Antonio Pereira y 23 lectores cómplices: Coloquio de los socios.

En la última sesión nos reunimos para debatir en torno a Antonio Pereira y 23 lectores cómplices, una de las obras que parece haber gustado más y que ha animado no solo a socios a acercarse hasta la Biblioteca San Isidoro.

Lo primero que se resaltó fue la modernidad de sus tramas, lejos de lo que se suele pensar. “El ingeniero Démencour” no solo gustó sino que encantó a varios socios, al sorprenderse dejándose llevar por el narrador y personaje que encarna el machismo inherente a nuestros constructos culturales. El erotismo (no solamente el de este cuento) ha llamado -y mucho- la atención, especialmente la de aquellos que han vivido una época en que la falta de libertad respecto a la sexualidad condicionó la educación sentimental de varias generaciones. Como le ocurre al protagonista de “Una ventana a la carretera”, descubrir su propia sexualidad y sus dimensiones afectivas se convierte en una ventana que da acceso a un mundo que desconocía por completo: una ventana a la carretera del mundo. “En palabras, palabras para una rusa” ese erotismo se lleva al extremo, siendo uno de los cuento que más ha gustado y que más sugiere, tras el humor compatible con otras sensaciones.

Otro de los cuentos que ha llamado mucho la atención por la caracterización que hace de sus personajes, así como la postura del autor ante el cuento es “El toque de obispo”, uno de sus cuentos más célebres del autor villafranquino. Las anécdotas sobre las que se construyen sus relatos son mucho más que eso: tras el “oficio de mirar” del autor, capaz de percibir la esencia de las cosas, a partir de un pequeño fragmento de la realidad, a la manera borgeana, se puede reconstruir todo un universo elidido. El cuento titulado “El gobernador”, a partir de un viaje en coche y una anécdota cercana al chascarrillo es capaz de representar, como señaló José Antonio, todo el funcionamiento de la dictadura franquista. Las pinceladas, breves pero esenciales con las que dibuja a sus personajes les dotan de corporeidad y humanidad con unas pocas palabras. Esa capacidad de generar la sugerencia distingue al cuento literario contemporáneo de otras manifestaciones literarias, caracterizando la escritura de autores como Pereira, quien llevó la sugerencia y la dosificación de la información a cotas muy elevadas. Es por ello que aún hoy discutimos sobre las motivaciones de personajes como la abuela Társila en el cuento “Obdulia, un cuento cruel”, que lejos de ser tan rígida como en apariencia se presenta, encierra en sí misma un mundo en torno al duelo y a las convenciones sociales sobre la muerte, que a través de las camelias del cuento logran la excelencia, hasta el punto de que el propio autor declaró que se trataba de su cuento favorito. 

El poso amargo de algunos cuentos como “Obdulia, un cuento cruel”, que en la mayoría de los textos se manifiesta como telón de fondo en forma de melancolía, deja paso, sin embargo, al optimismo a través de personajes como los protagonistas de “La enfermedad”, que desde la desesperación y la exclusión acometen el mayor acto de rebeldía y transgresión a través del amor.

Antonio Pereira ha gustado mucho ya que, en definitiva, como nos recordó nuestro compañero Eugenio a través de las palabras de Antonio Muñoz Molina, publicadas hace solo unos días en el suplemento Babelia a colación de las novelas de Galdós:

Un rasgo de los mejores libros es que al volver a ellos siempre son mejores de lo que uno recordaba: más verdaderos, más sorprendentes, más desmedidos unas veces y otras más lacónicos, más ricos en esos pormenores de observación que son lo primero que se olvida después de la lectura. Es falso que uno recuerde bien los libros. La memoria de lo leído es más frágil todavía que la de lo vivido. La memoria es un reseñista distraído que repite ideas rutinarias y que finge saber mucho más de lo que sabe. Los mejores libros uno vuelve a abrirlos con suficiencia y de pronto le estallan entre las manos. Y la admiración antigua que lo llevó a uno a regresar a ellos se convierte en asombro, en remordimiento por no haber sabido recordar bien.

Qué duda cabe de que Pereira es una patria a la que volver, que siempre nos recibirá con los brazos abiertos, y, lo que es más importante, permanecerá siempre ante una nueva mirada colmada de cosas nuevas para darnos.

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