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Feliz día de San Valentín

Flechazo

Frank Uyttenhove

(Fotocomposición: Frank Uyttenhove)

En su  boca había un amago de sonrisa, en los ojos una luz verde y traviesa. La había visto al entrar en el vagón del metro y ahora la sentía a su espalda. Se apretaba contra él hasta transmitirle el calor de sus pechos. Ese calor se le subió a la nuca y movilizó todo su cuerpo, no para agitarlo sino para aletargarlo. Solo al salir de la estación comprendió que le había robado la cartera con los escasos veinte euros que llevaba. La buscó durante dos semanas, hasta que la volvió a ver en la misma estación. De nuevo le robó. Pero ahora llevaba en la cartera recién estrenada una foto suya en la que se encontraba muy favorecido y un billete de cien euros con una pequeña nota en la que venía su número de teléfono. “Llámame, por favor, me gustaría conocerte mejor”, decía.

(El juego del diábolo, de Juan Pedro Aparicio.
Páginas de Espuma, 1ª ed.,  pag 120)

Feliz día de San Valentín

Edward Gorey

Edward Gorey

La primera cita

Después de reunir los dientes de todos los muertos dispersos por la casa y asignarle un nombre a cada montoncito, Ella les pidió que aquella noche no hablaran, que no se visitaran ni hicieran ruido, que cesara la locura. A las ocho, como esperaba, llegó su recién amante con una sonrisa amplia, muy amplia y muy abierta. Y los muertos de la casa lo reconocieron y aplaudieron en silencio.

Declaraciones inconfesables
Miguel Rodríguez Otero
© Miguel Rodríguez Otero
© Editorial Aurora Boreal® ebook
Puro cuento
Páginas 169
ISBN 978-87-998986-3-3
2016

 

(Más “Declaraciones inconfesables” de Miguel Rodríguez Otero en Aurora Boreal)

 

¡Feliz día de San Valentín!

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El amor es cosa de dos

Era una vaca muy hermosa, con un cuerpo sólido y unas ubres firmes. Sin embargo no aceptaba al semental que le habían llevado para que la cubriera. Se resistía con tal fuerza que sus dueños temieron que se hiriera o que hiriera al toro.
El veterinario opinó que era un caso raro, aunque mejor ser prudentes y llevarle otro toro, recomendó. Pero pasó lo mismo una y otra vez. «Reacciona como si la fueran a violar», comentó el veterinario desalentado.
Sus dueños no sabían si sacrificarla o venderla. Para ver qué pasaba la llevaron a la feria de San Andrés, en Lot, uno de los mercados de ganado más importantes del noroeste.
Atravesaron con la vaca la mayor parte del recinto. Sus formas perfectas y su andar cadencioso llamaban la atención. Llegado un momento se negó a seguir. El dueño pugnó con ella y le dio unos varazos airados. Entonces reparó en el toro que estaba a la venta allí al lado. «¿No se me habrá encaprichado con este toro?», exclamó el hombre.
Y así era. Allí mismo comprobaron que la vaca aceptaba sin problemas, antes bien con mucha complacencia, las arremetidas amorosas de aquel bicho retinto que no era, por otra parte, gran cosa.

Juan Pedro Aparicio, Asuntos de amor

Cuando se ligaba leyendo, de Fernando Iwasaki.

 

¿Te gusta celebrar el día de San Valentín?

¿Eres de los que piensan que más que una fiesta para los amores es una fiesta para las compras? ¿Te mueres por recibir una rosa envuelta en celofán  o te espanta ver llegar a tu amor con su sonrisa más boba y cuarto y mitad de flores, que parece que las ha comprado al peso? ¿Te mata la presión de saber que tienes que ponerte en “modo romántico” cuando, sin caer en lo borde, lo tuyo es la delicadeza sin melindres? ¿Madrugas (y trasnochas) para que te dure más este día o no sabes dónde esconderte hasta que den las doce campanadas y pase el peligro?

Sea como sea, si has llegado a esta página, lo  seguro es que te gusta la lectura. Y para celebrar de forma apropiada el siempre gozoso entretenimiento del galanteo, te proponemos un texto de Fernando Iwasaki en el que libros, mujeres y amor más que de la mano van, como hoy corresponde,  abrazados.

Lorenzo Mattotti

Cuando se ligaba leyendo,

de Fernando Iwasaki

Es verdad. Hubo un tiempo glorioso en el que los libros, la lectura, el conocimiento y los idiomas provocaron un efecto afrodisíaco en una generación de mujeres sensibles, inteligentes y bellas que hoy tienen entre 40 y 50 años. Y no es que las mujeres menores de 40 ya no sean sensibles, inteligentes y bellas, sino que ahora las mujeres saben que la mayoría de los hombres no pasa del suplemento de deportes y por eso no hay tío que aguante dos rounds de vis-á-vis literario con una tía. Pero en los años 70 no era así, y uno se conmueve al recordarlo.

Yo entré a la universidad en 1978 y -a punto de cumplir los diecisiete- alcancé a estudiar con las últimas chicas que todavía creían en el «hombre ilustrado». A mi favor estaba que yo leía muchísimo y en contra tenía que todas eran mayores que yo. Pero entonces uno era optimista y cuanto más adulta e inalcanzable era la chica de mis sueños, más densos y enrevesados eran los libros que devoraba en vano, porque nadie me advirtió que una cosa era parecer interesante y otra muy distinta resultar rarísimo.

A fines de los 70 era inimaginable ligar presumiendo de borrico, pues el mínimo exigible a un manganzón en edad de merecer suponía Cien años de soledad, Historias de cronopios y de famas, El arte de amar de Erich Fromm, ciertas nociones de Marx y cualquier película de Fellini. ¿Quién no ha formado parte de algún círculo de estudios durante los años 70? Y es que en los círculos de estudios se ligaba más que en las convivencias, porque las chicas eran la mar de intelectuales y sólo se fijaban en eso: – ¿Sabías que Fulanito tiene una bien gorda?- Será el Ulises de Joyce. – Yo creo que es Guerra y Paz. Las chicas de los 70 me hicieron leer El Principito, Juan Salvador Gaviota, El viejo y el mar, Cartas a un joven poeta y todos los pensamientos de Khalil Gilbran, antes de cumplir los 15. Para impresionar a las chicas de los 70 tuve que leer a Freud, Althusser, Gramsci, Neruda y Carpentier antes de llegar a los 18. Para seducir a las chicas de los 70 me hice especialista en Borges, Tolstoi, Nietzsche y Mircea Elíade sin haber cumplido los 21.

Menos mal que ninguna me hizo caso porque entonces hoy sería un ignorante.Muchos contemporáneos míos presumen Lorenzo Mattotti 2de disfrutar de una segunda juventud al lado de chicas más jóvenes y hermosas. Puede que sean más jóvenes pero no más hermosas, porque las chicas más bonitas siguen siendo las mujeres de mi edad. Las únicas mujeres de las que me he enamorado siempre a través de sus conversaciones, sus ideales y sus reivindicaciones. Las únicas chicas que comparten conmigo melancolías, canciones y lecturas. Gracias a ellas puedo escribir una autobiografía y no una «autoviagrafía», porque ellas me enseñaron a soñar, a vivir y a leer.

Aquellos fueron unos años mágicos, maravillosos y emocionantes, porque la cultura y la belleza eran igual de conmovedoras para las chicas de los 70. Ellas querían saber qué libros leíamos y sus ojos relampagueaban sensuales cuando uno les hablaba de Poe, Jünger, Dumèzil o Lawrence Durrell.

Por eso las mujeres que hoy tienen entre 40 y 50 son así de tiernas, fuertes, brillantes, ilustradas y cómplices. Y a mí, que me hechizaron en la juventud, me siguen fascinando en su plenitud.”

Y si quieres,  te lo lee el autor…

Feliz día de San Valentín… y de Santa Rita

El romántico (y mártir) San  Valentín SANTA RITA Y SAN VALENTINcelebra su fiesta el 14 de enero, aproximadamente en la mitad del periodo oficial de exámenes de la convocatoria de febrero de la Universidad de León (25 de enero al 20 de febrero).

Dadas las circunstancias, encomendamos al colectivo de estudiantes tanto a la advocación de San Valentín, patrón de los enamorados, como a la de Santa Rita, patrona de lo imposible.

Que sea lo que Dios quiera…