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Guía a la lectura: Retablo, de Marta Sanz

Por Raquel de la Varga Llamazares

Actualizada con el VÍDEO DE LA VISITA DE MARTA SANZ

Marta Sanz

La siguiente escritora que nos visita en esta edición especial del club de lectura es otra de las voces más originales y sugerentes de la narrativa española actual. Marta Sanz, que ya visitó en 2015 nuestro club de lectura  cuando leímos Daniela Astor y la caja negra, vuelve cinco años más tarde, y con galardones de la talla del Premio Herralde a sus espaldas y su consolidación como una de las autoras más innovadoras y originales en cuanto a su estilo, el ritmo de su prosa, las técnicas cinematográficas y narrativas que utiliza o en cuanto al dominio de la parodia o la autoficción. Esta vez nos adentramos en su producción en el terreno de la narrativa breve con Retablo, recientemente publicado en Páginas de espuma y en colaboración con Fernando Vicente.

Tras sus años de formación académica es licenciada en Filología Hispánica y doctora por la Universidad Complutense de Madrid comenzó su andadura novelística publicando en la editorial Destino obras como El frío (1995), Lenguas muertas (1997), Los mejores tiempos (2001, Premio Ojo Crítico de Narrativa) o Animales domésticos (2003), hasta ser finalista del Premio Nadal con Susana y los viejos (2006). La lección de anatomía, del año 2008, junto a las anteriores obras, supuso el reconocimiento y la consolidación de Marta Sanz en el panorama nacional. A partir de entonces, empezó a publicar y a reeditar en Anagrama novelas que homenajean y parodian la novela negra clásica como Black, Black, Black (2010) y Un buen detective no se casa jamás (2012), cuyo protagonista, Arturo Zarco, rompe todos los estereotipos de género en el más amplio de los sentidos: es uno de los pocos detectives de la ficción criminal homosexuales. En 2013 publicó Daniela Astor y la caja negra, y Farándula en 2015 por la que obtuvo el prestigioso Premio Herralde y Clavícula en 2017. Retablo (2019) es su primer libro formado íntegramente por cuentos.

También ha publicado tres libros de poesía en la editorial Bartleby: Perra mentirosa / Hardcore (2010), Vintage (2013, Premio de la Crítica de Madrid al mejor poemario de 2014 y Cíngulo y estrella (2015). Ha participado en numerosas antologías de relatos; editado y prologado, asimismo, volúmenes como Tsunami. Miradas feministas en sexto piso (2019), Metalingüísticos y sentimentales: antología de la poesía española (1966-2000), 50 poetas hacia el nuevo siglo (2007) y El libro de la mujer fatal (2009). Recientemente ha publicado tres ensayos breves: No tan incendiario (2014), Éramos mujeres jóvenes (2016) y Monstruas y centauras (2018).

Frecuentemente colabora en diversos medios de comunicación como el diario El País, donde semanalmente podemos disfrutar de sus artículos de opinión. Ha ejercido la docencia en instituciones superiores como la Universidad Antonio de Nebrija, y en la actualidad es profesora en escuelas de escritura. 

Su conocimiento sobre la literatura contemporánea, no solo en el ámbito de la poesía, le ha llevado a colaborar con diversas instituciones como el Círculo de Bellas artes de Madrid o la Biblioteca Nacional, donde acaba de comisariar junto a Germán Gullón la exposición dedicada Benito Pérez Galdós por el centenario de su muerte. 

 

Fernando Vicente

 

Fernando Vicente es uno de los más prestigiosos ilustradores de nuestro país que, desde los años 80, crea desde el caballete y no de forma digital las cubiertas e ilustraciones de publicaciones como Babelia, o El Cultural y una numerosa lista de portadas de libros o de carteles que se han hecho tan célebres como los de la Feria del Libro de Madrid. Retablo no es el primer volumen de la editorial Páginas de espuma que ilustra: London Calling de Juan Pedro Aparicio, Invasión y Bienvenidos a Incaland, de David Roas o Helarte de amar de Fernando Iwasaki son colaboraciones anteriores. A través de su web podemos estar al día de sus creaciones e incluso adquirir nuestras favoritas.

 

 

RETABLO

Comencemos por el título. La RAE define ‘retablo’ como:

Quizá la utilización que más no suene es la segunda, la que se refiere al retablo artístico, propio de las iglesias, que generalmente combina pintura y escultura y que se divide en dos, tres o varias partes y se sitúa tras el altar principal. Cada una de las partes de un retablo nos muestra una escena o la parte de una historia y, todas ellas, tras una lectura conjunta, nos ofrecen una imagen o una lectura más amplia o desde diferentes perspectivas de un mismo hecho. Además, cabe la pena recordar que los retablos de las iglesias permanecían gran parte del tiempo cerrados y que se habrían como un libro en determinadas ocasiones.

Calle céntrica de Malasaña

Si le quitamos la sobrecubierta al libro veremos otra ilustración diferente, que se corresponde con el fragmento central de la cubierta, donde leemos el título ‘Retablo’. Ese tipo de construcción azulejada, llamada retablo cerámico, ha sido muy frecuente en España desde hace siglos, y en el barrio de Malasaña han sido un elemento decorativo muy significativo hasta la desaparición de los comercios tradicionales.

 

El sentido paródico de la obra

En cuanto a la técnica, la primera noción y más general a la que debemos acudir es a lo que se ha denominado en el ámbito de la posmodernidad como la parodia. En este punto es necesario aclarar que no nos referimos a la parodia en un sentido humorístico o despectivo, sino como generalmente se utiliza en la en la teoría de la literatura, como sinónimo de reescritura de algún motivo, tema, género e incluso de una obra literaria existente a la que homenajea y a la vez actualiza y añade nuevos significados (de ahí que hablemos del Quijote como una parodia de los libros de caballerías y no como una simple crítica de los mismos).

Una cuestión de género

Como la producción novelística anterior de Marta Sanz evidencia, lo policíaco y la ficción criminal son uno de sus moldes preferidos y varias de sus novelas como Un buen detective no se casa jamás o Black, Black, Black son novelas policiacas que distan bastante del género al uso, ya que utiliza todos sus códigos, pero a la vez se aleja del mismo y lo subvierte. En Retablo vamos a encontrarnos dos historias muy relacionadas con la temática o el género de lo policíaco, que homenajean y parodian historias muy conocidas de la literatura anglosajona.

«Extraños en un tren (versión amarilla)»

La primera de las partes que componen el retablo, desde el propio título, manifiesta el homenaje que la sustenta, y es que Extraños en un tren es el título de la novela de Patricia Highsmith y de la película homónima de Alfred Hitchcock. En su subtítulo de ‘versión amarilla’ queda clara la intención de la autora de evidenciar que se trata de una nueva versión a modo de homenaje en la que, como es habitual en su obra, van a tener un papel muy relevante la crítica mordaz contra el paradigma políticosocial en el que se inserta, así como el humorExtraños en un tren es además de una de las más famosas novelas de corte policíaco de principios de siglo, cuyo argumento ha trascendido los límites de lo literario y de la que conocemos múltiples variantes, homenajes y reescrituras desde la célebre película de Alfred Hitchcock hasta su aparición en un capítulo de Los Simpson. La historia de dos desconocidos que se conocen en un vagón de tren y que medio de veras, medio en broma, acuerdan asesinar a sus respectivos enemigos para llevar a cabo el crimen perfecto sin sospechar de ellos, se ha convertido en un motivo célebre de la ficción criminal. Si no lo habéis hecho ya, os insistimos en que veáis una de las mejores películas de Alfred Hitchcock y de todo el cine de suspense.

El género policíaco, tras su creación, su buena aceptación y su evolución después del éxito de obras tan conocidas como Los crímenes de la calle Morgue (1841) o los numerosos volúmenes en torno a los misterios resueltos por Sherlock Holmes encontró en el cine un filón para contar a través de un lenguaje diferente las historias que ya eran todo un éxito a través de su evolución hacia la novela negra. Dado que en Retablo tiene tanta presencia el trasfondo policíaco, cabe recordar que, cronológicamente, la novela de Patricia Highsmith y su adaptación por Alfred Hitchcock distan ya del policíaco clásico y se ubican en la literatura contemporánea que muestra una preocupación mucho mayor por reflejar y ahondar en los problemas sociales de la sociedad en la que se marcan así como en la motivación del asesino, que en algunas ocasiones posee más protagonismo que el propio detective, o que logra que el  lector empatice con su circunstancia muy por encima del primigenio afán de descubrir sencillamente quien había cometido el asesinato. 

«Jaboncillos Dos de mayo»

«Jaboncillos Dos de mayo», la segunda pieza del retablo, posee otro referente literario claro: uno de los cuentos más canónicos y a la vez truculentos de la literatura finisecular anglosajona,  «Aceite de perro», de Ambrose Bierce. El narrador de esta célebre historia se retrotrae hasta su niñez y nos cuenta cómo su familia sobrevive gracias a las dudosamente lícitas actividades mercantiles de sus padres: deshacerse de bebés recién nacidos no deseados y la elaboración de aceites a partir de grasa de perro. Para quien nunca se haya enfrentado con este cuento, tan lleno de sordidez como de humor, os lo enlazamos ya que su lectura no tiene desperdicio. Además, nos puede traer a la mente otras obras literarias (o adaptaciones cinematográficas) como El perfume de Patrick Süskind o a un personaje folclórico como el sacamantecas.

La gentrificación como telón de fondo

En las numerosas entrevistas realizadas a Marta Sanz a colación de Retablo, ha salido a la palestra el término gentrificación, que se ha adoptado del inglés y que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua aún no recoge pero cuyo uso se encuentra en aumento, como señala la Fundeu, que lo define como el proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor.

Malasaña, uno de los barrios más populares y concurridos de Madrid en la actualidad, ha cambiado de forma radical no solo en comparación con un siglo atrás (cuando se llamaba Maravillas o Universidad), sino que su punto neurálgico, la Plaza del Dos de Mayo, es un emblema que va cambiando de identidad con el paso de las décadas. En los años posteriores al fin de la Guerra Civil se colocó la estatua de los héroes Daoiz y Velarde tal y como permanece en la actualidad (sin las espadas).

Plaza Dos de Mayo

Ilustración de Fernando Vicente en Retablo

Sin embargo, desde la Transición hasta la actualidad, especialmente después de la movida en los 80 que tuvo Malasaña como sede, el aspecto y el mundo comercial han cambiado radicalmente. De la tradición artesanal y los comercios que están dando sus últimos coletazos hemos pasado a percibir Malasaña como un barrio absolutamente ‘hipster’. Para los más jóvenes socios del club quizá no sea algo que llame la atención porque siempre han conocido Malasaña con su actual estética. Sin embargo, este fenómeno no es solo exclusivo de la capital, aunque sí donde se manifiesta en extremo. En nuestra pequeña capital de provincias, el comercio tradicional en barrios que ahora parecen muertos durante el día, como “el húmedo”, otrora presentaba un aspecto completamente diferente, lleno de vida, de comercios de ropa y alimentación de los que ya solamente resiste una zapatería como emblema —como Casa Labrador—. Eso sí, los locales, sobre todo bares y restaurantes, con aire retro, hipster, boho, veggie, etc. cada vez tienen más presencia vayamos a donde vayamos. La diferencia, sin embargo, es abismal, ya que solamente podemos hablar de verdadera gentrificación en Madrid ya que, poro desgracia, en nuestras pequeñas ciudades no ha habido un relevo generalizado sino que, simplemente, el comercio ha desaparecido. 

De esta «invasión hispter» se lleva hablando desde hace años, de hecho, en 2016 se publicó un volumen titulado First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades que analiza este proceso en dos barrios de Madrid, del que extraemos una cita que, sin duda, recordaréis después de leer Retablo: “Cuando aparece el primer muffin ya podríamos decir que estamos al 75% del proceso de gentrificación. Las cuatro fases son degradación, estigmatización, resignificación y mercantilización. El cupcake pertenece a algún punto entre la resignificación y la mercantilización». Os dejamos enlazados algún artículo de opinión en prensa, un tablero de Pinterest o, sencillamente, los resultados de la búsqueda ‘gentrificación madrid malasaña’ en Google. La polémica está servida.

Ilustración de Fernando Vicente en Retablo

Preguntas de guía a la lectura

El título, ¿qué relación crees que tiene con la obra?

Respecto a «Extraños en un tren. Versión amarilla», ¿crees que se entiende al mismo nivel sin haber leído la novela / visto la película?, ¿qué diferencias encuentras con la/s versión/es original/es?

Respecto a los personajes, y en relación con otros libros o películas del género que hayas visto… ¿empatizas con la figura del detective o del asesino?

Sobre las ilustraciones, ¿qué te parece que aportan al texto?, ¿nos cuenta algo su disposición fragmentada?

El humor (o humor negro) es un rasgo que despunta en algunos pasajes, perfectamente compatible con el tono trágico o paródico, ¿te ha llamado la atención (o te ha hecho reír algún episodio en especial?

Guía a la lectura: Anatomía sensible, de Andrés Neuman

Por Raquel de la Varga Llamazares

Actualizado con el VÍDEO DE LA VISITA DE ANDRÉS NEUMAN

 

El autor

Ni español, ni argentino. Ciudadano y lector de sustancia híbrida, nacido en Buenos Aires y residente en Granada desde los dieciocho, Andrés Neuman se ha convertido en una de las voces narrativas jóvenes más brillantes del panorama de las letras en español de las últimas dos décadas.
Con solo veintidós años publicó su primera novela —Bariloche (finalista del premio Herralde, Anagrama, 1999)—, a la que siguieron otras como La vida en las ventanas (Espasa, 2002), Una vez Argentina (Anagrama, Finalista del premio Herralde, 2003), El viajero del siglo (Alfaguara, Premio Alfaguara, Premio Tormenta y Premio de la Crítica, finalista del Premio Rómulo Gallegos, 2009), Hablar solos (Alfaguara, 2012) y Fractura (Alfaguara, 2018). Su narrativa más extensa transita territorios tan dispares como la ficción autobiográfica y la historia reciente de Argentina, la Europa del Romanticismo entre amor y música o las cicatrices corporales e históricas de un superviviente a las bombas atómicas que vive la explosión de Fukushima.
Su interés por los entresijos literarios, además de desde el punto de vista más académico, que desarrolló como investigador y docente en la Universidad de Granada, se traduce en una contínua voluntad metaficcional que ha volcado especialmente en la narrativa breve. Sus cuentos, entremezclados o hibridados con la poesía, están igualmente contagiados por un espíritu ensayístico, lo que los sitúa en un terreno fronterizo con la poesía o el aforismo, constituyendo el propio texto literario un desafío o un tratado teórico contra los géneros literarios. El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001), Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006), Hacerse el muerto (Páginas de Espuma, 2011) y el recientemente publicado Anatomía sensible (Páginas de Espuma, 2019), que nos reúne aquí, componen gran parte de la nómina de su narrativa breve.

En el campo de la ficción hiperbreve no solamente ha aportado como autor, sino que su interés por la definición y los límites del micrrorrelato han llegado hasta el plano teórico. De ello también se deriva como consecuencia que en sus libros de cuentos se incluyan apéndices teóricos sobre el género, o que haya coordinado antologías como Pequeñas Resistencias (vol. 5, Páginas de espuma). Entre lo académico, la libertad creadora y lo divulgativo, su blog Microrréplicas ha sido durante la última década uno de los espacios digitales más interesantes dedicados al microrrelato.
A medio camino entre el microrrelato y el poema, ha cultivado también la escritura de aforismos que se pueden encontrar en El equilibrista (Acantilado, 2005), Caso de duda (Cuadernos del vigía, 2016), Barbarismos (Páginas de Espuma, 2014). Ha publicado y traducido otras obras, como por ejemplo el libro de viajes Cómo viajar sin ver (Alfaguara, 2010).
Como poeta ha publicado Métodos de la noche (Hiperión, 1998), El jugador de billar (Pre-Textos, 2000), El tobogán (Hiperión, 2002, Premio Hiperión), La canción del antílope (Pre-Textos, 2003), Mística abajo (Acantilado, 2008), Gotas negras (Plurabelle, 2003), Sonetos del extraño (Cuadernos del Vigía, 2007), poemarios todos ellos antologizados en Década. Poesía 1997-2007 (Acantilado, 2008), recopilación a la que se suman otras como el libro-disco Alguien al otro lado (La Veleta, 2011), Vendaval de bolsillo (Almadía, 2014), Patio de locos (Estruendomudo, 2011) y No sé por qué (Ediciones del Dock, 2012). Su último poemario es Vivir de oído (Almadía, 2017).

 

Anatomía sensible

En la primera lectura de esta edición especial del club nos adentramos en un territorio fronterizo que no habíamos transitado anteriormente en lo que a géneros literarios se refiere. Lo primero que debemos tener en cuenta al enfrentarnos a Anatomía sensible es que hay que dejar de lado el frecuente afán que tenemos como lectores de poder ponerle una etiqueta o saber con exactitud qué es eso que vamos a leer. Este volumen está compuesto por textos narrativos breves que, por extensión, podrían tildarse de cuentos; sin embargo, no poseen argumento, ni tiempo, ni espacio ni personajes: pertenecen a la categoría de los textos literarios que por su rupturismo y su hibridación no tienen nombre. Andrés Neuman, como teórico y como creador, ha sabido trascender las normas y, por ello, uno de sus cualidades más destacadas como escritor es su ficción inclasificable, fragmentada y profundamente poética.

Anatomía sensible es esencialmente un viaje y una oda por y para el cuerpo. Basta con conocer la anécdota sobre cómo surgió la chispa del libro para entender el origen de ese viaje. Numerosas reseñas o noticias se hacen eco: en un determinado momento del año 2018, Andrés Neuman decidió buscar en Google Imágenes la palabra ‘belleza’ —y ahora recordad que el objeto máximo al que ha aspirado siempre el arte y uno de los mayores intentos de la filosofía y la metafísica ha sido precisamente la definición o la mímesis de la misma—.  Si ahora tú también has hecho la búsqueda te habrás sorprendido de la idea tan canónica que los algoritmos de Google, basados en las búsquedas de internautas. En el caso de Neuman aparecieron 98 fotos de mujeres occidentales (97 de ellas jóvenes), una imagen de una pareja y otra de un bebé. En la actualidad encontramos esporádicamente alguna variante racial y alguna sorpresa como Nietzsche o el actor Jake Gyllenhaal. Así, el afán rupturista con los géneros se traslada al propio contenido, ya que en “cada uno de sus capítulos se rebela contra el hedonismo de la cultura del Photoshop. En tiempos de retoque compulsivo y poses digitales, acaso sea la hora de releer nuestro cuerpo para recuperarlo. Todos los cuerpos son bienvenidos aquí“, reza la contraportada.

Ilustración de Aitch

No todas, pero sí varias partes del cuerpo humano han sido tópico y lugar común, repetidamente visitados en todos los tiempos: desde la atención en la Antigüedad al talón de Aquiles, hasta los numerosos (hasta la saciedad) cabellos dorados de los ideales de belleza femeninos que, cuando pasaron a ser oscuros o cobrizos, seguían empañados por la idealización de poetas y pintores del momento. Hoy, más que nunca, la atención que se le presta al cuerpo ha adquirido dimensiones y se sujeta a cánones que, en un recorrido inversamente proporcional a la modernidad de los tiempos, esclavizan más que liberan. Tanto a las ya visitadas zonas como a las muchas otras que han quedado invisibilizadas en nuestro concepto social de belleza, Andrés Neuman las revisita con unas gafas nuevas que incorporan el filtro de lo poético, lo político, lo metaliterario y lo humorístico.

Cada uno de los capítulos o cuentos está dedicado a uno de nuestros órganos o miembros. “Revoluciones del cabello”, “Una vagina propia”, “El talón y la intemperie”, “Reprobación del brazo y alabanza del codo”, “Matiz del ano” o “El ojo como déspota ilustrado”, desde sus propios títulos, nos avanzan la intertextualidad o la ironía desde la que Neuman se instala para cuestionar dogmas, creencias y prejuicios que acarreamos y transmitimos de siglo en siglo y de generación y generación, desdeñando nuestro propio cuerpo y relegando toda identidad a su apariencia.

Tanto la forma como el contenido están directamente relacionados, ya que la mezcla de códigos, de géneros y de registros es, al igual que hace con las partes del cuerpo, algo subversivo. Respecto al estilo, como en todas las obras de Neuman, hay un trasfondo poético que, además de en el ritmo, está en fondo de cada texto, demostrado en la búsqueda de la esencialidad y en la manera de examinar las cosas del mundo.

En la forma de contar detectamos ciertas formas narrativas que recuerdan (cuando no están muy próximas) al aforismo y especialmente a la greguería. El humor, tan propio del autor argentino, unido a la creación de metáforas y símbolos, tratando de explicar o definir ideas o partes del cuerpo, no solo retoma el espíritu de Gómez de la Serna sino que además crea nuevos sentidos. Es por ello que, aunque se trate de una obra corta en extensión, posee tantas capas de lectura que recomendamos firmemente una segunda o tercera lectura para captar los matices o mensajes que, en un primer acercamiento, se nos pueden escapar. Las referencias, frases hechas o a obras y lemas de todo tipo plagan los textos de Neuman, por lo que la parodia en su acepción posmoderna enriquece notablemente la lectura.  Os adelantamos un ejemplo de uno de los innumerables fragmentos en los que hallamos una mezcla entre belleza formal, intertextualidad, denuncia y humor. Pertenece a “Panfleto de la nalga”:

Poetas, activistas y peatones levantan al unísono su voz: sin exceso no hay bellezas ni verdades. Merecemos la carne de la realidad. Por eso protestamos ante la disminución impuesta por la alta costura, la más baja de todas. La austeridad física es otro imperialismo, el capital engorda adelgazándonos. Combatamos la opresión de la curva trabajadora. Nalgones del mundo, uníos.

Patricia Esteban Erlés ha escrito una magnífica reseña en Zenda de Anatomía sensible, titulada “El dios del cuerpo”, que os recomendamos leer tanto previamente como tras la lectura del libro de Neuman. Pero sobre todo os queremos recomendar la entrevista que también en Zenda le hicieron a Andrés Neuman, en la que él mismo explica todas las claves de la obra y las incógnitas que nos pueden quedar tras su lectura. Y por eso mismo os recomendamos encarecidamente que la leáis… PERO DESPUÉS DE LEER EL LIBRO, para no robaros a vosotros mismos el extrañamiento y la reflexión que suscita.

El pasado año Neuman visitó las Jornadas de la RIUL y nos recitó uno de sus poemas…   a partir del minuto 51.

Como siempre, cerramos nuestra guía con unas preguntas que no son más que eso, “preguntas trampa” que nos dirigen hacia aspectos más importantes de la obra, antes y después de su lectura.

¿A qué género literario dirías que pertenece Anatomía sensible y por qué?

¿Cuál es el capítulo/parte del cuerpo que más te ha gustado y por qué?

¿Has subrayado alguna cita que te ha llamado mucho la atención? ¿por qué?

Sobre la imagen de la portada, ¿de qué crees que se trata o qué te sugiere?

Cuando comenzamos a leer un libro es bastante habitual que las citas iniciales no nos digan nada o no las comprendamos, aunque tengan una relación directa con la obra. Cuando volvemos a ellas, acabado el libro, cobran un enorme significado. Las citas que abren Anatomía sensible, ¿por qué crees que las ha elegido el autor y qué quieren decir?

Con los títulos de los capítulos ocurre algo parecido. Con frecuencia son incluso necesarios para entender los textos. En la mayoría de los títulos de Anatomía sensible hay sátira e intertextualidad. Elige el que más te haya gustado o transmitido (o hecho reír) para comentarlo en el coloquio.

En este especial viaje la última parada es el alma. ¿Qué te ha parecido este capítulo?, ¿Por qué forma parte del cuerpo?

Después de terminar el libro, ¿cómo te sientes?, ¿ha cambiado algo en tu cuerpo o en tu forma de mirarlo?

 

 

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: Coloquio de los socios.

En la última sesión nos reunimos para debatir en torno a Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, una de las obras que parece haber gustado más y que ha animado no solo a socios a acercarse hasta la Biblioteca San Isidoro.

Lo primero que se resaltó fue la modernidad de sus tramas, lejos de lo que se suele pensar. “El ingeniero Démencour” no solo gustó sino que encantó a varios socios, al sorprenderse dejándose llevar por el narrador y personaje que encarna el machismo inherente a nuestros constructos culturales. El erotismo (no solamente el de este cuento) ha llamado -y mucho- la atención, especialmente la de aquellos que han vivido una época en que la falta de libertad respecto a la sexualidad condicionó la educación sentimental de varias generaciones. Como le ocurre al protagonista de “Una ventana a la carretera”, descubrir su propia sexualidad y sus dimensiones afectivas se convierte en una ventana que da acceso a un mundo que desconocía por completo: una ventana a la carretera del mundo. “En palabras, palabras para una rusa” ese erotismo se lleva al extremo, siendo uno de los cuento que más ha gustado y que más sugiere, tras el humor compatible con otras sensaciones.

Otro de los cuentos que ha llamado mucho la atención por la caracterización que hace de sus personajes, así como la postura del autor ante el cuento es “El toque de obispo”, uno de sus cuentos más célebres del autor villafranquino. Las anécdotas sobre las que se construyen sus relatos son mucho más que eso: tras el “oficio de mirar” del autor, capaz de percibir la esencia de las cosas, a partir de un pequeño fragmento de la realidad, a la manera borgeana, se puede reconstruir todo un universo elidido. El cuento titulado “El gobernador”, a partir de un viaje en coche y una anécdota cercana al chascarrillo es capaz de representar, como señaló José Antonio, todo el funcionamiento de la dictadura franquista. Las pinceladas, breves pero esenciales con las que dibuja a sus personajes les dotan de corporeidad y humanidad con unas pocas palabras. Esa capacidad de generar la sugerencia distingue al cuento literario contemporáneo de otras manifestaciones literarias, caracterizando la escritura de autores como Pereira, quien llevó la sugerencia y la dosificación de la información a cotas muy elevadas. Es por ello que aún hoy discutimos sobre las motivaciones de personajes como la abuela Társila en el cuento “Obdulia, un cuento cruel”, que lejos de ser tan rígida como en apariencia se presenta, encierra en sí misma un mundo en torno al duelo y a las convenciones sociales sobre la muerte, que a través de las camelias del cuento logran la excelencia, hasta el punto de que el propio autor declaró que se trataba de su cuento favorito. 

El poso amargo de algunos cuentos como “Obdulia, un cuento cruel”, que en la mayoría de los textos se manifiesta como telón de fondo en forma de melancolía, deja paso, sin embargo, al optimismo a través de personajes como los protagonistas de “La enfermedad”, que desde la desesperación y la exclusión acometen el mayor acto de rebeldía y transgresión a través del amor.

Antonio Pereira ha gustado mucho ya que, en definitiva, como nos recordó nuestro compañero Eugenio a través de las palabras de Antonio Muñoz Molina, publicadas hace solo unos días en el suplemento Babelia a colación de las novelas de Galdós:

Un rasgo de los mejores libros es que al volver a ellos siempre son mejores de lo que uno recordaba: más verdaderos, más sorprendentes, más desmedidos unas veces y otras más lacónicos, más ricos en esos pormenores de observación que son lo primero que se olvida después de la lectura. Es falso que uno recuerde bien los libros. La memoria de lo leído es más frágil todavía que la de lo vivido. La memoria es un reseñista distraído que repite ideas rutinarias y que finge saber mucho más de lo que sabe. Los mejores libros uno vuelve a abrirlos con suficiencia y de pronto le estallan entre las manos. Y la admiración antigua que lo llevó a uno a regresar a ellos se convierte en asombro, en remordimiento por no haber sabido recordar bien.

Qué duda cabe de que Pereira es una patria a la que volver, que siempre nos recibirá con los brazos abiertos, y, lo que es más importante, permanecerá siempre ante una nueva mirada colmada de cosas nuevas para darnos.

Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: guía a la lectura

Por Raquel de la Varga Llamazares

A continuación veremos unas pinceladas de algunos de los rasgos más destacados que Natalia Álvarez Méndez y Ángeles Encinar señalan con mucha inteligencia en el prólogo de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices. Esta antología pone el foco en la admiración que gran parte de la nómina de narradores jóvenes españoles sienten por el maestro Pereira a partir de los comentarios a sus cuentos que cada uno ha elegido. José María Merino, Soledad Puértolas, Patricia Esteban Erlés, Eloy Tizón, etc., son solo algunos de ellos.

Aunque en vida obtuvo reconocimientos literarios tan importantes como el Premio Fastenrath de la Real Academia Española o el Premio Leopoldo Alas, la selección para el Nadal así como el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de León o el Premio Castilla y León de las Letras, entre muchos otros a su poesía, nos sigue pareciendo que la atención que ha tenido por parte de los lectores es insuficiente. La humildad con la que trató su propia obra puede que sea una de las principales causas de su olvidó en nuestra ciudad. Especialmente son muchos los amigos y lectores que lo recuerdan y lo reivindican, pero aún falta una reivindicación de su calidad literaria, algo que no tiene nada que ver con la admiración y el respeto personal que todos los que lo conocieron muestran hacia su figura. 

El cuento literario español, aunque olvidado en las historias y manuales de la literatura española, vivió su auge de manera paralela al auge del cuento de Antonio Pereira durante los años 90, especialmente en revistas dedicadas a este género como Ínsula o Lucanor, publicaciones en las que muchos de sus relatos vieron la luz. En numerosas ocasiones, sus cuentos fueron fruto de artículos y análisis de teóricos tan importantes sobre el cuento cOmo Fernando Valls, José Luis Martín Nogales o la propia Ángeles Encinar, que incluyó en su Antología de cuento español contemporáneo de la editorial Cátedra “La barbera alemana” como texto representante de la generación del medio siglo. El hecho de que tanto Ángeles Encinar —una de las estudiosas más importantes sobre cuento español contemporáneo y actual— como Natalia Álvarez Méndez —quién ha dedicado gran parte de su investigación a la narrativa de autores leoneses— así como la nómina de grandes y reconocidos narradores, jóvenes y ya consolidados dedique una edición comentada a los cuentos de Pereira nos da una idea de que una década después de su muerte sigue suscitando un gran interés tanto para la crítica como para los escritores generacionalmente posteriores, a quienes ha influido y quienes lo reconocen como un escritor relevante para su propia obra. 

Este formato nos permite, primeramente, leer y conocer a escritores del panorama actual que, conozcamos o no, estaremos leyendo, aunque en su sentido más personal. Especialmente para los socios del club resultará llamativo leer las impresiones de autores como Lara Moreno, Ricardo Menéndez Salmón o David Roas, a quienes nos hemos acercado en otras ocasiones, mostrando su admiración por temas o géneros que en nada relacionábamos con ellos. Pero fundamentalmente lo que nos permite es ampliar nuestras perspectivas sobre la significación de los cuentos. Cuatro ojos siempre ven más que dos, y por lo tanto, sus interpretaciones nos pueden ayudar a comprender y a ver aristas que permanecían ocultas para nosotros.

 

Sobre el autor y su obra

AFIRMACIÓN DE VECINDAD

Soy de una tierra fría, pero hermosa.
Aquí la nieve, la esperanza helada
de que se alumbre cada madrugada
el destino difícil de la rosa.
Y me basta. Me basta si esta rosa
que al fin ha de nacer inmaculada
se la puedo decir a quien me agrada,
a quien conmigo va; y en mí reposa.
Queden en el dorado mediodía
la pronta floración bajo otros cielos
y los mares de lunas navegables…
Yo, con vosotros. Dando cada día
testimonio de cómo entre los hielos
abre el amor sus minas imborrables.

En este poema titulado “Afirmación de vecindad”, soneto originalmente publicado  en su poemario El regreso (1964) y especialmente en su último terceto,  encontramos toda la esencia humana y literaria sobre la que se sostiene toda la obra de Antonio Pereira. “Yo, con vosotros”, el verso que representa el profundo humanismo que demostró no solamente en la poesía, sino también en la novela, el cuento o el artículo periodístico, los varios géneros que cultivó a lo largo de su vida. Como sabemos gracias a entrevistas, Antonio Pereira siempre quiso ser fundamentalmente poeta, y sin embargo, en el terreno lírico no fue todo lo innovador que sí que resultó en el cuento, convirtiéndose en uno de los más insignes  y mejores cuentistas en lengua castellana del siglo XX

El 13 de junio de 1923 nació Antonio Pereira en Villafranca del Bierzo.  Su origen familiar entre el comercio y el mundo del hierro así como su esencia Villafranquina no lo abandonarían nunca. Como reza el propio título de uno de los mejores relatos de su volumen publicado en el año 2000 Cuentos de la Cábila siempre llevo por insignia su origen humilde, enorgulleciéndose de ser “un chico de la cabila”. Además de las tardes que pasó de niño en la imprenta de su tío en contacto con los libros, son otros dos los hechos que condicionaron su particular inclinación por las letras: primeramente el haber podido acudir como alumno a la escuela de Manolo Santín, y en segundo lugar, el haber sido un niño miope, apartado de los juegos violentos de los otros niños, condicionado a apartarse para desarrollar una lectura solitaria. 

ESE NIÑO QUE MIRO Y QUE ME MIRA

[…]

Repliego la mirada hacia mi hondura
y es un niño sin voz lo que contemplo.
Torpe para nadar, le duele el agua.
Torpe para los saltos y los juegos.
-Torpe, torpe…-le dicen.
Y él me mira.
Tiembla una luz delgada entre sus dedos.
Nunca se alzó bastante hasta los nidos.
Torpe, si no era en alcanzar los sueños.
Agua miope y dulce va a sus ojos.
Yo me conozco naufragando en ellos.
(Situaciones de ánimo, 1962)

El profundo autobiografismo que caracteriza a su obra, más como juego entre él y el lector que como un mero mecanismo de verosimilitud, es uno de los rasgos más destacados especialmente en la cuentística; de ahí que el mundo comercial así como las circunstancias históricas entre la Segunda República la Guerra Civil el franquismo o la transición, la vida y las tertulias literarias de las que participaría en su madurez hayan sido el telón de fondo de sus cuentos, muy reconocible especialmente para los lectores leoneses y amigos. Es por ello también qué Villafranca del Bierzo, Lugo, León, o Madrid sean las localidades y los referentes reales en los que se localizan gran parte de sus historias desde la niñez. Por ejemplo, Cuentos de la Cábila, refleja las principales vivencias personales y colectivas de sus primeros años como un niño de la guerra y las consecuencias que esta tuvo en un pequeño pueblo como Villafranca del Bierzo. Las circunstancias vitales le llevaron a continuar con la estela familiar y el negocio de ferretería de su padre, incluso con la oposición de maestro nacional aprobada, y es que su primer empleo fue el de viajante de comercio, profesión que, por cierto, desempeñan varios de sus personajes. 

A los 28 años se casó con la que sería su mujer hasta el día de su muerte y la inspiradora de textos tan conocidos como el poema “Úrsula ciudad” o el cuento titulado “El síndrome de Estocolmo”. Una vez afincados en León y tras la prosperidad del negocio que les permitiría  vivir holgadamente, se dedicaron a viajar a países cercanos como Francia o Portugal así como a otros como Rusia, Jordania, Israel, Puerto Rico o Brasil, lo que alimentaría su cosmopolitismo literario. Sin embargo, como buen homo viator para él la vida es un viaje, viaje que no tiene sentido sin la idea del regreso, por eso se convierte este en un motivo literario omnipresente en su literatura.

En los años 60  comenzaron a vivir entre León y Madrid, dedicándose de lleno a la vida literaria. No quiere decir esto que la concepción de la literatura que mostró Antonio Pereira fuese la habitual, sino que se dedicó a leer y a conocer a escritores, a participar en tertulias literarias, pero sobre todo para escribir lo que quiso y de la manera en la que el quiso, algo que especialmente sus cuentos ponen de manifiesto y es que, aunque se le considera integrante de la Generación de los 50 o también llamada del medio siglo, a cuyas motivaciones responde su obra, lo hizo siempre más allá de dictados o de modas literarias. Siempre se suele decir que, aunque partan de anécdotas cotidianas, sus cuentos no son especialmente fáciles, sobre todo si tenemos en cuenta la ironía o el humor que solamente un lector avezado sabrá interpretar. Pedro Ugarte, en su comentario dentro de Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, se refiere a esa dificultad propia de autores como Pereira o Chejov, escritores de cuentos en los que parece que no pasara nada, cuentos con final abierto. Esos cuentos “donde no ocurre nada son cuentos fatales”. Como el propio autor manifestó en el prefacio a su antología titulada Cuentos para lectores cómplices (1989), en un guiño a Julio Cortázar, lo que escribía no estaba pensado para una mayoría, sino para los lectores que estuviesen dispuestos a entrar en su juego literario.

Como hijo de su tiempo, tras su primer libro de cuentos Una ventana a la carretera (1967), ambientado mayoritariamente en el mundo rural de provincias, participo en los años 70 del afán experimentalista, especialmente imbuido —más que por los españoles como Benet o Martín Santos— por los escritores hispanoamericanos por los que siempre demostró una profunda admiración, como Cortázar o especialmente Jorge Luis Borges. Una muestra muy evidente de ello es el cuento titulado “Las erotecas infinitas”, así como el relato que da título al volumen del que del que ambos forman parte, un texto injustamente olvidado dentro de su producción cuentística: “El ingeniero Balboa“. 

Otro aspecto que no hay que perder de vista es que, especialmente desde niño, quiso ser periodista, como le dijo al entonces director del Diario de León Filemón de la Cuesta en el año 1936, con solamente 13 años, pidiéndole el carnet de periodista. A lo largo de su vida escribiría en prensa artículos de opinión entre los que destaca la colaboración con el diario La Vanguardia  a través de la columna de opinión titulada “Oficio de mirar”. Este rótulo, elegido en numerosas ocasiones como título (en artículos, publicaciones, tesis doctorales o en el recientemente publicado volumen que contiene sus diarios) resume uno de los aspectos más destacados de su poética. Ese oficio de mirar nos remite a la observación directa de la vida, de los hechos en apariencia más sencillos y cotidianos, casi anecdóticos, de los que parten mucho desde sus cuentos. Pero esto no debe llevarnos a engaño porque es precisamente a través de su mirada humanizadora y profunda, por lo que a partir una anécdota es capaz de recrear una historia de profundo calado cómo lo es, por ejemplo, “La enfermedad”.

Como a tantos otros autores de su generación, a Antonio Pereira se le ha definido por su escritura realista, en ocasiones mal tachada de costumbrista, lo cual no es incompatible con el cultivo de la literatura no mimética, un aspecto qué ha pasado desapercibido en los análisis de su obra, y que sin embargo destaca en algunos de sus cuentos (“El señor de los viernes” y “Teoría y práctica de las islas”).

Como ya se ha adelantado, el humor, un humor muy fino, a veces próximo al humor negro, caracteriza a toda su obra cuentística, en la que encontrar un texto que participe de un tono verdaderamente dramático es algo excepcional. Por muy dramático que pueda resultar el fondo argumental siempre hay humor (algo que demuestran cuentos como “Obdulia, un cuento cruel” o “El gobernador”). Ese humor es especialmente Cervantino, a través del cual nunca juzga a sus personajes, y que es consecuencia directa de la forma humanista en que trata a sus personajes, y que es lo que convierte a cuántos cómo “Obdulia, un cuento cruel” en una verdadera obra de arte. El humor suele ir también acompañado de una importante carga de erotismo sin caer nunca en lo chabacano, y cuya utilización nos transmite las carencias de una educación sentimental que condicionó o a quienes se educaron en la posguerra, la transición o el franquismo, desde “Una ventana a la carretera” de 1967, pasando por “El ingeniero Démencour” pasando por “Cuadros para una exposición” o “Así empezó Lourido” o “El hilo de la cometa”.

La literatura se convierte protagonista dentro de la literatura a través de diferentes recursos y temáticas, por lo que es habitual encontrar en sus cuentos a personajes lectores, escritores, editores, etcétera, que le sirven como reflexión metaliteraria. Algunos de sus cuentos nos dan una visión concreta puesta en práctica de las ideas literarias del autor con mucha más intensidad de la que mostró en su propia teoría poética, especialmente en entrevistas, o en el ya celebre decálogo para cuentistas que quiso realizar siguiendo la línea  de Horacio Quiroga o Julio Cortázar. “Palabras, palabras para una rusa” es uno de sus cuentos más conocidos, y uno de los cuentos favoritos de quiénes tuvieron la suerte de escuchar al propio Antonio Pereira leerlo. Sin embargo, solemos quedarnos con su contenido más humorístico olvidando la profunda carga en torno al valor y al poder de las palabras. “Picassos en el desván”, “Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos”, “Sesenta y cuatro caballos”, “El toque de obispo” y su último cuento publicado en vida, “Bradomín”, son todos ellos magníficos textos que se sustentan en las reflexiones acerca de la propia literatura. Alguno de ellos es además la demostración de que Antonio Pereira no solo fue un maestro del cuento, sino que también se adelantó al auge del género del microrrelato

Con el paso de las décadas su trayectoria como cuentista se fue afianzando, publicando volúmenes de relatos que han pasado a la historia como Los brazos de la i griega (1982), Picassos en el desván (1991)  o Las ciudades de Poniente (1994). Tras su consolidación en los años 90, publicó dos libros de relatos Cuentos de la Cábila y La divisa en la torre, ya en la década de los 2000. Especialmente este último ha pasado bastante desapercibido tanto para la crítica como para los lectores.

Desde antes de su muerte se preocupó por legar gran parte de su biblioteca así como el legado de su obra a través de la creación de la fundación que lleva su nombre, en la que podemos encontrar mucho material sobre su figura, un gran fondo bibliográfico así como un repositorio institucional (Cábila) en el que acceder a todo lo referente a su obra y a su figura literaria.

Vídeos de entrevistas a Antonio Pereira

 

Reliquias, de Ana Martínez Castillo. Coloquio

La segunda sesión del club de lectura destinada a analizar Reliquias, primer volumen de cuentos de Ana Martínez Castillo, nos ha permitido reflexionar sobre las sensaciones que han generado las composiciones que lo integran. Hemos empezado el coloquio hablando de la estructura tripartita del libro y los nexos temáticos que existen entre los relatos agrupados en una misma sección. Fueron varios los socios que pusieron de relieve que la primera sección, «Ecos», remitía al lector al contacto con el pasado y lo fantasmal, pues los textos resaltaban la vinculación con lo antiguo. Asimismo, se apuntó que la segunda sección, «Reflejos», permitía «vernos reflejados» en los miedos que articulaban los relatos, empatizando mucho con los personajes. En esta parte, los miedos son más cotidianos y las situaciones tienden a participar de la órbita de lo ridículo y absurdo. Finalmente, todos los socios señalaron que en la última sección, «Descenso», se podía apreciar mejor la temática común los relatos. En este sentido, se apuntó la relevancia del inframundo y el más allá como ejes articuladores, así como la presencia continuada del componente religioso.

Una vez abordada la estructura general del libro, empezamos a compartir nuestras opiniones sobre los relatos. Incidimos en las diversas vertientes del miedo que coexistían en la obra. Se mencionó el uso del terror salvaje en «El nido», el relato que más pavor suscitó entre los lectores por su crudeza, el terror macabro que impregnaba la trama de la mayor parte de los relatos y también el empleo puntual de un terror con marcadas dosis de ironía.

Santa Muerte, Laurie Lipton

Sin duda, el relato que más gustó entre el público fue el que da comienzo al universo tenebroso trazado por Martínez Castillo, «Reliquias». Se detallaron las características de ese mundo distópico que desecha lo antiguo y trata de eludir la experiencia del duelo y cualquier tipo de pensamiento acerca de la muerte, por considerar que puede contaminar las mentes de los ciudadanos. Muchos comentarios profundizaron en la caracterización de la Marquesa, personaje que funciona como antiheroína, y en los propósitos de la Hermandad que funda, sin olvidar los homenajes que la ficción guarda con otras composiciones admonitorias ni el papel que desempeñan el resto de personajes, debatiendo incluso el motivo que llevo a la autora a concederles el nombre propio que tienen. «Más allá» fue un relato que también acaparó nuestra atención, puesto que en él el otro mundo aparece concebido como un auténtico lugar de recreación al alcance de todos los ciudadanos, un parque temático que permite a sus clientes visitar a sus muertos más queridos, tratando de mitigan el dolor ante la pérdida. A través del análisis de este texto, varios socios se percataron también del poder subversivo que alberga lo insólito, al poner en primer plano y ofrecer una crítica de elementos inherentes de nuestra sociedad.

Otros aspectos que generaron diálogo fueron los siguientes: el ritmo de la prosa, la variedad de narradores, la técnica o descripción cinematográfica de muchos pasajes y la capacidad de la autora para fusionar variadas referencias literarias del ámbito no realista, principalmente. Respecto al primer aspecto, los socios indicaron que se apreciaba la influencia de la faceta poética de la autora en varios relatos —especialmente en «Reliquias»— si bien ese estilo se va modificando a lo largo del libro, derivando en frases cortas de gran contundencia en la segunda mitad del volumen. Por lo que se refiere a la variedad de narradores y la técnica cinematográfica, se indicó la capacidad creativa de la autora para introducirnos de lleno en el ambiente recreado y empatizar desde las primeras líneas con los personajes. En este sentido, muchos coincidían en cómo se identifica el lector con la madre en las páginas iniciales de «El nido» y en el modo en que, a medida que avanza el argumento, se logra focalizar la atención en la desvalida hija, generando una sensación de indignación y repulsión hacia la actitud de la progenitora. Finalmente, se repasaron algunos de los guiños literarios con los que la autora juega a lo largo del volumen. Todos los socios remarcaron la originalidad alcanzada por Martínez Castillo en «Paciencia», donde se logra una estupenda vuelta de tuerca en relación al cuento de «Caperucita roja». No obstante, coincidimos en señalar que habría más referencias que se nos habrían pasado por alto y que quizás la autora concretaría durante su visita. Ese es uno de los múltiples motivos por los que esperamos impacientes su llegada a nuestro club de lectura.

Las madres negras: coloquio de los socios

(Actualizado  19- diciembre -2018:
Vídeo del  Encuentro de los socios con Patricia Esteban Erlés)

Ayer nos reunimos para debatir sobre las inquietantes cuestiones que propone la lectura de Las madres negras, sin duda una de las obras que más debate e intensidad han provocado en nuestro club. Lo más comentado por todos los socios que esperaban al inicio de la sesión y por lo que no pudieron esperar para comentarlo fue la dureza y lo terrible de lo narrado. Para muchos de ellos, las torturas y el maltrato descrito asociado a ciertas instituciones estaba mucho más cerca que de los más jóvenes por edad, por lo que les llamó especialmente la atención y vivieron era crueldad como algo más cercano y significativo.

El personaje Dios fue unánimemente sorprendente e innovador, algo nada esperado que despertó tanta inquietud como odio, e incluso admiración por su construcción, al igual que las monjas, en cuya maldad todavía algunos buscan un atisbo de humanidad. Destacó también la belleza de Pola, que como alguno de nuestros socios señaló, “no es de este mundo”; aunque por la belleza y el simbolismo de lo que encarnan, los personajes de Mida y de su madre fueron los más destacados: la vida sencilla y sin tapujos en comunión con la naturaleza, la desnudez inocente, la unión irrompible más allá de la muerte entre abuela, madre e hija, todos los tópicos asociados a la brujería bajo la luz indicada.

Hablamos y mucho de la maternidad, porque como señalaba Ana, ‘madre’ es la palabra más importante del libro, desde el mismo título. Un tema tan importante como conflictivo, que evidencia la actualidad de los tapujos y prejuicios sobre un valor que siempre se ha considerado como positivo, y que en la novela es casi siempre frustrado y terrible. El simbolismo de la maternidad y de tantos otros elementos fue junto con la mezcolanza de códigos lo más destacado y complejo. Nuestra compañera Amelia (¡gracias!) nos explicó de forma muy acertada y apasionada su lectura simbólica de la novela que, pese a la sencillez que puedan mostrar lo popular de la tradición mezclada con tradiciones muy diversas, alcanza nuevos y muy ricos significados. La presencia gótica y la contemporaneización de lo popular es ya base de nuestra cultura, y se constituye en la nueva tradición oral y en el imaginario actual. La valoración que se da de lo femenino asociado a la naturaleza, tan presente en la obra, adquiere nuevos valores y sigue resultando extremadamente seductor, y sobre todo inquietante.

Hablamos de eso y de mucho más, como la agencialidad femenina, el papel de la transgresión, del fuerte simbolismo y los muchos niveles de lectura, resultando una de las sesiones más intensas y con más debate.

 

 

Vídeo del  Encuentro de los socios con Patricia Esteban Erlés

Raquel de la Varga Llamazares y Patricia Esteban Erlés

Guía a la lectura: Las madres negras

Por Raquel de la Varga Llamazares

SOBRE LA AUTORA

Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) ha publicado tres libros de relatos —Manderley en venta (2008), Abierto para fantoches (2008) y Azul ruso (2010)— gracias a los que ya ha sido antologada en importantes ediciones sobre cuento español actual, como la publicada en Cátedra por Ángeles Encinar. En 2012 vio la luz su libro de microrrelatos Casa de muñecas, que como los anteriores títulos se editó en la editorial Páginas de Espuma. Al igual que sus cuentos, los microrrelatos de Casa de muñecas han suscitado el interés de muchos estudiosos de la hiperbrevedad y ya son indispensables cuando se habla del panorama del microrrelato en español actual.

En 2017 se anunciaba que Patricia Esteban Erlés era la ganadora del premio Dos Passos a la primera novela, lo que le valió su publicación de Las madres negras en Galaxia Gutenberg este mismo año. Pese a lo reciente de su publicación, ya ha visitado varios clubs de lectura. La autora ya ha confirmado que está escribiendo su segunda novela.

Además de a la creación literaria, Patricia Esteban Erlés es docente de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria y Bachillerato e investiga lo sobrenatural y la magia en la ficción caballeresca del siglo XVI.

SOBRE LA OBRA

Antes de entrar de lleno en el resto de elementos narrativos, quizá resulte conveniente partir de dos cuestiones que vertebran y condicionan la lectura de la novela: el foco narrativo y el tiempo de la historia.

La novela dividida en tres secciones se divide a su vez en breves capítulos, cada uno de los cuales está centrado en un personaje. El narrador omnisciente (en tercera persona) de forma espacial va centrando el foco narrativo, como una cámara de cine, en los diferentes personajes que habitan en el universo de Santa Vela. Lo primero que sabemos es que una niña se ha escapado de este convento-casa encantada, a partir de lo que  Aproximadamente los ⅔ de la obra se convertirán en un recorrido analéptico por cada uno de estos seres, con continuos saltos en el tiempo que nos explican quiénes son y por qué están ahí. A partir de cierto punto la narración empieza a tomar un sentido temporalmente lineal hasta la última página, idéntica a la primera, culminando así también en un sentido circular, cargado ya de sentido lo que se nos cuenta en el inicio, que a la vez es el final del tiempo de la historia.

HIBRIDISMO GENÉRICO

Otra de las cuestiones que más destacan y que vertebran toda la significación de la obra es su increíble hibridación de motivos y géneros.

Lo más presente es sin duda la raigambre gótica, algo que ya era un elemento sobresaliente en su anterior obra, Casa de muñecas. Ya entonces los motivos clásicos se subvertían a través de la relación entre el espacio de la casa y la agencialidad de los personajes femeninos. En Las madres negras nos vamos a encontrar una ambientación plagada de imaginería gótica, pero a diferencia de los microrrelatos anteriores, no hay ni un atisbo de humor, ironía o elementos grotescos. 

El gótico ha pervivido y se ha adaptado a los tiempos y a espacios muy diversos desde sus orígenes más clásicos en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. Sin entrar en debates sobre su categorización genérica, es indudable que en una autora como Patricia Esteban Erlés se rastrean con mucha facilidad motivos y elementos de raigambre gótica, especialmente la eterna lucha entre el bien y el mal y el espacio narrativo por excelencia de este tipo de historias: la casa encantada.

Santa Vela es un orfanato de monjas que a la vez es una mansión encantada con tanta vigencia que se convierte en un personaje más, capaz de tomar la voz narrativa y de contar su historia. Como cualquier castillo, abadía o mansión gótica se convierte en un espacio cerrado, oscuro, claustrofóbico; está lleno de pasadizos, puertas que no llevan a ninguna parte, mazmorras y celdas oscuras, es todo ello un laberinto infernal y una cárcel para sus moradoras. En la novela, las madres negras son monjas auto ordenadas que siguen los dictados de un Dios personificado y cruel, un personaje más de la novela. Lideradas por la hermana Priscia, recogen a las huérfanas que van a parar allí y les despojan de todas sus pertenencias y hasta de su pelo y su nombre, les dan un saco como vestimenta y les obligan a trabajar en condiciones extremas.

La muerte, el dolor físico y moral, la tortura, todo ello está muy presente y todo ello cuenta con antecedentes preclaros y sigue siendo constante en el gótico contemporáneo a cualquier texto, sea cual sea su lugar de procedencia y su época.

Resulta muy interesante reflexionar sobre los rasgos inherentes a obras góticas fundacionales como El castillo de Otranto y su pervivencia y subversión en la novela, por ejemplo, los personajes tipo que se encuentran en este tipo de novelas. No puede faltar el villano, un hombre despiadado, mortal o sobrenatural, siempre en contacto y dependencia del mal que puede tener incluso origen satánico. Este varón cruel está íntimamente relacionado con otro de los personajes tipo, la heroína, a quien maltrata de todas las formas posibles. Esta dama es por supuesto cándida y virginal, al igual que su correlato masculino, el caballero, quien resulta un dechado de virtudes. Tampoco puede faltar la mujer fatal, cruel y ambiciosa, los criados, y hasta clérigos impíos y avaros.

Nunca hay que perder de vista que este tipo de producción literaria surgió en un contexto muy determinado con el fin de contraponer a la razón imperante todas las creencias sobrenaturales y paganas que no son más que el reflejo de uno de los miedos inherentes al ser humano: la muerte. La lectura social que se deslindaba se mantiene vigente, demostrando que el gótico allá donde se implante, mantiene su carácter subversivo y sus monstruos siguen desestabilizando también las normas morales y sociales. No obstante, casi siempre el equilibrio que se rompía durante la obra se restauraba al final, generalmente con una resolución de corte racionalista. Lo que subyace a la aparición de seres espectrales y de todo tipo de elementos terroríficos es la latencia de un secreto o un pasado que atormenta, que vuelve para buscar una reparación. El fantasma, motivo que ha pasado a ser también clave dentro de la literatura fantástica, continúa con una gran vigencia en la actualidad con claves comunes (y otras no tanto) a los fantasmas del gótico: buscar venganza o ayudar a imponer justicia.

LOS CUENTOS DE HADAS

De forma absolutamente compatible y solapada a la imaginería gótica, los mismos personajes y elementos que nos encontramos en la trama nos recordarán a los cuentos populares, especialmente a los cuentos de hadas.

Este tipo de narraciones, que se suelen enmarcar en una indeterminación temporal y espacial, también tienen sus personajes tipo y toda una serie de motivos folklóricos con una gran repercusión literaria. Los elementos sobrenaturales vistos de forma cotidiana natural como las brujas, los duendes o los animales parlantes. Pese a nuestra creencia distorsionada por el cine, sus historias no tenían en la mayor parte de los casos un final feliz.

Aunque en Las madres negras los personajes no están en absoluto polarizados, vamos a encontrar reflejos de ciertos arquetipos como la bruja, el príncipe azul, madrastras, hermanastras, un lobo y hasta un hada madrina.

EL MITO

Otro de los niveles de lectura nos puede traer a colación diversos mitos de la tradición occidental. Dos muy evidentes a tener en cuenta son el de Edipo y una parcela muy concreta de las aventuras amorosas de Zeus.

El padre de Edipo, rey de Tebas, recibió un vaticinio al nacer que anunciaba un futuro terrible para su familia: el recién nacido acabaría matando a su padre y casándose con su madre. Layo decide llevarlo muy lejos y lo deja con unos padres de origen humilde creyendo que así podría escapar de su destino.

De entre los “escarceos” extramaritales del rey de los dioses olímpicos destacan los raptos por la fuerza de sus presas. Leda, Europa y Ganímedes son las tres víctimas por excelencia a las que fue capaz de tomar a través de la transformación animal. Zeus se valía de convertirse en toro o cisne para llevarse a su grupa a su objeto de deseo. Una vez transportado lejos de donde pudiera escapar, recuperaba su forma original y lo tomaba por la fuerza.

EL REALISMO MÁGICO

A los lectores más avezados no se les escapará que hay un capítulo en el que se puede establecer un paralelismo con obras tan clásicas del Realismo mágico como Cien años de soledad o Como agua para chocolate. La clave está en uno de las estrategias de esta estética: la construcción hiperbólica.

LO FANTÁSTICO

Aunque la presencia de lo sobrenatural es constante en toda la novela, pero no se percibe siempre de la misma forma: frente a la naturalidad con la que los personajes asumen ciertos hechos que nos traslada a lo maravilloso, hay un pasaje en el que lo irracional se vuelve inquietante, desestabilizador, mucho más sutil.

LA MONSTRUOSIDAD

El monstruo es uno de los motivos más interesantes y con más pervivencia de la literatura universal. Cada época y cada sociedad tienen los suyos. El monstruo generalmente ha permanecido fuera de las ciudades y pueblos, lejos de lo moralmente aceptable. Porque el monstruo provoca terror ante quienes lo contemplan, y eso puede proceder de una monstruosidad física: los seres híbridos y las bestias eran los monstruos favoritos de la tradición occidental, hasta que en un determinado punto dejaron de ser físicamente infames, y su monstruosidad pasó a proceder también de sus actos. Poco a poco el monstruo se fue adentrando en nuestras casas, y cualquiera podía ser uno de ellos, o incluso nosotros mismos.

El arte en la actualidad no deja de darle vueltas a este tema y parece que invita a reflexionar constantemente para preguntarnos quién es en realidad el monstruo.

LAS GENEALOGÍAS FEMENINAS

Tradicionalmente en la historia de la literatura, las relaciones entre madres e hijas, o incluso entre hermanas, han sido por definición conflictivas. De hecho, hasta hace pocas décadas prácticamente no podíamos encontrar ejemplos de verdaderas y profundas relaciones positivas de hermanamiento entre personajes femeninos. Por el contrario, hemos oído y visto a lo largo de los siglos infinidad de ejemplos de camaradería, lealtad y todo tipo de sacrificios que tienen que ver con la amistad de los personajes masculinos. En las últimas décadas, al menos en la narrativa española, está habiendo una tendencia a reforzar las genealogías femeninas, mostrando clara conciencia de sororidad.

La obra de Patricia Esteban Erlés es un buen muestrario de odios y enemistades entre personajes femeninos, hasta el punto de ser uno de los temas con más presencia. Nos encontramos con frecuencia el mundo de la infancia con toda su crueldad, al igual que el de la maternidad, mostrando su cara menos idílica.

Preguntas de guía a la lectura

De todos estos motivos, personajes y subgéneros, ¿qué encuentras en la novela?, ¿te parece que hay algún personaje que pueda simbolizar muchas cosas a la vez?

¿Qué te parece la noción de maternidad que se transmite en la novela?, ¿hay algún caso que te llame la atención?

Hay muy pocos personajes masculinos, ¿hay alguno que te llame la atención?, ¿por qué?

Los valores y personajes positivos ligados a la transgresión aparecen de forma excepcional en la novela. ¿Te ha llamado la atención algún personaje por este motivo?, ¿qué crees que significa?

¿Qué crees que representan las muñecas?

¿Dónde ves monstruosidad en la novela?

 

Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés (Raquel de la Varga Llamazares para  tULEctura )

Coloquio de los socios: La condición animal e Invasión

En la última cita de nuestro club de lectura hemos disfrutado desentrañando los relatos de Valeria Correa Fiz y David Roas, dos autores que manifiestan su proximidad hacia lo sobrenatural, aunque con premisas muy diferentes.

La autora argentina nos ha hecho reflexionar sobre la brutalidad y la animalidad inherente al ser humano a partir de su primer y único libro de relatos, género que hasta ahora no había publicado, siendo conocida especialmente por su obra poética. Desde el título –La condición animal– nos pone tras la pista de la maldad que subyace al ser humano y sus motivos.La hermosísima ilustración de la cubierta de Daria Petrilli, ha generado sensaciones muy diversas, todas ellas resumidas y canalizadas en cierta sensación de inquietud, aglutinando el efecto que genera cada uno de los cuentos.

A todos ha sorprendido y dejado sin aliento “Una casa en las afueras”, el texto que abre el volumen y que da buena cuenta de la brutalidad física de la que todos somos capaces cuando hemos perdido todo, así como “La vida interior de los probadores”, evidenciando hasta qué punto esa violencia puede estar relacionada con los impulsos sexuales.

Pero no toda violencia tiene por qué ser física, de ahí que un cuento como “Invasiones” haya suscitado tanta inquietud ante la trama aparentemente más superflua que entremezcla lo banal y preciosista que esconde tras de sí una lectura histórica mucho más profunda, y que debe leerse en clave fantástica. De ahí se deslinda otra de las claves a la hora de leer La condición animal: la presencia de lo insólito, a veces con tintes oníricos. Tampoco podía faltar la denuncia social, tanto en los textos más realistas como en los que aparece elemento insólito, especialmente en “Leviatán”.

Los socios del club no han dudado en señalar sus textos favoritos, cada uno conmovido por algún aspecto diferente. Por ejemplo, “Una casa en las afueras” por lo poco esperable y lo brutal de su argumento; “Aún a la intemperie” por su originalidad técnica, y especialmente “Nostalgia de la morgue”, conmoviendo a unos y otros por la honda psicología de su protagonista Aldo, dejando un poso de humanidad y esperanza en medio de la banalidad de la vida.

Roas nos ha dado un respiro gracias al humor que empapa todos sus textos y que hace las delicias de los amantes de la literatura fantástica y de terror. Su doble faceta de crítico y creador es palpable en todas sus historias hasta el día de hoy, algo que no se deja de ver en Invasión. Esta es uno de los rasgos que más se ha destacado de sus cuentos: el homenaje constante a otros autores, motivos, personajes y películas que permanecen en nuestro imaginario colectivo.

En el aniversario de la publicación de Frankenstein nos regala uno de los tantos homenajes a la creación de uno de los monstruos más célebres de la literatura universal, y que precisamente no deja de suscitar en los lectores la pregunta sobre esa supuesta monstruosidad.

Además de satisfacción en el reconocimiento y el enriquecimiento de las lecturas gracias a la intertextualidad, el lector no puede evitar asentir con la cabeza y sorprenderse ante cuentos como “La casa vacía”, algo que solo los más fehacientes lectores sienten al finalizar el texto. Esta satisfacción ha sido mayúscula tras la lectura de “Amor de madre”, ya que tras la visita de Cristina Fernández Cubas a nuestro club de lectura en una de las pasadas ediciones tras la publicación de La habitación de Nona, no dejamos de preguntarnos por los personajes de “Hablar con viejas”, cuento que fue muy comentado. Gracias a Roas, ahora sabemos la respuesta.

Las historias a veces terroríficas a veces más cotidianas nos pueden hacer reír a carcajadas como en “Hambre” o “Cerezo rosa”, pero siempre con una lectura que va más allá de lo sobrenatural y que no deja de sembrar una sensación de inquietud que permanece según pasan las horas. Porque no hay nada más inquietante que seres diminutos en la alfombra, pero nunca tanto como una relación tóxica al extremo entre madre e hija, capaz de eclipsar y anular cualquier posibilidad de salvación. O como en “Invasión”, ¿quién no ha sentido escalofríos al imaginar insectos entrando y corriendo por placer dentro de nuestro organismo? Pues siempre se puede ir un paso más allá.

Pero de entre todo destaca la paternidad que condiciona la óptica de David Roas ya en obras anteriores, y que en un cuento como “Altruismo” le da una vuelta de tuerca a la eterna relación entre humano perseguido y asediado por los zombies a la que nos tiene acostumbrado el cine y las series de televisión. Después de todo, y cuando ya no queda nada, el sentido del humor puede ser nuestra vía de escape.

 

 

 

 

 

Los atacantes: coloquio participativo de los socios (II)

Es innegable que, dejando a un lado lo metaliterario, hay en Chimal una gran preocupación social y personal que -bien en primer plano o como complemento de algo más- siempre acaba eclipsando al supuesto referente clásico para darle otra vuelta de tuerca y provocar terror, aunque diferente y la vez cotidiano.

El mejor ejemplo lo hallamos en el último relato, donde la inmortalidad y sexualidad de las vampiresas clásicas deja paso a otro otro tipo de peligros. La representación del vampiro unida a unas breves alusiones espaciales al norte de México producen en la cabeza del lector asociaciones inequívocas que nada tienen ya que ver con la vida eterna sino con el sufrimiento eterno, con el sometimiento sin fin que el sistema -el gran vampiro chupasangre de nuestro tiempo- produce en sus víctimas. Aunque hay por el mundo alante toda una estirpe de vampiros emparentados, la crudeza de la la realidad que circunscribe a determinadas zonas de México como Ciudad Juárez no deja de ser la alegoría vampírica del mal que devora y mata sin piedad.f9720e92f0ef8f87858a76e6984029dd

¿Nos planteamos alguna vez hasta qué punto estamos sujetos a un modo de vida que, en los peores casos oprime, explota y deja indefensos a los más vulnerables, a “la gente buena”? ¿Hasta dónde llega nuestra alienación para que no nos quite el sueño saber que el vampiro está ahí, en su castillo, mientras nosotros (silenciados) nos sabemos con la posibilidad de luchar contra él con una estaca en cada mano? La continuidad del espacio y del tiempo, la atemporalidad del vampiro, la pérdida de la memoria de sus súbditos, memoria de la dominación, facilita que un personaje como el vampiro provoque el miedo a las injusticias que nunca tendrán fin.

Un clásico como la versión literaria de El exorcista ya dejaba claro hace tiempo que el demonio no tiene nada que hacer contra el poder de la mente humana, capaz de hacer levitar un cuerpo y de hablar lenguas muertas fingiendo una posesión ultraterrenal. No son pocos los thrillers psicológicos basados en los juegos de identidades que nos engañan y que evidencian que los trastornos de identidad son un mal que no solo es propio de la gran pantalla. De lo uno y de lo otro hay en el primer relato de Los atacantes “Tú sabes quién eres”,  pero con una novedad en cuanto al verdadero trasfondo de este tema omnipresente en nuestros días como es la identidad. Destaca especialmente el juego de narradores y el lenguaje, que acaba siendo la vía que evidencia el trastorno identitario que sufre el personaje-narrador, pues del tú al yo hay a veces una distancia ínfima, y la perspectiva de hechos y vivencias se precipita hasta que la protagonista se acaba fagocitando a sí misma.

Como la protagonista, tú, obviamente, sabes quién eres. Tienes un nombre, apellidos, DNI, memoria. Pero también es muy posible que poseas una red social, un correo electrónico, una serie de gustos que has hecho públicos así como puede que también tus opiniones políticas. Tus amigos están más cerca de ti que nunca, y gracias a sus fotos y comentarios puedes saber de ellos más allá de la distancia, y ellos también de ti. Queramos o no todos somos partícipes, 960c3dc301d9d2bb70bf87a325eac118responsables en la mascarada virtual de la que o formas parte, o de lo contrario no existes (de ahí que a nuestra protagonista tenga que reabrirse la cuenta que se había borrado para anunciar que va a dejar de ser alguien).

¿Dónde está el límite de nuestra privacidad? El texto nos pone tras el peligro más evidente que acucia a la protagonista del relato, ya que el acoso nunca ha sido tan fácil como lo es ahora. Sin embargo, exhibimos lo que somos, nos vendemos como producto de mercado a empresas que utilizan nuestros datos para sus estudios de márketing. Toda nuestra vida está en la red, de donde nunca podremos borrar lo que ya está escrito. Por otro lado, ¿de verdad tiene algo que ver con nosotros el individuo sonriente de nuestra foto de perfil, o es como nos gustaría que los demás creyeran que fuésemos?, ¿cómo es posible que nunca haya habido unas herramientas de comunicación tales como las que hay en nuestros días, y que sin embargo nunca hayan existido tantos problemas de aislamiento, comunicación, personalidad y soledad como los que está habiendo?,  ¿no son todas nuestras demostraciones públicas una forma de llamar la atención, de paliar una verdadera indefensión, de esconder un sentimiento de soledad?, ¿hasta qué punto no llega la obsesión por mostrar una imagen diferente de uno mismo a parecerse a una posesión y a un ataque contra uno mismo que termina por hacernos dudar sobre quien de verdad somos?

De entre las denuncias sociales que pueden apreciarse de forma más o menos sutil a lo largo de la obra destacan aspectos como la discriminación de género. La exhibición del cuerpo y su importancia en la configuración de la identidad es especialmente relevante desde una perspectiva de género, algo que se refleja en los cambios de imagen constantes que realiza la protagonista tratando de cambiar. Por otra parte, cuando hablamos de acoso a través de internet es inevitable pensar en un primer momento en el acoso a menores, pero sobre todo el acoso sexual a mujeres. La juego narrativo del primer relato se sostiene sobre una confusión entre narradores unida al acoso sexual virtual que sufre la protagonista. Más allá de la ambigüedad en la posible interpretación del lector con la que juega Chimal las alusiones sexuales son explícitas, y el miedo que se refleja es el que proviene del acoso contra la 4427d37e616754e7f84928aeafcc8b23intimidad y contra la integridad física. Los referentes nos resultan cotidianos: la mujer que es ignorada por la policía ante la ausencia de pruebas (situación que se repite y se agrava en  “Connie Mulligan”), la indefensión ante el violador, la protección de otras mujeres, etc.  Tampoco la violencia de la que se habla en “Él escribe su nombre” tiene carices neutrales, ni mucho menos el tratamiento que el protagonista hace de los personajes femeninos.

En un tono cargado de ironía, aunque igualmente desasosegante  “Connie Mulligan” nos presenta una situación delirante con seres extraterrestres que trasluce una realidad aún más delirante sin necesidad de amenazas alienígenas, la desesperación cotidiana del tráfico de influencias que están alojadas a cualquier nivel de nuestra sociedad, una sociedad llena de corrupción, amiguismos en la que que definitivamente “los locos tienen el poder”. En una galería del terror no pueden faltar los fantasmas, tanto en su dimensión más clásica (“Él escribe su nombre”) como en una más contemporánea a través de un personaje con referente real como el carablanca. La violencia se convierte en protagonista en “Aquí se entiende todo”, una violencia tan cotidiana que, deglutamos a diario mientras vemos el telediario acompañando nuestras lentejas. El motivo del monstruo resulta ineludible para hablar de la violencia, de lo que somos, de que la apariencia terrorífica que nos ayudaba a identificar a estos seres se ha diluido hasta el punto de vivir rodeados de ellos, solamente reconocibles por sus actos. 

 

Los atacantes: coloquio participativo de los socios (I)

Los fantasmas, vampiros, muertos vivientes y toda la galería de monstruos clásicos que se nos puedan ocurrir ya no nos dan miedo, como tampoco nos da miedo lo que lleva Mia Farrow en el vientre en “La semilla del diablo” ni Jack Nicholson con cara de loco en “El resplandor”. Las historias de fantasmas siempre tuvieron un trasfondo que ahora no somos capaces de leerab59b3996a307788a33738ea04269238 entre líneas y que escondía lecturas sociales. Alberto Chimal recupera esa función del miedo, y a través de los siete relatos que componen Los atacantes nos hace reflexionar sobre los monstruos cotidianos que a veces encontramos dentro de nosotros mismos.

Para ser honestos con la verdad reconocemos que esta lectura (si no ha sido la que más) ha suscitado una gran participación en el coloquio, de ahí que por la calidad y variedad de voces e ideas que pudieron oírse se van a publicar dos post al respecto. Aunque lo metaliterario fue lo último de lo que se habló, empezamos por los dos cuentos que giran en torno a la creación literaria y que son además de gran valor literario.

La sombra de Bolaño es muy alargada

En el ámbito de las letras hispanas se ha hablado mucho de la paradoja que encarnó Cervantes lamentándose por su mala suerte para componer verso y siendo a la vez el “inventor” de la novela moderna. Salvando las distancias, seguramente el pobre Bolaño nunca pensó mientras cometía las excentricidades que nos cuenta en “Los detectives salvajes que los escritores 21751669aea3a3493d11d65409f9eed8actuales -sus casi contemporáneos- pasarían a formar parte del eterno retorno literario y a luchar contra el mordisco de su gran influencia como él lo hizo con la de Octavio Paz, y otras grandes Celebridades.

El narrador de Chimal se convierte en el Juan García Madero del siglo XXI, en un salvaje de facto que quiere vivir la vida literaria como la Celebridad. Una paradoja dentro de otra paradoja. El viaje trasatlántico que realiza lo que queda del cuerpo de Bolaño en la bodega de un barco (como Drácula en su día) acaba volviendo a la vida y devorando entrañas sin mirar a quién. Por su inmortalidad podría haber sido un vampiro, pero por lo peligroso del mordisco de su influencia tenía que ser un zombi. Quién sabe si en algún lugar del cosmos, en un  círculo del infierno de Dante estarán Bolaño y Octavio Paz de alguna forma, quién sabe si  no nos miran y ríen.

El fin del mundo es un lugar poético

Por unanimidad tULEctura declara “Arte” como el mejor cuento de la obra, o al menos el que más ha gustado. Destacan sobre todo la estructura, el tratamiento del tiempo y del espacio y el tono poético con el que el apocalipsis puede llegar a parecer un baile perfectamente coordinado al que cada uno pone su banda sonora. “Arte” es la evidencia de que la historia del48764ed21a75e2848a5c196c075b25d3 mundo puede resumirse en los dos últimos habitantes de la tierra.

A las sugerente imágenes evocadas y a todo el plano formal hay que añadirle la fuerza de la alteridad, de las perspectiva, reina del relato. La función del arte se sublima por tanto en el hecho de completar nuestra visión del mundo, de comprender el todo en cada cosa y el que el mundo pueda acabarse a las 7 de la tarde y a todas horas. Cada texto bien construido es un mundo dentro del mundo, y el poeta verdaderamente un demiurgo que nos hace comprender un poco mejor el aleph borgiano.

Puesto que esto es un espacio dedicado a la literatura es de justicia que hagamos una concesión al sentimentalismo que nos ha transmitido el cuento. Sin exageraciones, “Arte” es un cuento leeríamos mil veces deseando que fuera la primera vez. Es un cuento que da sentido a cada minuto que dedicamos al arte, ganando así un minuto de vida.