Por Sandra García Gutiérrez y Miriam López Santos
La novela Cumbres borrascosas (1847), de Emily Brontë, ha sido “redescubierta” por los miembros del club de lectura. Los socios han reflexionado sobre las diferencias entre la novela y sus adaptaciones cinematográficas, así como sobre las distintas interpretaciones que han realizado de ella a lo largo de sus vidas. También se ha analizado la traducción de Alejandro Pareja Rodríguez, ilustrada por Sara Morante y publicada en la colección Alma Clásicos Ilustrados, aunque los participantes han recurrido a distintas versiones. De este modo, la traducción y su influencia en la recepción de la obra, cuyo título original es Wuthering Heights, han ocupado un lugar central en el debate.
El coloquio partió de la idea de que la novela va más allá de una historia de amor para adentrarse en un universo de pasiones y, sobre todo, de obsesiones. Estas llevaron a debatir sobre la presencia del fantasma en la obra, una figura compleja y difícil de definir, pero cuyos ecos góticos resuenan a lo largo de la trama. Asimismo, se abordó el papel de los narradores, cuya falta de objetividad condiciona la representación de la vida doméstica en las dos residencias principales: Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos. En este contexto, destacó la figura de Nelly, que desempeña un papel fundamental como narradora y cuidadora de los protagonistas. Sus rasgos psicológicos suscitaron, además, una reflexión sobre el alcance del determinismo en la novela.
La atmósfera de la obra también centró parte de la conversación. Muchos lectores compartieron la sensación claustrofóbica que transmite el relato y la percepción de que una especie de maldición familiar lo impregna todo. Esta impresión no se limita a los espacios cerrados del ámbito doméstico, sino que se extiende a los páramos, donde las condiciones meteorológicas contribuyen a reforzar el aislamiento de los personajes. En cuanto a estos, Nelly, Catherine y la relación de esta con Heathcliff fueron algunos de los principales focos de debate. También se reflexionó sobre el tratamiento de la primera y la segunda generación y sobre cómo la relación amorosa entre Cathy Linton y Hareton Earnshaw permite superar el trauma generacional.
En definitiva, la complejidad de Cumbres borrascosas y la ambigüedad moral de sus personajes, cuyas acciones siguen suscitando controversia, contribuyen a explicar el creciente reconocimiento de la novela durante los siglos XX y XXI, más allá de su recepción en el XIX. Su capacidad transgresora y la posibilidad de regeneración que plantea el desenlace siguen despertando el interés de los lectores.