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Coloquio sobre La primera mujer, de Jennifer Nansubuga Makumbi

Por Paula Barba del Pozo

La primera mujer (2020), escrita por la ugandesa Jennifer Nansubuga Makumbi y galardonada con el prestigioso premio Jhalak Price en el año 2021, llega a nuestro club de lectura para “descolonizarnos” la mente.

De tal forma, a lo largo del coloquio nuestras socias y nuestros socios disfrutaron de un dinámico debate, moderado por Marta Sofía López Rodríguez (Chían), donde se trataron temas de actualidad muy presentes en la novela. Entre ellos, se destacó el papel de la lengua como símbolo de identidad. Prueba de ello son gran parte de las palabras en luganda que pueblan el texto de Makumbi y que su traductora, la misma Chían, ha decidido dejar intactas en su traducción para que los lectores y las lectoras fueran quienes las descubrieran acercándose a ellas. Asimismo, se habló de la otra cara de la moneda: la lengua como factor de prestigio social; en este caso, un privilegio reservado al inglés por haber sido vehículo de colonización en países como Uganda.

La propia protagonista de la novela, Kirabo, hace patentes estas cuestiones en su largo recorrido por la vida de una familia de clase media en Nattetta. Se destacó a lo largo de la conversación cómo con ella se nos había dado la posibilidad de observar una visión de África, en concreto de Uganda, no sesgada por la mirada europea. De tal forma que al leer la narración de Makumbi, se resaltaba con asombro una cercanía a nuestra propia realidad cotidiana, con unas preocupaciones vitales que podrían ser parecidas a las nuestras, pero que, en el caso de la protagonista Kirabo se encuentran atravesadas por una cuestión fundamental: la ausencia de la madre que la empuja a la búsqueda y a la pregunta.

A través de la trama de la maternidad, indagamos en nuestra sesión en aspectos que se iban derivando de ella: la relación que se establece entre las mujeres ugandesas, cómo la familia es entendida como clan, las posiciones de poder dentro de este, el papel de las mujeres en él, los cuidados, la amistad, el amor… Porque si algo nos ha enseñado esta lectura es a pensar en los feminismos como algo plural y atravesado por múltiples contextos, lejos, como insistimos, de una visión unívoca del feminismo occidental.

Las antiguas creencias africanas se cuelan, de la misma forma, en nuestra lectura y es precisamente el arquetipo originario de “la primera mujer” el que vehicula todas nuestras reflexiones y la narración en sí. Esa fuerza primera es la que empuja a la protagonista y, con ella, los descubrimientos que va haciendo a lo largo de toda la narración. Nosotras hemos seguido sus pasos y abierto la mirada con ella.

Guía a la lectura: La primera mujer, de Jennifer Nansubuga Makumbi

 Por Marta Sofía López Rodríguez

Quizás para muchas lectoras, La primera mujer (https://www.amazon.es/primera-mujer-Deleste-) sea vuestra primera incursión en la(s) literaturas(s) africana(s).

Como suele decirse, y Dipo Faloyin explica en profundidad en su más que recomendable libro, África no es un país (https://amzn.eu/d/0edOpozN), hay muchas Áfricas: no solo los aproximadamente 54 estados-nación que aparecen en el mapa, y que son pura invención de las potencias coloniales europeas, que en la infame Conferencia de Berlín de 1882-84 se repartieron el continente y lo dividieron cultural y lingüísticamente, separando o uniendo caprichosamente a grupos étnicos muy dispares, y trazando fronteras arbitrarias.

Hay Áfricas católicas, protestantes, animistas, musulmanas, hinduistas o baha’i, pasando por todas las versiones de corte netamente africano, u otras denominaciones como los testigos de Jehová o los cristianos renacidos. Y todas conviven, aunque no siempre muy amigablemente, en los mismos países, comunidades o familias.

Hay Áfricas tropicales, desérticas y todas las posibilidades intermedias; hay rincones del continente que han podido conservar sus ecosistemas prácticamente intactos, aunque en la época colonial la biodiversidad se sacrificó a las grandes cosechas comerciales como el café, el cacao, el té o el caucho, y Áfricas absolutamente degradadas, como el delta del Níger, o los entornos urbanos saturados de plásticos, residuos tecnológicos procedentes de Occidente y otras basuras transcontinentales. Hay territorios inmensamente ricos en recursos como el coltán, el petróleo o los diamantes, que en su práctica totalidad están en manos de potencias extranjeras, y hay Áfricas en las que la pobreza se ha enquistado. Hay Áfricas rurales, y hay urbes inmensas, como Kampala, en la que viven unos seis millones de personas.

En la época precolonial hubo imperios, reinos, ciudades-estado, califatos, territorios organizados de forma ejemplar, con estructuras sociopolíticas y militares perfectamente funcionales, como es el caso de los ganda que protagonizan La primera mujer, y toda clase de estructuras y formas de organización de las comunidades humanas. Si os apetece hacer una incursión en profundidad en la historia de África más allá de la óptica occidental, os recomiendo la serie Historia General de África que podéis encontrar en YouTube (vídeo promocional, para que os hagáis una idea, en https://www.youtube.com/watch?v=MXD8_q66Bvs). Son veinte capítulos basados en la ópera magna del mismo título que la ONU comisionó a historiadores y pensadores africanos, y que nos cuentan las cosas desde una perspectiva muy diferente a la de los historiadores y antropólogos blancos.

En África hay multimillonarios con fortunas incalculables, personas que viven en un relativo confort de clase media, y pobres paupérrimos; pero, como nos hace observar Kirabo, la protagonista de la novela, «la pobreza y la riqueza son constructos», y nuestra idea de la riqueza como capacidad de consumo y acumulación de capital es otra de las novedades impuestas por la colonización occidental en el continente, y no necesariamente válida para todas las comunidades.

África es mucho más que las hambrunas, los desastres naturales y el tribalismo indomable con que obscenamente nos bombardean los medios de comunicación oficiales[1]. Es un continente joven, muy joven, y que es consciente de que su «pobreza» es una construcción occidental, con efectos que marcan las economías de las naciones y las vidas de los seres humanos. Entretanto, seguimos reclamando deuda externa a países drenados de sus recursos, los condenamos como «estados fallidos» y acusamos a los inmigrantes de una invasión descontrolada.

Y en África están hartos de que un puñado de dictadores sostenidos por potencias y empresas extranjeras (y en ese pastel todo el mundo tiene la mano metida) se lleven las incalculables migajas de los beneficios que obtienen esquilmando sus recursos. Un ejemplo: Teodorín, el previsible sucesor de Teodoro Obiang Nguema como presidente vitalicio de Guinea Ecuatorial, se compró como un capricho personal el famoso guante de Swarosky que Michel Jackson luce en «Bad», y otros objetos personales del artista valorados en torno a un millón de dólares.[1] Y algún antojito más, como los coches de lujo o las fiestas de cumpleaños en Suráfrica. Y cuando algún periodista impertinente hace preguntas, la respuesta no puede ser más cínica: a la industria petrolera le interesan muy poco los derechos humanos, salvo que sirvan como excusa para invadir a los países que no se pliegan a los dictados del capitalismo global. Os recomiendo, en este sentido, un fantástico documental sobre la vida de Patrice Lumumba, cuyo exterminio planificó y ejecutó cuidadosamente la CIA en connivencia con el gobierno belga (https://www.youtube.com/watch?v=9Y9O1v-09FE), o la novela de Antonio Lozano El caso Sankara (2014), una ficción muy verosímil e informada sobre el asesinato del presidente «rebelde» de Burkina Faso.

Cuando yo recibí el encargo de traducir esta novela, sabía muy poco de Uganda, aparte de los horrores del régimen de Idi Amin, reflejados en la película El último rey de Escocia, que también podéis encontrar en YouTube (de pago) o gratis en este enlace: https://ok.ru/video/7609677384239. Con la excepción del keniata Ngugi wa Thing’o, un autor imprescindible en la trayectoria del pensamiento y la literatura del continente, lxs autores que he traducido son del África Occidental: Chinua Achebe es de Nigeria, y Ama Ata Aidoo y Ayi Kwei Armah, de Ghana. La gran mayoría de lxs autores a quienes he leído y sobre quienes he trabajado en mis publicaciones académicas y en mis actividades de divulgación son de origen nigeriano, que es una de las mayores potencias literarias del continente, aunque también le he dedicado algunos trabajos a la literatura de Guinea Ecuatorial y su diáspora. Como veis, dos países que no tienen nada que ver entre sí salvo su proximidad geográfica dentro del Golfo de Guinea. Hace unos cuantos años, publiqué una introducción a las literaturas de mujeres africanas, un tema que me sigue ocupando en la actualidad, en la que repasaba algunas de las figuras en aquel momento ya clásicas, o emergiendo con fuerza, y en el que sí contemplé a autoras de distintas procedencias geográficas, lingüísticas y culturales a lo largo y ancho del continente[1].

Pero una de las grandes cuestiones que afecta a la producción cultural africana, y sobre la que Ngugi fue muy tajante en Descolonizar la mente, es que solo alcanza a las audiencias internacionales (léase occidentales) cuando está escrita en las lenguas coloniales. No tenemos acceso, excepto en contadas excepciones, y en traducción, a una producción ingente en las lenguas africanas más diversas, del igbo al suajili o el acholi, del kikuyu al wolof o el fang. Y eso supone que nos perdemos mucho, muchísimo más de la mitad de la producción literaria del continente.

En cualquier caso, lxs escritores y escritoras africanas han hecho cosas muy interesantes con el inglés (y con las otras lenguas coloniales, pero me centro ahora en la lengua en la que yo trabajo prioritariamente). Chinua Achebe hablaba de ello en uno de sus ensayos más clásicos, «El escritor africano y la lengua inglesa»: «El precio que una lengua mundial debe estar dispuesta a pagar es someterse a muchos y diversos usos. El escritor africano debería aspirar a utilizar el inglés de tal forma que transmita su mensaje de la mejor manera posible, sin alterar la lengua hasta el punto de que se pierda su valor como medio de intercambio internacional. Debería aspirar a forjar un inglés que sea a la vez universal y capaz de transmitir su experiencia particular». Y eso es lo que mayoritariamente han hecho: han prescindido de las normas gramaticales o las han utilizado a su antojo, se han librado de la tiranía de la fonética inglesa y de los clichés prestablecidos, han incluido constantemente el léxico, las metáforas y las peculiaridades de sus comunidades lingüísticas madre, han preservado como tesoros palabras que hablan del pasado, de las formas de vida tradicionales, de los ecosistemas y las gastronomías. No porque, siendo la minoría que conocemos producto de la educación misional y de la escuela colonial, no sepan utilizar exquisitamente el Inglés con mayúscula, el de la realeza, la BBC, la iglesia anglicana y otros sagrados templos del conocimiento británicos. Pero han elegido legitimar los pidgins, los pichis, todas las variantes criollas, híbridas y fluidas; han reventado la lengua desde dentro, y lo han hecho con supremo talento de narradoras y narradores empapadxs de oralidad.

Como traductora, siempre que puedo intento transmitir esas sonoridades y texturas, esas imágenes que tenemos que aprender a interpretar, y no facilitar a quien lee mucho más la lectura de lo que se hace en los textos originales en inglés. Metáfora literalmente significa ‘lo que lleva más lejos’, y todos esos elementos son invitaciones, puertas abiertas a rebuscar en la biblioteca o en las redes, a procurar entender qué significa diiro, matooke o mwenkanonkano. Por eso también intento no abusar de las notas al pie. En mis prólogos, explico un poco lo que puedo, intento abrir un horizonte de lectura, pero es responsabilidad de la persona que tiene una obra entre sus manos el seguir o no esas pistas… Nombres propios, tratados históricos, fechas y datos, instituciones o costumbres… Fíjate en algunos de los elementos luganda (léxico, interjecciones, proverbios, etc.) que se mantienen en el texto, evalúa en qué medida han afectado a tu comprensión general de La primera mujer y considera qué aportan con respecto al texto en inglés o en español.

Puedes hacer una inmersión cultural previa a la lectura de la novela viendo alguno de los variados documentales sobre la historia de Uganda y el pueblo ganda que circulan en la web (por ejemplo, https://www.youtube.com/watch?v=qiBPqX0JMfg&t=131s), o, a medida que avanzas en la lectura, ir tomando nota de los acontecimientos históricos que se mencionan, y buscando referencias. La «historia oficial» de Uganda es el entramado en el que se entretejen las vidas de los personajes de la novela, y está fielmente reflejada, pero el interés de la narrativa se encuentra precisamente en lo que escapa a esa «historia oficial», la memoria alter/nativa, los recuerdos de los personajes más ancianos y las vivencias de las generaciones más jóvenes. Toma nota de cómo los grandes acontecimientos históricos tienen su reflejo específico en las biografías de las cuatro generaciones de descendientes de Luutu que se contemplan en la novela, y de cómo la memoria de las mujeres en particular construye una contramemoria, lo que en inglés llamaríamos herstory. Las mujeres son sin duda las grandes narradoras en la novela, y en sus relatos conviven cosmogonías y pecados ancestrales, cuentos, proverbios, fábulas y visiones, con una voluntad firme de transmitir a las generaciones más jóvenes que siempre ha habido mujeres fuertes, Amazonas o diosas creadoras, esclavizadas o educadas, pero siempre dueñas de la palabra. Busca referentes positivos de mujeres empoderadas a lo largo de la novela.

La primera mujer rebosa historias sobre el estado original, sobre la valentía, la inteligencia y la resiliencia de las mujeres, sobre su capacidad de agencia, y sobre la necesidad que unas mujeres tienen de otras mujeres. Pero Makumbi no nos permite nunca olvidar que muchas mujeres son «gallinas enjauladas» que se picotean entre sí porque no pueden atacar a los auténticos opresores, lo que ella llama kweluma. En la novela también hay ejemplos de mujeres mezquinas, que usan sin empacho los mecanismos patriarcales tradicionales o modernos para humillar y manipular a otras mujeres, o que se enganchan a la idea del amor romántico en su versión occidental, ligada a patrones de consumo y formas de vida profundamente ajenas a las sociedades indígenas, o que ejercen su poder para eximir a los varones de toda responsabilidad y ocupar vicariamente posiciones propias de varones con respecto a las esposas del clan. Y por supuesto la clase social y el nivel educativo crean a veces barreras insalvables entre las mujeres. Los celos, los dobles estándares que rigen el comportamiento sexual de hombres y mujeres o la presión para adoptar el patrón familiar monógamo y nuclear son algunos de los elementos que Jennifer Makumbi incorpora a un análisis de las relaciones humanas que inevitablemente nos evoca en ocasiones a Jane Austen, con la que la autora comparte también un fino sentido del humor y la parodia social. Repasa los comportamientos entre mujeres que contradicen la idea de una sororidad ideal articulada en torno al género. Piensa en qué factores contribuyen a que percibamos las diferencias entre la forma occidental de concebir el género, basada en lo puramente biológico, y los matices y complejidades de este concepto fuera de nuestro contexto eurocéntrico.

Makumbi no habla de feminismo, sino de mwenkanonkano. Las pensadoras y teóricas africanas y afrodescendientes han sido muy reticentes a la hora de abrazar el feminismo occidental, el que brota de Mary Woolstonecraft, Virginia Woolf o Simone de Beauvoir. Saben por experiencia que sin la aportación de las mujeres ninguna comunidad humana es funcional, y saben también de la necesidad de una habitación y unos recursos propios. Si bien en general apuestan por el valor de la educación Occidental, son conscientes de que las estructuras coloniales las apartaron de sus espacios tradicionales de poder económico, político y religioso, y proyectaron sobre ellas extrañas formas de alteridad. Pero, si acaso, el legado del feminismo blanco ha contribuido en muchas ocasiones a silenciar sus propias luchas y prioridades, como sugiere Nsuuta mientras escucha por la radio los debates de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975. La afroamericana Alice Walker acuñó el término mujerismo (womanism) en los años ochenta, y otras teóricas han elegido términos como negofeminismo (‘el feminismo de la negociación’), feminismo con sentido de caracol o madrismo. Dice la pensadora Oyeronke Oyewumi que sin duda la gran diferencia está en la perspectiva: en el corazón del feminismo blanco hay una esposa oprimida, en el corazón del feminismo africano, cualquiera que sea el nombre que adopte, está una madre empoderada. Una madre no necesariamente biológica, pero sí una figura de autoridad, preocupada por proteger y nutrir a la comunidad, ya sea la familia, el clan o la nación, a la manera de la diosa yoruba de los océanos, Yemayá. Pero ciertamente la maternidad tiene sus lados oscuros. La novela pionera de Buchi Emecheta Las delicias de la maternidad, traducida al castellano por Maya G. Vinuesa, ya estaba explorando las ambivalencias de la institución y la experiencia de la maternidad en los años setenta. La cuestión de la maternidad ha sido una de las más tratadas y debatidas por las grandes del pensamiento y la creación africanas.

Toma nota de las figuras maternas que pueblan la novela, presentes o ausentes, biológicas o no. ¿Qué modelos o roles te resultan más atractivos?

Y, retomando la idea de mwenkanonkano, considera qué aspectos de las vidas de las mujeres quiere esta lucha contribuir a mejorar y transformar radicalmente. Considera sus diferencias con respecto al «feminismo oficial» (si es que tal cosa existe) blanco. Toma nota también de los personajes masculinos que, de hecho o explícitamente, se adhieren a esa lucha de las mujeres, y considera sus contribuciones y sus contradicciones.

Personajes históricos como Sir Apollo Kaggwa, los Kabakas que iniciaron y consolidaron la relación con los ingleses, o la propia familia de la protagonista en la ficción, son considerados adalides de la modernidad en el reino de Baganda y posteriormente en Uganda: son los introductores del cristianismo, del sistema educativo británico, de un modelo de estado semejante a la monarquía parlamentaria, componentes de una élite cultural y económica de terratenientes ilustrados y protagonistas de la transformación del antiguo reino en un protectorado que sufrió en la época de las independencias los mismos avatares que tantas otras naciones postcoloniales. Pero la novela nos hace ver de continuo el precio que se ha pagado por esa «modernidad»: desde la pérdida de la biodiversidad a la imposición de una temporalidad ajena a los ritmos y los rituales de la vida tradicional, la transformación radical de las estructuras de poder ancestrales y de las formas de organización familiares, la promoción de una noción de riqueza y de patrones de consumo occidentales, que alcanzan en la posesión de un coche su máxima expresión…

Busca ejemplos a lo largo de la novela de las múltiples ambigüedades y contradicciones que rodean a la condición colonial, y cómo afectan diferencialmente a hombres y mujeres.

Toma nota de las múltiples fuentes que alimentan el banco de memoria colectivo que es La primera mujer: cosmogonías y relatos, tradiciones, proverbios, ceremonias y protocolos que nos ayudan a entender aspectos que son, de entrada, culturalmente específicos. ¿En qué medida te permiten esos elementos empatizar con una visión del mundo diferente, y qué elementos te resultan en realidad familiares porque también están en nuestra cultura, o porque son de alguna manera «universales»?

Y, lo primero es lo primero: la novela empieza con un cuento sobre una mujer que escondió a su hija en un termitero. ¿Cómo se evoca y reutiliza ese relato a lo largo de la narrativa? ¿Cuáles son los grandes debates que introduce y que luego se desarrollarán a lo largo de la narrativa?

 

Kin, tú fuiste nuestros ojos…

 

[1] https://www.academia.edu/96752805/_LITERARURA_AFRICANA_FEMENINA_UNA_PERSPECTIVA_MUJERISTA_

[1] https://radiomacuto.org/estados-unidos-abre-la-puerta-a-teodorin-con-una-exencion-a-sus-sanciones/

[1] https://www.altairmagazine.com/360/contarnos/como-escribir-sobre-africa/

Coloquio sobre Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

Por Sandra García Gutiérrez y Miriam López Santos

La novela Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë, ha sido “redescubierta” por los miembros del club de lectura. Los socios han reflexionado sobre las diferencias entre la novela y sus adaptaciones cinematográficas, así como sobre las distintas interpretaciones que han realizado de ella a lo largo de sus vidas. También se ha analizado la traducción de Alejandro Pareja Rodríguez, ilustrada por Sara Morante y publicada en la colección Alma Clásicos Ilustrados, aunque los participantes han recurrido a distintas versiones. De este modo, la traducción y su influencia en la recepción de la obra, cuyo título original es Wuthering Heights, han ocupado un lugar central en el debate.

El coloquio partió de la idea de que la novela va más allá de una historia de amor para adentrarse en un universo de pasiones y, sobre todo, de obsesiones. Estas llevaron a debatir sobre la presencia del fantasma en la obra, una figura compleja y difícil de definir, pero cuyos ecos góticos resuenan a lo largo de la trama. Asimismo, se abordó el papel de los narradores, cuya falta de objetividad condiciona la representación de la vida doméstica en las dos residencias principales: Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. En este contexto, destacó la figura de Nelly, que desempeña un papel fundamental como narradora y cuidadora de los protagonistas. Sus rasgos psicológicos suscitaron, además, una reflexión sobre el alcance del determinismo en la novela.

La atmósfera de la obra también centró parte de la conversación. Muchos lectores compartieron la sensación claustrofóbica que transmite el relato y la percepción de que una especie de maldición familiar lo impregna todo. Esta impresión no se limita a los espacios cerrados del ámbito doméstico, sino que se extiende a los páramos, donde las condiciones meteorológicas contribuyen a reforzar el aislamiento de los personajes. En cuanto a estos, Nelly, Catherine y la relación de esta con Heathcliff fueron algunos de los principales focos de debate. También se reflexionó sobre el tratamiento de la primera y la segunda generación y sobre cómo la relación amorosa entre Cathy Linton y Hareton Earnshaw permite superar el trauma generacional.

En definitiva, la complejidad de Cumbres borrascosas y la ambigüedad moral de sus personajes, cuyas acciones siguen suscitando controversia, contribuyen a explicar el creciente reconocimiento de la novela durante los siglos XX y XXI, más allá de su recepción en el XIX. Su capacidad transgresora y la posibilidad de regeneración que plantea el desenlace siguen despertando el interés de los lectores.

Guía a la lectura: Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

 

Por Sandra García Gutiérrez y Miriam López Santos

Emily Brontë: vida, contexto y perfil literario

Emily Jane Brontë nació el 30 de julio de 1818 en Thornton, Yorkshire. Fue la quinta de los seis hijos del reverendo Patrick Brontë y Maria Branwell. En 1820, la familia se trasladó a Haworth, donde Patrick ejerció como párroco y donde Emily pasaría la mayor parte de su vida. La temprana muerte de su madre, en 1821, y posteriormente la de sus hermanas mayores Maria y Elizabeth, en 1825, marcó profundamente la historia familiar. Emily creció junto a Charlotte, Branwell y Anne en un entorno doméstico caracterizado por una intensa actividad lectora e imaginativa. Su educación formal fue breve y discontinua: asistió a Cowan Bridge School durante su infancia, pasó algunos meses en Roe Head en 1835, trabajó como profesora en Law Hill y, en 1842, viajó con Charlotte a Bruselas para completar su formación en el Pensionnat Heger, especialmente en francés y literatura. Estas experiencias deben entenderse dentro de un contexto en el que la educación constituía una de las pocas vías profesionales disponibles para las mujeres de clase media sin independencia económica.

El traslado de la familia Brontë a Haworth en 1820 fue decisivo para la formación intelectual y literaria de los hermanos. La localidad, situada en el West Riding de Yorkshire, suele representarse como un enclave aislado entre páramos, pero la investigación reciente ha matizado esa imagen romántica: Haworth era una comunidad activa, vinculada a la industrialización textil y a importantes transformaciones sociales del norte de Inglaterra. Juliet Barker ha señalado precisamente la necesidad de comprender el lugar y su sociedad para interpretar adecuadamente la trayectoria de las Brontë.

La rectoría de Haworth, donde Patrick Brontë ejercía como párroco, constituyó el centro de la vida familiar. Tras la temprana muerte de Maria Branwell, los hijos supervivientes, como se ha señalado, Charlotte, Branwell, Emily y Anne, crecieron bajo la tutela de su padre y de su tía Elizabeth Branwell. El hogar ofrecía un ambiente especialmente propicio para la lectura: Patrick poseía libros y seguía la prensa y las publicaciones periódicas, de modo que sus hijos tuvieron acceso a debates políticos, acontecimientos contemporáneos y literatura muy diversa. Los estudios reunidos en The Brontës in Context destacan precisamente la importancia de la vida doméstica, de Patrick Brontë y de los fuertes vínculos entre los hermanos para explicar su desarrollo creativo.

En ese entorno, leer, escribir e imaginar fueron actividades compartidas desde la infancia. Charlotte, Branwell, Emily y Anne crearon personajes, territorios y complejas historias ficticias que desarrollaron durante años. Por ello, la producción literaria de los hermanos no surgió de manera repentina en la edad adulta, sino que fue el resultado de una intensa cultura familiar de lectura, escritura y creación de mundos imaginarios iniciada durante la infancia. Desde niña, Emily participó activamente en los mundos imaginarios creados por las hermanas Brontë y, especialmente junto con Anne, desarrolló el universo ficticio de Gondal, estrechamente relacionado con buena parte de su poesía. The Cambridge Companion to the Brontës considera precisamente estos escritos juveniles una de las raíces fundamentales de la posterior producción literaria de las hermanas. Antes de ser novelista fue una escritora de versos muy prolífica. De hecho, en 1846 publicó, junto con Charlotte y Anne, Poems by Currer, Ellis, and Acton Bell, utilizando el seudónimo masculino Ellis Bell. Un año más tarde apareció su única novela, Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1847). Emily murió en Haworth el 19 de diciembre de 1848, a los treinta años, pocos meses después de la muerte de su hermano Branwell.

Imagen de la autora y recepción crítica

La figura de Emily Brontë ha quedado rodeada desde muy pronto por una imagen casi legendaria, asociada al aislamiento, la reserva, la independencia de carácter y una especial vinculación con los páramos de Yorkshire. Las primeras aproximaciones biográficas, desde The Life of Charlotte Brontë de Elizabeth Gaskell hasta la biografía de A. Mary F. Robinson, contribuyeron a consolidar esa representación, posteriormente revisada por estudios más documentados como el de Winifred Gérin. La recepción inicial de Cumbres borrascosas fue, además, problemática: su violencia, la intensidad de las pasiones, la ambigüedad moral de sus personajes y su difícil adscripción genérica desconcertaron a numerosos lectores del siglo XIX.

Durante el siglo XX, sin embargo, esta supuesta “rareza” empezó a considerarse precisamente una de las claves de su modernidad. David Cecil señalaba ya en 1935 que las generalizaciones aplicables a novelistas como Dickens, Thackeray, Trollope o Gaskell no servían para Emily Brontë, porque escribía “sobre temas diferentes, de una manera diferente y desde un punto de vista diferente”. F. R. Leavis insistiría posteriormente en su ruptura con las principales tradiciones narrativas de su tiempo. Esta singularidad explica que Cumbres borrascosas haya generado interpretaciones extraordinariamente diversas: se ha leído como novela gótica, novela romántica, relato realista, fábula moral, análisis de las relaciones de clase y poder e indagación metafísica sobre el amor, el mal y la violencia. Precisamente esa resistencia a una interpretación única constituye una de las razones de su permanente vitalidad crítica.

Sería muy complicado rastrear de manera exhaustiva todas las ediciones de la novela, tanto en español como en inglés. Por ello, en este club de lectura nos centraremos en la edición publicada por la editorial Alma en 2018, con traducción de Alejandro Pareja Rodríguez e ilustraciones de Sara Morante. La elección de esta edición responde, además, al interés de su propuesta gráfica, que incorpora las ilustraciones de una autora estrechamente vinculada al ámbito de la literatura y la ilustración contemporáneas. Morante ha ilustrado numerosas obras literarias y ha colaborado con distintas editoriales y medios de comunicación, además de desarrollar una trayectoria propia como escritora e ilustradora. En esta edición de Cumbres borrascosas, sus ilustraciones contribuyen a reforzar la atmósfera oscura y sugerente de la novela y ofrecen una lectura visual que dialoga con algunos de sus principales motivos: la naturaleza, la violencia, el aislamiento, la muerte y la dimensión fantasmal de la historia.

Claves de lectura de la novela

Esta novela, difícil de encasillar, encuentra un lugar especial dentro de la literatura gótica, al suscitar emociones, miedo, suspense y misterio, y exponer tanto a los personajes como a los lectores a situaciones de tensión. Algunos críticos señalan que el gótico provoca que “… la carne se estremezca y los nervios se exciten” (Moers, p. 91), pero al mismo tiempo proporcionan satisfacción a los lectores en su búsqueda de experiencias extremas. Estos sentimientos son diferentes, aunque no contradictorios, especialmente cuando se trata de distinguir entre horror y terror. El primero es una emoción física derivada de factores externos o sensoriales, mientras que el segundo es una emoción psicológica originada por factores internos. Lo siniestro (uncanny) se relaciona con construcciones de la mente que tienden a transformar “lo familiar en algo extraño, desconocido e incluso amenazante” (Bacon [ed.], 2018, p. 2).

La mayoría de los protagonistas de estas historias viven en un estado de inquietud psicológica provocado por pasiones incontroladas. Algunos lectores o críticos pueden preguntarse por qué Emily Brontë creó a Heathcliff, un personaje que parece encarnar tanto el terror como el horror a lo largo de la novela. Esa es precisamente la impresión que recibe Lockwood, un visitante desconocido de Cumbres Borrascosas, al contemplar el aspecto físico de Heathcliff y su actitud poco acogedora. Heathcliff es poco comunicativo, lo que dificulta obtener información acerca de la propiedad y de sus habitantes. Al igual que él, los criados también muestran una actitud recelosa hacia Lockwood.

La primera señal de terror aparece con la presencia de unos perros que gruñen y se sitúan cerca de él nada más llegar a la sala de estar. Al final de la visita, Joseph azuza a los perros contra Lockwood al confundirlo con un ladrón cuando este toma una linterna de la casa debido a la ventisca. El violento ataque le provoca una fuerte hemorragia nasal (Brontë, E., 1992, p. 12).

La extraordinaria pervivencia de Cumbres borrascosas no se explica únicamente por su incorporación al canon literario, sino también por la capacidad de la novela para generar nuevas imágenes, relatos y reinterpretaciones alejadas, en ocasiones, de su compleja estructura original. Al igual que ha sucedido con otros grandes mitos literarios, determinados elementos de la obra (la pasión entre Catherine y Heathcliff, los páramos, la muerte, el fantasma de Catherine o la personalidad oscura de Heathcliff) han ido adquiriendo una vida cultural propia.

Antes de Brontë, nadie había imaginado nunca una mujer como Catherine Earnshaw, alguien con muchos de los defectos tradicionalmente atribuidos a las mujeres -es egoísta, exigente y propensa a los berrinches y a los ataques de nervios-, pero también alguien con unas fortalezas jamás imaginadas para una mujer. La decisión de una heroína de casarse con un hombre en lugar de con otro es un principio para la trama matrimonial en casi todas las novelas inglesas del siglo XIX y no hay nada inusual en la creencia de Catherine de que el matrimonio es un acuerdo social, el medio por el que una mujer alcanza su posición en la sociedad, así como su seguridad, comodidad, riqueza e independencia del hombre en su propia familia. Catherine no despierta en los lectores la misma simpatía que otras heroínas victorianas que se casan por conveniencia, como ella. La razón puede ser que Catherine expresa su sentido del mal que hace de forma tan original. No es solo que le haga daño a Heathcliff, como él de reprocha. También se daña a sí misma, y quizá haga esto no por su negativa a casarse con Heathcliff, sino simplemente por casarse. La pregunta que hace Catherine y que no puede responder es cómo vivir como una mujer en el mundo siendo al mismo tiempo fiel a sus sentimientos más profundos.

Una de las transformaciones más persistentes afecta precisamente a Heathcliff. Aunque el personaje es inequívocamente humano, Brontë lo rodea continuamente de un vocabulario que cuestiona o desestabiliza esa humanidad. Isabella llega a preguntarse en una carta a Nelly si Heathcliff es realmente “un hombre” o, por el contrario, “un demonio”; Catherine lo relaciona con una criatura capaz de apoderarse de Isabella y “devorarla”, y Nelly recurre repetidamente a imágenes animales, demoníacas y espectrales para caracterizarlo. Su palidez, sus ojos oscuros, su comportamiento depredador y, sobre todo, su obsesiva relación con Catherine incluso después de la muerte han posibilitado lecturas posteriores que aproximan al personaje a la tradición del vampiro, el aparecido o el ente sobrenatural. La célebre identificación de Catherine con Heathcliff (“yo soy Heathcliff”) expresa precisamente una concepción del amor que desborda la relación convencional entre dos sujetos independientes. El otro se convierte en una parte necesaria de la propia existencia y su pérdida abre, en términos de Bersani, una carencia que solo podría colmarse mediante la incorporación absoluta del ser amado.

El paisaje de Cumbres borrascosas no funciona como un simple escenario en el que se desarrolla la acción, sino como uno de los grandes ejes simbólicos de la novela. Margaret Homans señaló una paradoja fundamental, pues aunque el lector termina la obra con la impresión de haber recorrido intensamente los páramos de Yorkshire, son relativamente pocas las escenas que Brontë sitúa directamente al aire libre. Incluso Catherine y Heathcliff, los personajes más estrechamente vinculados con la naturaleza, rara vez aparecen juntos en el páramo. Esa ausencia convierte el espacio natural en una realidad que parece exceder las posibilidades de representación del propio lenguaje.

El conflicto entre interior y exterior recorre entonces toda la novela. Las casas, sus puertas y sus ventanas representan con frecuencia distintas formas de encierro, en diferentes órdenes, social, familiar, corporal o psicológico, mientras que el exterior se asocia con la libertad, la infancia y una identidad todavía no sometida a las convenciones sociales. Catherine expresa esa identificación cuando, durante su enfermedad, desea volver a los páramos, recuperar su infancia y ser de nuevo “medio salvaje, fuerte y libre”. Naturaleza, pasado y Heathcliff terminan formando para ella un mismo núcleo emocional. Las condiciones atmosféricas son adversas e incluso ominosas, como si las fuerzas cósmicas intervinieran para propiciar la difícil situación en la que se encuentra el personaje.

El paisaje funciona también como lenguaje de los personajes. Brontë recurre constantemente a imágenes naturales para definir relaciones y describir a personajes. Catherine compara su amor por Edgar con el follaje de los árboles, sujeto al paso del tiempo, mientras que su vínculo con Heathcliff se asemeja a las “rocas eternas”; Heathcliff es descrito como un “árido páramo de aulagas y roca”, y Hareton como un terreno fértil cubierto de malas hierbas que todavía conserva capacidad de crecimiento. La naturaleza permite así expresar aquello que las palabras ordinarias no alcanzan a formular y contribuye a organizar las oposiciones entre Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, entre lo agreste y lo cultivado, lo indómito y lo socializado.

El mundo natural posee además una dimensión material y amenazante. El viento, la lluvia, la nieve y las tormentas más que limitarse a reflejar estados emocionales, condicionan los movimientos de los personajes, borran caminos, dificultan desplazamientos y llegan a poner a los personajes en constante peligro. La tormenta de nieve que desorienta a Lockwood constituye uno de los ejemplos más claros; la naturaleza borra las señales con las que los seres humanos habían intentado hacer legible el paisaje y obliga al personaje a reconocer los límites de su capacidad para dominarlo e interpretarlo.

A medida que avanza la novela, el paisaje queda además cada vez más impregnado por la presencia de Catherine. Heathcliff afirma verla “en cada nube” y “en cada árbol”, hasta el punto de que la separación entre persona y entorno parece desaparecer. Los rumores finales sobre los espectros de Catherine y Heathcliff vagando por los páramos culminan esta identificación entre naturaleza, memoria, deseo y muerte. El paisaje deja entonces de ser únicamente el lugar donde sucede la historia para convertirse en una especie de memoria material de quienes lo habitan.

Esta concepción permite abordar Cumbres borrascosas desde lecturas ecocríticas y ecogóticas contemporáneas, que son trabajadas en el siguiente apartado. Desde esta mirada desde el prisma de los estudios culturales, el páramo no es un fondo pasivo sobre el que se proyectan los sentimientos humanos, sino un espacio con capacidad para resistir, condicionar y desestabilizar a los personajes, borrando continuamente las fronteras entre naturaleza y cultura, interior y exterior, lo humano y lo no humano, e incluso entre la vida y la muerte.

La muerte, por ello, tampoco pone fin al vínculo. Heathcliff se rebela furiosamente contra la desaparición de Catherine, desea que su fantasma lo persiga, llega posteriormente a abrir su tumba y vive durante años bajo la sensación de su presencia. Catherine, antes de morir, había expresado igualmente la imposibilidad de permanecer a la espera, cual Penélope, mientras Heathcliff siguiera separado de ella. El final de la novela mantiene deliberadamente esta ambigüedad al recoger la creencia de que los espectros de ambos continúan, atormentados, recorriendo los páramos.

Recursos para ampliar la lectura

–          Árbol genealógico

–          Su influencia en obras posteriores como Crepúsculo

La amplia dimensión de la novela explica también su inesperada conexión con algunos fenómenos de la cultura popular contemporánea. Bella Swan, protagonista de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer, lee y cita Cumbres borrascosas, estableciendo un diálogo explícito entre la relación de Catherine y Heathcliff y la pasión sobrenatural que vertebra la saga. El interés generado por esta referencia tuvo incluso consecuencias editoriales: la difusión de Crepúsculo devolvió Cumbres borrascosas a un público juvenil muy amplio y produjo un considerable aumento de sus ventas. La asociación demuestra hasta qué punto el imaginario de Brontë, con amor absoluto, deseo destructivo, transgresión de los límites entre vida y muerte, continúa resultando reconocible en formas contemporáneas de la ficción romántica, gótica y fantástica.

–          Música

Probablemente ninguna apropiación popular haya contribuido tanto a fijar el nombre de Heathcliff en la cultura contemporánea como “Wuthering Heights”, de Kate Bush. La canción recupera la voz de Catherine como un espectro que regresa desde el exterior y llama a la ventana de Heathcliff. Devuelve el protagonismo a una de las imágenes más poderosas del comienzo de la novela: la aparición fantasmal que Lockwood cree experimentar en la habitación de Catherine. La cultura popular convierte así un episodio relativamente breve del relato en emblema de toda la obra. Catherine, el páramo, la ventana, Heathcliff y el regreso imposible de los muertos.

–          Adaptaciones fílmicas

Cumbres borrascosas no alcanzó durante buena parte del siglo XIX una popularidad comparable a la que adquiriría posteriormente. A. Mary F. Robinson, una de las primeras biógrafas de Emily Brontë, reconoció la importancia de Algernon Charles Swinburne en la recuperación crítica de la autora, aunque el propio escritor dudaba de que la novela llegara a convertirse en una obra verdaderamente popular. El tiempo desmintió en buena medida esa impresión, pues además de consolidarse como un clásico literario, Cumbres borrascosas ha conocido una extraordinaria vida posterior en el cine y la televisión, con versiones realizadas en contextos culturales tan distintos como Reino Unido, Estados Unidos, México, Francia, Japón o India. Valérie V. Hazette ha estudiado precisamente esta trayectoria transnacional en Wuthering Heights on Film and Television: A Journey Across Time and Cultures.

La primera adaptación cinematográfica conocida fue una película muda británica dirigida por A. V. Bramble en 1920. La cinta se considera actualmente perdida, aunque se conservan fotografías, materiales promocionales y el guion utilizado durante su producción, recuperado por el Brontë Parsonage Museum. Estos documentos permiten comprobar que la adaptación de la novela a la pantalla comenzó muy tempranamente y que, desde sus orígenes, cada adaptación hubo de enfrentarse a la complejidad temporal, generacional y narrativa del texto de Brontë.

Sin embargo, la versión que marcó decisivamente el imaginario popular fue Cumbres borrascosas (1939), dirigida por William Wyler, con Merle Oberon como Catherine y Laurence Olivier como Heathcliff. La película convirtió la relación entre ambos personajes en el núcleo prácticamente exclusivo del relato y eliminó la historia de la segunda generación, reduciendo considerablemente la compleja estructura de la novela. El desenlace cinematográfico añadía, además, la imagen de los espíritus de Catherine y Heathcliff reunidos después de la muerte, reforzando una interpretación romántica y trascendente de su vínculo que tendría una gran influencia en versiones posteriores. La película obtuvo ocho nominaciones a los premios Óscar y ganó el correspondiente a mejor fotografía en blanco y negro, recibiendo el premio del New York Film Critics Circle a la mejor película de 1939.

Numerosas adaptaciones posteriores han seguido, con variaciones, el camino abierto por Wyler. La versión de Robert Fuest de 1970, protagonizada por Timothy Dalton y Anna Calder-Marshall, vuelve a concentrarse en Catherine y Heathcliff y transforma incluso el desenlace de la historia. En cambio, Emily Brontë’s Wuthering Heights (1992), dirigida por Peter Kosminsky y protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes, destaca por recuperar la segunda generación y acercarse así a la arquitectura completa de la novela.

Particularmente singular resulta la adaptación de Andrea Arnold (2011). Su película prescinde de Lockwood, reduce considerablemente el papel narrativo de Nelly y concede una importancia extraordinaria a la experiencia física del paisaje, al viento, la lluvia, el barro, los animales y los sonidos del páramo, incidiendo en su herencia gótica. Fue también la primera gran adaptación cinematográfica que escogió a actores negros para interpretar a Heathcliff, Solomon Glave durante su juventud y James Howson en la edad adulta, decisión que recuperaba de una manera inédita para el cine la ambigüedad racial con la que Brontë caracteriza al personaje.

A este largo recorrido se ha sumado en 2026 la versión dirigida por Emerald Fennell, con Margot Robbie como Catherine y Jacob Elordi como Heathcliff. La película intensifica de manera muy marcada la dimensión erótica y sensual de la relación entre ambos y vuelve a prescindir de la segunda mitad de la novela, con una marcada estética sublime y gótica. De este modo, casi dos siglos después de su publicación, continúa una de las tendencias más persistentes de las adaptaciones de Cumbres borrascosas: convertir una novela de estructura generacional, múltiples voces y complejas relaciones familiares en una historia centrada primordialmente en la pasión imposible de Catherine y Heathcliff.

Las distintas representaciones de Heathcliff permiten observar, además, cómo cada época ha reinterpretado al personaje de acuerdo con sus propias concepciones del deseo, la masculinidad, la violencia y el poder. El Heathcliff atormentado y romántico de Laurence Olivier no es el mismo que el más amenazante de Timothy Dalton, el cruel y calculador de Ralph Fiennes o el corporal y racialmente marcado de Andrea Arnold. Las adaptaciones han contribuido así poderosamente a crear un Heathcliff cultural que no siempre coincide con el personaje de Brontë. Esta transformación resulta especialmente significativa porque muchas versiones audiovisuales han tendido a situar a Heathcliff en el centro de la historia y a convertir la relación con Catherine en el argumento principal. Sin embargo, la novela concede a Catherine un poder y una agencia mucho mayores de los que algunas adaptaciones posteriores permiten apreciar. Ella no es únicamente el objeto del deseo de Heathcliff; es uno de los centros psicológicos y simbólicos de la obra, y sus decisiones, deseos y contradicciones determinan buena parte del desarrollo de la tragedia.

Cuestiones para el coloquio

La estructura narrativa y la hibridez

→ ¿Qué aporta que la historia llegue al lector a través de Lockwood y, sobre todo, de Nelly Dean?

→ ¿Hasta qué punto podemos confiar en Nelly como narradora?

Los personajes y sus relaciones

→ ¿Cómo interpretamos la relación entre Catherine y Heathcliff: amor, identificación, dependencia, violencia o transgresión?

→ ¿Qué papel desempeñan Edgar, Isabella, Hindley, Hareton y Cathy en la red de afectos y venganzas?

Familia, clase y propiedad

→ ¿Cómo intervienen la herencia, el matrimonio y la propiedad en los conflictos?

→ ¿Qué significa la posición social ambigua de Heathcliff y cómo cambia a lo largo de la novela?

Paisaje, naturaleza y ecogótico

→ ¿Qué función desempeña el páramo en la construcción de Catherine y Heathcliff?

→ ¿Cómo dialogan la casa, el clima, el aislamiento, los animales y el paisaje con la violencia humana?

→ ¿En qué medida una lectura ecogótica añade algo a una interpretación gótica tradicional?

Lo sobrenatural y la ambigüedad

→ ¿Qué valor tienen las apariciones, sueños y presencias fantasmales?

→ ¿La novela confirma lo sobrenatural o mantiene una ambigüedad deliberada?

Violencia y venganza

→ ¿Cómo se transmite la violencia de una generación a otra?

→ ¿Heathcliff es víctima, verdugo o ambas?

→ ¿Existe una posibilidad real de reparación al final de la novela?

Género y posición de las mujeres

→ ¿Qué márgenes de decisión tienen Catherine, Isabella y Cathy?

→ ¿Cómo condicionan el matrimonio, la dependencia económica y la educación sus trayectorias?

La recepción y el mito cultural

→ En esta edición, ¿cómo actúan las ilustraciones de Sara Morante con el texto?

 → ¿Por qué muchas adaptaciones han convertido la novela en una historia de amor más convencional de lo que es el texto?

→ ¿Qué elementos explican su permanencia en la cultura contemporánea?

Bibliografía y materiales utilizados

Barker, Juliet. The Brontës. Rev. and expanded ed. London: Little, Brown, 2010.

Barnard, Robert. Emily Brontë. London: British Library, 2000.

Dinsdale, Ann. The Brontës at Haworth. London: Frances Lincoln, 2006.

Gaskell, Elizabeth. The Life of Charlotte Brontë. Edited by Angus Easson. Oxford: Oxford University Press, 1996.

Gérin, Winifred. Emily Brontë: A Biography. Oxford: Clarendon Press, 1971.

Glen, Heather, ed. The Cambridge Companion to the Brontës. Cambridge: Cambridge University Press, 2002.

Goodlad, Lauren M. E. “The Ontological Work of Genre and Place: Wuthering Heights and the Case of the Occulted Landscape.” Victorian Literature and Culture 49, no. 1 (2021): 107–138.

Homans, Margaret. “Repression and Sublimation of Nature in Wuthering Heights.” PMLA 93, no. 1 (1978): 9–19.

Husain, Adrian A. “Counter-narratives: Wuthering Heights and the Intervals of the Brutalized Self.” Nineteenth-Century Literature 76, no. 1 (2021): 33–56.

Krebs, Paula M. “Folklore, Fear, and the Feminine: Ghosts and Old Wives’ Tales in Wuthering Heights.” Victorian Literature and Culture 26, no. 1 (1998): 41–52.

Lutz, Deborah. “Relics and Death Culture in ‘Wuthering Heights.’” NOVEL: A Forum on Fiction 45, no. 3 (2012): 389–408.

Martin, Emily. “‘Doomed to Decay’: Endogenic Nature and Impersonal Affect in Emily Brontë’s Wuthering Heights.” Brontë Studies 50, no. 3 (2025): 273–292.

McNees, Eleanor, ed. The Brontë Sisters: Critical Assessments. 4 vols. Mountfield: Helm Information, 1996.

Newman, Beth. “‘The Situation of the Looker-On’: Gender, Narration, and Gaze in Wuthering Heights.” PMLA 105, no. 5 (1990): 1029–1041.

Pike, Judith E. “‘My Name Was Isabella Linton’: Coverture, Domestic Violence, and Mrs. Heathcliff’s Narrative in Wuthering Heights.” Nineteenth-Century Literature 64, no. 3 (2009): 347–383.

Robinson, A. Mary F. Emily Brontë. London: W. H. Allen, 1883.

Shunami, Gideon. “The Unreliable Narrator in Wuthering Heights.” Nineteenth-Century Fiction 27, no. 4 (1973): 449–468.

Smith, Margaret, ed. The Letters of Charlotte Brontë. 3 vols. Oxford: Clarendon Press, 1995–2004.

Thormählen, Marianne. The Brontës and Education. Cambridge: Cambridge University Press, 2007.

Tytler, Graeme. “Violence in Wuthering Heights.” Brontë Studies 46, no. 3 (2021): 262–273.

Otros recursos

Bersani, Leo. 1976. A Future for Astyanax: Character and Desire in Literature. Boston: Little, Brown.

Eagleton, Terry. 1975. Myths of Power: A Marxist Study of the Brontës. London: Macmillan.

Hazette, Valérie V. 2015. Wuthering Heights on Film and Television: A Journey Across Time and Cultures. Bristol: Intellect.

Shachar, Hila. 2012. Cultural Afterlives and Screen Adaptations of Classic Literature: Wuthering Heights and Company. Basingstoke: Palgrave Macmillan.

Stoneman, Patsy. 1996. Brontë Transformations: The Cultural Dissemination of Jane Eyre and Wuthering Heights. London: Prentice Hall/Harvester Wheatsheaf.

Recursos web y documentales

British Library. 1844–1846. Emily Brontë’s Notebook of Poems. Add MS 89488. British Library, Western Manuscripts.

Brontë Parsonage Museum. n.d. About Us. Haworth: The Brontë Society.

British Film Institute. 2014. “Wuthering Heights (2011).” En 10 Great British Films Directed by Women. London: BFI.

Material audiovisual y musical

Arnold, Andrea, dir. 2011. Wuthering Heights. London: Artificial Eye.

Bramble, A. V., dir. 1920. Wuthering Heights. United Kingdom: Ideal Film Company.

Fuest, Robert, dir. 1970. Wuthering Heights. United Kingdom: American International Pictures.

Kosminsky, Peter, dir. 1992. Emily Brontë’s Wuthering Heights. Hollywood: Paramount Pictures.

Wyler, William, dir. 1939. Wuthering Heights. Hollywood: Samuel Goldwyn Productions.

Bush, Kate. 1978. “Wuthering Heights.” En The Kick Inside. London: EMI Records. La canción fue publicada como sencillo en enero de 1978.

Bush, Kate. 2010. “Kate Bush – Wuthering Heights – Official Music Video – Version 1.” YouTube, 30 de diciembre de 2010.

Bush, Kate. 2011. “Kate Bush – Wuthering Heights – Official Music Video – Version 2.” YouTube, 2 de marzo de 2011.

XIV edición del Club de lectura Universidad de León

 

Si te interesa obtener el
diploma acreditativo con reconocimiento de créditos ECTS, debes matricularte en Extensión Universitaria, en las         XIV Jornadas RIUL del Club de Lectura Universidad de León. A partir del 30 de septiembre se activará el enlace de matrícula en la web institucional. Busca nuestras jornadas en https://extensionuniversitaria.unileon.es/cursos-y-matriculas/

El Club de lectura  de la Universidad de León propone actividades que no solo están dirigidas al público universitario. La participación está abierta a cualquier persona de la sociedad interesada es gratuita. No hay límite de edad ni se exige disponer de ningún certificado de estudios.

Pretendemos reunirnos periódicamente para compartir la experiencia de la lectura y aprovecharla como competencia transversal para completar la formación académica y personal. Las sesiones del Club están abiertas tanto a la comunidad universitaria como a la sociedad.

Calendario
Fecha de inicio: 06/10/2026
Fecha de finalización: 15/12/2026

Horario
19:00 horas.

Lugar de celebración y formato: presencial /online
La sede del club le lectura está en  la Biblioteca San Isidoro (Campus de Vegazana, León), en cuya  sala de conferencias se celebran todos las sesiones y encuentros de los socios. De forma combinada, ofrecemos el formato  híbrido online síncrono a través de Meet (Por si quieres saber más de Meet: Guía rápida de Google Meet pdf)

FORMAS DE PARTICIPACIÓN (¡importante!)

  1. Si estás interesado en obtener el diploma acreditativo para el reconocimiento de los créditos ECTS,  debes matricularte en Extensión Universitaria de la ULE. Más información sobre esta modalidad en nalvm@unileon.es 

    ¡¡¡ No todo el mundo tiene que matricularse !!!

  2. La Universidad de León abre su club de lectura a toda la sociedad, de forma abierta y gratuita. No necesitas  matricularse para poder participar, aunque sí te pedimos que nos manifiestes tu deseo de hacerlo para tenerte en cuenta, enviarte los avisos y recordatorios e invitarte a nuestras sesiones de GOOGLE MEET…  Envíanos tus datos al correo nalvm@unileon.es para que sepamos que contamos contigo. Indícanos:
    – Nombre y apellidos.
    – Correo electrónico (si eres miembro de la ULe, el institucional).
    – Tipo de usuario: Estudiante/ PDI/ PAS /Externo.Por lo tanto, si solo estás interesado en participar en coloquios y encuentros (virtuales) de las lecturas,no  es necesario que te matricules ni pagues ninguna cantidad económica, pero sí que nos avises por correo y que nos envíes tus datos.
  3. En el blog ofreceremos información de cada una de las sesiones. Además grabaremos las sesiones y las pondremos a tu disposición para que las tengas disponibles si no has podido asistir al encuentro en directo.

CURSO 2026-2027

XIV edición del Club de lectura Universidad de León

 

Si te interesa obtener el
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Pretendemos reunirnos periódicamente para compartir la experiencia de la lectura y aprovecharla como competencia transversal para completar la formación académica y personal. Las sesiones del Club están abiertas tanto a la comunidad universitaria como a la sociedad.

Calendario
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Horario
19:00 horas.

Lugar de celebración y formato: presencial /online
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FORMAS DE PARTICIPACIÓN (¡importante!)

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  3. En el blog ofreceremos información de cada una de las sesiones. Además grabaremos las sesiones y las pondremos a tu disposición para que las tengas disponibles si no has podido asistir al encuentro en directo.

Coloquio sobre Tres maneras de decir adiós

Por Ana Abello Verano

El libro de relatos Tres maneras de decir adiós, de Clara Obligado, ha suscitado reflexiones dispares entre los miembros del club de lectura. Muchos socios descubrían por primera vez la poética de esta autora, basada en la experimentación formal; otros ya habían tenido la oportunidad de acercarse a su narrativa a través de El libro de los viajes equivocados, lectura elegida en la edición de 2015-2016. Por ese motivo, al inicio del coloquio se destacó la diferente recepción de su literatura en función de dos variantes: el acercamiento a un único título o el conocimiento más amplio de sus obras, siendo esta última vía más enriquecedora dado que se van estableciendo guiños internos que permiten hablar de un universo cohesionado.  

La portada del libro fue objeto de análisis, incidiendo en las conexiones que pueden darse entre «texto» y «tejido», así como en la carga simbólica de la trenza, motivo que a lo largo de las composiciones plasma el poder del sujeto femenino y su determinación de acabar con cualquier tipo de violencia. Así lo percibieron algunos asistentes. La mujer, convertida en heroína, articula las tramas y enfrenta a los lectores a varias generaciones que deben asumir el duelo, la experiencia del desplazamiento y el amor como sentimiento condicionado por el paso del tiempo. Otras cuestiones que se pusieron de relieve en el coloquio fueron las siguientes: la metaliteratura, especialmente visible en el segundo relato; los cambios de narrador y formato; el componente ideológico y de crítica que refleja el tercer cuento, el preferido de los lectores más jóvenes de nuestro club; los intertextos; los elementos de índole fantástica;  los espacios liminares en los que se mueven los personajes, con dicotomías que alcanzan gran significación como las establecidas entre la vida y la muerte o el recuerdo y la imaginación; la dimensión ecológica; y la presencia de un mensaje esperanzador entre las páginas del libro.  

No cabe duda de que la literatura de Clara Obligado, rica en matices, no se agota en una única lectura. Y es que, como se recalcó, las propuestas de esta autora no pueden entenderse sin su componente lúdico, convirtiéndose así en artefactos narrativos que, al estilo cortazariano, proponen itinerarios alejados de los patrones tradicionales.  

Guía a la lectura: «Tres maneras de decir adiós», de Clara Obligado

Por Ana Abello Verano

«Transgredir los patrones culturales, mirar desde un punto de vista libre. Todo, menos una literatura obediente»(Obligado, 2020: 23).

                                                                        Foto de Miguel Lizana Barco

Aproximación a la trayectoria de Clara Obligado

Exiliada de la dictadura militar argentina, Clara Obligado(Buenos Aires, 1950) ha desarrollado desde 1976 su carrera literaria en España, con obras de reconocido prestigio que la avalan como una figura sobresaliente en el cultivo del cuento actual. Fue pionera en la implantación de los primeros talleres de escritura creativa en nuestro país, tanto en colaboración con otras instituciones académicas como de forma independiente. De hecho, su proyecto se ha perpetuado en el tiempo y a día de hoy el Taller de Escritura Creativa Clara Obligado acoge clases presenciales y cursos a distancia, convirtiéndose en un centro de referencia en la formación de escritores novelesy en la publicación de sus composiciones.

La amplia producción de Obligado abarca también la novela y el ensayo. En el ámbito de la narración extensa se inscriben los libros La hija de Marx (1996, Lumen), galardonado con el Premio Femenino Lumen, Si un hombre vivo te hace llorar (1998, Planeta), No le digas que lo quieres (2002, Anaya), Salsa (2002, Plaza & Janés)y Petrarca para viajeros (2015, Pretextos), que obtuvo el premio Juan March Cencillo. Por lo que se refiere al ensayo, destacan los títulos Mujeres a contracorriente. La otra mitad de la historia (2004, Plaza & Janés), ¿De qué se ríe la Gioconda? O por qué la vida de las mujeres no está en el arte (2006, Temas de hoy), Una casa lejos de casa. La escritura extranjera (2020, Contrabando), Todo lo que crece. Naturaleza y escritura (2021, Páginas de Espuma) y el recientemente publicado Un árbol de compañía (2025, Páginas de Espuma), escrito en colaboración con el biólogo Raúl de Tapia.

Ha volcado sus mejores armas literarias en la cuentística, ámbito donde ha ido configurando una obra que ha de leerse en conjunto y que se define por el experimentalismo formal y la indagación en los límites del género breve. En esa línea, también ha realizado labores de rescate de voces a través de la edición de dos volúmenes de microficción que se han convertido en títulos imprescindibles para conocer la repercusión del género a ambos lados del Atlántico: Por favor sea breve(2001) y Por favor sea breve 2 (2009), ambos publicados en Páginas de Espuma.

Después de su ópera prima Una mujer en la cama y otros cuentos (1990, Catriel), sus publicaciones de cuentos han estado ligadas a la ya mencionada editorial Páginas de Espuma. Ahí vio la luz el volumen Las otras vidas (2006),cuyos relatos abarcan precisamente eso: las vidas que son, que fueron o que pudieron ser. La publicación de este libro es clave en el conjunto de su carrera, pues a partir de ahí surgen otros que enlazan de algún modo con las preocupaciones argumentales del primero: El libro de los viajes equivocados (2011), merecedor del IX Premio Setenil en 2012, La muerte juega a los dados (2015), La biblioteca del agua (2019) y Tres maneras de decir adiós(2024).

Su escritura tematiza la identidad escindida o en conflicto, la nostalgia, el sentimiento de extranjería o la sensación de desarraigo; en definitiva, la microhistoria de unos personajes mayoritariamente desplazados que se muestran ante el lector como seres híbridos. A través de sus voces se refleja la interacción entre el presente y el pasado, entre la vida perdida y otra que empieza a construirse en el proceso migratorio. Esta problemática también se manifiesta en el plano lingüístico mediante la lucha entre un término peninsular y uno propio de la lengua materna de la autora. Todo ello da lugar a una literatura mestiza y fragmentaria que quiebra la linealidad tradicional y facilita el acercamiento a un mismo asunto a través de múltiples puntos de vista. Desde ese lugar fronterizo e indeterminado surgen nuevos espacios que invitan al lector a repensar un mundo en crisis.  

Poética narrativa. Hacia una escritura excéntrica 

Consciente de escribir una literatura periférica que se aleja de los patrones normativos y los discursos considerados «del centro», Clara Obligado define su escritura como una «escritura excéntrica», «transterrada». Se podría decir que su literatura se construye «desde la verja», una posición que ella misma califica como privilegiada, dado que desde ahí se pueden poner en cuestión los modelos narrativos dominantes, a los que se atribuye un carácter más comercial.  

Los principios generales que sustentan la estética de Obligado son los siguientes:  

–Búsqueda de la hibridez genérica. Sus escritos apuestan por el cruce entre cuento y novela, al tiempo que se muestran permeables a patrones líricos, ensayísticos o epistolares. Un ejemplo significativo es La muerte juega a los dados, que resume muy bien la poética narrativa de la autora y su tendencia a emplear recursos intergenéricos. Se trata de un libro que se construye como una saga familiar con toques de ficción policiaca y sentimental, pero al mismo tiempo, bajo la apariencia de una novela configurada a base de estructuras más pequeñas, el lector localiza microrrelatos y géneros que oscilan desde el realismo a lo fantástico, pasando por lo humorístico, el cuento tradicional, el componente histórico y ciertas estrategias de autoficción y metaficción.  

–Propuestas estéticas innovadoras. Clara Obligado aboga por estructuras complejas que subvierten las convenciones literarias. Proyectos creativos como El libro de los viajes equivocados adoptan la forma matemática de la espiral logarítmica, con la que articula una reflexión más profunda sobre los ciclos naturales y vitales, remitiendo a la circularidad, a la capacidad regeneradora o al tiempo mítico, con motivos como la caracola que alcanzan una fuerte simbología. Al carácter cíclico mencionado, se suman otros experimentos en el plano estructural que le permiten, bajo su consideración, dar cuenta de un mundo roto, imposible de interpretar en una única dirección. Surgen así libros que se construyen a modo de rompecabezas y disposiciones fractales (La muerte juega a los dados) o mediante la forma de palíndromo (La biblioteca del agua). 

El propósito constante de renovación formal se concreta también en el empleo de voces polifónicas, construcciones en abismo, saltos geográficos y en el tiempo, finales abiertos, estructuras paralelísticas, superposición de planos, escenas que se repiten con pequeñas variaciones o tramas entrelazadas a través de pequeños detalles. Precisamente las estrategias de cohesión que la autora desarrolla, con nexos de unión entre los relatos, permiten hablar en muchas ocasiones de colecciones de cuentos integrados. A lo largo de su carrera, Obligado ha trabajado los mecanismos de unidad y fragmentación de los volúmenes de cuentos, con microhistorias que se ramifican y multiplican su significado al conectarse con la obra general de la autora. Surgen así diferentes posibilidades de lectura que invitan al lector a tomar sus propias elecciones, alejándose de la linealidad tradicional y llevando a cabo una importante labor constructiva.  

-Temáticas. Si se analiza en conjunto la propuesta narrativa de Clara Obligado es posible percibir una serie de temas recurrentes, entre los que destacan los siguientes: la fragilidad del amor, la otredad, lo fronterizo, el erotismo, el encierro, los ideales revolucionarios, la experiencia del desplazamiento y las tensiones derivadas de este proceso, la culpa, el abandono, la maternidad, la situación del sujeto femenino en la sociedad, el azar o la imprevisibilidad de la vida, el anhelo de libertad, la soledad, las formas literarias, el choque cultural y lingüístico entre países, los asuntos mitológicos —que se revisitan o reescriben bajo su pluma—, el deseo de indagar en los orígenes o la violencia con múltiples manifestaciones. Asimismo, el mundo vegetal emerge con fuerza en sus escritos, ya sea para incidir en cuestiones medioambientales que promueven una lectura ecológica o para generar similitudes con el proceso creador.  

«No puedo dejar de comparar la escritura con la naturaleza, mis estrategias literarias se acercan cada vez más a ella, es la dueña de una economía impecable, todo se reutiliza y lo que muere se convierte en abono. La tensión de los textos, esa necesidad primordial de contacto y palabras» (Obligado, 2021: 82).  

 –Ficcionalización de datos biográficos. En las composiciones de Obligado lo autobiográfico se combina con la materia literaria. Así, los recuerdos de infancia, su historia familiar, el pasado en Buenos Aires, la dureza del exilio o el hecho de sentirse extranjera en España son elementos que utiliza como detonante creativo y que se acaban mezclando con el poder de la imaginación. Del mismo modo, muchos de sus personajes suponen una proyección bastante fidedigna de la figura autorial. Se erigen como creadoras de ficción que, al tiempo que buscan un deseado equilibrio entre vocación y avatares personales, meditan sobre la complejidad del oficio de escribir y describen los entresijos literarios referentes a la construcción del relato, lo que confiere a su obra cierto carácter autorreflexivo y metaliterario.  

–Irrupción de elementos insólitos. Hay que recordar que la autora sostiene en Una casa lejos de casa que, tras leer a Julio Cortázar y descubrir su modo de explorar «el otro lado», «la literatura no volvió a ser realista» (2020: 33). De ahí que le interese la distorsión de lo real que desemboca en el territorio fantástico. Algunas de sus composiciones integran elementos sobrenaturales o imposibles como vía para explorar, desde un punto de vista crítico, asuntos como la complejidad de la existencia, la infancia, la alteridad, la identidad fragmentada, el proceso migratorio o la devastación de la guerra. Las figuraciones monstruosas recorren muchos textos, abarcando motivos como la metamorfosis, los seres híbridos, el doble o el espectro, figura clásica de lo no mimético que sirve para poner de relieve el peso del pasado y los traumas derivados de conflictos bélicos.  

– Intercomunicación de elementos. Un rasgo que dota de singularidad a la narrativa de Obligado es la red de conexiones que puede establecerse entre diferentes piezas, lo que permite hablar de una lectura unificadora en su producción. Esa sensación tiene que ver con la reaparición de determinados personajes, que van migrando de una narración a otra, espacios, objetos, motivos, símbolos y efectos sensoriales. 

Aproximación a Tres maneras de decir adiós 

Su última aportación al género breve es Tres maneras de decir adiós, donde el lector encontrará tres relatos de considerable extensión entre los que se van tejiendo coincidencias: «El héroe», «Tan lleno el corazón de alegría» y «El idioceno». Dentro de la autonomía que caracteriza a cada composición se puede apreciar una macroestructura más amplia que recuerda a la dimensión de la novela. El mestizaje genérico como signo esencial de la prosa de Obligado se observa también en la variedad de estéticas que confluyen en el libro, dado que se combinan rasgos ensayísticos —al reflexionar sobre temas como la violencia, los contornos entre la vida y la muerte, la escritura o el porvenir desolador del mundo—, tono intimista o confesional, lirismo y elementos no miméticos. 

El personaje de Emma constituye el hilo conductor de todo el libro y permite adentrarse en la historia de una saga familiar cuyos integrantes femeninos han de afrontar la experiencia de la pérdida y del amor en sus múltiples formas. Las tres mujeres protagonistas del volumen se encuentran desplazadas, fuera de su lugar de origen, aspecto que enlaza con las preocupaciones temáticas de la autora y la reflexión sobre el viaje, en este caso desde una perspectiva mítica. El viaje se produce del pasado al futuro, pero también abarca diferentes momentos vitales como la juventud, la madurez y la vejez, lo que permite ahondar en el modo en el que las relaciones familiares y sentimentales se transforman con el paso del tiempo. A estos ejes argumentales se suman otros como la expresión artística, el sentido de la creación, la memoria, el dolor de la ausencia, la melancolía, la maternidad, el abuso de poder o la necesidad de poner palabras a acontecimientos históricos silenciados, entre otros. 

La focalización diegética del libro es un aspecto a tener en cuenta, pues se reflexiona sobre la voz enunciadora del texto, abocando al lector al territorio de la indefinición. Así, el sujeto narrador del segundo texto cuestiona las limitaciones de la primera persona y considera que es conveniente promover cierto alejamiento y optar por un «tú», «pronombre que incluye al receptor, al otro, un yo desdoblado ante un espejo que te observa desde tu propia nuca» (2024: 60).  

Es importante detenerse en las numerosas redes intertextuales que concentra Tres maneras de decir adiós. El mundo clásico, concretado en la Odisea de Homero, emerge para recordar la universalidad de su significación: «Qué fácil es hundirnos en esa vieja historia» (2024: 19). Además de extractos de la epopeya griega, hay paralelismos entre los personajes homéricos (Ulises, Penélope y Telémaco) y los perfilados por Obligado, sobre todo en el primer relato. De hecho, el mito aparece como un territorio que permite repensar el lugar del héroe, figura que al final del libro se transforma en heroína, aportando una nueva lectura. En la línea de diálogo con otras obras y autores deben citarse otras referencias: «Cuento de horror» de Juan José Arreola, Pedro Páramo de Juan Rulfo o los tres cuentos sobre Julieta que se integran en Escapada de Alice Munro, sin olvidar el homenaje explícito a ciertas voces jóvenes cuyos universos creativos son ricos en matices, como los de la mexicana Socorro Venegas (La memoria donde ardía) o la ecuatoriana Mónica Ojeda (Las voladoras). 

Asimismo, hay un notable vínculo con publicaciones previas de la autora, pudiendo hablarse de una intratextualidad que disfrutarán especialmente aquellos lectores que hayan seguido de cerca la trayectoria de Clara Obligado. Se recuperan los personajes de Jan y Lyuba, de El libro de los viajes equivocados. Jan, que aparece por primera vez en Petrarca para viajeros, se configura como un personaje nómada que está condenado a enamorarse y a ser rechazado por Lyuba, mujer del norte de Rusia. La interrelación literaria puede aplicarse también al ensayo autobiográfico Todo lo que crece, pues los vínculos entre naturaleza-escritura y naturaleza-ciclo vital emergen con fuerza en Tres maneras de decir adiós, sin dejar de lado múltiples cuestiones ecológicas que se configuran como denuncia del cambio climático.  

Orientaciones para la lectura  

Algunos de los elementos que servirán para poner en común nuestras impresiones sobre el libro de Clara Obligado son los enunciados a continuación: 

-Simbología de la ilustración de la portada.  

-La voz femenina como centro de la narración. Genealogía abuela, hija y nieta.  

-Elementos comunes entre los tres relatos. Vínculos entre composiciones a través de los personajes.  

-Formato y registro de los cuentos. 

-Configuración temporal y espacial de los relatos.  

-Temáticas principales que atraviesan el libro. La plasmación del dolor y del duelo.  

-La presencia del espectro. Variaciones y sentidos. 

-Carga significativa de la Odisea homérica en el contexto del libro. Analogía entre los personajes recreados por Clara Obligado y los que recorren el texto clásico.  

-Reconfiguración del motivo del héroe. 

-Alusiones explícitas o implícitas a otros textos. Funcionalidad en el contexto de la obra. 

-Imbricación entre realidad y ficción. Procedimientos autoficcionales.  

-La escritura como respuesta. Reflexiones sobre el proceso de creación.  

-Trasfondo ideológico y perspectiva crítica. 

-Concienciación vegetal.  

-Interpretación final: «Y la abuela recordó el largo viaje del héroe. Odiseo abandonando a su familia, Telémaco protegiendo un árbol, Adina, portadora de vida» (Obligado, 2024: 129).  

Coloquio sobre Ropa de casa

SEGUNDA SESIÓN DE LECTURA

​Tras una primera sesión dedicada a la presentación de la guía a la lectura de Ropa de casa, este nuevo encuentro con los socios sirvió para intercambiar impresiones y comentarios acerca del libro de Ignacio Martínez de Pisón.

La valoración de los integrantes del club ha sido positiva. La mayoría de los lectores que intervinieron en el coloquio expresaron su satisfacción con la propuesta del club, destacando el estilo sencillo y eficaz de la prosa de Martínez de Pisón. De hecho, muchas de las opiniones giraron en torno al ritmo y la fluidez de la expresión del autor, que logra dotar a su narrativa de un gran poder de sugestión. Otro de los elementos a tratar fue la naturaleza genérica del libro, ya que para muchos estas memorias de juventud del escritor no están muy lejos de ser un relato novelado de unas experiencias particulares. El debate en torno a esta cuestión se saldó con la conclusión de que estamos ante un texto híbrido donde asistimos a la combinación de distintas formas y géneros. Asimismo, varios lectores hicieron referencia al humor que hay en estas páginas y al desenfado con que el escritor habla de su proceso creativo y los distintos aspectos que han marcado su trayectoria como escritor hasta convertirse en uno de los nombres ineludibles del panorama reciente.

Los comentarios acerca de la estructura de la obra dieron pie al debate. Varios lectores destacaron lo mucho que les había gustado la primera parte del libro, en la que Martínez de Pisón describe su infancia en Logroño y Zaragoza. El recuerdo de unos paisajes familiares en ciudades de provincias y el retrato de los personajes que marcaron la primera juventud del autor es evocado con gracia y un punto de nostalgia. En este sentido, varios lectores comentaron el valor que cobra en el libro un tema como la memoria, un aspecto relevante en la trayectoria de Martínez de Pisón, y el peso de lo familiar. Evocación de colegios, lugares cercanos (cafés, bares, cales y plazas de estas ciudades de provincias), los primeros descubrimientos en el cine o la literatura, la huella de tantas figuras de su familia o de algunas personalidades que conoció como Barral y Buñuel y con las que no se atrevió a entrar en contacto.

Para otros, en cambio, los aspectos más sugestivos de estas memorias se encuentran en la segunda parte, donde el autor explica los inicios de su carrera literaria y su relación con algunas figuras relevantes de la narrativa española reciente. En este sentido, alguno de los socios se refirió a que los retratos de Pisón que hace de esos compañeros de generación (Enrique Vila Matas, Bernardo Atxaga, Félix Romeo, etc.) siempre son generosos y llenos de cariño, un aspecto para tener en cuenta, pues suele ser habitual que en este tipo de evocaciones surjan los ajustes de cuentas. El comentario sobre estos comienzos literarios llevó a una reflexión acerca de los obstáculos con que tropieza un escritor al inicio de su carrera y las dificultades para publicar, una cuestión que se dejó para el posterior coloquio con el autor.

Como nota final, algunos de los socios comentaron que la lectura de Ropa de casa los había llevado a explorar otras obras del escritor e, incluso, alguna de las versiones que se han hecho de sus novelas, como es el caso de la serie televisiva que adapta El día de mañana, uno de sus libros más reconocidos. Muchos indicaron que en el futuro seguirán leyendo a Martínez de Pisón y pendientes de su obra.

Guía a la lectura: Ropa de casa, de Ignacio Martínez de Pisón

Por Álvaro Acebes Arias

ROPA DE CASA PRESENTACIÓN Pincha en este enlace para ver la presentación elaborada por Rosa María Díez Cobo para los socios del Club de lectura de la Universidad de León.

ROPA DE CASA – IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

TRAYECTORIA DE IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es una de las figuras más reconocidas de nuestras letras gracias a una dilatada trayectoria que abarca más de cuarenta años y que incluye más de una veintena de obras narrativas. Novelas y volúmenes de cuentos que lo han confirmado como uno de los autores más sólidos y singulares de la literatura española reciente, aunque dentro de esa labor literaria deberíamos hacernos eco también de sus traducciones, especialmente de autores italianos, de sus libros para jóvenes, sus guiones cinematográficos o de su trabajo como crítico y reseñista para diferentes medios y revistas especializadas.  

Retrato de Ignacio Martínez de Pisón Imagen tomada de https://www.planetadelibros.com/autor/ignacio-martinez-de-pison/000023191

Si tuviéramos que situar la obra de Ignacio Martínez de Pisón en unas coordenadas generacionales, podríamos vincularla a las de lo que se ha dado en llamar “Nueva Narrativa Española”, junto a la trayectoria de autores como Almudena Grandes, Antonio Muñoz Molina, Alejandro Gándara, Adelaida García Morales, Javier Marías, Rosa Montero, Javier García Sánchez, Cristina Fernández Cubas, Julio Llamazares y un largo etcétera. No es fácil delimitar cuáles son las características de este grupo, surgido a mediados de los ochenta, y que precisamente tiene entre sus principales características la falta de uniformidad.  

No obstante, y a pesar de las prevenciones que debe suscitar una concepción tan problemática como la de “generación literaria”, me atrevo a utilizarlo aquí para hablar de los inicios de un gran escritor que comparte con muchos de los nombres que he mencionado antes la precocidad, el apego a la actualidad como motivo novelesco, una pretensión de salir de las coordenadas habituales a los narradores precedentes o el interés por el mundo del cine y los medios de comunicación. Durante estos años, las preocupaciones de los autores españoles más jóvenes se desplazaron hacia asuntos como la búsqueda de la propia identidad, el anhelo por clarificar el lugar del individuo en el mundo o el recurso a la memoria y unos orígenes familiares como medio para desentrañar y explicar las claves de una existencia. Temas que conectaron de forma casi inmediata con los intereses de un público lector que reclamaba novelas entretenidas y que gozaron, además, de un gran respaldo por parte de editores y críticos, ávidos de descubrir nuevos talentos. 

Este escueto y apresurado repaso de los rasgos de aquel grupo en que el podríamos situar a Ignacio Martínez de Pisón puede valer para quien se interese por las primeras obras de un escritor que, sin embargo, ha dado sobradas muestras de su habilidad para cambiar de registro e intereses. En efecto, entre sus primeros libros, acogidos positivamente por la crítica, se cuentan títulos como La ternura del dragón, Antofagasta, Alguien te observa en secreto, Nuevo plano de la ciudad secreta, Foto de familia, El fin de los buenos tiempos, Carreteras secundarias, El tiempo de las mujeres y María bonita. Novelas y colecciones de relatos publicados entre 1984 y 2003 y que muestran a un escritor interesado por el mundo y los secretos de la infancia y por retratar unos ambientes familiares. Puestos a señalar unos rasgos comunes a todos estos libros podríamos indicar, además, el empleo de un registro irónico y de un humor distanciado, el interés por el mundo urbano, la continuada dialéctica entre fantasía y realidad debido a que las novelas suelen tomar la perspectiva de un niño o una felicísima habilidad para contar, basada en una prosa clara, fluyente, eficaz y que caracteriza a Martínez de Pisón como un narrador consumado. 

A esta primera etapa, en donde ya se advierte un periodo de transición a partir de la publicación de María bonita y, sobre todo, El tiempo de las mujeres, le sigue otra en la que Martínez de Pisón, en consonancia con otros autores de su generación da un giro inesperado y se interna en la traumática realidad española de la guerra y el franquismo. El libro que marca ese cambio en la trayectoria del escritor es Enterrar a los muertos, publicado en 2005, y donde nos encontramos con un híbrido entre novela, reportaje, lección de historia y crónica periodística donde se muestra cuál fue la suerte que corrió el profesor José Robles, amigo del escritor John Dos Passos, y asesinado por agentes de Stalin durante los primeros años de la guerra.  

A partir de ahí, surge un ciclo de novelas de fondo histórico-social en donde se refleja el devenir de la España autárquica y miserable del franquismo, conectando ese pasado doloroso con el presente, y entre las que cabe mencionar Dientes de leche, El día de mañana o Castillos de fuego. Son novelas de gran calado y equilibradas estructuras que se sitúan en unos ambientes familiares, por lo que es fácil advertir unas concomitancias con la narrativa de su primera etapa, pero es evidente que se han producido cambios. Para empezar, la mirada del novelista sobre la realidad es ahora mucho más compleja y ambiciosa, instaurando una conexión entre esos conflictos íntimos que tienen lugar en el seno familiar y la esfera de lo privado y las penosas circunstancias históricas de la posguerra y el franquismo.  

Sin embargo, en la trayectoria de Martínez de Pisón, como en la de cualquier otro novelista, se plantean idas y venidas, continuidades y similitudes hasta el punto de que toda su obra puede considerarse como un organismo vivo, que crece y se desarrolla reproduciendo características previas y mostrando un indudable parentesco temático que, a la postre, acaba por afirmar la unidad de un proyecto literario. La obra que nos ocupa hoy, Ropa de casa, es en buena medida una síntesis de esas dos fases que he expuesto al tratarse de una memoria personal y un lúcido retrato de época, solo que tomando ahora como punto de partida la propia biografía del escritor. 

Por otra parte, aunque puede señalarse la consagración de Martínez de Pisón como uno de los grandes autores de la literatura española reciente a partir de la publicación de El día de mañana, libro que obtiene el Premio de la Crítica y el Ciudad de Barcelona en el año 2011, su prestigio como narrador se vio afianzado desde muy pronto por los elogios de la crítica y la concesión de numerosos premios, entre los que cabe mencionar el Casino de Mieres de 1984 por La ternura del dragón, el Torrente Ballester de 1991 por Nuevo plano de la ciudad secreta, el NH de Relatos por Foto de familia, el Dulce Chacón y el Rodolfo Walsh de 2005 para Enterrar a los muertos, el Premio San Clemente de 2009 obtenido por Dientes de leche y muchos más reconocimientos que no puedo detenerme en mencionar. Así, hasta llegar al Premio Nacional de Narrativa en 2015 por La buena reputación. Una extensa lista de galardones que, más allá del prestigio que le otorgan como escritor, lo que hace es confirmar a Ignacio Martínez de Pisón como uno de los referentes ineludibles en nuestras letras, maestro en el arte de contar y lúcido intérprete del devenir de nuestra historia.  

POÉTICA 

En una entrevista al hilo de la publicación de una de sus últimas obras, Martínez de Pisón afirmaba que la clave de una buena novela reside en su capacidad para «dejar en la memoria de un lector personajes bien construidos, gente de carne y hueso que el lector puede recibir como si fueran de verdad, como si los hubiera conocido». Teniendo en cuenta esas palabras, parece que la búsqueda de una conexión emocional con el lector es uno de los rasgos determinantes de la poética del escritor zaragozano y un rasgo que lo emparenta con la tradición de grandes maestros que recorre la literatura universal desde el siglo XIX.  

Si ustedes han leído cualquiera de sus novelas y libros de relatos, habrán observado que, entre la amalgama de temas y asuntos que recorren una trayectoria ejemplar, prevalecen las tramas donde la intriga y el suspense son elementos primordiales para conseguir ese interés del público. Objetivos que se apoyan, a su vez, en una mirada siempre centrada en lo cotidiano, atenta a las pequeñas cosas y que se proyecta, además sobre lo individual y lo familiar, profundizando en sus conflictos y mostrando mundos en crisis desde una perspectiva coral con la que desvelar los entresijos de un contexto sociohistórico convulso y agitado.  

Desde esos mimbres, se urden historias que oscilan siempre entre la historia colectiva y el espacio íntimo de los personajes, que emocionan y apelan a lo cercano, en las que a través de personajes descritos en toda su complejidad es posible reconocer unos tipos universales. Ese cuidado en la presentación de unos seres de ficción, a los que se dota de gran riqueza y que, lejos de los estereotipos que cubren al héroe, se nos pueden aparecer contradictorios, podría ser otro de los grandes rasgos que determinan la poética de Ignacio Martínez de Pisón. Cabría añadir, en último lugar, algo que ya se ha apuntado antes y que no es otra cosa que la potencia verbal, ese estilo fluido, limpio y natural, que confiere a sus obras una gran agilidad narrativa, y que no está reñido con el empleo de distintas técnicas literarias, destacando, por encima de todas ellas, el empleo de una polifonía con la que se busca esa imitación de la vida real y sus problemáticas. 

Con estas cualidades no es extraño que la crítica haya descrito a Martínez de Pisón como un narrador de estirpe galdosiana. El propio escritor no tiene reparos en reconocer ese magisterio, al que suma el de otros grandes escritores de la escuela realista del XIX, desde Dickens a Tolstoi, pasando por clásicos modernos como Vasili Grossman y, por supuesto, el de narradores españoles como Juan Marsé o Eduardo Mendoza. Estamos ante una narrativa que, desde la más estricta técnica del realismo clásico, insiste en el compromiso con la realidad y se muestra empeñada en reflejar la dialéctica del individuo con unas circunstancias políticas e históricas. Narraciones sustentadas en el recuerdo, donde la memoria adquiere un papel fundamental, y que, sin embargo, van más allá de una mera reconstrucción de época o del seguimiento de las peripecias de unos personajes que podrían aclararnos el funcionamiento social de un determinado contexto, pues de lo que se trata, en realidad, es de apuntar una interpretación acerca de la condición humana y del lugar de donde venimos.  

El propio autor, por otra parte, ha reconocido su incomodidad con los libros de sus inicios, unas obras en las que dice no reconocerse, y su preferencia, en cambio, por la serie de novelas que empezaron a publicarse con el cambio de siglo. Los fantaseamientos y la imaginación literaria de aquellos primeros libros han sido sustituidos por una literatura que pretende ofrecer una visión totalizadora de un espacio y un momento histórico concretos a partir de un apabullante despliegue de tramas y sentidos y que se construye sobre personajes complejos y verosímiles, con los que Martínez de Pisón logra dar explicación a diversas incógnitas ocultas del ser humano en relación con el mundo y con las esferas privadas en las que se encuentra inmerso. 

SOBRE ROPA DE CASA 

Portada Ropa de casa Imagen tomada de https://www.planetadelibros.com/libro-ropa-de-casa/401316

¿Qué lugar ocupa Ropa de casa en la trayectoria literaria de Ignacio Martínez de Pisón? Mencionábamos anteriormente que podemos ver este nuevo libro del escritor zaragozano como una especie de síntesis de muchos de los temas y preocupaciones que han distinguido su carrera literaria. El propio Pisón no ha tenido problema en reconocer que se trata de un libro donde hace un balance de sí mismo y de su trayectoria como escritor. Una especie de autorretrato («el de un joven más bien corriente, ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, ni bueno ni malo, pero dotado, eso sí, del don de saber contar historias», dice en un fragmento) y un libro de memorias que, por cierto, no deja de ser una rareza, pues no es habitual encontrarse a un autor de sesenta años dedicándose a echar la vista atrás y a poner por escrito sus recuerdos.  

La nueva obra de Martínez de Pisón tiene otra particularidad y es que permite trazar puentes con el resto de su obra. Aquellos que hayan leído algunos de sus otros libros encontrarán aquí nuevas claves de lectura, que permiten descubrir el universo de su autor y los materiales y vivencias con los que se han construido sus novelas. Estos lazos confirman algo que ya intuíamos y que no es otra cosa que la coherencia de su mundo novelesco y su fidelidad a unos temas donde la identidad, el estudio de la familia y el peso que adquieren unas transformaciones sociohistóricas sobre lo individual cobran un gran relieve.  

Ropa de casa se inicia con un retrato de los padres del autor y prosigue con hermanos, abuelos y abuelas, primos y tíos hasta presentarnos un completo cuadro de una familia de clase media en las postrimerías del franquismo. Una memoria íntima y personal, capturada a través de pequeños detalles y rituales, retazos de conversaciones, rincones de la casa, expresiones particulares y objetos. No es preciso aquí revelar ningún detalle acerca de esos personajes que pueblan la infancia y primera juventud del escritor, pero sí es aconsejable prestar atención a la variedad de caracteres que aparecen y al retrato que ofrece el autor de dos grandes ciudades de provincias como Zaragoza y Logroño en esos años del final de la dictadura. Los años escolares, el interés por el cine, la formación política, el descubrimiento de la literatura y los primeros esfuerzos como escritor. En efecto, el archivo familiar que nos presenta Martínez de Pisón es también la memoria de un continuo aprendizaje y de unas ciudades en proceso de cambio y que actúan como un personaje más dentro de la trama, algo que no deja de ser habitual en la trayectoria del autor zaragozano. Así hasta llegar a Barcelona, lugar donde surgirá el escritor, y que, a punto de convertirse en sede olímpica, se nos aparece como un escenario efervescente y lleno de promesas de libertad, donde se está cocinando la tan ansiada modernidad. 

La estancia de Martínez de Pisón en Barcelona supone el encuentro con el mundo editorial. El escritor evoca sus inicios en Anagrama y su contacto con algunas de las figuras clave de la narrativa de aquel entonces, que empezaban a dar sus primeros pasos, así como con varios nombres que destacaban dentro del periodismo y la crítica cultural. El saldo final que entrega esa galería de personajes es un retrato del propio escritor en formación, de sus intereses y obsesiones, y que da cuenta de los entresijos de un momento particular de la cultura de la edición y la narrativa de este país, cuando se estaban sentando las bases de un relevo generacional.  

Ropa de casa es, por otra parte, un libro lleno de optimismo y emoción, escrito con una mezcla de lirismo y ternura y donde vuelve a aflorar esa naturalidad con que Martínez de Pisón narra los distintos aspectos de una vida que podría ser la de cualquiera. Una obra hecha de cara a la vida y en la que se entremezclan la crónica histórica, la fábula vital y el repaso de una formación intelectual.  

LECTURA DE ROPA DE CASA 

A modo de conclusión se destacan algunas claves de lectura que pueden servir para comprender mejor el sentido de Ropa de casa.  

  1. Atención al título de la obra y a las resonancias metafóricas que encierra, jugando con el sentido de lo familiar y lo doméstico. 
  2. A partir de las experiencias narradas y el peso que adquieren unas circunstancias concretas, ¿puede ser leída Ropa de casa como una novela de aprendizaje?  
  3. Dos momentos cardinales en la trayectoria de Martínez de Pisón: ausencia de la figura paterna y asunción de la paternidad. Relación de esos aspectos con una posible estructura circular.
  4. Peso especial que adquieren las figuras femeninas en la obra, empezando por la madre del escritor y sus abuelas hasta su propia mujer. Ropa de casa como un homenaje a las mujeres de su vida.
  5. La indagación en ese paisaje familiar arroja el retrato de un contexto afectivo donde cobran especial protagonismo expresiones, costumbres y formas de convivencia que son ilustrativas de una época concreta.
  6. Referentes en los que podríamos situar esta obra de Martínez de Pisón, desde Léxico familiar, el libro de Natalia Ginzburg, a las evocaciones pergeñadas por Patrick Modiano. 
  7. Poner en relación el cuadro de ese mundo íntimo de los adultos con la perspectiva del niño que lo descubre y que intenta descifrar sus secretos y misterios, un aspecto que aparece frecuentemente en otros libros de la trayectoria de Martínez de Pisón.
  8. Entre los temas más destacados de la obra ocupan un espacio privilegiado asuntos relacionados con lo familiar, la memoria, la búsqueda de la propia identidad o el retrato crítico del pasado. Atención a los lazos entre lo público y lo privado.
  9. Ropa de casa constituye un esfuerzo por recuperar y preservar unos momentos que, de no ponerse por escrito, se perderían. Aspectos como este invitan a pensar Ropa de casa como un estudio de las relaciones que existen entre escritura y memoria.
  10. En la primera parte del libro, junto a esa memoria familiar, cobra especial relevancia el retrato de la España tardofranquismo, que Martínez de Pisón nos describe desde una perspectiva microhistórica, atendiendo a la formación que se daba en las escuelas o a los ambientes intelectuales que había en la universidad de Zaragoza. Tiempos de cambio descritos con una mirada crítica y en los que asoman los fantasmas de antiguas divisiones.
  11. En la segunda parte gana protagonismo el retrato de unos ambientes culturales e intelectuales y que son los de la Barcelona de los años ochenta. Instantes que confirman la profunda transformación social, política y moral que se había dado en el país.
  12. Atención al ejercicio de desmitificación que realiza el escritor zaragozano sobre algunas de las figuras determinantes de esos contextos culturales.
  13. Diálogo de esta obra con otras de Martínez de Pisón. Desde la lectura de esos títulos precedentes puede enriquecerse la lectura de Ropa de casa.
  14. El libro atesora unas cuantas reflexiones acerca de los elementos desde los que se forja un escritor. Ropa de casa brinda la oportunidad de asomarse a la trastienda del escritor y a los elementos desde los que este se ha construido.
  15. Atención a la importancia que toman las ciudades en Ropa de casa, actuando como otro protagonista y cuyas transformaciones discurren en paralelo a las que vive el propio Ignacio Martínez de Pisón. 
  16. Una mención al tono y estilo de Ropa de casa, caracterizado por su sencillez y espontaneidad, buscando siempre la complicidad y la cercanía con el lector. Esa prosa cautivadora es uno de los puntos fuertes de la obra y a ella se deben en buena medida la emoción y ternura que desprenden sus páginas.  

BIBLIOGRAFÍA 

OBRAS NARRATIVAS DE IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN 

MARTÍNEZ DE PISÓN, Ignacio (1984): La ternura del dragón, Barcelona, Anagrama. 

― (1985): Alguien te observa en secreto, Barcelona, Anagrama. 

― (1987): Antofagasta, Barcelona, Anagrama. 

― (1992): Nuevo plano de la ciudad secreta, Barcelona, Anagrama. 

― (1994): El fin de los buenos tiempos, Barcelona, Anagrama. 

― (1996): Carreteras secundarias, Barcelona, Anagrama. 

― (1998): Foto de familia, Barcelona, Anagrama. 

― (2001): María bonita, Barcelona, Anagrama. 

― (2003): El tiempo de las mujeres, Barcelona, Anagrama. 

― (2005): Enterrar a los muertos, Barcelona, Seix Barral.  

― (2008): Dientes de leche, Barcelona, Seix Barral. 

― (2009): Aeropuerto de Funchal, Barcelona, Seix Barral.  

― (2011): El día de mañana, Barcelona, Seix Barral. 

― (2014): La buena reputación, Barcelona, Seix Barral. 

― (2017): Derecho natural, Barcelona, Seix Barral. 

― (2017): Filek: El estafador que engañó a Franco, Barcelona, Seix Barral. 

― (2020): Fin de temporada, Barcelona, Seix Barral. 

― (2023): Castillos de fuego, Barcelona, Seix Barral. 

― (2024): Ropa de casa, Barcelona, Seix Barral. 

MATERIAL COMPLEMENTARIO SOBRE ROPA DE CASA:  

(*) Presentación de Ropa de casa en compañía del escritor y cineasta David Trueba. Librería Rafael Alberti, Madrid, 4/09/2024.  

(*) Presentación de Ropa de casa en compañía de la escritora Eva Cosculluela. Semana Negra de Gijón, 20/07/2025. 

(*) Reportaje sobre Ropa de casa en el programa Culturados. 

(*) Extracto del audiolibro de Ropa de casa, narrado por el propio autor.