Guía a la lectura: La claridad

Por Ana Abello Verano

El escritor Marcelo Luján (1973), de origen argentino, reside en Madrid desde 2001, dedicándose a la coordinación de actividades culturales y a la impartición de clases en talleres de creación literaria. Forma parte de un grupo de autores latinoamericanos que, desde hace tiempo, se enfrenta a la escritura de sus proyectos desde España, reflejando un evidente proceso de mestizaje discursivo.

Como creador de narrativa extensa ha publicado La mala espera (2009, Edaf), Subsuelo (2015, Salto de Página), novela que será adaptada al cine por Fernando Franco, y Moravia (2017, Salto de Página). Como cuentista destacan los títulos Flores para Irene (2004, Organismo Autónomo de Cultura de Tenerife), El desvío (2007, Kutxa Ediciones), En algún cielo (2017, Playa de Ákaba) y el recientemente publicado La claridad (2020, Páginas de Espuma). También tiene volúmenes de prosa poética, como Arder en el invierno (2010, Baile del Sol) y Pequeños pies ingleses (2013, Talentura).

Por otro lado, ha participado en proyectos de carácter colectivo como Al otro lado del espejo. Narrando contracorriente (2011, Escalera), Charco Negro. Relatos de las dos orillas (2013, Unomasuno editores), Piedad y Deseo. Otros hijos de la misma noche (2014, Image), Relatos de la orilla negra (2016, Ediciones del Serbal), Pasajes de ida. Una antología de escritores en el extranjero (2018, Alfaguara) o Las mil y unas noches peronistas. Relatos sobre el peronismo del nuevo milenio (2019, Granica), entre otros. Sus obras se han traducido al francés, el italiano, el checo o el búlgaro, además de seleccionarse en diversos proyectos de fomento a la lectura.

 

Su habilidad para la narrativa ha sido distinguida a través de numerosos premios, tal y como se recoge en su página web (www.marcelolujan.com). Así, en el marco de la novela, La mala espera recibió el Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra en 2009, mientras Subsuelo fue merecedora en 2016 del Premio Dashiell Hammett, el Premio Novelpol y el Premio Tenerife Noir. Por lo que se refiere a las producciones cuentísticas, Flores para Irene obtuvo el Premio Santa Cruz de Tenerife (2003), En algún cielo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa (2006) y El desvío el Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián (2007). La claridad, volumen que vamos a analizar en este club de lectura, también tuvo un reconocimiento de enjundia: el VI Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, celebrado cada dos años y organizado por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero y la editorial Páginas de Espuma. El jurado, presidido por Fernando Aramburu y compuesto también por Clara Obligado y Óscar Esquivias, otorgó por unanimidad esta distinción, tras la revisión de un total de 1079 manuscritos. Luján compitió con los finalistas Magela Baudoin, Patricia Esteban Erlés, Ricardo Menéndez Salmón y Mónica Ojeda. Dicho galardón, recibido anteriormente por escritores hispanoamericanos como Antonio Ortujo, Guadalupe Nettel o Samanta Schweblin, es uno de los más distinguidos en el ámbito del cuento.

Claves interpretativas de La claridad

La claridad se abre con una cita de Juan José Saer, extraída de su ensayo El concepto de ficción (1997): “Cuando optamos por la práctica de la ficción no lo hacemos con el propósito turbio de tergiversar la verdad”. Esta cita inicial es en sí misma una declaración de intenciones, al proponer que la ficción no equivale a la mentira y que el lector va a encontrar en las páginas del libro ciertas variables que podrían validarse en algún momento en la realidad.

El libro está formado por un total de seis cuentos, que se encuentran precedidos por sugerentes paratextos que combinan fragmentos procedentes de canciones (Ratones Paranoicos, Pulp, Ramones, Bee Gees, Creedence, Lou Reed) y epígrafes de carácter bíblico (Gálatas, Mateo, Isaías, Salmos, Apocalipsis). Es importante precisar que el último cuento, “Más oscuro que tu luz”, no formaba parte del manuscrito que se presentó al premio, pues había resultado ganador del concurso Villa de Mazarrón-Antonio Segado del Olmo en 2018. Se tomó la decisión de añadirlo en el proceso de edición, por lo que en la publicación final aparece con una nota previa del editor. Además, a excepción de esa pieza final, el resto de composiciones se caracterizan por constituir ficciones de largo aliento, lo que otorgan cierto aire novelesco al conjunto.

Los cuentos remiten a sentimientos propiamente humanos: la frustración ante las expectativas que no se cumplen, los celos, el dolor, el arrebato, el resentimiento, el amor, la culpa o el anhelo de una vida mejor. Son muchas las tramas que nos hablan de la ausencia, de la impotencia, de la falta de comunicación en el ámbito familiar, de la soledad, del engaño, de la locura, de la traición o de lo que no comprendemos y ni siquiera imaginamos que pueda ocurrir. En el contexto de esa multiplicidad de sensaciones a la que nos enfrenta el libro, ganan terreno dos conceptos: el mal y el azar, constantes en la producción de Luján. Aparecerá la perversión planificada, pero sobre todo la no planificada, la que puede surgir como modo de defensa o de supervivencia. Además, los elementos azarosos conducirán a los personajes hacia acontecimientos inesperados, como si sobre ellos operase un destino aciago.

Los rasgos más destacados del volumen de Marcelo Luján se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

  • Juego de claroscuros

En todos los textos del libro se trabaja el contraste entre la claridad y la oscuridad, entre la normalidad y la catástrofe, si bien va a predominar la desgracia y la fatalidad, con momentos en los que “el tiempo de los relojes desaparece y solo vive y existe en la intensidad de las acciones” (Luján, 2020: 29). La ilustración de la cubierta, elaborada por el artista coreano Byung Jun Ko, ya es una antesala a ese universo de claroscuros que se trasladará también a la ficción. La mujer joven retratada está impregnada de luz, pero hay algo en su modo de mirar que inquieta y que incluso puede resultar hostil.

Por otro lado, el propio título, La claridad, se erige como una especie de juego con el lector. La luminosidad intrínseca al empleo de ese sustantivo se opone a las oscuras matrices temáticas por las que transitan los relatos, que se podrían definir como piezas crueles, enigmáticas, cercanas a lo fantástico, en las que los personajes se van a ver sumergidos, muchas veces sin pretenderlo, en situaciones devastadoras.

Marcelo Luján recurre a escenarios cotidianos, lugares comunes que aportan el halo de luz. Sin embargo, la sombra vendrá determinada por la naturaleza de los personajes o por variables como el azar, la belleza, el deseo, la codicia o la tentación. A través de ese contrapunto, el lector logra empatizar con los personajes y siente que de alguna manera todo lo que ellos van a padecer podría ocurrirle a él. Y es que, como bien se recuerda en uno de los relatos, “nadie sabe nunca cuándo es la última vez. Cuándo la última palabra, cuándo la última sonrisa, cuándo el último abrazo o beso o tan siquiera saludo con la mano en alto. Cuándo el último adiós” (Luján, 2020: 78).

  • Prosa ágil, con recursos estilísticos basados en la repetición

Marcelo Luján busca en todo momento la recreación fílmica de las escenas. Para ello, utiliza construcciones sintácticas breves que aportan un ritmo intenso, con un lenguaje muy trabajado y cercano a lo poético en muchos casos. Se aprecia una marcada alternancia entre presente, pasado y una órbita futura teñida de negro a la que se encaminan muchos personajes. En esa dinámica temporal, hay enumeraciones y frases que se repiten constantemente en los diferentes relatos, así como elipsis y vacíos informativos.

  • Coherencia estructural interna

La claridad no se concibe como una mera compilación de cuentos, sino que se establecen también ciertos lazos en común entre las propias composiciones. A pesar de que cada pieza cuentística goza de su propia autonomía, conservando el efecto de unidad propio de este tipo de género, existen elementos unificadores de diverso tipo. A veces se trata de detalles mínimos, como ocurre con la imagen del hilo de sangre que recorre el rostro de algunos personajes o la predilección por la ambientación nocturna o cercana al atardecer. En otras ocasiones, las ficciones comparten un mismo escenario. Así, por ejemplo, el valle que sirve de cronotopo en el primer relato se vuelve a repetir en el tercero, aludiendo al pantano de San Nicolás y al camping que visualiza el conductor de “Espléndida noche” mientras realiza un viaje de trabajo.

Un punto que merece una atención destacada es la reaparición de personajes a lo largo de diferentes cuentos. Si bien el lector tratará de sumergirse en el ambiente recreado en cada uno de ellos, percibirá que algunos de los personajes protagonistas pasan a convertirse en personajes secundarios en otras ficciones, cambiando la disposición geográfica y temporal. Por ejemplo, la madre de Lu en “Una mala luna” vuelve a aparecer en “El vínculo”, junto con los personajes de Javier y Ramón. Es en ese momento en el que el lector conoce su verdadero nombre: Ingrid Benítez, pues en el relato previo se había mantenido siempre en el anonimato.

  • Predominancia de personajes femeninos y especial atención al momento de la adolescencia

La mayoría de los cuentos están protagonizados por personajes femeninos, que toman el control de la historia y que se encuentran dotados de una compleja psicología. La presencia de la mujer es imponente a lo largo del libro y cuando no actúa como personaje principal adquiere un papel secundario en la trama, condicionando o movilizando a otros personajes. En consonancia con este aspecto, debe aludirse también a la tendencia de Marcelo Luján de incluir personajes adolescentes o preadolescentes en el marco de sus ficciones. El escritor rioplatense es un hábil retratista de esta etapa vital y de los modos de expresión juveniles, tal y como refleja también su anterior novela Subsuelo. Le interesa mucho ejecutar el mal desde la adolescencia y plasmar los conflictos propios de este periodo en el que “ignoramos que ciertas cosas perdidas ya no podrán volver a recuperarse” (Luján, 2020: 62). Así, el lector va a acompañar a algunos personajes en su despertar de la sexualidad (“La chica de la banda de folk”) o en su paso a la edad adulta (“Más oscuro que tu luz”). Otras veces los encontrará en plena búsqueda de una identidad o acechados por heridas, amores frustrados y complejos inconfesables. Muchos de ellos serán incapaces de insertarse en el mundo que les ha tocado vivir, como le sucede a la problemática protagonista de “Una mala luna”.

  • Cambios en la focalización diégetica y configuración de un narrador anticipatorio

Uno de los elementos que más destaca de La claridad es la elección de los narradores. Se apuesta por la alternancia entre un narrador en tercera persona u omnisciente (primer relato, tercer relato y quinto relato) y otro narrador protagonista en primera persona (segundo relato, cuarto relato y sexto relato). Sin embargo, lo novedoso de las focalizaciones diegéticas elegidas por Luján radica en el empleo de recursos anticipatorios.

El uso de un narrador que remite al futuro sorprende a nivel técnico, pues no se ha visto muchas veces en el ámbito de la literatura española contemporánea. El autor ya lo había ensayado profusamente en Subsuelo y sabía que funcionaba muy bien a la hora de garantizar el mantenimiento de la intriga. El narrador que nos presenta Luján es un absoluto conocedor de lo que va a ocurrir, de aquello que va a resultar inevitable para los personajes y que estos ignoran por completo. Se permite la licencia de anticiparle la información únicamente al lector, como si fuese una especie de cómplice de este. Pero dosifica de tal manera esas proyecciones hacia delante que el lector en ningún momento tiene una visión cerrada de la historia, lo que le impide perder la atención.

El narrador advierte, aporta afirmaciones reveladoras, retarda la información o remite a sucesos que son ajenos al propio fluir temporal del relato. Incluso alude a oportunidades perdidas o decisiones no tomadas por parte de los personajes, es decir, a posibilidades argumentales que quedan sin desarrollar. Todos estos procedimientos aparecen especialmente en los relatos con un narrador externo, pero también se pueden apreciar, aunque en menor medida, en las piezas que tienen un narrador en primera persona. Veamos un ejemplo:

Treinta monedas de carne

“Nada de lo que sucederá dentro de un rato debería suceder nunca. Ni en los sueños ni en la vigilia ni en el único y diminuto y a menudo absurdo mundo que habitan los vivos. Porque nadie debería nunca decidir el daño ajeno. Y menos aún desde la lucidez. Ni el daño ni el dolor ni la devastación ni el perjuicio. Nada de lo que sucederá dentro de un rato debería suceder nunca pero sucederá de todos modos” (Luján, 2020: 25).

  • Imbricación de diferentes estéticas (lo negro y lo fantástico-terrorífico)

Marcelo Luján ha trabajado una variante de la novela negra que tiende hacia lo psicológico y lo sórdido, sin renunciar en ningún momento al componente costumbrista. En ella, el foco de atención no es la investigación policial, sino las personas que generan el mal y las posibles víctimas de esa actuación a veces silenciosa. Al margen de esa preferencia, en este volumen se perciben también ciertos motivos genuinos de lo fantástico, por lo que podría hablarse de una hibridación de estéticas. Sin apartarse en ningún momento de la representación realista, las historias se encuentran impregnadas de elementos terroríficos o fantásticos, unas veces manifestados de forma sutil y otras en toda su magnitud. Se recurre a acontecimientos inexplicables, a la simbología ominosa del gato y a posibles posesiones demoniacas, con personajes que incluso parecen poder comunicarse con los muertos. Sin embargo, en el marco del imaginario no mimético que se percibe en la obra destaca la figura del fantasma, que recorre muchas ficciones.

  • Relación entre La claridad y Subsuelo

La claridad presenta puntos de unión evidentes con la novela Subsuelo, configurando un sólido universo creativo. Esos guiños internos que se pueden apreciar entre ambas publicaciones no suponen en ningún momento un impedimento para los lectores que se acercan por primera a la producción de Luján a través de La claridad, pues los cuentos son totalmente independientes y funcionan por sí mismos. Sin embargo, suponen un regalo añadido para aquellos que ya han leído Subsuelo, descubriendo perspectivas que desconocían o historias de personajes que aparecen poco caracterizados.

La novela nos acerca a la red de mentiras y extorsiones que se teje entre dos hermanos mellizos, Eva y Fabián, víctimas de un accidente de tráfico que trunca su juventud y acaba con la vida de su amigo Javier. El trágico suceso, cuyos detalles se tratarán de tergiversar, se narra ya en el primer capítulo. Desde ese momento la historia va estableciendo un interesante juego temporal que contrapone el mundo de los adolescentes protagonistas y el de los adultos. El narrador se adentra en la mente de cada uno de los personajes. Desde el sentimiento de culpa que experimenta Eva a la actitud dominadora de Fabián, que, amparándose en una supuesta discapacidad, tortura psicológicamente a su hermana. En ese contexto, adquiere una gran relevancia la madre de los mellizos, Mabel, incapaz de olvidar su doloroso pasado en el contexto de la dictadura argentina y dispuesta a todo para proteger a sus hijos.

Las semejanzas entre las dos publicaciones son estilísticas y de tipo temático, recuperando los escenarios principales de Subsuelo e incluso una amplia nómina de personajes. La trama de la novela transcurre en un escenario muy acotado: la casa de verano de la familia, que dispone de piscina y que se encuentra ubicada en la sierra madrileña, cerca de un extenso pantano. Así, este espacio agreste se retoma en “Treinta monedas de carne” y “Espléndida noche”. En el primer relato se alude a una casa abandonada, a la que se denomina la casa de los ahogados, dado que en su piscina acabarán muriendo los dos hermanos de Subsuelo. Además, Astrid, uno de los personajes, cree ver a un chico en silla de ruedas, que se corresponde con el personaje quizás más malvado de la novela: Fabián.

El mismo paisaje, pero desde una perspectiva nocturna, sirve de marco espacial en “Espléndida noche”, donde se narra el accidente que da comienzo a Subsuelo. El relato, en cambio, profundiza en la vida del conductor de un camión de pollos que es el que se va a estrellar contra el coche en el que viajan Eva, Fabián y Javier. Precisamente Javier, junto con su hermano Ramón, cobrará cierto protagonismo en “Una mala luna” y “El vínculo”, pues estos relatos incorporan presagios funestos sobre su vida. De hecho, algunos personajes le anticiparán el momento exacto de su fallecimiento.

Se podrían citar algunos aspectos más que permiten hermanar las dos publicaciones. Nos referiremos, por último, a la simbología de las hormigas, insectos que conforman una plaga inextinguible en Subsuelo y que invaden silenciosamente el jardín de la casa, reflejando quizás esos secretos que, pese a permanecer ocultos, pueden salir a la luz en cualquier momento. Al igual que en la novela, las hormigas aparecen y desaparecen en uno de los relatos del libro, anticipando un momento de desgracia.

Preguntas para la reflexión

Con el fin de aproximarnos al conjunto de claroscuros que construye Marcelo Luján en su último libro, partiremos de las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál ha sido tu primera impresión al observar la imagen de la portada y el sustantivo que ha elegido Marcelo Luján para titular el volumen? ¿Esa impresión se ha mantenido al acceder al interior del libro y conocer los ejes temáticos de las composiciones?
  • ¿Qué te ha parecido el uso del narrador? ¿Qué implicaciones crees que pueden tener esas intervenciones retardatarias y proyectadas hacia el futuro? Intenta localizar algún fragmento de este tipo que te haya llamado la atención.
  • ¿Qué significación adquieren los paratextos, esto es, las citas que preceden a los relatos y que conjugan la música rock con extractos religiosos? ¿Por qué están tan presentes los contenidos bíblicos?
  • Luján trata de configurar una armonía interna entre los relatos. ¿Qué aspectos consideras que otorgan más unidad al volumen? ¿Qué efectos ha tenido ese trabajo previo del escritor en tu recepción como lector al finalizar la obra?
  • El volumen de relatos se inicia con una historia de violencia, tanto desde un punto de vista físico como lingüístico, planteando que el mal puede surgir en cualquier contexto. ¿Qué otras escenas destacarías por su nivel de oscuridad? ¿Cuáles te han inquietado más?
  • Esta obra combina la concepción del género negro que propugna Luján con elementos de tipo fantástico y terrorífico ¿Qué presencias sobrenaturales has detectado a lo largo del libro? ¿Cuáles te parecen más sutiles o sugerentes?
  • La figura del fantasma recorre diversas ficciones. ¿Te ha sorprendido el tratamiento que Luján le otorga a este motivo clásico de la literatura fantástica?
  • La claridad establece puentes de conexión con la anterior novela de Luján, Subsuelo. Si has tenido la oportunidad de leer ambas publicaciones, habrás reparado en este aspecto ¿Qué aporta esa unificación de estilo y de rasgos de contenido? ¿Has encontrado alguna coincidencia más que no hayamos mencionado en la guía a la lectura?

7 comentarios en “Guía a la lectura: La claridad

  1. Carmen Rodríguez Campo

    La verdad es que no he podido aguantarme y, nada más que tuve el libro entre mis manos, empecé a leerlo y lo terminé de una sentada. Hacía tiempo que un libro no me tenía tan enganchada. Desde el impacto del primer cuento hasta el final, me he mantenido en constante alerta. Me ha gustado muchísimo y no dudaré en seguir las recomendaciones de Ana y leer Subsuelo.
    Lo que más me ha gustado ha sido lo catafórico de su estilo; el cómo adelanta información, dejando al lector en un limbo en el que está supeditado a confiar en el narrador. Asimismo, lo tétrico de los paisajes y la intromisión de lo sobrenatural como parte de la trama creo que dotan al ambiente de un halo especial (que, como lectora, me tiene encandilada) y que acompaña muy bien a los personajes adolescentes con sus sufrimientos y sus problemas (hecho que, coincido con Ana, está muy bien tratado por parte del autor. Todos hemos pasado por esa etapa y sabemos que la continua montaña rusa no es fácil de sobrellevar, y así lo hace ver Marcelo Luján). Me llaman mucho la atención las citas rockeras (creo que están muy bien elegidas, ya no por lo que dicen, sino por lo oscuro que denota el género) y bíblicas del principio de cada relato y entiendo, una vez leído el libro, el porqué de estas (creo que te sumen en una reflexión posterior necesaria para poder superar, ya no como lector sino como ser humano, aquello que se ha tratado en el relato, que bien podría ocurrir en nuestra realidad).

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  2. Nuria Rodríguez Mayo

    Aunque todavía faltan algunos días para el coloquio con los socios, me ha ocurrido igual que a la anterior compañera, Carmen, y no he podido dejar de comentar las primeras impresiones de la obra. En mi caso, únicamente me he leído el primero de los cuentos pero me ha dejado con ganas de más. No sé cómo serán los siguientes pero este me ha impactado. Ya tenías las expectativas altas por lo comentado por Ana Abello en la guía a la lectura sobre este primer cuento pero es evidente que las ha superado. Me ha gustado muchísimo esa tensión constante y el suspense que va creando el narrador.

    Espero que me ocurra lo mismo con los demás cuentos y poder comentarlo en el siguiente encuentro.

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  3. María Morán

    Me resulta fascinante como logra Marcelo Luján el concepto de unidad a través de los diversos relatos. Además, el autor nos invita a una profunda reflexión a través de las historias de los relatos. Para mí sus relatos se resumen en la profundidad humana, la profundidad de la conciencia adolescente y juvenil. Todo nos invita a pensar en cómo actuaríamos nosotros ante tales situaciones.
    Personalmente, la lectura me está generando una reflexión angustiosa sobre la conducta humana, esta sensación aumenta a través de la repetición de frases que resultan para mi demoledoras, ‘nadie debería elegir sobre el daño ajeno’.

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  4. Irene Fidalgo López

    La portada es muy llamativa y, aunque muchos de vosotros habéis comentado que lo que percibís es miedo, a mí me genera una sensación muy distinta. Los labios cerrados hubiesen causado ese hálito cercano a la sensación tumultuosa que puede generar el terror de lo que no se conoce. La oscuridad propicia que el lector piense en eso que se desconoce, en lo que la sangre anticipa y el relato guarda. Pero los labios entreabiertos siempre tienden hacia la palabra. La boca roja, golpeada y herida, el arco de la ceja caído y el uso de la acuarela, llevan a una imagen que se aleja del terror y conduce a la tristeza, a las palabras que no pueden expresarse (aunque deseen expresarse por la forma en la tímidamente entreabre la boca en una súplica). La falta de un destello de luz en la pupila, forma en la que el humor acuoso se representa de forma pictórica, el gran espacio que ocupa la pupila (y que no es normal en una persona a no ser que haya consumido sustancias alucinógenas) y el uso de un color de iris que se confunde con la propia pupila, causa una sensación de vacío que los coreanos y los japoneses suelen utilizar en su arte plástico. De esta forma, la sensación, aunque encierra terror porque no podemos ver de forma nítida uno de sus ojos, queda solapado por la mitad del rostro (más grande) que está impregnado de una gran soledad y tristeza. Parece, desde todos los ángulos, una mujer-cáscara.

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  5. Inés Vega Martínez

    Leyendo los comentarios del blog, estoy muy de acuerdo con lo que comenta María, especialmente en esa reflexión que hace sobre la vida humana y que, en cierta manera, es la realidad en sí.

    En este libro podemos encontrar pequeñas relaciones y alusiones de forma constante entre un cuento y otro, e incluso con la portada, que logra mantener una unidad y “tensión” que te produce intriga y te obliga a leer para saber más.

    Otra cosa que me llama la atención es el hecho de mezclar citas de Rock con La Biblia porque al mismo tiempo es desconcertante y, hasta un poco gracioso, esa unión tan rara pero innovadora.

    El libro cuenta con pequeños detalles interesantes que logra una unión bastante satisfactoria, siendo merecedor del premio que ha obtenido.

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  6. Rocío Almanza Crespo

    Me han encantado todos y cada uno de los relatos escritos por Marcelo Lujan en este libro. Me ha parecido que tienen un toque de misterio que me ha enganchado desde el principio a la lectura del libro y me ha dejado con ganas de más. A pesar de que los relatos me han trasladado a una atmosfera inusual e incluso de fantasía en algunas de las ocasiones tienen un toque de realismo, que me ha gustado mucho. Además, el hecho de que sean cuentos cortos es un punto a favor en mi opinión, ya que me gustan este tipo de escritos en los que descubres pronto el final.

    Sin duda leeré más obras de este autor y lo haré con las expectativas muy altas, para mí ha sido un gran descubrimiento por el que le doy gracias a Ana Abello del club de lectura. Lo recomendare sin duda.

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  7. Alba

    Creo que cuando vi este libro; ya simplemente por su portada, pensé que sería un buen libro. Es un libro que desde fuera, busca tu atención. Y efectivamente, la consigue. Hacía tiempo que no conseguía engancharme tanto a una lectura. Tuvo que ser leída de un tirón, porque la forma en la que estaba narrado cada cuento hizo que me interesase por saber el final. Daba la impresión de que más que leyendo, estaba devorándolo. Además, el hecho de que los cuentos estuviesen conectados entre sí, para mí fue un punto importante, porque eso aceleró más mi lectura, hizo que quisiese leer más y más. Sin duda leeré Subsuelo, ya que como dijo Ana, hay cuentos que se completan y se entrelazan con esa obra, y eso me llama mucho la atención.
    En una lectura me gusta que haya tensión, esa incertidumbre de lo que pasará después. Estos cuentos, gracias a como estaban narrados, hicieron que me interesasen aún más. El saber que pasaría algo, pero que no te cuenta hasta más avanzada la obra. Ese sentimiento de espera; pero que a la vez, como son cuentos, no se hace tan larga, me ha parecido ideal.
    Para mí, lo más importante fue la forma de la narración, las palabras elegidas para contarnos lo que nos quería contar, y las historias. Esas historias tan cotidianas, comunes, pero a la vez horribles. Los desenlaces de las mismas, que nos obligan a reflexionar sobre el cuento. Las narraciones son tan posibles en nuestra vida, que hace que aún sean más duras de aceptar. Nos obligan a ponernos en su lugar, me hicieron pensar: ¿qué es lo que haría yo en su situación?

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