Por Sandra García Gutiérrez y Miriam López Santos

Emily Brontë: vida, contexto y perfil literario
Emily Jane Brontë nació el 30 de julio de 1818 en Thornton, Yorkshire. Fue la quinta de los seis hijos del reverendo Patrick Brontë y Maria Branwell. En 1820, la familia se trasladó a Haworth, donde Patrick ejerció como párroco y donde Emily pasaría la mayor parte de su vida. La temprana muerte de su madre, en 1821, y posteriormente la de sus hermanas mayores Maria y Elizabeth, en 1825, marcó profundamente la historia familiar. Emily creció junto a Charlotte, Branwell y Anne en un entorno doméstico caracterizado por una intensa actividad lectora e imaginativa. Su educación formal fue breve y discontinua: asistió a Cowan Bridge School durante su infancia, pasó algunos meses en Roe Head en 1835, trabajó como profesora en Law Hill y, en 1842, viajó con Charlotte a Bruselas para completar su formación en el Pensionnat Heger, especialmente en francés y literatura. Estas experiencias deben entenderse dentro de un contexto en el que la educación constituía una de las pocas vías profesionales disponibles para las mujeres de clase media sin independencia económica.
El traslado de la familia Brontë a Haworth en 1820 fue decisivo para la formación intelectual y literaria de los hermanos. La localidad, situada en el West Riding de Yorkshire, suele representarse como un enclave aislado entre páramos, pero la investigación reciente ha matizado esa imagen romántica: Haworth era una comunidad activa, vinculada a la industrialización textil y a importantes transformaciones sociales del norte de Inglaterra. Juliet Barker ha señalado precisamente la necesidad de comprender el lugar y su sociedad para interpretar adecuadamente la trayectoria de las Brontë.
La rectoría de Haworth, donde Patrick Brontë ejercía como párroco, constituyó el centro de la vida familiar. Tras la temprana muerte de Maria Branwell, los hijos supervivientes, como se ha señalado, Charlotte, Branwell, Emily y Anne, crecieron bajo la tutela de su padre y de su tía Elizabeth Branwell. El hogar ofrecía un ambiente especialmente propicio para la lectura: Patrick poseía libros y seguía la prensa y las publicaciones periódicas, de modo que sus hijos tuvieron acceso a debates políticos, acontecimientos contemporáneos y literatura muy diversa. Los estudios reunidos en The Brontës in Context destacan precisamente la importancia de la vida doméstica, de Patrick Brontë y de los fuertes vínculos entre los hermanos para explicar su desarrollo creativo.
En ese entorno, leer, escribir e imaginar fueron actividades compartidas desde la infancia. Charlotte, Branwell, Emily y Anne crearon personajes, territorios y complejas historias ficticias que desarrollaron durante años. Por ello, la producción literaria de los hermanos no surgió de manera repentina en la edad adulta, sino que fue el resultado de una intensa cultura familiar de lectura, escritura y creación de mundos imaginarios iniciada durante la infancia. Desde niña, Emily participó activamente en los mundos imaginarios creados por las hermanas Brontë y, especialmente junto con Anne, desarrolló el universo ficticio de Gondal, estrechamente relacionado con buena parte de su poesía. The Cambridge Companion to the Brontës considera precisamente estos escritos juveniles una de las raíces fundamentales de la posterior producción literaria de las hermanas. Antes de ser novelista fue una escritora de versos muy prolífica. De hecho, en 1846 publicó, junto con Charlotte y Anne, Poems by Currer, Ellis, and Acton Bell, utilizando el seudónimo masculino Ellis Bell. Un año más tarde apareció su única novela, Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, 1847). Emily murió en Haworth el 19 de diciembre de 1848, a los treinta años, pocos meses después de la muerte de su hermano Branwell.
Imagen de la autora y recepción crítica
La figura de Emily Brontë ha quedado rodeada desde muy pronto por una imagen casi legendaria, asociada al aislamiento, la reserva, la independencia de carácter y una especial vinculación con los páramos de Yorkshire. Las primeras aproximaciones biográficas, desde The Life of Charlotte Brontë de Elizabeth Gaskell hasta la biografía de A. Mary F. Robinson, contribuyeron a consolidar esa representación, posteriormente revisada por estudios más documentados como el de Winifred Gérin. La recepción inicial de Cumbres borrascosas fue, además, problemática: su violencia, la intensidad de las pasiones, la ambigüedad moral de sus personajes y su difícil adscripción genérica desconcertaron a numerosos lectores del siglo XIX.

Durante el siglo XX, sin embargo, esta supuesta “rareza” empezó a considerarse precisamente una de las claves de su modernidad. David Cecil señalaba ya en 1935 que las generalizaciones aplicables a novelistas como Dickens, Thackeray, Trollope o Gaskell no servían para Emily Brontë, porque escribía “sobre temas diferentes, de una manera diferente y desde un punto de vista diferente”. F. R. Leavis insistiría posteriormente en su ruptura con las principales tradiciones narrativas de su tiempo. Esta singularidad explica que Cumbres borrascosas haya generado interpretaciones extraordinariamente diversas: se ha leído como novela gótica, novela romántica, relato realista, fábula moral, análisis de las relaciones de clase y poder e indagación metafísica sobre el amor, el mal y la violencia. Precisamente esa resistencia a una interpretación única constituye una de las razones de su permanente vitalidad crítica.
Sería muy complicado rastrear de manera exhaustiva todas las ediciones de la novela, tanto en español como en inglés. Por ello, en este club de lectura nos centraremos en la edición publicada por la editorial Alma en 2018, con traducción de Alejandro Pareja Rodríguez e ilustraciones de Sara Morante. La elección de esta edición responde, además, al interés de su propuesta gráfica, que incorpora las ilustraciones de una autora estrechamente vinculada al ámbito de la literatura y la ilustración contemporáneas. Morante ha ilustrado numerosas obras literarias y ha colaborado con distintas editoriales y medios de comunicación, además de desarrollar una trayectoria propia como escritora e ilustradora. En esta edición de Cumbres borrascosas, sus ilustraciones contribuyen a reforzar la atmósfera oscura y sugerente de la novela y ofrecen una lectura visual que dialoga con algunos de sus principales motivos: la naturaleza, la violencia, el aislamiento, la muerte y la dimensión fantasmal de la historia.
Claves de lectura de la novela
Esta novela, difícil de encasillar, encuentra un lugar especial dentro de la literatura gótica, al suscitar emociones, miedo, suspense y misterio, y exponer tanto a los personajes como a los lectores a situaciones de tensión. Algunos críticos señalan que el gótico provoca que “… la carne se estremezca y los nervios se exciten” (Moers, p. 91), pero al mismo tiempo proporcionan satisfacción a los lectores en su búsqueda de experiencias extremas. Estos sentimientos son diferentes, aunque no contradictorios, especialmente cuando se trata de distinguir entre horror y terror. El primero es una emoción física derivada de factores externos o sensoriales, mientras que el segundo es una emoción psicológica originada por factores internos. Lo siniestro (uncanny) se relaciona con construcciones de la mente que tienden a transformar “lo familiar en algo extraño, desconocido e incluso amenazante” (Bacon [ed.], 2018, p. 2).
La mayoría de los protagonistas de estas historias viven en un estado de inquietud psicológica provocado por pasiones incontroladas. Algunos lectores o críticos pueden preguntarse por qué Emily Brontë creó a Heathcliff, un personaje que parece encarnar tanto el terror como el horror a lo largo de la novela. Esa es precisamente la impresión que recibe Lockwood, un visitante desconocido de Cumbres Borrascosas, al contemplar el aspecto físico de Heathcliff y su actitud poco acogedora. Heathcliff es poco comunicativo, lo que dificulta obtener información acerca de la propiedad y de sus habitantes. Al igual que él, los criados también muestran una actitud recelosa hacia Lockwood.
La primera señal de terror aparece con la presencia de unos perros que gruñen y se sitúan cerca de él nada más llegar a la sala de estar. Al final de la visita, Joseph azuza a los perros contra Lockwood al confundirlo con un ladrón cuando este toma una linterna de la casa debido a la ventisca. El violento ataque le provoca una fuerte hemorragia nasal (Brontë, E., 1992, p. 12).
La extraordinaria pervivencia de Cumbres borrascosas no se explica únicamente por su incorporación al canon literario, sino también por la capacidad de la novela para generar nuevas imágenes, relatos y reinterpretaciones alejadas, en ocasiones, de su compleja estructura original. Al igual que ha sucedido con otros grandes mitos literarios, determinados elementos de la obra (la pasión entre Catherine y Heathcliff, los páramos, la muerte, el fantasma de Catherine o la personalidad oscura de Heathcliff) han ido adquiriendo una vida cultural propia.
Antes de Brontë, nadie había imaginado nunca una mujer como Catherine Earnshaw, alguien con muchos de los defectos tradicionalmente atribuidos a las mujeres -es egoísta, exigente y propensa a los berrinches y a los ataques de nervios-, pero también alguien con unas fortalezas jamás imaginadas para una mujer. La decisión de una heroína de casarse con un hombre en lugar de con otro es un principio para la trama matrimonial en casi todas las novelas inglesas del siglo XIX y no hay nada inusual en la creencia de Catherine de que el matrimonio es un acuerdo social, el medio por el que una mujer alcanza su posición en la sociedad, así como su seguridad, comodidad, riqueza e independencia del hombre en su propia familia. Catherine no despierta en los lectores la misma simpatía que otras heroínas victorianas que se casan por conveniencia, como ella. La razón puede ser que Catherine expresa su sentido del mal que hace de forma tan original. No es solo que le haga daño a Heathcliff, como él de reprocha. También se daña a sí misma, y quizá haga esto no por su negativa a casarse con Heathcliff, sino simplemente por casarse. La pregunta que hace Catherine y que no puede responder es cómo vivir como una mujer en el mundo siendo al mismo tiempo fiel a sus sentimientos más profundos.
Una de las transformaciones más persistentes afecta precisamente a Heathcliff. Aunque el personaje es inequívocamente humano, Brontë lo rodea continuamente de un vocabulario que cuestiona o desestabiliza esa humanidad. Isabella llega a preguntarse en una carta a Nelly si Heathcliff es realmente “un hombre” o, por el contrario, “un demonio”; Catherine lo relaciona con una criatura capaz de apoderarse de Isabella y “devorarla”, y Nelly recurre repetidamente a imágenes animales, demoníacas y espectrales para caracterizarlo. Su palidez, sus ojos oscuros, su comportamiento depredador y, sobre todo, su obsesiva relación con Catherine incluso después de la muerte han posibilitado lecturas posteriores que aproximan al personaje a la tradición del vampiro, el aparecido o el ente sobrenatural. La célebre identificación de Catherine con Heathcliff (“yo soy Heathcliff”) expresa precisamente una concepción del amor que desborda la relación convencional entre dos sujetos independientes. El otro se convierte en una parte necesaria de la propia existencia y su pérdida abre, en términos de Bersani, una carencia que solo podría colmarse mediante la incorporación absoluta del ser amado.
El paisaje de Cumbres borrascosas no funciona como un simple escenario en el que se desarrolla la acción, sino como uno de los grandes ejes simbólicos de la novela. Margaret Homans señaló una paradoja fundamental, pues aunque el lector termina la obra con la impresión de haber recorrido intensamente los páramos de Yorkshire, son relativamente pocas las escenas que Brontë sitúa directamente al aire libre. Incluso Catherine y Heathcliff, los personajes más estrechamente vinculados con la naturaleza, rara vez aparecen juntos en el páramo. Esa ausencia convierte el espacio natural en una realidad que parece exceder las posibilidades de representación del propio lenguaje.
El conflicto entre interior y exterior recorre entonces toda la novela. Las casas, sus puertas y sus ventanas representan con frecuencia distintas formas de encierro, en diferentes órdenes, social, familiar, corporal o psicológico, mientras que el exterior se asocia con la libertad, la infancia y una identidad todavía no sometida a las convenciones sociales. Catherine expresa esa identificación cuando, durante su enfermedad, desea volver a los páramos, recuperar su infancia y ser de nuevo “medio salvaje, fuerte y libre”. Naturaleza, pasado y Heathcliff terminan formando para ella un mismo núcleo emocional. Las condiciones atmosféricas son adversas e incluso ominosas, como si las fuerzas cósmicas intervinieran para propiciar la difícil situación en la que se encuentra el personaje.
El paisaje funciona también como lenguaje de los personajes. Brontë recurre constantemente a imágenes naturales para definir relaciones y describir a personajes. Catherine compara su amor por Edgar con el follaje de los árboles, sujeto al paso del tiempo, mientras que su vínculo con Heathcliff se asemeja a las “rocas eternas”; Heathcliff es descrito como un “árido páramo de aulagas y roca”, y Hareton como un terreno fértil cubierto de malas hierbas que todavía conserva capacidad de crecimiento. La naturaleza permite así expresar aquello que las palabras ordinarias no alcanzan a formular y contribuye a organizar las oposiciones entre Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, entre lo agreste y lo cultivado, lo indómito y lo socializado.
El mundo natural posee además una dimensión material y amenazante. El viento, la lluvia, la nieve y las tormentas más que limitarse a reflejar estados emocionales, condicionan los movimientos de los personajes, borran caminos, dificultan desplazamientos y llegan a poner a los personajes en constante peligro. La tormenta de nieve que desorienta a Lockwood constituye uno de los ejemplos más claros; la naturaleza borra las señales con las que los seres humanos habían intentado hacer legible el paisaje y obliga al personaje a reconocer los límites de su capacidad para dominarlo e interpretarlo.
A medida que avanza la novela, el paisaje queda además cada vez más impregnado por la presencia de Catherine. Heathcliff afirma verla “en cada nube” y “en cada árbol”, hasta el punto de que la separación entre persona y entorno parece desaparecer. Los rumores finales sobre los espectros de Catherine y Heathcliff vagando por los páramos culminan esta identificación entre naturaleza, memoria, deseo y muerte. El paisaje deja entonces de ser únicamente el lugar donde sucede la historia para convertirse en una especie de memoria material de quienes lo habitan.
Esta concepción permite abordar Cumbres borrascosas desde lecturas ecocríticas y ecogóticas contemporáneas, que son trabajadas en el siguiente apartado. Desde esta mirada desde el prisma de los estudios culturales, el páramo no es un fondo pasivo sobre el que se proyectan los sentimientos humanos, sino un espacio con capacidad para resistir, condicionar y desestabilizar a los personajes, borrando continuamente las fronteras entre naturaleza y cultura, interior y exterior, lo humano y lo no humano, e incluso entre la vida y la muerte.
La muerte, por ello, tampoco pone fin al vínculo. Heathcliff se rebela furiosamente contra la desaparición de Catherine, desea que su fantasma lo persiga, llega posteriormente a abrir su tumba y vive durante años bajo la sensación de su presencia. Catherine, antes de morir, había expresado igualmente la imposibilidad de permanecer a la espera, cual Penélope, mientras Heathcliff siguiera separado de ella. El final de la novela mantiene deliberadamente esta ambigüedad al recoger la creencia de que los espectros de ambos continúan, atormentados, recorriendo los páramos.
Recursos para ampliar la lectura
– Árbol genealógico

– Su influencia en obras posteriores como Crepúsculo
La amplia dimensión de la novela explica también su inesperada conexión con algunos fenómenos de la cultura popular contemporánea. Bella Swan, protagonista de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer, lee y cita Cumbres borrascosas, estableciendo un diálogo explícito entre la relación de Catherine y Heathcliff y la pasión sobrenatural que vertebra la saga. El interés generado por esta referencia tuvo incluso consecuencias editoriales: la difusión de Crepúsculo devolvió Cumbres borrascosas a un público juvenil muy amplio y produjo un considerable aumento de sus ventas. La asociación demuestra hasta qué punto el imaginario de Brontë, con amor absoluto, deseo destructivo, transgresión de los límites entre vida y muerte, continúa resultando reconocible en formas contemporáneas de la ficción romántica, gótica y fantástica.
– Música
Probablemente ninguna apropiación popular haya contribuido tanto a fijar el nombre de Heathcliff en la cultura contemporánea como “Wuthering Heights”, de Kate Bush. La canción recupera la voz de Catherine como un espectro que regresa desde el exterior y llama a la ventana de Heathcliff. Devuelve el protagonismo a una de las imágenes más poderosas del comienzo de la novela: la aparición fantasmal que Lockwood cree experimentar en la habitación de Catherine. La cultura popular convierte así un episodio relativamente breve del relato en emblema de toda la obra. Catherine, el páramo, la ventana, Heathcliff y el regreso imposible de los muertos.
– Adaptaciones fílmicas
Cumbres borrascosas no alcanzó durante buena parte del siglo XIX una popularidad comparable a la que adquiriría posteriormente. A. Mary F. Robinson, una de las primeras biógrafas de Emily Brontë, reconoció la importancia de Algernon Charles Swinburne en la recuperación crítica de la autora, aunque el propio escritor dudaba de que la novela llegara a convertirse en una obra verdaderamente popular. El tiempo desmintió en buena medida esa impresión, pues además de consolidarse como un clásico literario, Cumbres borrascosas ha conocido una extraordinaria vida posterior en el cine y la televisión, con versiones realizadas en contextos culturales tan distintos como Reino Unido, Estados Unidos, México, Francia, Japón o India. Valérie V. Hazette ha estudiado precisamente esta trayectoria transnacional en Wuthering Heights on Film and Television: A Journey Across Time and Cultures.
La primera adaptación cinematográfica conocida fue una película muda británica dirigida por A. V. Bramble en 1920. La cinta se considera actualmente perdida, aunque se conservan fotografías, materiales promocionales y el guion utilizado durante su producción, recuperado por el Brontë Parsonage Museum. Estos documentos permiten comprobar que la adaptación de la novela a la pantalla comenzó muy tempranamente y que, desde sus orígenes, cada adaptación hubo de enfrentarse a la complejidad temporal, generacional y narrativa del texto de Brontë.
Sin embargo, la versión que marcó decisivamente el imaginario popular fue Cumbres borrascosas (1939), dirigida por William Wyler, con Merle Oberon como Catherine y Laurence Olivier como Heathcliff. La película convirtió la relación entre ambos personajes en el núcleo prácticamente exclusivo del relato y eliminó la historia de la segunda generación, reduciendo considerablemente la compleja estructura de la novela. El desenlace cinematográfico añadía, además, la imagen de los espíritus de Catherine y Heathcliff reunidos después de la muerte, reforzando una interpretación romántica y trascendente de su vínculo que tendría una gran influencia en versiones posteriores. La película obtuvo ocho nominaciones a los premios Óscar y ganó el correspondiente a mejor fotografía en blanco y negro, recibiendo el premio del New York Film Critics Circle a la mejor película de 1939.
Numerosas adaptaciones posteriores han seguido, con variaciones, el camino abierto por Wyler. La versión de Robert Fuest de 1970, protagonizada por Timothy Dalton y Anna Calder-Marshall, vuelve a concentrarse en Catherine y Heathcliff y transforma incluso el desenlace de la historia. En cambio, Emily Brontë’s Wuthering Heights (1992), dirigida por Peter Kosminsky y protagonizada por Juliette Binoche y Ralph Fiennes, destaca por recuperar la segunda generación y acercarse así a la arquitectura completa de la novela.
Particularmente singular resulta la adaptación de Andrea Arnold (2011). Su película prescinde de Lockwood, reduce considerablemente el papel narrativo de Nelly y concede una importancia extraordinaria a la experiencia física del paisaje, al viento, la lluvia, el barro, los animales y los sonidos del páramo, incidiendo en su herencia gótica. Fue también la primera gran adaptación cinematográfica que escogió a actores negros para interpretar a Heathcliff, Solomon Glave durante su juventud y James Howson en la edad adulta, decisión que recuperaba de una manera inédita para el cine la ambigüedad racial con la que Brontë caracteriza al personaje.
A este largo recorrido se ha sumado en 2026 la versión dirigida por Emerald Fennell, con Margot Robbie como Catherine y Jacob Elordi como Heathcliff. La película intensifica de manera muy marcada la dimensión erótica y sensual de la relación entre ambos y vuelve a prescindir de la segunda mitad de la novela, con una marcada estética sublime y gótica. De este modo, casi dos siglos después de su publicación, continúa una de las tendencias más persistentes de las adaptaciones de Cumbres borrascosas: convertir una novela de estructura generacional, múltiples voces y complejas relaciones familiares en una historia centrada primordialmente en la pasión imposible de Catherine y Heathcliff.

Las distintas representaciones de Heathcliff permiten observar, además, cómo cada época ha reinterpretado al personaje de acuerdo con sus propias concepciones del deseo, la masculinidad, la violencia y el poder. El Heathcliff atormentado y romántico de Laurence Olivier no es el mismo que el más amenazante de Timothy Dalton, el cruel y calculador de Ralph Fiennes o el corporal y racialmente marcado de Andrea Arnold. Las adaptaciones han contribuido así poderosamente a crear un Heathcliff cultural que no siempre coincide con el personaje de Brontë. Esta transformación resulta especialmente significativa porque muchas versiones audiovisuales han tendido a situar a Heathcliff en el centro de la historia y a convertir la relación con Catherine en el argumento principal. Sin embargo, la novela concede a Catherine un poder y una agencia mucho mayores de los que algunas adaptaciones posteriores permiten apreciar. Ella no es únicamente el objeto del deseo de Heathcliff; es uno de los centros psicológicos y simbólicos de la obra, y sus decisiones, deseos y contradicciones determinan buena parte del desarrollo de la tragedia.
Cuestiones para el coloquio
La estructura narrativa y la hibridez
→ ¿Qué aporta que la historia llegue al lector a través de Lockwood y, sobre todo, de Nelly Dean?
→ ¿Hasta qué punto podemos confiar en Nelly como narradora?
Los personajes y sus relaciones
→ ¿Cómo interpretamos la relación entre Catherine y Heathcliff: amor, identificación, dependencia, violencia o transgresión?
→ ¿Qué papel desempeñan Edgar, Isabella, Hindley, Hareton y Cathy en la red de afectos y venganzas?
Familia, clase y propiedad
→ ¿Cómo intervienen la herencia, el matrimonio y la propiedad en los conflictos?
→ ¿Qué significa la posición social ambigua de Heathcliff y cómo cambia a lo largo de la novela?
Paisaje, naturaleza y ecogótico
→ ¿Qué función desempeña el páramo en la construcción de Catherine y Heathcliff?
→ ¿Cómo dialogan la casa, el clima, el aislamiento, los animales y el paisaje con la violencia humana?
→ ¿En qué medida una lectura ecogótica añade algo a una interpretación gótica tradicional?
Lo sobrenatural y la ambigüedad
→ ¿Qué valor tienen las apariciones, sueños y presencias fantasmales?
→ ¿La novela confirma lo sobrenatural o mantiene una ambigüedad deliberada?
Violencia y venganza
→ ¿Cómo se transmite la violencia de una generación a otra?
→ ¿Heathcliff es víctima, verdugo o ambas?
→ ¿Existe una posibilidad real de reparación al final de la novela?
Género y posición de las mujeres
→ ¿Qué márgenes de decisión tienen Catherine, Isabella y Cathy?
→ ¿Cómo condicionan el matrimonio, la dependencia económica y la educación sus trayectorias?
La recepción y el mito cultural
→En esta edición, ¿cómo actúan las ilustraciones de Sara Morante con el texto?
→¿Por qué muchas adaptaciones han convertido la novela en una historia de amor más convencional de lo que es el texto?
→ ¿Qué elementos explican su permanencia en la cultura contemporánea?
Bibliografía y materiales utilizados
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Bush, Kate. 2010. “Kate Bush – Wuthering Heights – Official Music Video – Version 1.” YouTube, 30 de diciembre de 2010.
Bush, Kate. 2011. “Kate Bush – Wuthering Heights – Official Music Video – Version 2.” YouTube, 2 de marzo de 2011.