la variedad de narradores y la técnica cinematográfica, se indicó la capacidad creativa de la autora para introducirnos de lleno en el ambiente recreado y empatizar desde las primeras líneas con los personajes. En este sentido, muchos coincidían en cómo se identifica el lector con la madre en las páginas iniciales de «El nido» y en el modo en que, a medida que avanza el argumento, se logra focalizar la atención en la desvalida hija, generando una sensación de indignación y repulsión hacia la actitud de la progenitora. Finalmente, se repasaron algunos de los guiños literarios con los que la autora juega a lo largo del volumen. Todos los socios remarcaron la originalidad alcanzada por Martínez Castillo en «Paciencia», donde se logra una estupenda vuelta de tuerca en relación al cuento de «Caperucita roja». No obstante, coincidimos en señalar que habría más referencias que se nos habrían pasado por alto y que quizás la autora concretaría durante su visita. Ese es uno de los múltiples motivos por los que esperamos impacientes su llegada a nuestro club de lectura.