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Feliz Navidad 2019

Estimados amigos:

Hemos llegado otro año más,  (pero este, de momento… 🙂 )  al final de una nueva  edición del  club de lectura. Este hecho suele  coincidir con la cercanía de las fechas navideñas, por lo que  nuestras últimas lecturas se mezclan, cada año, con los típicos (para bien y para mal, según los gustos) turrones, árboles, luces y  chinchimpunes.

Para no faltar a las costumbres, cada año preparamos con todo el cariño nuestra felicitación para estas pascuas. Todo muy navideño, muy lector y muy institucional.

Aunque de verdad, de verdad… lo que queremos  es felicitar la navidad con el mismo espíritu de alegría con el que hemos compartido los libros  de este año. Hemos sido, más que nunca, cómplices en la lectura, en las sesiones y los coloquio. Hemos aprendido, hemos disfrutado y nos hemos divertido tanto que, en confianza, quienes hemos estado colaborando en la organización de  esta edición no podemos sino felicitar a los socios y seguidores con todo el cariño y la cercanía que ellos nos han brindado a lo largo de estos meses. Sea, pues, así:

 

Guía a la lectura: El manuscrito del aire, de Luis García Jambrina

Por Natalia Álvarez Méndez

Actualizado 17 de diciembre de 2019:
Encuentro de los socios con Luis García Jambrina (vídeo)

 

Luis García Jambrina

Luis García Jambrina (Zamora, 1960) es profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca, doctor en Filología Hispánica y máster en Guion de Ficción para Televisión y Cine. Autor de los libros de cuentos Oposiciones a la morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S.A. (2005). Como novelista se dio a conocer con El manuscrito de piedra (2008), galardonada en 2009 con el prestigioso Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, de la que han aparecido numerosas ediciones y varias traducciones. Después ha publicado, con gran éxito de público y crítica, El manuscrito de nieve (2010), En tierra de lobos (2013), La sombra de otro (2014), Bienvenida, Frau Merkel (2015), La corte de los engaños (2016) y El manuscrito de fuego (2018).

El manuscrito del aire (2019) constituye la cuarta entrega de la serie de las aventuras de Fernando de Rojas, autor de La Celestina. Las tres novelas anteriores son: El manuscrito de piedra (2008, V Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza en 2009 y Finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2009), El manuscrito de nieve (2010) y El manuscrito de fuego (2018). Los primeros manuscritos nos ofrecen novelas negras de época sobre el final de la Edad Media en Salamanca, pues Fernando de Rojas, su protagonista, vivió en el último tercio del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI. Se reflejan los conflictos propios del tiempo de los Reyes Católicos, con la corrupción política y religiosa, las tensiones del momento y la violencia social, retratando los abusos de poder de las instancias políticas, jurídicas, eclesiásticas y universitarias.

Cuando se habla de esta serie, se suele publicitar especificando que combina la novela histórica y la novela negra, aunque también se puede hablar de ficción criminal histórica, pues comparte los rasgos de esta categoría genérica. Tal como sintetizó Javier Sánchez Zapatero en el III Congreso Internacional sobre Literatura Actual de Castilla y León, celebrado en la Universidad de León en octubre de 2019, entre dichos rasgos sobresalen: estructura detectivesca; Rojas como investigador ocasional (pesquisidor); ambientación histórica; mezcla de personajes reales e imaginarios; referentes e intertextos literarios (La Celestina, El Lazarillo); hibridación (bildungsroman, aventuras, fantasía…).El propio García Jambrina explica su intención en las siguientes declaraciones:

«Con todo esto he querido tender un puente de palabras entre unas obras del pasado y el momento actual; asimismo, he tratado de hermanar el pasado histórico con el presente, la literatura clásica con la literatura contemporánea, la literatura culta con la literatura popular. También he pretendido que mi novela sirva de estímulo para que muchos lectores de ahora, sobre todo los jóvenes y todos aquellos que tienen interés y curiosidad por nuestra cultura, se acerquen a nuestros clásicos y hagan nuevas lecturas de ellos. Al igual que ocurría a finales del siglo XV, ahora se hace necesario volver a las fuentes de nuestra cultura, a nuestros grandes clásicos; y, para ello, hay que mantener y cuidar las humanidades, que últimamente se están viendo amenazadas, y tender puentes hacia ellas. Si, en aquella época, la llegada del Humanismo tenía que enfrentarse al rechazo de una buena parte de la sociedad y de la Universidad, en el mundo de hoy, los Estudios de Humanidades podrían estar a punto de desaparecer ante la llegada de una nueva barbarie. Y es que los clásicos son un buen asidero en tiempos de crisis, como los que ahora vivimos en España. Los clásicos son los únicos valores firmes que ahora nos quedan». (Aula Medieval, 6, 2007, p. 8).

El manuscrito de aire

(Información ofrecida en el dossier de prensa de Espasa)

La historia

El 6 de enero de 1515, una pequeña aldea de indios taínos muy próxima a la ciudad de Santo Domingo, en la isla La Española (Haití y Quisqueya, para los nativos), es arrasada por el fuego. Conmovidos por la tragedia, varios frailes dominicos se dirigen a España para rogar al rey que envíe a alguien a la isla para descubrir a los culpables y hacer justicia.

El encargado de la investigación será Fernando de Rojas, hombre resuelto y de confianza, autor de la célebre La Celestina, que acepta el encargo pese a las enormes dificultades que entraña. Una vez allí, Rojas conocerá de primera mano la situación en la que se encuentran los indios, cuya población ha sido diezmada desde la llegada de los españoles, que los utilizan, entre otras cosas, como esclavos para extraer oro. De hecho, entre los posibles motivos de la masacre están precisamente el castigo y la venganza por haberse rebelado.

Elementos narrativos y argumentales destacados

Desde su primera obra, Luis García Jambrina muestra su preferencia por la mezcla de géneros en literatura, los llamados «géneros híbridos». En esta ocasión, combina de nuevo novela histórica y novela negra, pero añade dos componentes que enriquecen el conjunto: una inusual historia de amor y una notable carga crítica. De ahí que podamos afirmar que se trata de la novela más ambiciosa y comprometida de la serie protagonizada por Fernando de Rojas.

Como toda gran novela histórica, El manuscrito de aire habla tanto del pasado como del presente. Recreando un tiempo y un lugar excepcionales, plantea cuestiones que hoy ocupan un lugar destacado en el debate público: el choque cultural, la violencia política, el racismo, la destrucción del medio ambiente en nombre del progreso, la relación entre religión y poder político, etc.

A partir de unos personajes perfectamente definidos, se reflexiona también sobre cuestiones de hondo calado humano, emocional, ético, como la ambición, el ansia de riqueza, el fanatismo, el miedo, el heroísmo y el poder redentor del amor.

Como sucede con las tres novelas anteriores de la serie, aunque las grandes pasiones humanas sean universales y atemporales, el autor realiza un gran esfuerzo narrativo para que el crimen y las motivaciones de los personajes respondan a criterios históricos y no supongan una traslación del crimen contemporáneo con disfraz de época.

El carácter histórico de la novela se sustenta sobre una documentación exhaustiva que ha permitido tanto la perfecta y muy realista recreación de la vida cotidiana en la América colonial como el retrato lleno de claroscuros del conflicto que enfrentó a los dominicos —y al antiguo encomendero Bartolomé de las Casas— con el obispo de Burgos, Juan Rodríguez Fonseca, organizador de la política colonial castellana en las Indias.

La historia de ficción está enmarcada por hechos reales. Aquel año de 1515 fue uno de los más agitados del periodo. Con maestría, Luis García Jambrina integra los acontecimientos en la acción de la novela: la llegada de Bartolomé de las Casas a La Española, las matanzas de indios taínos, los excesos de los encomenderos para escándalo de una parte de la Iglesia y de la Corte, el relevo de Diego Colón como gobernador en el virreinato de las Indias y su regreso a España, el papel ambiguo del rey Fernando, el saqueo del oro americano para pagar las guerras europeas de España, etc. También se apunta la no demasiado lejana rebelión taína (1520) liderada por el cacique indio Guarocuya, conocido como Enriquillo por los españoles.

Así arranca la novela

Isla de La Española, 6 de enero de 1515

Un grupo de indios taínos, huidos de una encomienda, se ha establecido en una aldea no muy lejos de la ciudad de Santo Domingo, en un lugar alto y apartado. El día de la Epifanía, fray José de Cuenca los bautiza y lo celebran con una gran fiesta. De madrugada, la aldea sufre un devastador incendio. Mueren ochenta y siete taínos, entre hombres, mujeres, ancianos y niños, así como el fraile

Talavera de la Reina, unos meses después

Fernando de Rojas está impartiendo justicia, como alcalde mayor, cuando uno de sus hijos corre a avisarle de que lo esperan en casa.

Es urgente. Se trata de dos frailes dominicos, que le relatan la masacre de la Epifanía. Quieren que Rojas viaje hasta La Española y averigüe quiénes fueron los asesinos y por qué lo hicieron. Después deberá informar al rey de sus pesquisas y de la terrible situación de la isla.

En esta obra de arte se puede sentir la ira del dolor y el sufrimiento del pueblo taino masacrado

Desde Cristóbal Colón a Juan Luis Guerra (Yuri Cuevas)

El rey ha vuelto a nombrarlo pesquisidor real con efectos inmediatos. Todos en la isla estarán obligados a colaborar con él y a proveerle de los medios necesarios para hacer justicia. Los dos religiosos le entregan, además, la correspondiente credencial, así como una carta personal del rey, de su puño y letra. En ella, Fernando el Católico reconoce sin empacho lo mucho que debe a Rojas y la promesa que le hizo de no volver a reclamar sus servicios. Pero a continuación añade que, debido a la gravedad del asunto, le pide que se ponga a las órdenes de los dominicos

Al final de la misiva, el rey admite que es un caso difícil y espinoso; sin embargo, está convencido de que no hay nadie más apropiado que Rojas para hacerse cargo del mismo y  evitar posibles males mayores. Por último, le ruega discreción, pues son muchos los intereses involucrados en ese asunto

Los dominicos están convencidos de que el rey escuchará a su pesquisidor, en especial en todo lo referente a las infames condiciones de vida de los indios. Cuando se lo cuentan ellos, Fernando parece indignarse y preocuparse mucho, pero, tan pronto le llega el oro de las Indias, se olvida de todo.

Los frailes y el pesquisidor deben partir enseguida para Sanlúcar de Barrameda, pasando por Sevilla, para tomar un barco que partirá en unos días hacia La Española.

Galería de personajes

EL PESQUISIDOR REAL FERNANDO DE ROJAS Y SU ENTORNO [Un pesquisidor es una figura propia de los procesos penales de Castilla. Este investigador debía indagar y recoger pruebas sobre un crimen, de forma imparcial e interrogando a cuantos se relacionaban con los hechos, quienes estaban obligados a declarar. Esta obligación —una delegación del poder real, en esencia— es la que le permite enfrentarse a los poderes fácticos de la Española].

FERNANDO DE ROJAS, el célebre autor de La Celestina, es el protagonista de la novela. Nació en La Puebla de Montalbán, Toledo, c. 1474-1476, y murió en Talavera de la Reina, también en Toledo, en 1541. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca.
Al comienzo de la novela, ejerce como alcalde mayor de Talavera y ya no actúa como pesquisidor del rey. Está casado con LEONOR ÁLVAREZ, también hija de conversos, y ya tienen alguno de sus siete hijos.
Con los años amasa una modesta fortuna de la que nunca presume para no suscitar la envidia de sus vecinos ni llamar la atención del Santo Oficio. Su condición de converso y su carácter un tanto heterodoxo bastan para ponerlo en la diana de la Inquisición.
Después de concluir La Celestina (1499), Fernando de Rojas no vuelve a escribir nada que no sean cartas, informes de sus pesquisas o documentos relacionados con su trabajo como jurista.
Su mejor amigo es TOMÁS PÉREZ, persona a la que Leonor puede acudir en ausencia de su marido para que le ayude.

LOS DOMINICOS: Casi todos los frailes dominicos destinados a La Española proceden del convento de San Esteban, en Salamanca, y algunos se han formado, al igual que Fernando de Rojas, en la universidad de la ciudad —el Estudio General— considerada la más prestigiosa e influyente de España.
Uno de los muertos en el incendio de la aldea taína es FRAY JOSÉ DE CUENCA, un activo predicador dispuesto a convertir a los taínos al cristianismo.
Ha tenido sonoros enfrentamientos con encomenderos castellanos a cuenta de su protección a los indios. FRAY ANTONIO DE ZAMORA apareció por primera vez en El manuscrito de piedra; por entonces era herbolario y profesaba en el convento de San Esteban. Viajó a La Española en el tercer viaje de Colón, movido por su gran curiosidad y un poco harto de algunas reglas de la Orden. En un principio, se dedicó a sus cultivos y a conocer las plantas y las hierbas del lugar. Introdujo el cultivo de la caña de azúcar en la isla y ha encargado a sus hermanos plantas de plátano, que viajan, desde Canarias, en el mismo barco que Fernando de Rojas.
Tres formidables personajes reales, que destacaron por su defensa de los indios, tienen un peso notable en la narración. FRAY PEDRO DE CÓRDOBA (1482-1521) es el vicario de los dominicos en La Española. Uno de sus mejores amigos y compañero de fatigas es FRAY ANTÓN DE MONTESINOS (1475-1540), predicador de gran elocuencia. Completa el trío el más conocido de ellos, el futuro dominico FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, (c. 1474-1566), de quien se relata su llegada a la isla procedente de Cuba. En 1515 todavía no ha escrito su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, una muy dura denuncia sobre los excesos de la colonización española.
Otros cuatro frailes de ficción tienen un papel breve pero importante. FRAY CRISTÓBAL DE SAN ESTEBAN y FRAY EMILIO DE BÉJAR son quienes viajan a España en busca de Fernando de Rojas. FRAY ANSELMO DE PEÑARANDA y FRAY TOMÁS DE TOLEDO, intérprete de la lengua taína, son sus primeros guías en la isla.

INDIOS TAÍNOS: Dos indios taínos tienen una gran importancia argumental y narrativa en El manuscrito de aire. Ambos son personajes históricos. A través de ellos conoceremos la cultura, costumbres y creencias del pueblo taíno.
HUIGUEMOTA, para los indios, DOÑA ANA DE GUEVARA, para los españoles, es una princesa taína, hija de los caciques Caonabó y Anacaona. Su padre murió en 1496, cuando Colón lo envió preso a España; su madre fue ejecutada por el sangriento gobernador Nicolás de Ovando tras la matanza de Xaraguá, en 1503. Casada con Hernando de Guevara, ya fallecido, tuvieron una hija, MENCÍA DE GUEVARA. Las autoridades respetaron su linaje distinguido y tiene un séquito y tierras de cultivo. Su belleza cautiva a Fernando de Rojas. ENRIQUILLO o GUAROCUYA, sobrino segundo de Higuemota y esposo de Mencía, es también un cacique taíno. Hijo de Magicatex, muerto en la matanza de Xaraguá, heredó el cacicazgo de Bahoruco. Fue encomendado a don Francisco de Valenzuela, que lo trató siempre como a un hijo. En la novela tiene poco más de veinte años, pero ya distinguimos en él al líder que crearía una importante guerrilla en la isla, en 1520.

LOS ENCOMENDEROS [La encomienda fue una institución socioeconómica que consistía en la asignación, por parte de la corona, de una determinada cantidad de indios a un súbdito español, al que se llamaba encomendero. Esta asignación se hacía en premio a servicios prestados. El encomendero se hacía responsable de los indios a su cargo y percibía los beneficios obtenidos del trabajo que realizaban en las tierras y minas concedidas por el rey, al que pagaba una parte de lo obtenido. Las condiciones de vida de los indios eran, en general, espantosas y la mortandad enorme, sobre todo en las encomiendas que incluían minas de oro].
Los encomenderos forman el principal grupo de sospechosos del asesinato de los taínos y de fray José. Los más significativos en la novela son DIEGO QUESADA, el encomendero al que iban destinados los taínos huidos y muertos; MARTIN CEPEDA, su anterior propietario, un viejo conocido del gobernador Ovando; FELIPE CONTRERAS, un hidalgo venido a menos, enfermo y arruinado, enemigo declarado de fray José; RODRIGO ÁLVAREZ también se la tenía jurada al fraile desde que este se llevó a una india que Rodrigo tenía como barragana. Finalmente, LOPE DE LA CRUZ, antiguo soldado, rastreador y mano ejecutora de Nicolás de Ovando.

EN PALACIO: Son personajes reales el virrey y gobernador general de las Indias, DIEGO COLÓN, y su esposa, MARÍA ÁLVAREZ DE TOLEDO. Diego Colón (c. 1479- 1526) era hijo del primer virrey y descubridor, Cristóbal Colón. Aquel año de 1515 es destituido como gobernador por el rey Fernando y debe viajar a España, para dar cuenta de su gestión en la Corte. María Álvarez de Toledo (c. 1490-1549) era sobrina del duque de Alba. Más inteligente que su marido, es un poder a la sombra. Su llegada, junto con sus damas, revoluciona la vida social de Santo Domingo. A diferencia de su marido, tuvo buena relación con los dominicos y recibió elogios de fray Bartolomé de las Casas.

Un infierno en el paraíso

Cristóbal Colón (Gerard Fortune)

Luis García Jambrina ha construido el entramado histórico de la novela a partir de distintas crónicas y de una amplia documentación. Para muchos episodios de una gran crudeza se ha inspirado en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, firmada por fray Bartolomé de las Casas.

De las Casas contó el terror que provocaba la entrada de los soldados españoles en las aldeas indígenas:

«Ni dejaban niños, ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaran e hicieran pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas».

Los primeros frailes dominicos llegaron a Santo Domingo hacia 1510. Pese a ser muy pocos, no tardaron en alzar la voz en defensa de los indios, enfrentándose a los encomenderos. En un primer momento, las autoridades trataron de que se retractaran, pero, al ver que no se doblegaban, los obligaron a vivir apartados, con la intención de que desistieran y abandonaran la isla. Aquel 1515 su presencia y actitud se vio reforzada por la llegada de Bartolomé de las Casas procedente de Cuba. 

Lectura

Tomemos las siguientes preguntas como punto de partida no cerrado para compartir impresiones:

  1. ¿Te ha gustado la mezcla del género negro con el género histórico?
  2. ¿Te ha parecido interesante la mezcla de personajes reales con personajes de ficción?
  3. ¿Qué te ha transmitido el retrato de la violencia y la crueldad de los primeros años de la conquista de América?
  4. ¿Qué te parece la recreación del choque cultural entre dos formas muy distintas de entender la vida?
  5. ¿La codicia, la venganza, los abusos de poder, como temas de la novela, se podrían trasladar a la situación actual de nuestras sociedades? ¿También el motivo de la destrucción del medio ambiente?
  6. ¿Te ha llamado la atención alguno de los escenarios de la novela [Talavera de la Reina, Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, Gran Canaria, La Española y Santo Domingo, Mina del río Haina] y sus descripciones?
  7. ¿Has reconocido alguna referencia intertextual a escritores y obras de la tradición literaria?


En 1992, coincidiendo con el quinto centenario del descubrimiento de América, el músico y compositor dominicano Juan Luis Guerra  sacó a la venta el  álbum  titulado significativamente “Areito”, cuyo último tema  Naboria Daca Ae Mayanimacaná (traducción: Soy un siervo, no me mates), cantado en lengua taina, podría considerarse  el “himno” no oficial  de este pueblo indígena.

 

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: Coloquio de los socios.

En la última sesión nos reunimos para debatir en torno a Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, una de las obras que parece haber gustado más y que ha animado no solo a socios a acercarse hasta la Biblioteca San Isidoro.

Lo primero que se resaltó fue la modernidad de sus tramas, lejos de lo que se suele pensar. “El ingeniero Démencour” no solo gustó sino que encantó a varios socios, al sorprenderse dejándose llevar por el narrador y personaje que encarna el machismo inherente a nuestros constructos culturales. El erotismo (no solamente el de este cuento) ha llamado -y mucho- la atención, especialmente la de aquellos que han vivido una época en que la falta de libertad respecto a la sexualidad condicionó la educación sentimental de varias generaciones. Como le ocurre al protagonista de “Una ventana a la carretera”, descubrir su propia sexualidad y sus dimensiones afectivas se convierte en una ventana que da acceso a un mundo que desconocía por completo: una ventana a la carretera del mundo. “En palabras, palabras para una rusa” ese erotismo se lleva al extremo, siendo uno de los cuento que más ha gustado y que más sugiere, tras el humor compatible con otras sensaciones.

Otro de los cuentos que ha llamado mucho la atención por la caracterización que hace de sus personajes, así como la postura del autor ante el cuento es “El toque de obispo”, uno de sus cuentos más célebres del autor villafranquino. Las anécdotas sobre las que se construyen sus relatos son mucho más que eso: tras el “oficio de mirar” del autor, capaz de percibir la esencia de las cosas, a partir de un pequeño fragmento de la realidad, a la manera borgeana, se puede reconstruir todo un universo elidido. El cuento titulado “El gobernador”, a partir de un viaje en coche y una anécdota cercana al chascarrillo es capaz de representar, como señaló José Antonio, todo el funcionamiento de la dictadura franquista. Las pinceladas, breves pero esenciales con las que dibuja a sus personajes les dotan de corporeidad y humanidad con unas pocas palabras. Esa capacidad de generar la sugerencia distingue al cuento literario contemporáneo de otras manifestaciones literarias, caracterizando la escritura de autores como Pereira, quien llevó la sugerencia y la dosificación de la información a cotas muy elevadas. Es por ello que aún hoy discutimos sobre las motivaciones de personajes como la abuela Társila en el cuento “Obdulia, un cuento cruel”, que lejos de ser tan rígida como en apariencia se presenta, encierra en sí misma un mundo en torno al duelo y a las convenciones sociales sobre la muerte, que a través de las camelias del cuento logran la excelencia, hasta el punto de que el propio autor declaró que se trataba de su cuento favorito. 

El poso amargo de algunos cuentos como “Obdulia, un cuento cruel”, que en la mayoría de los textos se manifiesta como telón de fondo en forma de melancolía, deja paso, sin embargo, al optimismo a través de personajes como los protagonistas de “La enfermedad”, que desde la desesperación y la exclusión acometen el mayor acto de rebeldía y transgresión a través del amor.

Antonio Pereira ha gustado mucho ya que, en definitiva, como nos recordó nuestro compañero Eugenio a través de las palabras de Antonio Muñoz Molina, publicadas hace solo unos días en el suplemento Babelia a colación de las novelas de Galdós:

Un rasgo de los mejores libros es que al volver a ellos siempre son mejores de lo que uno recordaba: más verdaderos, más sorprendentes, más desmedidos unas veces y otras más lacónicos, más ricos en esos pormenores de observación que son lo primero que se olvida después de la lectura. Es falso que uno recuerde bien los libros. La memoria de lo leído es más frágil todavía que la de lo vivido. La memoria es un reseñista distraído que repite ideas rutinarias y que finge saber mucho más de lo que sabe. Los mejores libros uno vuelve a abrirlos con suficiencia y de pronto le estallan entre las manos. Y la admiración antigua que lo llevó a uno a regresar a ellos se convierte en asombro, en remordimiento por no haber sabido recordar bien.

Qué duda cabe de que Pereira es una patria a la que volver, que siempre nos recibirá con los brazos abiertos, y, lo que es más importante, permanecerá siempre ante una nueva mirada colmada de cosas nuevas para darnos.

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: guía a la lectura

Por Raquel de la Varga Llamazares

A continuación veremos unas pinceladas de algunos de los rasgos más destacados que Natalia Álvarez Méndez y Ángeles Encinar señalan con mucha inteligencia en el prólogo de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices. Esta antología pone el foco en la admiración que gran parte de la nómina de narradores jóvenes españoles sienten por el maestro Pereira a partir de los comentarios a sus cuentos que cada uno ha elegido. José María Merino, Soledad Puértolas, Patricia Esteban Erlés, Eloy Tizón, etc., son solo algunos de ellos.

Aunque en vida obtuvo reconocimientos literarios tan importantes como el Premio Fastenrath de la Real Academia Española o el Premio Leopoldo Alas, la selección para el Nadal así como el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de León o el Premio Castilla y León de las Letras, entre muchos otros a su poesía, nos sigue pareciendo que la atención que ha tenido por parte de los lectores es insuficiente. La humildad con la que trató su propia obra puede que sea una de las principales causas de su olvidó en nuestra ciudad. Especialmente son muchos los amigos y lectores que lo recuerdan y lo reivindican, pero aún falta una reivindicación de su calidad literaria, algo que no tiene nada que ver con la admiración y el respeto personal que todos los que lo conocieron muestran hacia su figura. 

El cuento literario español, aunque olvidado en las historias y manuales de la literatura española, vivió su auge de manera paralela al auge del cuento de Antonio Pereira durante los años 90, especialmente en revistas dedicadas a este género como Ínsula o Lucanor, publicaciones en las que muchos de sus relatos vieron la luz. En numerosas ocasiones, sus cuentos fueron fruto de artículos y análisis de teóricos tan importantes sobre el cuento cOmo Fernando Valls, José Luis Martín Nogales o la propia Ángeles Encinar, que incluyó en su Antología de cuento español contemporáneo de la editorial Cátedra “La barbera alemana” como texto representante de la generación del medio siglo. El hecho de que tanto Ángeles Encinar —una de las estudiosas más importantes sobre cuento español contemporáneo y actual— como Natalia Álvarez Méndez —quién ha dedicado gran parte de su investigación a la narrativa de autores leoneses— así como la nómina de grandes y reconocidos narradores, jóvenes y ya consolidados dedique una edición comentada a los cuentos de Pereira nos da una idea de que una década después de su muerte sigue suscitando un gran interés tanto para la crítica como para los escritores generacionalmente posteriores, a quienes ha influido y quienes lo reconocen como un escritor relevante para su propia obra. 

Este formato nos permite, primeramente, leer y conocer a escritores del panorama actual que, conozcamos o no, estaremos leyendo, aunque en su sentido más personal. Especialmente para los socios del club resultará llamativo leer las impresiones de autores como Lara Moreno, Ricardo Menéndez Salmón o David Roas, a quienes nos hemos acercado en otras ocasiones, mostrando su admiración por temas o géneros que en nada relacionábamos con ellos. Pero fundamentalmente lo que nos permite es ampliar nuestras perspectivas sobre la significación de los cuentos. Cuatro ojos siempre ven más que dos, y por lo tanto, sus interpretaciones nos pueden ayudar a comprender y a ver aristas que permanecían ocultas para nosotros.

 

Sobre el autor y su obra

AFIRMACIÓN DE VECINDAD

Soy de una tierra fría, pero hermosa.
Aquí la nieve, la esperanza helada
de que se alumbre cada madrugada
el destino difícil de la rosa.
Y me basta. Me basta si esta rosa
que al fin ha de nacer inmaculada
se la puedo decir a quien me agrada,
a quien conmigo va; y en mí reposa.
Queden en el dorado mediodía
la pronta floración bajo otros cielos
y los mares de lunas navegables…
Yo, con vosotros. Dando cada día
testimonio de cómo entre los hielos
abre el amor sus minas imborrables.

En este poema titulado “Afirmación de vecindad”, soneto originalmente publicado  en su poemario El regreso (1964) y especialmente en su último terceto,  encontramos toda la esencia humana y literaria sobre la que se sostiene toda la obra de Antonio Pereira. “Yo, con vosotros”, el verso que representa el profundo humanismo que demostró no solamente en la poesía, sino también en la novela, el cuento o el artículo periodístico, los varios géneros que cultivó a lo largo de su vida. Como sabemos gracias a entrevistas, Antonio Pereira siempre quiso ser fundamentalmente poeta, y sin embargo, en el terreno lírico no fue todo lo innovador que sí que resultó en el cuento, convirtiéndose en uno de los más insignes  y mejores cuentistas en lengua castellana del siglo XX

El 13 de junio de 1923 nació Antonio Pereira en Villafranca del Bierzo.  Su origen familiar entre el comercio y el mundo del hierro así como su esencia Villafranquina no lo abandonarían nunca. Como reza el propio título de uno de los mejores relatos de su volumen publicado en el año 2000 Cuentos de la Cábila siempre llevo por insignia su origen humilde, enorgulleciéndose de ser “un chico de la cabila”. Además de las tardes que pasó de niño en la imprenta de su tío en contacto con los libros, son otros dos los hechos que condicionaron su particular inclinación por las letras: primeramente el haber podido acudir como alumno a la escuela de Manolo Santín, y en segundo lugar, el haber sido un niño miope, apartado de los juegos violentos de los otros niños, condicionado a apartarse para desarrollar una lectura solitaria. 

ESE NIÑO QUE MIRO Y QUE ME MIRA

[…]

Repliego la mirada hacia mi hondura
y es un niño sin voz lo que contemplo.
Torpe para nadar, le duele el agua.
Torpe para los saltos y los juegos.
-Torpe, torpe…-le dicen.
Y él me mira.
Tiembla una luz delgada entre sus dedos.
Nunca se alzó bastante hasta los nidos.
Torpe, si no era en alcanzar los sueños.
Agua miope y dulce va a sus ojos.
Yo me conozco naufragando en ellos.
(Situaciones de ánimo, 1962)

El profundo autobiografismo que caracteriza a su obra, más como juego entre él y el lector que como un mero mecanismo de verosimilitud, es uno de los rasgos más destacados especialmente en la cuentística; de ahí que el mundo comercial así como las circunstancias históricas entre la Segunda República la Guerra Civil el franquismo o la transición, la vida y las tertulias literarias de las que participaría en su madurez hayan sido el telón de fondo de sus cuentos, muy reconocible especialmente para los lectores leoneses y amigos. Es por ello también qué Villafranca del Bierzo, Lugo, León, o Madrid sean las localidades y los referentes reales en los que se localizan gran parte de sus historias desde la niñez. Por ejemplo, Cuentos de la Cábila, refleja las principales vivencias personales y colectivas de sus primeros años como un niño de la guerra y las consecuencias que esta tuvo en un pequeño pueblo como Villafranca del Bierzo. Las circunstancias vitales le llevaron a continuar con la estela familiar y el negocio de ferretería de su padre, incluso con la oposición de maestro nacional aprobada, y es que su primer empleo fue el de viajante de comercio, profesión que, por cierto, desempeñan varios de sus personajes. 

A los 28 años se casó con la que sería su mujer hasta el día de su muerte y la inspiradora de textos tan conocidos como el poema “Úrsula ciudad” o el cuento titulado “El síndrome de Estocolmo”. Una vez afincados en León y tras la prosperidad del negocio que les permitiría  vivir holgadamente, se dedicaron a viajar a países cercanos como Francia o Portugal así como a otros como Rusia, Jordania, Israel, Puerto Rico o Brasil, lo que alimentaría su cosmopolitismo literario. Sin embargo, como buen homo viator para él la vida es un viaje, viaje que no tiene sentido sin la idea del regreso, por eso se convierte este en un motivo literario omnipresente en su literatura.

En los años 60  comenzaron a vivir entre León y Madrid, dedicándose de lleno a la vida literaria. No quiere decir esto que la concepción de la literatura que mostró Antonio Pereira fuese la habitual, sino que se dedicó a leer y a conocer a escritores, a participar en tertulias literarias, pero sobre todo para escribir lo que quiso y de la manera en la que el quiso, algo que especialmente sus cuentos ponen de manifiesto y es que, aunque se le considera integrante de la Generación de los 50 o también llamada del medio siglo, a cuyas motivaciones responde su obra, lo hizo siempre más allá de dictados o de modas literarias. Siempre se suele decir que, aunque partan de anécdotas cotidianas, sus cuentos no son especialmente fáciles, sobre todo si tenemos en cuenta la ironía o el humor que solamente un lector avezado sabrá interpretar. Pedro Ugarte, en su comentario dentro de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, se refiere a esa dificultad propia de autores como Pereira o Chejov, escritores de cuentos en los que parece que no pasara nada, cuentos con final abierto. Esos cuentos “donde no ocurre nada son cuentos fatales”. Como el propio autor manifestó en el prefacio a su antología titulada Cuentos para lectores cómplices (1989), en un guiño a Julio Cortázar, lo que escribía no estaba pensado para una mayoría, sino para los lectores que estuviesen dispuestos a entrar en su juego literario.

Como hijo de su tiempo, tras su primer libro de cuentos Una ventana a la carretera (1967), ambientado mayoritariamente en el mundo rural de provincias, participo en los años 70 del afán experimentalista, especialmente imbuido —más que por los españoles como Benet o Martín Santos— por los escritores hispanoamericanos por los que siempre demostró una profunda admiración, como Cortázar o especialmente Jorge Luis Borges. Una muestra muy evidente de ello es el cuento titulado “Las erotecas infinitas”, así como el relato que da título al volumen del que del que ambos forman parte, un texto injustamente olvidado dentro de su producción cuentística: “El ingeniero Balboa“. 

Otro aspecto que no hay que perder de vista es que, especialmente desde niño, quiso ser periodista, como le dijo al entonces director del Diario de León Filemón de la Cuesta en el año 1936, con solamente 13 años, pidiéndole el carnet de periodista. A lo largo de su vida escribiría en prensa artículos de opinión entre los que destaca la colaboración con el diario La Vanguardia  a través de la columna de opinión titulada “Oficio de mirar”. Este rótulo, elegido en numerosas ocasiones como título (en artículos, publicaciones, tesis doctorales o en el recientemente publicado volumen que contiene sus diarios) resume uno de los aspectos más destacados de su poética. Ese oficio de mirar nos remite a la observación directa de la vida, de los hechos en apariencia más sencillos y cotidianos, casi anecdóticos, de los que parten mucho desde sus cuentos. Pero esto no debe llevarnos a engaño porque es precisamente a través de su mirada humanizadora y profunda, por lo que a partir una anécdota es capaz de recrear una historia de profundo calado cómo lo es, por ejemplo, “La enfermedad”.

Como a tantos otros autores de su generación, a Antonio Pereira se le ha definido por su escritura realista, en ocasiones mal tachada de costumbrista, lo cual no es incompatible con el cultivo de la literatura no mimética, un aspecto qué ha pasado desapercibido en los análisis de su obra, y que sin embargo destaca en algunos de sus cuentos (“El señor de los viernes” y “Teoría y práctica de las islas”).

Como ya se ha adelantado, el humor, un humor muy fino, a veces próximo al humor negro, caracteriza a toda su obra cuentística, en la que encontrar un texto que participe de un tono verdaderamente dramático es algo excepcional. Por muy dramático que pueda resultar el fondo argumental siempre hay humor (algo que demuestran cuentos como “Obdulia, un cuento cruel” o “El gobernador”). Ese humor es especialmente Cervantino, a través del cual nunca juzga a sus personajes, y que es consecuencia directa de la forma humanista en que trata a sus personajes, y que es lo que convierte a cuántos cómo “Obdulia, un cuento cruel” en una verdadera obra de arte. El humor suele ir también acompañado de una importante carga de erotismo sin caer nunca en lo chabacano, y cuya utilización nos transmite las carencias de una educación sentimental que condicionó o a quienes se educaron en la posguerra, la transición o el franquismo, desde “Una ventana a la carretera” de 1967, pasando por “El ingeniero Démencour” pasando por “Cuadros para una exposición” o “Así empezó Lourido” o “El hilo de la cometa”.

La literatura se convierte protagonista dentro de la literatura a través de diferentes recursos y temáticas, por lo que es habitual encontrar en sus cuentos a personajes lectores, escritores, editores, etcétera, que le sirven como reflexión metaliteraria. Algunos de sus cuentos nos dan una visión concreta puesta en práctica de las ideas literarias del autor con mucha más intensidad de la que mostró en su propia teoría poética, especialmente en entrevistas, o en el ya celebre decálogo para cuentistas que quiso realizar siguiendo la línea  de Horacio Quiroga o Julio Cortázar. “Palabras, palabras para una rusa” es uno de sus cuentos más conocidos, y uno de los cuentos favoritos de quiénes tuvieron la suerte de escuchar al propio Antonio Pereira leerlo. Sin embargo, solemos quedarnos con su contenido más humorístico olvidando la profunda carga en torno al valor y al poder de las palabras. “Picassos en el desván”, “Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos”, “Sesenta y cuatro caballos”, “El toque de obispo” y su último cuento publicado en vida, “Bradomín”, son todos ellos magníficos textos que se sustentan en las reflexiones acerca de la propia literatura. Alguno de ellos es además la demostración de que Antonio Pereira no solo fue un maestro del cuento, sino que también se adelantó al auge del género del microrrelato

Con el paso de las décadas su trayectoria como cuentista se fue afianzando, publicando volúmenes de relatos que han pasado a la historia como Los brazos de la i griega (1982), Picassos en el desván (1991)  o Las ciudades de Poniente (1994). Tras su consolidación en los años 90, publicó dos libros de relatos Cuentos de la Cábila y La divisa en la torre, ya en la década de los 2000. Especialmente este último ha pasado bastante desapercibido tanto para la crítica como para los lectores.

Desde antes de su muerte se preocupó por legar gran parte de su biblioteca así como el legado de su obra a través de la creación de la fundación que lleva su nombre, en la que podemos encontrar mucho material sobre su figura, un gran fondo bibliográfico así como un repositorio institucional (Cábila) en el que acceder a todo lo referente a su obra y a su figura literaria.

Vídeos de entrevistas a Antonio Pereira

 

Lo que pasa en los cuentos donde no pasa nada

'Taxi', ca. 1957 © Saul Leiter

‘Taxi’, ca. 1957 © Saul Leiter

Me gustan esos cuentos donde no pasa nada. En realidad, son los únicos en los que todo se hace realmente visible: lo que ya ha pasado y lo que pronto va a pasar. Todo lo que no se cuenta se puede entrever, de forma misteriosa, cuando un escritor de raza maneja los silencios con sabia autoridad. A través del silencio, asoma en esos cuentos la certidumbre de lo que ya ha ocurrido, y también la certidumbre de lo que va a ocurrir. Y sin remedio.

Los cuentos donde no ocurre nada son cuentos fatales. Señalan, sin palabras explícitas, que la vida de los seres humanos se retuerce en medio de una marea irresistible de acontecimientos, que no hay paz en esa sucesión de corrientes y tormentas, y que resistirse a las fuerzas del destino es una tarea inútil. Querríamos algo de paz, pero ganarla, intentar ganarla, supone estar en guerra constante con el mundo, con los demás, con uno mismo.

(Pedro Ugarte, en “Antonio Pereira y 23 lectores cómplices” Eolas 2019. pag. 246)

Y a ti ¿te gustan los cuentos en los que no pasa nada?   ¿prefieres los  textos concisos y directos  a las peroratas floridas? ¿disfrutas con las historias en las que se hace presente lo insólito, el humor e incluso la socarronería? ¿Quieres leer  con nosotros algunos cuentos escogidos de  Antonio Pereira?

Entonces te espero  en  nuestro Club de Lectura, el lunes 11 de noviembre para abordar la guía  a la lectura de la obra  “Antonio Pereira y 23 lectores cómplices”. A las 19:00 horas, en la Biblioteca General San Isidoro de la Universidad de León.

Reliquias, de Ana Martínez Castillo. Coloquio

La segunda sesión del club de lectura destinada a analizar Reliquias, primer volumen de cuentos de Ana Martínez Castillo, nos ha permitido reflexionar sobre las sensaciones que han generado las composiciones que lo integran. Hemos empezado el coloquio hablando de la estructura tripartita del libro y los nexos temáticos que existen entre los relatos agrupados en una misma sección. Fueron varios los socios que pusieron de relieve que la primera sección, «Ecos», remitía al lector al contacto con el pasado y lo fantasmal, pues los textos resaltaban la vinculación con lo antiguo. Asimismo, se apuntó que la segunda sección, «Reflejos», permitía «vernos reflejados» en los miedos que articulaban los relatos, empatizando mucho con los personajes. En esta parte, los miedos son más cotidianos y las situaciones tienden a participar de la órbita de lo ridículo y absurdo. Finalmente, todos los socios señalaron que en la última sección, «Descenso», se podía apreciar mejor la temática común los relatos. En este sentido, se apuntó la relevancia del inframundo y el más allá como ejes articuladores, así como la presencia continuada del componente religioso.

Una vez abordada la estructura general del libro, empezamos a compartir nuestras opiniones sobre los relatos. Incidimos en las diversas vertientes del miedo que coexistían en la obra. Se mencionó el uso del terror salvaje en «El nido», el relato que más pavor suscitó entre los lectores por su crudeza, el terror macabro que impregnaba la trama de la mayor parte de los relatos y también el empleo puntual de un terror con marcadas dosis de ironía.

Santa Muerte, Laurie Lipton

Sin duda, el relato que más gustó entre el público fue el que da comienzo al universo tenebroso trazado por Martínez Castillo, «Reliquias». Se detallaron las características de ese mundo distópico que desecha lo antiguo y trata de eludir la experiencia del duelo y cualquier tipo de pensamiento acerca de la muerte, por considerar que puede contaminar las mentes de los ciudadanos. Muchos comentarios profundizaron en la caracterización de la Marquesa, personaje que funciona como antiheroína, y en los propósitos de la Hermandad que funda, sin olvidar los homenajes que la ficción guarda con otras composiciones admonitorias ni el papel que desempeñan el resto de personajes, debatiendo incluso el motivo que llevo a la autora a concederles el nombre propio que tienen. «Más allá» fue un relato que también acaparó nuestra atención, puesto que en él el otro mundo aparece concebido como un auténtico lugar de recreación al alcance de todos los ciudadanos, un parque temático que permite a sus clientes visitar a sus muertos más queridos, tratando de mitigan el dolor ante la pérdida. A través del análisis de este texto, varios socios se percataron también del poder subversivo que alberga lo insólito, al poner en primer plano y ofrecer una crítica de elementos inherentes de nuestra sociedad.

Otros aspectos que generaron diálogo fueron los siguientes: el ritmo de la prosa, la variedad de narradores, la técnica o descripción cinematográfica de muchos pasajes y la capacidad de la autora para fusionar variadas referencias literarias del ámbito no realista, principalmente. Respecto al primer aspecto, los socios indicaron que se apreciaba la influencia de la faceta poética de la autora en varios relatos —especialmente en «Reliquias»— si bien ese estilo se va modificando a lo largo del libro, derivando en frases cortas de gran contundencia en la segunda mitad del volumen. Por lo que se refiere a la variedad de narradores y la técnica cinematográfica, se indicó la capacidad creativa de la autora para introducirnos de lleno en el ambiente recreado y empatizar desde las primeras líneas con los personajes. En este sentido, muchos coincidían en cómo se identifica el lector con la madre en las páginas iniciales de «El nido» y en el modo en que, a medida que avanza el argumento, se logra focalizar la atención en la desvalida hija, generando una sensación de indignación y repulsión hacia la actitud de la progenitora. Finalmente, se repasaron algunos de los guiños literarios con los que la autora juega a lo largo del volumen. Todos los socios remarcaron la originalidad alcanzada por Martínez Castillo en «Paciencia», donde se logra una estupenda vuelta de tuerca en relación al cuento de «Caperucita roja». No obstante, coincidimos en señalar que habría más referencias que se nos habrían pasado por alto y que quizás la autora concretaría durante su visita. Ese es uno de los múltiples motivos por los que esperamos impacientes su llegada a nuestro club de lectura.

Guía a la lectura: Reliquias, de Ana Martínez Castillo

Por Ana Abello Verano 

 

Ana Martínez Castillo (Albacete, 1978) es profesora de Lengua castellana y Literatura, un trabajo que compagina con su faceta de narradora, poeta, crítica literaria y colaboradora de diversas revistas digitales como Barbar y Vísperas. En el ámbito de la lírica, con una vocación que se inició a una edad muy temprana, destacan sus poemarios Bajo la sombra del árbol en llamas (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2016), La danza de la vieja (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2017) y Me vestirán con cenizas (Versátiles Ediciones, 2019), participando en compilaciones antológicas como El llano en llamas (2011) y El Peligro y el Sueño. La Escuela poética de Albacete (2016). Con una gran influencia del surrealismo y de autores como Rafael Alberti, Alejandra Pizarnick o Blanca Andreu, su poesía configura un universo de imaginación en el que se atisban espejismos e imágenes misteriosas:

“La trampa es tener / arañas en los ojos /…/ Ya no distingo / Si la noche amenaza / O soy yo / que ando desnuda / y me abrazo / a todo aquello / que sea musgo o plata”; “Grumos de viento / en los dientes / el frío”

El frío (La danza de la vieja)

Por lo que se refiere a la vertiente creativa en prosa, su trayectoria ha estado dedicada de forma mayoritaria a la literatura juvenil e infantil, con obras como Hadas que muerden (Editorial Palabras de Agua, 2013, ilustrado por Tania Coello), Gusarapo (Editorial Palabras de Agua, 2014, junto con Ana Rosa Ruiz Sarriá y el ilustrador Ismael Juzgado Pineda) y Cómo cocinar princesas (NubeOcho Ediciones, 2017), álbum ilustrado que se constituye como un manual, un recetario imprescindible, para todo tipo de brujas y que ya ha sido traducido a varios idiomas. Sus cuentos se han recogido en los volúmenes colectivos Cosas que contar (1997), Horror Hispano Monstruos clásicos (2011), 666 (2012), (Per)versiones: Misterios sin resolver (2013), Érase una vez (2013) y Bueno, bonito…¡Maldito! (2013). Asimismo, no se puede dejar de mencionar que se ha dedicado de forma puntual a la adaptación teatral, la narración de viajes, el guión de videojuegos y el artículo periodístico.

Gusarapo Ana Martínez Castillo y Ana Rosa Ruiz Sarriá Ilustraciones: Ismael Juzgado Pineda ISBN: 9788494264177 160 páginas Año de publicación: 2014.

Gusarapo / Ana Martínez Castillo y Ana Rosa Ruiz Sarriá. Ilustraciones: Ismael Juzgado Pineda ISBN: 9788494264177 160 páginas. Año de publicación: 2014.

 Hadas que muerden /Ana Martínez Castillo Ilustraciones: Tania Coello ISBN: 9788494133251 112 páginas Año de publicación: 2013.

Hadas que muerden / Ana Martínez Castillo .Ilustraciones: Tania Coello. ISBN: 9788494133251 112 páginas. Año de publicación: 2013.

 

 

 

 

 

 
Cómo cocinar princesas / Ana Martínez Castillo. Ilustraciones: Laura Liz
ISBN: 978-84-946926-3-5.  56 páginas.  Año de publicación: 2017.

Premios (información extraída de su página web)

  • Galardonada con el premio de relatos Los nuevos de Alfaguara, convocado por la editorial Alfaguara en su cuarta edición en el año 1996.
  • Primer premio de poesía en su modalidad de adultos del Féile Filíochta International Poetry Competition 2004 en español (Premio Internacional de Poesía Féile Filíochta 2004).
  • Primer premio en su modalidad de cuento del XXIV Concurso Literario para Jóvenes 2005, convocado por el Ayuntamiento de Albacete, con el cuento titulado «Extraño episodio en la vida de un opositor».
  • Tercer premio de poesía en su modalidad de adultos del Féile Filíochta International Poetry Competition 2005 en español (Premio Internacional de Poesía Féile Filíochta 2005).
  • Finalista del certamen Domingo Santos 2010 con el relato «Sofisticación».

Reliquias (Eolas Ediciones, 2019) es el primer volumen de cuentos de la autora albaceteña dedicado a un público adulto. En esta faceta se aprecia mejor esa atracción por lo misterioso y lo truculento que ya se atisbaba en su lírica. Se ha publicado en la colección Las puertas de lo posible (Narraciones de lo insólito), dirigida por Héctor Escobar y la profesora Natalia Álvarez y vinculada al Grupo de estudios literarios y comparados de lo insólito y perspectivas de género (GEIG) de la Universidad de León.

La pretensión de esta colección, que además cuenta con el delicado trabajo de Alberto R. Torices para las labores de diseño y maquetación, es rescatar obras de siglos o décadas pasadas que merezcan ser reeditadas por su indiscutible aportación al panorama no realista español, al tiempo que dar a conocer nuevas voces que construyan originales universos partícipes de las estéticas de lo insólito. En esta segunda línea de difusión se ubicaría el libro de Ana Martínez Castillo, primera publicación inédita de la colección que cuenta con un prólogo de Patricia Esteban Erlés, donde se sintetizan las claves de lectura, facilitando al lector la recepción y cabal interpretación del libro, como ocurre en el resto de obras que integran la colección. Con la zaragozana Esteban Erlés comparte el gusto por el terror como placer estético, puesto que ambas buscan a través de sus ficciones un necesario contraste entre la luz y la oscuridad. Y es que el nombre de Ana Martínez Castillo podría englobarse en la amplia nómina de autoras actuales que sienten especial predilección por articular sus creaciones en torno al extrañamiento y a la dimensión inquietante de la realidad —Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Cecilia Eudave, Valeria Correa Fiz, Raquel Castro,…—.

 

Dado que Ana Martínez Castillo no tiene ninguna otra obra enmarcada en la prosa para adultos, resulta imposible esbozar los rasgos generales de toda su poética narrativa. Por ello, nos adentraremos directamente en esta primera incursión de la autora en la narrativa breve, para cuyo título ha elegido una palabra tan sugerente como reliquias. El concepto de reliquia remite a algo antiguo y ajado, a un objeto especial que, como se menciona a lo largo del libro, también puede tener su propia vida, convirtiéndose en un espíritu «único y sutil» (Martínez Castillo, 2019: 28). Con este delicado sustantivo, la autora nos recuerda la conexión con el pasado, pero especialmente la fascinación por los objetos de otro tiempo, por esas piezas de colección que, a modo de candelabros ennegrecidos, pueden esconder sombras y carcoma, en definitiva, todo un mundo de posibilidades ominosas.

«El alma es lo que habita dentro de las cosas. Un aliento negro que oxida y corrompe aquello que toca. Todas las reliquias de otro tiempo tienen una, de mayor o menor, digamos efecto. O fascinación, si lo prefiere» (Martínez Castillo, 2019: 28-29).

La imagen que sirve de portada es una de esas joyas de antaño. Nos da una pista muy significativa de los matices de contenido o líneas de desarrollo que podemos encontrar en el interior del libro, todas ellas relacionadas con lo extraordinario y lo tétrico. Nos encontramos ante una imagen post-mortem que nos remite a la práctica de la foto funeraria tan en boga durante el siglo xix y principios del siglo xx. Con esa dicotomía entre lo vivo y lo muerto, entre lo animado y lo inanimado, juega la ilustración de la portada de Reliquias, modificada exclusivamente para esta edición pero manteniendo los tonos grises y amarillentos que prevalecían en los retratos originales. Y es que descubriremos alguna referencia a este tipo de fotografías en cuentos como «Reliquias» y «Elvira»:

«Se trataba de una mujer con una niña sentada en sus rodillas. La niña tenía los ojos abiertos, pero vacíos. Miraban sin ver al objetivo mientras la mujer que la sostenía posaba con rostro áspero, de infinito horror y pena. Ambas vestían de negro, con encajes cerrados al cuello. La niña era como de cera, como las velas que se consumían allí mismo, en el candelabro. Rígida y seca» (Reliquias. 2019: 34).

Asimismo, las citas con las que se inicia el volumen permiten hacerse una idea de los ribetes siniestros y las imágenes escalofriantes que van a predominar a lo largo de las páginas. Estas citas previas están firmadas por la argentina Valeria Correa Fiz, el leonés Leopoldo María Panero —cuyo imaginario ha ejercido una notable influencia en la escritura de Martínez Castillo— y el albaceteño Javier Lorenzo, que considera uno de sus maestros.

Cuando baje —se dijo—a nadie he de contar que todo cuanto vi regresa al frío.

Javier Lorenzo Candel

Estructura y contenido del libro

A nivel estructural, el libro consta de tres secciones, a modo de calas brumosas, tituladas «Ecos», «Reflejos» y «Descenso», siendo la segunda la más extensa al dar cabida a cuatro cuentos, a diferencia de los otros dos apartados que están constituidos por tres relatos. Así, el lector comenzará su viaje en el futuro de connotaciones distópicas recreado en «Reliquias», la composición que da título al volumen, y, orientando sus pasos hacia el más allá, acabará descendiendo a las profundidades. En ese oscuro recorrido, repleto de miradas retrospectivas y fantasmas incesantes, no faltarán momentos de descanso con altas dosis de parodia y humor negro. No obstante, el lector no saldrá ileso de este caserón de tenebrosas resonancias que traza Ana Martínez Castillo en su ópera prima.

El imaginario de la escritora ahonda en diversas figuraciones del miedo: el miedo a las incógnitas que circundan el otro mundo, el miedo al silencio, a la soledad, al legado cultural, a nuestros recuerdos, a los espectros emocionales de los que no podemos desprendernos, a los rincones más inhóspitos de nuestra mente… A esta nómina se suma el temor a la experiencia de la muerte, el descubrimiento de oscuras amenazas que desestabilizan la concepción normalizada de lo real y la disolución de cualquier frontera.

«El miedo. El miedo era algo muy especial. Resultaba estimulante y atraía más que cualquier cosa en el mundo» (Martínez Castillo, 2019: 30).

 En el marco de ese amplio panorama que puede abarcar el miedo, el lector del libro, en función del cuento elegido, podrá sentir asombro, aprensión, angustia, pánico, terror o espanto. No obstante, Martínez Castillo sabe muy bien que es necesario aplicar nuevos recursos y técnicas para transmitir y actualizar los miedos esenciales del ser humano, que se perpetúan a lo largo del tiempo.

 

Los rasgos más destacados del volumen se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

  • Protagonismo o marcada relevancia argumental de personajes o narradores femeninos, como ocurre, por ejemplo, en «Reliquias», «Elvira», «Tocados por la divina mano de Dios», «El nido» o «Más Allá S. L.».
  • Resortes procedentes de variadas estéticas no realistas. Reliquias aúna varias corrientes de lo insólito, entendiendo este término como un membrete genérico que recoge un conjunto de tendencias alejadas de la codificación realista y caracterizadas por proponer una visión subversiva de la sociedad contemporánea. Podemos percibir especialmente la estética de lo prospectivo y del terror fantástico, que pueden encontrarse combinadas en muchos casos, pues a la autora le interesa este tipo de fusión.
    • Las ficciones de Martínez Castillo presentan una mirada pesimista hacia el futuro. Predomina la distopía —«Reliquias»— y la narrativa de carácter postapocalíptico —«Tocados por la divina mano de Dios»—, si bien «Hacia el atardecer» también participa de herramientas prospectivas de otro calado. Estas categorías de lo prospectivo son, a juicio de Fernando Ángel Moreno, las que generan en el lector un efecto de «prospección, de replanteamiento de cuestiones socio-culturales» (2010: 121), revelando las incoherencias de nuestro tiempo y haciendo que se reflexione sobre posibles alternativas de mejora.
    • De todos los resortes de los que se nutre el género fantástico, lo monstruoso se va a convertir en una matriz temática de gran presencia en Reliquias a través de la figura del fantasma —«Paciencia», «Elvira» o «Más Allá S.L.»— y del muerto viviente —«El amor de una madre» y «Tocados por la divina mano de Dios»—. Ya Freud sostenía lo siguiente: «A muchos seres humanos les parece ominoso en grado supremo lo que se relaciona de manera íntima con la muerte, con cadáveres y con el retorno de los muertos, con espíritus y aparecidos» (1979: 241). El tratamiento del fantasma, con su vagar eterno, se presenta en los textos de Ana Martínez Castillo con una gran influencia de la ficción gótica. El zombi, en cambio, permitirá comprender el concepto de «fantástico posmoderno».
  • El absurdo kafkiano para recalcar la alienación del individuo y esbozar una perspectiva distorsionada de la realidad. Muchas de las situaciones terribles que se narran acaban desembocando en escenas ridículas. El absurdo, en cualquier caso, permite reflejar unas preocupaciones reconocibles como posibles o inherentes a nuestro presente: la identidad, la soledad, la adversidad, la culpa, las cargas familiares, el padecimiento de enfermedades… Piezas paradigmáticas que participan del absurdo serían «Extraño episodio en la vida de un opositor» y «Los chinos», dado que en ambos se aprecia la ausencia de causalidad y el comportamiento de tintes irracionales de sus personajes protagonistas.
  • Referencias a otras obras y personajes de la literatura. La mayor parte de las tramas se enriquecen con alusiones o guiños a otras ficciones del ámbito no mimético.
  • Pequeña serenata nocturna, de Dorothea Tanning (1943)

Lectura

Para aproximarnos al conjunto de resplandores antiguos que conforma Reliquias proponemos las siguientes preguntas:

  1. ¿A qué crees que se debe la estructura tripartita del libro? ¿Es posible percibir nexos de unión entre los relatos agrupados en una misma sección?
  2. Si tuvieses que elegir uno de los cuentos que componen el libro, ¿con cuál te quedarías? ¿A qué se debe esa elección: a la temática abordada, al punto de vista del narrador, al impacto emocional que genera, al ritmo…?
  3. ¿Qué opinión te merece el misterioso personaje de La Marquesa que protagoniza el primer relato del libro? ¿Y esa sociedad distópica en la que se encuentra inmersa?
  4. Aquello que nos produce miedo es algo que, sin saber por qué, también nos atrae y fascina. En el libro confluyen desde miedos heredados de nuestra vida pasada a miedos mucho más cotidianos, abarcando un amplio espectro de matices. ¿Qué tipo de miedo te parece el más logrado? ¿Crees que se produce una actualización de enfoques de nuestras ansiedades?
  5. A lo largo de Reliquias aparecen escenas que destacan por su crudeza y por proponer una marcada contemplación de lo abyecto. Por ejemplo, Mónica se arranca enteras sus propias uñas para luego comérselas en el Hades retratado en «Más allá S.L.» y la anciana de «El amor de una madre» es capaz de comerse de un bocado el conejo que lleva a casa su hijo, quedándose el pelo del animal pegado en sus labios. ¿Qué imagen te parece más perturbadora por acrecentar lo escatológico y, con ello, el sentimiento de repulsión?
  6. ¿Cuál es la perspectiva narrativa que más te ha sorprendido para relatar los acontecimientos que atenazan a los protagonistas? ¿Qué efecto puede ocasionar ese tipo de focalización en el receptor del texto?
  7. ¿Has detectado alguna influencia del imaginario no mimético en la cosmovisión de los cuentos de Ana Martínez Castillo?
  8. Tal y como mencionamos en su aproximación biobibliográfica, Ana Martínez Castillo presenta una gran versatilidad a la hora de escribir, compaginando su vocación poética con la narrativa ¿Crees que se percibe ese hálito poético, quizás musical, en alguno de los relatos que conforman el libro?
  9. La imagen de portada reproduce una foto post-mortem típica del siglo xix y principios del xx ¿Hay algo en ella que te llame la atención o te resulte conocido?

    La ruptura, de Remedios Varo (1955)

Agua verde, cielo verde, de Mavis Gallant. Coloquio

Por Rosa María Díez Cobo

La segunda sesión del club de lectura dedicada a la novela Agua verde, cielo verde de la canadiense Mavis Gallant ha promovido un dinámico coloquio entre los socios participantes. Esta obra, la primera narrativa larga de una contumaz cuentista como Gallant, supone la exploración de dos aspectos centrales: por una parte, la alta sociedad de origen estadounidense expatriada (por voluntad propia) en Europa en la primera mitad del siglo XX, y, por otro, la conflictividad emocional y psicológica en una tóxica relación materno-filial. Precisamente, nuestros socios gravitaron en sus opiniones y reflexiones mayoritariamente en torno a estos dos aspectos más generales.

Algunos de nuestros lectores, atendiendo a la distancia social y temporal del emplazamiento de la trama, sugirieron que la novela no les aportó reflexiones de demasiado calado. No olvidemos que la autora se centra en un estrato social burgués de su época para canalizar precisamente una crítica hacia la vacuidad, frivolidad e intrascendencia de su condición y de sus actos. Esto ha llevado a algunos lectores a identificar la narración de dicha situación con una “ligereza” prosística que no es tal, al menos, no como así lo pretendió la autora. En cambio, para otros lectores, la peculiar fijación de la escritora por la anécdota y lo anecdótico, lo cotidiano y lo pequeño, supuso una revelación en cuanto que, enfocando lo aparentemente anodino e insustancial, no obstante, Gallant nos revela datos centrales de sus personajes; entre líneas al lector se le plantea el reto de reconstruir vidas mucho más complejas de lo que, en apariencia, nos manifiesta de forma directa la acción narrada.

Fue muy activo el debate en relación a la problemática relación entre las dos principales protagonistas femeninas de la obra: Bonnie McCarthy y Flor McCarthy, hija de la anterior. La novela traza la evolución simultánea del alto grado de dependencia emocional y física entre ambas, propiciada por su madre y asimilada por su hija, y el deterioro mental agudo de la joven. Concretamente, este aspecto psicológico, la progresión de una depresión y sus síntomas, suscitó reflexiones entre nuestros socios, considerando la profundidad psicoanalítica de lo referido por la autora. Asimismo, varios de nuestros lectores convinieron en lo realista y humano del tipo de relación descrita. Es decir, por encima de que la clase social considerada dentro de la novela pueda resultarnos ya un tanto trasnochada por las décadas transcurridas, el valor de las relaciones descritas pervive y transmite un discurso actual, reconocible en nuestras vivencias incluso cotidianas. Lo mismo se puede decir de otros personajes más secundarios en la obra: Bob Harris, el primo George, Doris Fischer o Wishart, individuos que hacen gala de altos niveles de hipocresía, egoísmo e histrionismo pero que, a pesar de la extrañeza que nos pueden llegar a transmitir, considerados en las distancias cortas, nos reflejan vértices de la condición humana bien reconocibles.

Por otra parte, más allá de discrepancias en torno a la frescura o interés de la trama, entre nuestros lectores ha habido unanimidad a la hora de valorar el estilo de la autora. Todos los intervinientes parecen haber coincidido en el uso magistral del lenguaje, sutil, cuidado, cargado de connotaciones, que ejercita Gallant en esta obra. De hecho, uno de los aspectos más comentados en nuestra tertulia fue el marcado simbolismo de distintos elementos de la novela: el color verde, las cuentas de un collar, un caballo en el recuerdo de una niña… De nuevo, en este caso, el mundo prosaico que se nos describe en esta novela se nos revela en su totalidad a partir del brillo de las pequeñas cosas, del lenguaje escondido de las circunstancias que rodean a las acciones tenidas por principales. Pero Gallant difiere, o cancela, lo considerado como central y da protagonismo al suceder mínimo de lo que generalmente queda a la sombra de los eventos centrales.

Guía a la lectura. Agua verde, cielo verde, de Mavis Gallant

 

Por Rosa María Díez Cobo

 

Mavis Gallant

Mavis Gallant (Montreal, Canadá, 1922 – París, Francia, 2014), de soltera Mavis Leslie de Trafford, es una escritora canadiense con una trayectoria que la llevó desde el ensayo a la novela y al drama pero que sobre todo destacó por su producción cuentística –la mayoría de sus relatos se publicaron en la revista estadounidense The New Yorker.

Es una autora que, por su condición expatriada –vivió casi toda su vida adulta en Francia– y por mantener, sin embargo, el inglés como su lengua literaria, tardó en recibir el reconocimiento a su obra tanto en su Canadá natal como en Francia y, en consecuencia, a nivel internacional (en España solo están disponibles unos pocos volúmenes de la autora, permaneciendo, la mayoría, sin traducir a nuestra lengua). Precisamente, sus avatares personales y su «talante extramuros», al que se refiere Rosa Montero, impregnan autobiográficamente sus novelas y relatos y dotan a su obra de un singular y personalísimo estilo.

De esta manera, si en casi todos los autores encontramos factores biográficos relevantes que se reflejan en sus obras, en el caso de Gallant, además de su residencia fuera de su país natal, hay otras cuestiones personales que la marcaron y que serán relevantes a la hora de interpretar, entre otras, Agua verde, cielo verde, principalmente, la problemática relación con su progenitora y la falta de un domicilio estable durante su infancia.

Y es que Gallant perdió a su padre a una edad temprana –dato que ignoró hasta años después del suceso– y, tras el segundo matrimonio de su madre, fue dejada en manos de un tutor legal y enviada a una sucesión de internados en Canadá y Estados Unidos. Su educación fue bilingüe, en inglés y francés, aunque siempre publicó en inglés a la cual consideraba «la lengua de la imaginación» (The Selected Stories of Mavis Gallant, 1996: XVI).

Gallant comenzó trabajando para el National Film Board of Canada y después como periodista para el diario Montreal Standard. Pero abandonó este último cargo en 1950 y emigró a París donde se volcó en exclusiva en su faceta como creadora literaria. Para comprobar su valía artística, comenzó a enviar relatos a la prestigiosa revista The New Yorker consiguiendo que en 1951 se publicase el primero de sus textos «Madeleine’s Birthday». Pese a la estafa inicial de su agente literario, a partir de entonces, Gallant pasó a contribuir relatos de forma regular a esta publicación que aceptó más de 100 y parte de su obra ensayística.

Publicó los siguientes volúmenes de cuentos: My Heart Is Broken (1964), The Pegnitz Junction (1973), Home Truths: Selected Canadian Stories (1981), Overhead in a Balloon: Stories of Paris (1985), In Transit (1988), y Across the Bridge (1993). Sus relatos publicados en revistas se recogieron en varios volúmenes: The Collected Stories of Mavis Gallant (1996), Paris Stories (2002), Varieties of Exile (2003); también publicado con el título Montreal Stories, y The Cost of Living: Early and Uncollected Stories (2009); también con el título Going Ashore. Green Water, Green Sky (1959) fue su primera novela y A Fairly Good Time (1970), la segunda. También fue autora de una obra teatral What Is to Be Done? (1983) y parte de sus textos ensayísticos se recogieron en el volumen Paris Notebooks: Selected Essays and Reviews (1986).

A pesar de su tardío reconocimiento, Gallant recibió numerosos premios y galardones internacionales; entre ellos, podemos destacar:

  • Nombrada Oficial de la Orden de Canadá por su contribución a la literatura.
  • 1983 – 1984. Escritora-residente en la Universidad de Toronto (Canadá).
  • Nombrada Miembro Honorario Extranjero de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras.
  • Galardón Legum Doctor (Universidad de Queen, Canadá).
  • La Federación de Escritores de Quebec denominó uno de sus premios anuales con el nombre de la autora;
  • Premio Matt Cohen (Canadá).
  • Premio Rea (Estados Unidos).
  • Premio O. Henry (Estados Unidos).
  • Premio PEN/Nabokov (Estados Unidos).
  • Prix Athanase-David (Quebec; para autores de dicha provincia canadiense).

Poética narrativa de Mavis Gallant

Su obra alberga multitud de temas e intereses, y posee un estilo muy propio y reconocible. Así, destacaremos los siguientes aspectos, sobre todo en referencia a sus creaciones narrativas:

  • fuerte  «autobiografismo» en personajes y tramas;
  • prosa desprovista de adornos superfluos que evoca, por momentos, un estilo documental y periodístico;
  • parca en recursos narratológicos, no obstante, sus textos nos suscitan numerosas dudas, nos hacen intuir que cada tras evento, cada tras personaje, y situación, existe una significación más profunda; de ahí el simbolismo que recorre la escritura de Gallant;
  • en sus textos dominan el aislamiento, el desarraigo y la desubicación de canadienses, estadounidenses y europeos de clase media-alta, o con un estilo de vida aburguesado o aristocrático, en otros países donde hacen turismo o residen de forma permanente;
  • el protagonismo dado a extranjeros o expatriados en sus textos implica que asuntos como el multiculturalismo y el bilingüismo también sean aspectos centrales;
  • muchos de sus personajes principales son mujeres jóvenes, que residen en Norteamérica o Europa y que afrontan situaciones familiares complicadas, en muchas ocasiones sufren presiones para encontrar marido a una edad «conveniente» o se encuentran comprometidas o casadas con hombres a los que no aman;
  • es llamativo el carácter abúlico y desganado de gran parte de sus personajes, los cuales, a menudo, parecen llevar una vida mayormente ociosa y vacacional (muchas de las tramas de sus relatos acontecen en periodos y lugares de vacaciones);
  • a menudo sus protagonistas se encuentran sumergidos en profundos conflictos internos y con los que les rodean. Dentro de esta tendencia, Gallant ha singularizado dos temas preferentes: los odios y rencores mutuos que puede generar una relación p/materno-filial y los conflictos de convivencia de pareja;
  • el peso de lo cotidiano, lo vulgar y de las convenciones y cómo estos limitan y frustran al ser humano provoca que muchos de los personajes de Gallant parezcan estar en constante huida, física o psicológica;
  • los personajes de nuestra autora son sumamente introspectivos: el pensamiento de los personajes, más que sus acciones, se sitúa en el centro de todas sus narrativas. Sin embargo, como lectores, muchas veces no llegamos a entender las razones y motivos que movilizan a dichos personajes: son singulares, extraños, incluso incomprensibles;
  • el núcleo de sus relatos a menudo nos resulta intrascendente: las acciones se ocupan de anécdotas domésticas, cotidianas, y, en muchas ocasiones, banales;
  • muchos de los conflictos que se desarrollan en sus tramas permanecen abiertos, irresueltos;
  • predilección por la ubicación de las tramas en marcos urbanos europeos, canadienses o estadounidenses (París, Venecia, Ginebra, Madrid, Montreal, etc.), o en clásicos espacios costeros de vacaciones europeos (Costa Azul francesa, Riviera italiana, costa sur de España…);
  • si su obra parece transcurrir, hasta cierto punto, desconectada de la realidad histórica y social más inmediata, también es cierto que en muchos de sus textos se intercalan referencias históricas que nos sitúan los episodios cotidianos de sus personajes en un marco más amplio.

La autora en sus palabras y en las de sus críticos:

Mavis Gallant integra una nómina de narradoras canadienses que, en los últimos tiempos, está recibiendo una especial atención por parte de la crítica. Se la ha llegado a equiparar a George Eliot, Anton Chéjov, Henry James o Edith Wharton y, entre sus coetáneos, se han trazado paralelismos con Alice Munro, ganadora del Nobel en 2013, John Cheever o John Updike. Munro, no en vano, se ha referido a Gallant como su maestra literaria. También Margaret Atwood se ha declarado fan de su compatriota y otros muchos escritores en el ámbito canadiense e internacional han reconocido su maestría. A pesar de esta notoriedad crítica alcanzada en los últimos años, Gallant aún sigue siendo relativamente desconocida para el público lector. Aqu puedes explorar varios enlaces que te ayudarán a pergeñar una visión más completa de Gallant y de sus trabajos:

Agua verde, cielo verde

 Información contenida en la contraportada (Impedimenta, 2018)

Mavis Gallant despliega todo su talento en este testimonio whartoniano del descenso a los infiernos de dos mujeres unidas por una enfermiza relación maternofilial. El deslumbrante debut novelístico de una de las narradoras canadienses más reconocidas del siglo XX.

Flor McCarthy lleva una existencia que a muchos podría parecerles idílica. Después del traumático divorcio de su madre, que ya no puede soportar seguir viviendo en América, ambas emprenden un largo viaje por distintos países de Europa. Recalan en ciudades como Venecia, Cannes y París, pero el encanto es solo aparente. Abocadas al exilio, madre e hija dependen de la caridad de sus familiares y, oculta tras un velo de falso glamour, aparece frente a ellas la locura de un desarraigo marcado por la dependencia física y emocional. La vida de Flor se va transformando en una pesadilla expuesta ante las miradas de aquellos con quienes se encuentra a lo largo de los años, como su tímido primo George o los amigos ocasionales de su madre. Su búsqueda de protección aflora tras cada encuentro en una clara derivación de su necesidad de contar con un hogar al que regresar.

Estructura y contenido del libro

Dentro de la bibliografía de la autora, Agua verde, cielo verde es su ópera prima novelística y nos da en buena medida la pauta de los temas e intereses principales de Gallant, que ya exploró en sus cuentos y en los que ahondará esta novela.

El libro se puede interpretar como una cata de cuatro momentos vitales de una de sus protagonistas, Flor McCarthy, en su deslizamiento hacia una anuladora depresión. En dicho proceso, se ve acompañada en todo momento por su madre, Bonnie McCarthy que aparece retratada como responsable del estado psicológico de su hija tras someterla a una infancia de inestabilidad familiar y geográfica, creando enfermizos lazos de dependencia con su hija.

El relato se compone de cuatro episodios carentes de título y de desigual longitud. Excepto por el tercero que supone un salto atrás (analepsis) en la sucesión de hechos narrados, los restantes siguen, cronológicamente, el estado mental de Flor hasta su internamiento en un centro psiquiátrico. La autonomía de lo narrado en cada episodio nos permite acercarnos a ellos como si de relatos independientes se tratase.

Algunos temas y aspectos principales de esta narrativa que cabe destacar son:

  • se trata de una novela donde tenemos acceso al devenir de todos sus personajes pero, sin embargo, el conocimiento que tenemos de sus pensamientos y sentimientos más íntimos es parcial, incierto;
  • el conflicto como seña de identidad de los personajes consigo mismos y en su relación con los demás, especialmente en el ámbito familiar;
  • las dificultades de la vida expatriada;
  • los conflictos de las clases sociales acomodadas que temen perder sus privilegios y estilo de vida;
  • la posición de dependencia económica de las mujeres respecto de los hombres;
  • la represión de los sentimientos y deseos como origen de buena parte de los problemas personales y mentales de los personajes;
  • la crisis existencial, de encrucijada personal, que aqueja no solo a Flor y Bonnie, sino, también, al resto de personajes (Bob Harris, el primo George, Wishart);
  • la evocación de la vida vacacional de las clases acomodadas como engañosa, desprovista de un glamour real;
  • un fuerte simbolismo de las personas, los lugares, los objetos y las acciones;
  • el desencanto y la decadencia como tono general de la narrativa.

 

Lectura

Una narrativa tan cargada de conexiones, símbolos y connotaciones nos sugiere más preguntas que respuestas desde las que podríamos abordar su lectura crítica. Aquí podemos considerar algunas de ellas:

  1. ¿cómo conecta el epígrafe shakesperiano con el resto de la narrativa?
  2. ¿cómo calificarías el estilo de la prosa de Gallant y los recursos empleados en esta narrativa? ¿Te ha resultado compleja de leer o de interpretar?
  3. la voz narrativa en tercera persona parece transmitirnos todo de los personajes, pero, sin embargo, al concluir la obra, sentimos que nos faltan muchas piezas para completar el puzle, para comprenderlos mejor, ¿de dónde crees que deriva esta sensación de extrañeza que nos evocan?
  4. aunque los personajes parecen vivir en un infinito presente vacacional o de ocio, el pasado tiene un enorme peso sobre sus sentimientos y decisiones, ¿cómo condiciona dicho pasado la vida errante de Bonnie y Flor?
  5. nuestros protagonistas son todos expatriados residiendo fuera de su lugar de nacimiento, ¿crees que se hallan bien integrados en sus nuevas residencias?; ¿cuál es su relación con su país de origen y sus nuevos lugares de destino?
  6. “Flor la [a Bonnie] escuchó y pensó: «Y yo que antes creía que mi madre era Dios»” (68). Esta cita es muy representativa de la deriva que toma la relación entre madre e hija en la novela, ¿cómo has interpretado dicha relación?; ¿de dónde crees que surge el conflicto?
  7. «Para los franceses, Bob Harris encajaba superficialmente con el patrón de hombre estadounidense –un grand gosse– y a él le iba de fábula. Sería la última persona del mundo en dar problemas» (51). ¿Crees que esta descripción se ajusta bien al personaje, a sus actuaciones a lo largo de la narrativa?
  8. el protagonismo femenino en la obra es indiscutible y si la relación conflictiva entre madre e hija que se nos presenta puede parecer bastante prototípica, ¿cómo has interpretado, sin embargo, la figura de Doris Fischer y su interacción con los demás protagonistas?
  9. muchos de los personajes pertenecen a clases sociales acomodadas, burguesas, o intentan ascender a ellas. En este sentido, ¿el estilo de vida que desarrollan que te ha sugerido o inspirado?; ¿intenta la autora transmitir una crítica social a través de su retrato?; ¿cómo habéis interpretado al personaje de Wishart dentro de este ambiente burgués?
  10. la obra se abre y se cierra con el primo George, ¿qué papel crees que juega su presencia en la narrativa y en su relación con su tía y prima?;
  11. la novela contiene varios simbolismos, algunos bastante enigmáticos, ¿en concreto, cómo habéis considerado algunos de los siguientes…
    1. el color verde que aparece asociado a diversos objetos y evocaciones en diversos momentos de la obra?
    2. Venecia?
    3. París?
    4. «Jefe» el poni, que Flor evoca en el momento más crítico de su crisis depresiva (108)?
    5. el estado depresivo de Flor?
    6. …y otros que hayáis detectado?
  12. el cierre de la obra, una alucinación del primo George por la cual fusiona en una sola figura las imágenes de su tía, prima y de una chica francesa que se ha cruzado por la calle, ¿cómo lo has interpretado?; ¿qué función crees que cumple en relación con el resto del texto y los conflictos descritos?

    Aykut Aydogdu

    Aykut Aydogdu

Club de lectura de la Universidad de León. Curso 2019-2020

Pronto dará comienzo la séptima edición del Club de lectura de la Universidad de León. Te anticipamos el cartel  y el programa para este curso (puedes imprimirlos en pdf)

CARTEL: Club lectura ULE 19/20)  

PROGRAMA: Tríptico con toda la información del curso y las formas de participación

¡ATENCIÓN!

Este año hemos cambiado el día de la semana de nuestros coloquios. Ya no serán los  jueves, sino los  lunes. Para empezar bien la semana …

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Como siempre, te esperamos con los libros abiertos  🙂