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Guía a la lectura: Invenciones y recuerdos, de Luis Mateo Díez

Por Natalia Álvarez Méndez

Luis Mateo Díez

Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942), miembro de la Real Academia Española desde el año 2000, se ha convertido en una de las figuras más importantes de la literatura contemporánea en español. Ha sido reconocido con diversos galardones, como el Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio Castilla y León de las Letras, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid, Premio Francisco Umbral, entre otros muchos, a los que se ha sumado el Premio Nacional de las Letras 2020. Creador de un universo simbólico imprescindible en nuestras letras, refiere la vida y sus misterios, ahondando en el conocimiento de la condición humana. Su ambición literaria y su rigor le caracterizan como un narrador que aboca al hallazgo de la ficción como vía que nos permite conocer lo que somos, darle consistencia al mundo y otorgarle un sentido.

Su escritura, consistente y perturbadora, descubre y revela el rostro oculto de las cosas: «Interiores y abismos propios o extraños, ciertos o inciertos, asentados en el latente paisaje donde uno mismo se observa con vértigo porque tan hondamente se desconoce, o donde la imaginación recrea como un espejo, siempre pulimentado por las palabras, donde todos podemos mirar algo que nos pertenece y que acaso nunca supimos que era nuestro» (El porvenir de la ficción, 1999: 38). Recupera, por una parte, el arte de contar, la anécdota que encierra el relato sin excesos experimentalista. Por otra, replantea el empleo de lo legendario, de lo tradicional, del esperpento, con los que alcanza la renovación en su narrativa empleando un realismo crítico que no rehúsa lo simbólico, lo alegórico, lo insólito, lo surrealista, lo expresionista y lo estrambótico. Su obra, totalmente reconocible estilísticamente, destila territorios fabulados que conducen a lo insólito que asoma en la realidad, a viajes oníricos y metafóricos, así como al retrato de singulares personajes, de emociones y de simbólicas geografías.

Luis Mateo Díez. © Fotografía de Jesús Marchamalo

© Fotografía de Jesús Marchamalo

Entre otros muchos, sobresalen en su quehacer narrativo títulos como La fuente de la edad (1986), El expediente del naúfrago (1992), Camino de perdición (1995), El reino de Celama (2003) —trilogía que contiene El espíritu del páramo (1996), La ruina del cielo (1999) y El oscurecer (2002)—, Fantasmas del invierno (2004), El árbol de los cuentos. Cuentos reunidos (1973-2004), El sol de la nieve. O el día que desaparecieron los niños de Celema (2008), Pájaro sin vuelo (2011), Fábulas del sentimiento (2013), La soledad de los perdidos (2014), Vicisitudes (2017), El hijo de las cosas (2018) y Los ancianos siderales (2021).

El amplio conocimiento de autores y obras de diversas épocas y nacionalidades le permite apostar desde todas las vertientes —la lectora, la creadora y la crítica— por una literatura de calidad. De tal modo, la tradición literaria entra en su mundo de ficción: clásicos españoles, la picaresca, Cervantes, Valle-Inclán, Baroja, Faulkner, Pavese, Onetti, Patrolini, Bassani, Svevo, Rulfo, García Márquez, Benet y un largo etcétera en el que ocupan un lugar muy significativo las literaturas centroeuropeas. En su pensamiento crítico tampoco faltan referencias a algunos de esos escritores y a intelectuales —a los que se suman nombres como Stendhal, Poe, Dostoievski, Tolstói, Henry James, Maupassant, Pardo Bazán, Clarín, Conrad, Chéjov, Quiroga, Éluard, Némirovsky, Canetti, Cortázar, Raymond Williams y Capote, entre otros—. Con ellos comparte concretos aspectos de sus poéticas o estudios sobre la narrativa. No extraña, pues, que su obra se desarrolle, además de con firmeza estética, con un impulso ético comprometido con la dimensión humana, social y política.

Invenciones y recuerdos

Invenciones y recuerdos, de Luis Mateo DíezDíez, Luis Mateo (1942-)
Invenciones y recuerdos / Luis Mateo Díez; edición y prólogo de Ángeles Encinar
León : Eolas , 2020
248 p. ; 20 cm.
Las puertas de lo posible. Narrativas de lo insólito; 8
9788418079221

El título del libro anuncia la mezcla de la memoria con la fabulación. También la imagen de la portada, un montaje con fotografías reales de Luis Mateo Díez, hechas por Manuel Martín, que el lector puede relacionar con cierto contenido autobiográfico.

Invenciones y recuerdos nos sitúa ante un autorretrato literario en el que destacan vivencias particulares junto a las de sus personajes de ficción. Una de las características básicas del libro es, pues, la del hibridismo genérico, la mezcla de cuento y ensayo. Algo similar a lo que había hecho con anterioridad al recrear su infancia en Días del desván (1997).

No es novedoso el hecho de que comparta con los lectores su pensamiento crítico en sus escritos. No en vano, de modo paralelo a su ficción, Luis Mateo Díez ha escrito diversos textos ensayísticos que explican su poética, así como textos híbridos que conjugan la fabulación con el ensayo. Entre ellos: El porvenir de la ficción (1992, 1999), Las palabras de la vida (2000), La mano del sueño (Algunas consideraciones sobre el arte narrativo, la imaginación y la memoria) – discurso de ingreso en la Real Academia Española, Orillas de la ficción (2010) y Los desayunos del Café Borenes (2015).

Estructura de Invenciones y recuerdos

Tal como afirma la editora y prologuista, el libro se inicia

con una gavilla de historias enmarcadas en el ámbito de lo fantástico o lo insólito para dar paso, en segundo lugar, a evocaciones de variada factura que remiten a su mundo literario. Son veinte narraciones breves donde la hibridación es una característica muy destacada. Se combina el cuento y el ensayo en una misma pieza, incluso es difícil delimitar si se trata de uno u otro, y se suman a estos relatos otros anclados en la memoria de un tiempo pasado

(Ángeles Encinar)

La poética del autor

Luis Mateo Díez cultiva con habilidad la novela, la novela corta, el cuento y el microrrelato. La conquista narrativa que puede proporcionar cada género se aúna a la idea poética que configura el punto de partida de cada una de sus fabulaciones y que se trasluce en los títulos de las mismas. Díez es consciente de cómo se siente urgido, requerido por esas ideas e imágenes (El porvenir de la ficción, 1999: 11), que «están en cualquier sitio, o sería más exacto decir que emergen en cualquier parte, en una inesperada observación, en un recuerdo, en la esquina de la imaginación que se mueve, en la ensoñación, en el pensamiento que de pronto me sustrae» (Orillas de la ficción, 2010: 79).

Al meditar sobre el ejercicio literario, enuncia una clasificación tripartita de las fuentes de la ficción: la imaginación, la memoria y la palabra. Esos son, en su opinión, los tres elementos esenciales en la fabulación.

Imaginación, memoria, palabra...

Imaginación, memoria, palabra…

De tal modo, en el proceso en el que la invención se resuelve en la escritura, Díez considera que el lenguaje es una de las máximas responsabilidades del escritor, es un aspecto sustancial del arte de contar. La ficción necesita la palabra adecuada, esa es la materia de la narración: «No sirve cualquier palabra para contar cualquier historia y, además, la palabra con que las historias pueden contarse es una palabra que obtiene una peculiar entidad que la convierte en palabra narrativa» (La mano del sueño, 2001: 36). No es válido el vocablo artificioso, ha de ser auténtico: «La palabra sería así una palabra imaginativa y memoriosa o, para llevarla más lejos, fantasiosa y memorable. La palabra, al fin, que la historia requiere para que lo imaginario exista» (La mano del sueño, 2001: 39). Esas voces evocadoras, en ocasiones imbuidas de lirismo, deben ubicarse, por lo tanto, en el lugar adecuado, de manera que el escritor pueda explotar sus valores semánticos y acompasar su peso específico con el ritmo pretendido: «Hay una sensualidad en las palabras, una piel que envuelve su significado, que las provee de una aureola, de un fulgor que sobrevuela su mera instrumentalidad. En la posibilidad de emplearlas, de alinearlas, descubriendo esa dimensión, cazándolas en ese vuelo, se encuentra buena parte de la experiencia creadora del escritor. Al menos del terreno de esa experiencia que a mí más me interesa» (El porvenir de la ficción, 1999: 31).

Cine Morán. Ponferrada

Cine Morán.(ca.1965. Ponferrada, León)

La toma de conciencia de la magia de la palabra de lo imaginario, que emociona, fascina y libera, la aprehende en su infancia. Por una parte, en la educación recibida en el ámbito familiar, con una biblioteca repleta de clásicos, y en el escolar. Por otra, en el marco de la oralidad propia de su tierra natal, el Valle de Laciana, geografía que posee una amplia tradición de filandones: «La vecindad marcaba el escenario de esos ritos, el aliciente de una costumbre narradora y socializadora, el valor de la palabra como bien común» (La mano del sueño, 2001: 9). Ahí está el germen de su constante defensa de la oralidad en la narrativa contemporánea, de su sabiduría del ritmo y la medida de las historias que conmueven al oyente: «Nunca disimulé la sensación que como escritor siempre he tenido de que lo oral es el marco en que lo literario se ata a la vida» (Las palabras de la vida, 2000: 64). En su obra, lo oral articula significativas estructuras y se convierte en un cauce y un sustrato esenciales reflejados en el estilo, así como en los personajes que relatan fábulas, cuentos, romances, leyendas y sueños.

No extraña al lector cómplice de Luis Mateo Díez la peculiar denominación tanto de las poblaciones de su territorio, de sus barrios, como los peculiares nombres de los personajes, todos ellos inventados, fruto de su inagotable imaginación, aunque transmisores en la mayor parte de los casos de sugerencias sobre sus identidades. Asimismo, con la palabra tan exacta y necesaria como palpitante, envolvente y sugestiva, heredera de la huella dejada por el relato oral, crea territorios literarios. Estos son tan atractivos, alejados de la falsedad, de la artificiosidad, con vida propia, construidos con honradez, sugerencia, emoción, belleza y fulgor verbal, que le permiten ahondar en el alma humana observando cada detalle de lo que acontece en el corazón del hombre. Y lo consigue a través de la naturalidad y la veracidad que proporciona la vivencia lúcida del relato que se escribe: «Al novelista que no hace esa conquista en seguida se le ve el plumero: lo que no irradia vida, vida imaginaria, muestra artificio, presunción, palabras muertas que como mucho pueden tener una belleza funeraria» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 107).

La ficción se erige, de tal forma, en «un espejo de la vida, un espejo que tiene a la imaginación y a la memoria como elementos desencadenantes y a la palabra como elemento constitutivo» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 137). Contar la vida, convertirse en la imagen especular de sus complicaciones y complejidades, será el objetivo de la narrativa que logra hacer realidad la existencia en la palabra literaria. Se trata de captar el reflejo más íntimo de una época y de una sociedad, los sentimientos de los personajes, la revelación del alma humana, «ese espejo oculto que se contamina de lo más oscuro, de lo que probablemente nadie confesaría a nadie» (La mano del sueño, 2001: 32). Frente a la historia que nos ofrece datos, la literatura penetra en la vida, en «el sentimiento profundo de la misma, el latido que contiene sus emociones, desazones, deseos, la mirada secreta, el placer o el dolor, de algún ser humano en un tiempo pasado» (La mano del sueño, 2001: 35).

Retomando el ideario stendhaliano, Luis Mateo Díez reafirma el reflejo metafórico que en la ficción se obtiene del hombre y de su entorno. Las fabulaciones literarias, con proyección metafórica y referencias simbólicas, ahondan en la condición y en la conciencia humana, en «nuestros sueños y quimeras, dando encarnadura narrativa a esas invenciones que conforman un espejo de lo que somos, un espejo distinto a todos los demás, un espejo capaz de ampliar, de subvertir, de enriquecer, a la postre, nuestra existencia» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 149-150). De ahí que en su obra se entretejan motivos como la desdicha, el amor y los fracasos sentimentales, los desencuentros, las desapariciones, los abandonos, las ensoñaciones, la familia, la falta de afecto, la soledad, la enfermedad, la muerte, la rutina, el hastío y los recuerdos.

López Bodelón y Cafetería Raphael. Ponferrada (c.a. 1965)

López Bodelón y Cafetería Raphael (c.a.1965. Ponferrada,León)

El trabajo del tono y de la atmósfera aboca a que el arte de contar la vida adquiera en su creación una destacada singularidad tanto en la mirada como en la voz narradora, con una identidad rotunda que hace caminar al lector por los naufragios, pérdidas y extravíos de los siglos xx y xxi, por la conciencia humana individual y colectiva, a través de una trayectoria que surca desde el barroquismo a lo simbólico, lo existencialista y el expresionismo grotesco. Sus obsesiones y su concepción del mundo traslucen una fuerte impronta ética en la que reverberan asuntos morales y connotaciones metafísicas que inciden en la culpa y el sufrimiento. No crea fábulas complacidas sino cargadas de misterio y de perturbación, que profundizan en el destino del hombre —en sus vicisitudes, sus fracasos, su fragilidad, su carácter finito— y en espacios que se van destruyendo y que contienen desapariciones, injusticias y violencia.

Dicha propuesta no está reñida con el empleo del humor, sobre todo desde la vertiente de lo grotesco y, en ocasiones, de lo tragicómico, pues este recurso proporciona «un punto de lucidez y, como tal, un punto de vista, de enriquecedora ambigüedad también, para percibir y narrar lo que es propio de nuestra condición, si estamos convencidos, como yo lo estoy, de que una parte importante de la misma es perfectamente risible» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 153). Podemos asegurar, por lo tanto, que la poética identitaria de este gran escritor completa un retrato narrativo de la comedia humana que se perfila mediante los vaivenes de un fascinante e hipnótico movimiento oscilatorio demarcado por la desdicha y la risa, el dolor y el placer, la maldad y la beatitud.

A los elementos citados se añade la propia experiencia que se convierte en alimento de la imaginación, pero siempre a través de la libertad creadora y no con pretensión de fidelidad. De tal forma, el sustrato que nutre sus invenciones lo constituyen la memoria y los recuerdos: «Se escribe desde la memoria, donde se macera la experiencia de vivir y, al fin, lo más imprescindible que es la imaginación, esa facultad del alma, no es otra cosa que la memoria fermentada» (La mano del sueño, 2001: 30).

Sobresale tanto la memoria vecinal, en la que se depositan los cuentos, romances y canciones, como la individual, propia de la soledad del ejercicio de la escritura. Y en ese contexto en el que la experiencia particular discurre hacia un mundo ajeno, destacan dos perspectivas vinculadas a la memoria y a los recuerdos. Por una parte, la de la infancia, concebida como memoria originaria perfilada desde la inocencia en el mundo de la posguerra. Por otra, la de lo onírico que contamina la imaginación y la memoria, que alienta la materia narrativa mientras desvela los misterios y el sentido de las historias relatadas. Los sueños, las ensoñaciones y el estado de duermevela se configuran como el azote de la vigilia de los personajes, les hacen enfrentarse a sus emociones más ocultas y al poso de la irrealidad, así como al destino incierto del ser humano.

A la palabra y la memoria, concebidas como fuentes de la ficción, se une la imaginación. Gracias a ella crea dos de las entidades fundamentales en su obra, los personajes y los espacios. El escritor leonés es totalmente consciente de este hecho. Sus atmósferas opresivas, situadas en muchas historias en una indeterminación temporal propia del tiempo legendario, encierran a los personajes en un complejo y laberíntico entramado de pérdidas y perdiciones. Y estos son los que sostienen su mundo fabulador: «Ellos lo sujetan y lo identifican, asumen el tono, el sentido y el destino de lo que cuento, salvaguardan ese camino que, de uno a otro libro, unifica mi propia aventura y le da coherencia. Y no está de más que confiese que soy un narrador vendido a sus personajes, quiero decir que en su existencia radica lo que más me gusta del arte de narrar, lo que más me apasiona» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 104). Es en ellos, por lo tanto, en quienes deposita el espejo de su ficción, de forma que se convierten en el eje que permite el desarrollo del sentido de las historias que crea: «éste lo constituye lo que los personajes son por cómo actúan y hablan, por cómo parecen generar atmósferas físicas o bien se ven atrapados por ellas en geografías de la imaginación formadas sobre los estratos arqueológicos de la memoria individual y colectiva: mi memoria, la suya, la nuestra, en el ancho mar de los Sargazos o sobre la extensa y compleja provincia del hombre» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 145-146).

Proa —renombrado La Hora Leonesa en 1975— fue un periódico español editado en León entre 1936 y 1984.

Proa —posteriormente renombrado La Hora Leonesa— fue un periódico español editado en León entre 1936 y 1984

No elige nunca una «voz narrativa neutral, aséptica, sino una voz que se involucra o que puede llegar a hacerse sospechosa de complicidad» (El porvenir de la ficción, 1999: 62). Ya se ha sugerido con anterioridad que los personajes que habitan su mundo son perdedores, antihéroes que potencian el significado de la conciencia moral de sus invenciones. Como bien explica su creador, están definidos por su escepticismo y su falta de voluntad en el viaje de la vida que marca su destino. Son seres a la deriva, desorientados en mayor o menor grado en la lucha por la supervivencia, y a los que diversas circunstancias y vicisitudes les conducen a la desgracia, a la derrota (Los desayunos del café Borenes, 2015: 151). Ese extravío que les atenaza, y que podemos definir como perturbador, da forma en sus narraciones a una épica del fracaso en la que la existencia de estos discurre en lo cotidiano y en el misterio de la irrealidad. De tal modo, quedan marcados por los elementos sustanciales que Díez condensa en la ecuación «perdedores-pérdidas-perdidos-perdiciones» (Los desayunos del café Borenes, 2015: 155).

Del fracaso en lo cercano, no en lo sublime. Hay una cita de William Faulkner, extraída de Sartoris, que dice: «Las esquinas todavía por doblar del destino de un hombre». Me he pasado la vida confesando que todas mis novelas cuentan aventuras a la vuelta de la esquina, y la frase de Faulkner ilustra muy bien mis intenciones, orientando ese juego de esquinas y destino.

En realidad, en esas esquinas todavía por doblar acecha o aguarda el destino, la incertidumbre de lo que puede suceder al doblarlas. Ir dirimiendo esa incertidumbre puede marcar el ánimo y la atmósfera de la propia aventura al doblarlas, y en el trance de hacerlo, en el trance y en la trama, reside la totalidad de la aventura que nutre la historia que yo quiero contar.

(Los desayunos del café Borenes, 2015: 154)

Villablino, 1966

(1966. Villablino, Léón)

Al paisaje humano se unen los espacios físicos, con capacidad de convertirse en un personaje o protagonista más del relato. Enriquecen el sentido último de su fabulación, entroncada en gran medida con su propia experiencia y su geografía originaria y vital. No en vano, el paisaje rural y el urbano, así como el social, el cultural y el político, propios de sus ámbitos domésticos totalmente reconocibles en sus detalles topográficos, se convierten en universos con vida propia en el seno de la ficción. En el caso de Díez, esto se logra a través de la mirada simbólica y la dimensión metafórica. Ejerciendo la libertad del narrador, conquista míticos territorios imaginarios, crea geografías completas que proyectan el significado de la historia relatada. Se trata, en suma, de delimitar «geográficamente ese sentido, como si el propio territorio contuviera el hálito de lo que en él sucede, de lo que en él se cuenta, ya que toda geografía imaginaria es, de alguna manera, una geografía del alma, una geografía del misterio» (La mano del sueño, 2001: 47).

Luis Mateo Díez defiende el ámbito local de la provincia como un mundo metafórico y simbólico de alcance universal. Dicho marco físico permite mostrar de modo abarcador la realidad de la existencia humana, tal como habían constatado Svevo, Faulkner, Simenon, Moravia, Pavese, Onetti, Pratolini, Bassani, Rulfo, García Márquez, Benet, etc. De tal modo, mediante parajes de una provincia innominada, en los que pesa el desarraigo y el extravío provocado por la deriva de las transformaciones sociales, políticas y culturales de los siglos xx y xxi, crea mundos simbólicos en los que se pone de relieve el destino de la condición humana.

Díez demuestra que las geografías de la memoria se pueden convertir en espacios imaginarios de hondo calado. Enlaza, en gran medida, con los paraísos oscuros, siniestros, propios de grandes escritores, como Faulkner, entre otros. En toda su obra las ciudades se perfilan como metonimias espaciales de la circunstancia vital, y contribuyen a la perdición de los personajes que las recorren, a sus inquietudes. La presentación de sus personajes como seres perdidos, inadaptados o extraviados, en el seno de la posguerra en un espacio de la provincia con todas sus miserias, se potencia con su particular andadura por el medio urbano, por el dédalo de sus calles, sus pensiones, sus tabernas y sus edificios, tránsito en el que la propia vida parece constituirse como un laberinto sin salida. Pone de relieve el interior de esos seres mediante el trazado de espacios mentales, paisajes del alma, paisajes interiores, de condición onírica en numerosos casos y siempre sugerentes. No extraña que, desde esas premisas, surjan sus Ciudades de Sombra: «Los riesgos de andar por ellas, más que de vivir en ellas, son morales o espirituales, peligros del alma antes que del cuerpo, desgracias de la vida que no predicen necesariamente la muerte» (Orillas de la ficción, 2010: 55). La provincia innominada del Noroeste peninsular que protagoniza sus ficciones nos aproxima a un mundo urbano fantasmagórico, a sus diseminadas ciudades enmarcadas en la decrepitud y en la oscuridad. Con Ordial como capital, el Valle en el Noroeste y Celama en el páramo o la llanura del Suroeste, nos acerca a lo mítico, lo legendario, lo misterio, lo extraño. Las Ciudades de Sombra que la integran —Armenta, Balbar, Balboa, Borela, Borenes, Buril, Doza, Mentra, Meza, Oceda, Ordial, Solba, entre muchas otras— tienen la misma fuerza que sus personajes. Estos últimos se acompasan con esos territorios en su metafórica oscuridad, en su pérdida de esplendor urbano, en su trazado ferroviario de trenes que se retrasan, y que no se sabe si alcanzarán su punto de llegada, con unos personajes marcados por la desazón de una clase media enfrentada a un destino provinciano, a un espacio vivo que potencia su desaliento, su desorientación y su soledad. Configuran un espacio estético que engarza con un juicio moral sobre la condición humana y nuestra hostil realidad, reflejando la pérdida de valores e ideales, así como los fracasos del individuo y de la sociedad de nuestro tiempo. Ese ámbito irreal, pero con el vigor de lo verdadero, confronta «lo que proviene del sueño de quienes en ellas viven y de la memoria de quienes ya dejaron de soñarlas, de la invención de quienes las pasean, y también de las de quienes las recuerdan en la distancia que sin remedio las borra» (Orillas de la ficción, 2010: 55).

 

Preguntas para enfocar la lectura de Invenciones y recuerdos

1) Hemos hablado de la importancia de los títulos para Luis Mateo Díez. Al visualizar los títulos de los cuentos en el índice (p. 249), ¿te parece que responden a la relevancia que el autor le concede al lenguaje?, ¿qué te sugieren?

2) ¿Te gusta o te confunde el recurso que combina dentro de un mismo texto la historia inventada con la voz del autor que ofrece pequeños ensayos?

3) En sus historias perfila seres extraviados y perdidos, a la deriva, desamparados, antihéroes. Entre ellos, destacan algunos con enfermedades del alma. El cuento primero se titulaba en su origen «El cielo enfermo» y en libro aparece bajo el título «Melancolía». En esta ficción, además de la historia de unos personajes aquejados por esta enfermedad, el autor nos ofrece, desde un cambio a la primera persona, su concepción de la melancolía en unas pocas líneas que abandonan momentáneamente el relato para exponer sus ideas. ¿Te parece negativa o positiva la definición que hace de la ‘melancolía’? ¿Teniendo en cuenta que Luis Mateo combina en el libro la mirada a la condición humana y también a la sociedad contemporánea, por qué crees que abre su libro con este tema?

4) ¿En qué otros cuentos vuelve a cobrar protagonismo el tema de la enfermedad, sea física o del alma? ¿Cuál de todos ellos te ha gustado más y por qué motivos?

5) Luis Mateo Díez siempre ha reivindicado el papel importante que los filandones propios de su espacio natal tuvieron en su interés en la literatura, en el reconocimiento de la capacidad fascinadora de la palabra. ¿Percibes esos elementos propios de la oralidad en su obra?

6) También ha reconocido la huella que dejaron en su memoria determinadas lecturas de la infancia. ¿Qué te ha parecido su referencia a Corazón, de Edmondo de Amicis? ¿Este libro figura también entre tus propias lecturas?

7) El libro contiene retratos de la época de posguerra, tramas policiacas y metaficcionales. ¿Alguno de esos discursos te ha atraído?

8) La muerte es un tema destacado. Desde la figura fantástica de muertos que regresan por distintas causas, el autor nos habla de distintos tipos de muertos. ¿Te han llamado la atención algunas de esas alusiones/reflexiones?

9) ¿Qué cuento (o pasaje/s de cuento) te parece que refleja mejor la fragilidad humana?

10) Algunos relatos adoptan la forma dialogada. ¿Te ha resultado gratificante su lectura?

11) El autor se ha decantado cada vez más por las atmósferas oníricas e irreales. Los sueños, las ensoñaciones y el estado de duermevela se configuran como el azote de la vigilia de los personajes, les hacen enfrentarse a sus emociones más ocultas y al poso de la irrealidad, poniendo de manifiesto el destino incierto del ser humano. ¿Te ha interesado esa visión simbolista, surrealista y expresionista de la realidad?

12) Con el empleo muy medido del lenguaje, Luis Mateo ofrece constantes pistas al lector sobre la gradación de las emociones que experimentan los personajes. ¿Alguna frase en esa línea te ha hecho detener la lectura?

13) ¿Te ha impactado alguna frase vinculada a la infancia o a la vejez?

14) En la obra de Luis Mateo, los espacios, (caminos, estaciones de tren, metro, cines, desvanes y laberintos), sean Celama y el páramo con la ruina desoladora del entorno y de una forma de vida o sean las Ciudades de Sombra, ofrecen un paisaje pincelado con atmósferas espectrales, claustrofóbicas y desvencijadas, que se respiran y acrecientan la soledad y el desarraigo de sus protagonistas gracias al peso semántico de los olores, de la luz y, sobre todo, de la ausencia de esta última. El espacio nocturno se proyecta en gran parte de su narrativa y se erige como ámbito del miedo, de los secretos y de lo prohibido, de disolución del día y de la existencia. Y también los espacios diurnos son recreados, en ocasiones, con luces mortuorias que potencian la sensación de irrealidad y de extravío, matizados de modo frecuente por la niebla o la nieve, asociada esta última a la idea de muerte. ¿Alguna frase o pasaje te ha llamado la atención en este sentido?

15) En «Valles, bosques y ríos» se regresa al ámbito de la naturaleza frente al predominio de lo urbano. ¿Conectas con ese retrato que hace de sus geografías de la memoria, de sus paisajes del alma?

16) ¿Algún cuento o pasaje/s de cuento te ha gustado especialmente por su tono humorístico o grotesco, por la parodia o el absurdo?

Enfermedades del alma

Males

Alguien dijo, pero no me acuerdo quién, que la literatura reconvierte sin remedio cualquier enfermedad en en una enfermedad del alma.

Era también una manera aproximada de decir que el sufrimiento atañe más al espíritu que la cuerpo cuando de él se ocupa el arte, que la materia del dolor está en la vida, y esa materia se espiritualiza cuando el arte la expresa, de modo que cualquier padecimiento literario es, sin remisión, un padecimiento del alma, por mucho que lo que el arte cuente no sea otra cosa que el propio sentimiento y conciencia en que le enfermo se debate, la conmoción de su desgracia.

Si eso fuese así, todas las enfermedades literarias serían enfermedades espirituales, todos los enfermos de la literatura serían enfermos imaginarios.

El arte no puede provocar sufrimiento, ningún dolor real puede provenir del dolor imaginario que contienen las novelas. Otra cosa es que  la intensidad de ese dolor imaginario invada nuestra existencia hasta enriquecer la experiencia en un grado casi paralelo a la imposibilidad.

A veces la enfermedad imaginaria es tan perturbadora como la real, del mismo modo que el amor, o la pasión que cuenta una novela, llena y trastorna nuestra vida como a lo mejor ninguna otra experiencia pasional llegó a llenarla.

Díez, Luis Mateo, and Ángeles Encinar. Invenciones y recuerdos . 1a ed., Eolas, 2020. (p.195)

El próximo 19 de octubre los socios del club de lectura de la Universidad de León están citados para departir sobre la obra de Luis Mateo Díez  Invenciones y recuerdos, editada y prologada por Ángeles Encinar, Catedrática de Literatura Española en Saint Louis University, Madrid Campus. Ella misma presenta la obra en el siguiente vídeo:

Te recordamos el calendario de esta lectura de esta obra:

  • 19 de octubre – Sesión de Guía a la lectura, a cargo de Natalia Álvarez Méndez
  • 25 de octubre – Sesión de Coloquio de los socios
  • 2 de noviembre – Sesión de Encuentro entre socios y autor

Aunque la sede del club le lectura sigue estando en la Biblioteca San Isidoro, debido a las recomendaciones sanitarias, las sesiones serán no presenciales, sino en formato online, a través de Google Meet.

Si te interesa participar, solo tienes que decírnoslo…

Coloquio de los socios: Kentukis, de Samanta Schweblin

Por Rosa María Díez Cobo

Fisheye Placebo

Nuestra segunda sesión sobre Kentukis (2018) de Samanta Schweblin ha resultado en un fructífero debate que ha puesto en evidencia el interés que la lectura ha suscitado entre nuestros lectores. Y es que la segunda novela de esta afamada autora argentina no puede dejar indiferente a nadie. El núcleo de la narrativa, como ha remarcado la mayoría de nuestros contertulios, aborda una materia tremendamente sensible en nuestra sociedad contemporánea: la interacción del ser humano con las tecnologías de la comunicación y el ocio.

Ha existido consenso sobre las sensaciones que ha provocado la lectura: «turbia», «perturbadora», «inquietante», «oscura», «rara», entre otros, han sido adjetivos que distintos participantes han aplicado al texto manifestando el fuerte impacto que ha causado. Al mismo tiempo, la mayoría no han dudado en calificar la obra muy elogiosamente aludiendo a ella, por ejemplo, como «atrapante» o «pedazo de novela». Esta paradoja entre la incomodidad y la atracción es, justamente, la que Schweblin genera en la mayoría de sus creaciones, desentrañando los ángulos más oscuros y desagradables de nuestra esencia humana.

Una de las virtudes de esta novela es, precisamente, cómo logra, magistralmente, revelarnos nuestros propios demonios, cómo nuestra naturaleza queda expuesta en sus mínimos entresijos a través de tramas muy diversas que cubren diversos espectros de rasgos personales y con los que no es difícil identificarse. Una de las participantes, muy certeramente, se ha referido a esta cuestión calificándola como de «brutalidad de la intimidad» ya que el dispositivo kentuki representa la última frontera para la consecución del voyerismo-exhibicionismo que propicia el mundo digital actual.

Llamativo para muchos ha resultado también el grado de tensión y violencia que destilan la mayoría de tramas que constituyen el entramado del libro. Todas las historias, en uno u otro modo, reflejan condiciones personales negativas. Desamparo, fracaso, soledad, abandono y, sobre todo, por encima de todo, a modo de elemento abarcador que unifica todas las tramas, la incomunicación. Cada uno de los múltiples personajes que recorren la novela acarrea existencias donde se sienten desconectados de su entorno, aislados. El kentuki, bien en su versión de dispositivo que introduces en tu vida, o como código con el que consigues acceder al día a día del dueño de uno de estos artefactos, repara, en cierto modo, estas necesidades y carencias y canaliza el desafecto y los miedos. La consecuencia de esto, sin embargo, a la postre, es que en todos los casos, los protagonistas confunden o incluso llegan a primar su vida digital por encima de su existencia física, «real».

El perfil de algunos personajes como Emilia, Marvin o Alina ha atraído el interés de los lectores ya que, en modos diversos encarnan tipos que nos resultan muy próximos en nuestra actualidad. La mujer mayor que colma sus necesidades de afecto y cuidado a través del kentuki que maneja, el niño desamparado que vuelca sus privaciones afectivas en el intrigante mundo que se le abre más allá de la pantalla, o la joven que ve frustrada su realización personal y amorosa y desata su ira y desesperación en el kentuki que ha adquirido. Estos y otros personajes son espejo de nosotros mismos y, por eso, sin duda, la conmoción que sufrimos al leer Kentukis es más profunda.

Aunque ha existido bastante unanimidad en las opiniones favorables sobre la lectura, algunos lectores han planteado también visiones críticas entre las cuales cabe destacar que, para algunos, la alternancia de tramas ha generado cierta confusión y, para otros, el planteamiento general de la obra no ha sido particularmente original siendo este, en principio, un tema que, sobre todo desde el cine, ya se ha abordado desde hace décadas. Sin embargo, en lo que hemos estado de acuerdo es que, si bien el tópico de la amenaza tecnológica sobre la individualidad y psique humanas no es del todo novedoso, sí lo es la forma de exponerlo. En definitiva, como decíamos al inicio, es una lectura que no deja indiferente y que por el contrario, invita a una honda reflexión sobre quiénes somos y hacia dónde caminamos en este momento donde la globalización y la hipertecnologización ya no son un futuro distópico, son la realidad cotidiana en la que nos movemos.

 


Privacidad, intimidad, conceptos susceptibles de distinción pero interrelacionados, incluso concéntricos, en cuanto que el primero comprende al segundo, son valores que hay que preservar porque ambos, a su vez, integran la “dignidad” de la persona. Las tecnologías no lo ponen fácil, según acredita la experiencia.

EN: Mozo Seoane, Antonio. Los límites de la tecnología: Marco ético y regulación jurídica. Madrid: Reus, 2021 (pág. 155)

Guía a la lectura: Kentukis, de Samanta Schweblin

Por Rosa María Díez Cobo

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) es una escritora argentina de sobresaliente trayectoria y proyección internacional. Con siete libros de relatos y dos novelas publicadas, la autora es una de las más reconocidas entre las nuevas generaciones de literatos en lengua española. Es graduada en Diseño de Imagen y Sonido por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido becada por distintas instituciones internacionales para realizar residencias en diversos países. En la actualidad, imparte talleres literarios en la ciudad de Berlín, donde vive desde hace años, y donde se dedica, también, a la producción literaria.

Cuentista nata (Ana María Shua la ha calificado como «la mejor cuentista de su generación»), es una narradora singular, creadora de un universo propio y reconocible. Las situaciones principalmente realistas que plantea en sus obras se enmarcan en espacios y cronologías contemporáneos y se hallan, con frecuencia, culminadas por un hálito de desconcierto y peculiaridad. Adentrándose en los ángulos oscuros de nuestra psique y cotidianidad, concibe personajes y tramas que bordean los límites mismos entre lo realista y lo fantástico, pero sin abandonar casi nunca el terreno de lo verosímil. Esto, a menudo, nos lleva a sentir sus historias como ambiguas e inusuales.

El regusto de extrañeza que percibimos tras leer las creaciones de Schweblin imprime a su estilo una seña de identidad inconfundible. La propia autora se ha manifestado en este sentido: «El límite entre lo posible y lo imposible me parece la zona más literaria y atractiva. Creo que busco ese límite en cada una de mis historias» (El oficio de escritor). Esta peculiaridad exige del lector un esfuerzo adicional para desentrañar este baile tan trabado entre lo real y sus límites.

No es por ello extraño que ella misma emparente su escritura con la del «fantástico rioplatense» de autores como Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Antonio di Benedetto o Felisberto Hernández. Pero son muchas otras las influencias que cita la crítica sobre la autora, o que la propia Schweblin menciona. Así, ha hablado de su cercanía a creadores como Samuel Beckett, Boris Vian o Dino Buzzati, en cuanto a la concepción de ideas literarias, y, por otra parte, en referencia a la técnica, a menudo Schweblin alude al impacto que le causó su lectura de los norteamericanos Raymond Carver, J. D. Salinger, John Cheever, Ann Carson o Amy Hempel. Incluso se ha relacionado su maestría cuentista con la de Franz Kafka o Juan Rulfo.

Asimismo, el hecho de que la autora sea graduada en comunicación visual también la lleva a tener una profunda formación en ese ámbito y contar con referentes cinematográficos con los que claramente comparte sensibilidades estéticas. Por ello, no es casual que la extrañeza que permea muchas de sus narrativas sea comparable con la de las creaciones de directores como David Lynch o Michael Haneke, por los que la autora ha manifestado interés.

Las atmósferas que construye Schweblin nos resultan chocantes por su densidad emocional y por su personalísimo hibridismo entre lo factible y lo irreal u onírico. Como la autora menciona, es de la confluencia entre un tema y una particular forma de abordarlo del que resulta la mirada única que puede aportar cada literato. En su caso, su personal abordaje de temas como los vínculos humanos, la incomunicación, la pérdida o el desamparo, entre otros, se realiza zambulléndose en los entresijos más inexplorados de estos asuntos. Ello, con frecuencia, provoca en el lector la sensación de un acercamiento aumentado, exagerado y grotesco a las situaciones planteadas.

Sus volúmenes de relatos incluyen El núcleo del disturbio (2002), La furia de las pestes (2008), Pájaros en la boca y otros cuentos (2009), La pesada valija de Benavides (2009), Hacia la alegre civilización de la capital (2010), Siete casas vacías (2015) y La respiración cavernaria (2017). Sus dos novelas hasta el momento son Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018). Algunos de sus cuentos han aparecido recogidos en antologías como Cuentos argentinos (2004), Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (2006) y La joven guardia (2009). Fue la antologadora de Contra el tiempo (2013), una recopilación de cuentos de su compatriota Ana María Shua. Ha guionizado, junto a la directora peruana Claudia Llosa, su novela Distancia de rescate, que ha sido producida por Netflix. Su obra ha sido traducida a una treintena de lenguas.

Cuenta con un nutrido número de nominaciones, premios y reconocimientos internacionales, entre ellos, podemos destacar:

  • – Premio Mandarache de Jóvenes Lectores, por Kentukis (España, Colombia y Chile)
  • – Premio Tournament of Books, por Distancia de rescate (Estados Unidos)
  • – Premio Shirley Jackson, por Distancia de rescate (Estados Unidos)
  • – Nominada al Man Booker Prize, por Distancia de rescate (Reino Unido)
  • – Premio Tigre Juan, por Distancia de rescate (España)
  • – Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, por Siete casas vacías (España)
  • – Premio Konex: Diploma al Mérito, por su trayectoria como cuentista durante el período 2009-2013 (Argentina)
  • – Premio Juan Rulfo de relatos, por «Un hombre sin suerte» (Francia)
  • – Premio Casa de las Américas, por La furia de las pestes (Cuba)
  • – Premio del Fondo Nacional de las Artes, por El núcleo del disturbio (Argentina)
  • – Premio en el Concurso Nacional Haroldo Conti, por «Hacia la alegre civilización de la capital» (Argentina)

 

Poética narrativa de Samanta Schweblin

Como ya hemos afirmado, su narrativa, tanto en sus cuentos como novelas posee un estilo muy propio y reconocible. Entre los rasgos más significativos en el conjunto de su obra o en muchas de sus narrativas, podemos destacar:

  • una prosa tendente a la depuración, precisa, saneada de elementos accesorios; como la misma Schweblin afirma: «Siento que, cuanto más fuerte y concreto es lo que quiero decir, menos palabras debería utilizar» (El oficio de escritor);
  • Schweblin ha afirmado que parte de imágenes para echar a rodar sus narraciones, de ahí que no resulte extraño que, a menudo, estas sobresalgan por un estilo marcadamente impresionista;
  • la autora ha manifestado no sentirse muy preocupada por la experimentación genérica, pero sí reconoce que tiende a trabajar en el «límite de los géneros». Por este motivo, la mayoría de sus obras nos resultan difíciles de clasificar;
  • la construcción de atmósferas densas, oscuras, inquietantes, donde, como ya se ha señalado, palpita la extrañeza enclavada en el corazón de lo cotidiano. La influencia de la literatura del absurdo es muy marcada en muchos de sus relatos;
  • la configuración de personajes, situaciones y marcos temporales y cronológicos contemporáneos, reconocibles de inmediato por el lector;
  • el perfil de los protagonistas que crea la autora cubre un amplio espectro de edades, condiciones sociales y género. Lo mismo ocurre con los espacios donde acontecen sus tramas, desde escenarios plenamente rurales como en El núcleo del disturbio a completamente urbanos como en Siete casas vacías;
  • aunque en Kentukis se multiplican los escenarios geográficos donde acontece la trama, Schweblin ha declarado en más de una ocasión, el sentir una mayor inclinación por ubicar sus historias en su Argentina natal. Pese a ello, las historias mantienen en casi todas sus obras una gran vocación de universalidad;
  • las tramas, aunque aparentemente morosas en su planteamiento, tienden a evolucionar mediante golpes de tensión narrativa, con un potente ritmo interno. Como sostiene la autora: «sin la tensión no siento que tenga derecho a retener a un lector en lo que estoy escribiendo» (El oficio de escritor);
  • abundancia de narradores en primera persona, que relatan sus propias vivencias lo que permite a la autora acercarnos más a sus personajes, pero, al mismo tiempo, haciéndolos así menos confiables;
  • los temas preferentes de la autora se relacionan con las relaciones humanas a distintos niveles, especialmente familiares, y con especial énfasis en algunas de sus vertientes menos luminosas como la soledad, la fragilidad, el aislamiento, la introversión, la agresividad, el miedo a la pérdida, la incomunicación o la muerte;
  • no poseen, sin embargo, las historias de Schweblin una aureola pesimista o dramática sino que, más bien, el lector, las más de las veces, queda sumido en una cierta perplejidad por la neutralidad con que se enfocan situaciones que tienen poco de alegre u optimista;
  • a pesar de la sobriedad narrativa e, incluso, de la sequedad emocional de muchas de sus historias, la paradoja, la ironía, lo grotesco y un humor ciertamente oscuro laten en el fondo de las narraciones redondeando su alcance crítico;
  • el universo creativo de la creadora es, sin duda, como ya hemos remarcado previamente, unitario, coherente, orgánico y está dotado de una poderosa capacidad de evocación dentro de un procedimiento que la autora ha calificado en algún momento como «ensanchamiento de lo real».

La autora en sus palabras y en las de sus críticos

Ha sido considerada integrante de ‘la joven guardia argentina’ (La joven guardia. Nueva literatura argentina, 2005) integrada, entre otros, por los escritores Mariana Enríquez, Washington Cucurto, Gonzalo Garcés, Gabriela Bejerman, Pedro Mairal, Andrés Neuman o Patricio Pron. En 2010, la prestigiosa revista Granta la incluyó entre los veintidós mejores narradores de su generación en español. En 2017 fue incluida en la lista de ‘Bogotá 39’ de los 39 mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. Hoy en día, de las jóvenes generaciones de escritores es, posiblemente, junto con Mariana Enríquez, la más internacional de los autores argentinos y, en gran medida, de todos los escritores en lengua castellana.

Esta inclusión en grupos generacionales la alista en una oleada de narradores que han experimentado con nuevas formas de procesar estéticamente la realidad, pero que no los uniforma en absoluto. En el caso de Schweblin ella misma sintetiza muy bien su singular acercamiento al mundo «real» en su interacción con sus márgenes, dinámica esta que pauta gran parte de sus narraciones:

Creo que el mundo de lo real, y todo lo que etiquetamos como «normalidad» en nuestra vida, no es más que una convención social, un pacto con los otros que nos permite movernos dentro de ciertas reglas. En Buenos Aires, por ejemplo, sigue usándose la tracción a sangre en medio de la ciudad, y estos caballos circulan muy asustados por los ruidos y el tráfico. Así que le ponen en los ojos unas viseras que solo le permiten al caballo mirar hacia adelante. Estas viseras son como nuestro pacto de qué pertenecerá al mundo de lo real y qué no para cada sociedad. Que los caballos no puedan ver los coches que circulan a los lados, a solo centímetros de ellos, no significa que estos coches no existan. Son tan reales que, a un paso mal dado, podrían hasta atropellarlos (Literal Magazine, 02/05/2018)

Aquí puedes explorar varios enlaces que te ayudarán a pergeñar una visión más completa de la autora y de sus trabajos:

Kentukis

Información contenida en la contraportada (Literatura Random House, 2018)

Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca… y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney, ni una persona que vive en Bangkok desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.

Los personajes de esta novela encarnan el costado más real -y a la vez imprevisible- de la compleja relación que tenemos con la tecnología, renovando la noción del vouyerismo y exponiendo al lector a los límites del prejuicio, el cuidado de los otros, la intimidad, el deseo y las buenas intenciones. Kentukis es una novela deslumbrante que potencia su sentido mucho más allá de la atracción que genera desde sus páginas. Una idea insólita y oscura, tan sensata en sus reflejos que, una vez que se entra en ella, ya no se puede salir.

 

Estructura y contenido del libro

Dentro de la bibliografía de la autora, Kentukis es su segunda novela y ahonda en muchos de los temas e intereses ya investigados por ella en obras previas, aunque, en este caso, desde una perspectiva novedosa con la introducción del elemento tecnológico como canalizador de relaciones sociales y estados psicológicos.

El libro se compone de una serie de episodios, de longitud variable, que carecen de encabezamiento alguno. Por estas secciones vemos transcurrir, aleatoriamente, diversas situaciones humanas donde el común denominador es la ‘conexión kentuki’ entre sus protagonistas. Cinco de las historias son centrales, se resuelven a través de diversos capítulos, mientras que otras solo acontecen en uno de ellos o tienen menor recorrido. La autora ha declarado que la inspiración para desarrollar la escritura del libro le llegó tras un periodo vital en el que, a pesar de sus frecuentes viajes y actividades académicas y sociales, el hecho de que estas acontecieran mayoritariamente en formato digital, le hizo reflexionar sobre la mediación de la tecnología en nuestras relaciones, el voyerismo que implican y la soledad que esconden.

Algunos temas y aspectos principales de esta narrativa que cabe destacar son:

  • aunque nos encontramos ante una novela, Schweblin siempre ha manifestado su preferencia por el relato y, de alguna manera, la estructura episódica, alterna y autónoma de las distintas historias nos hace recordar una configuración más propia de un volumen de historias independientes;
  • la prosa no resulta densa o complicada, algo que se encuentra en clara relación con la propia naturalidad con la que fluyen las tramas;
  • la tercera persona omnisciente es el enfoque narrativo elegido a lo largo de todo el texto, lo que nos aporta una visión amplia y profunda sobre los personajes y las situaciones;
  • todas las historias se enmarcan en una contemporaneidad reconocible por nosotros y se caracterizan, en general, por la cotidianidad de las acciones de sus personajes;
  • los relatos se emplazan en diversas localizaciones internacionales, pero los kentukis trazan una red global de vinculaciones digitales lo que, de alguna manera, es un trasunto de la globalidad comunicativa y digital que preside nuestra propia realidad;
  • muchos de sus personajes presentan algún tipo de circunstancia personal, familiar, marcada por el conflicto, las carencias afectivas, el desamparo o la soledad;
  • los problemas de comunicación de los protagonistas de todas las tramas es muy patente y los kentukis les despiertan paradójicos afectos y emociones que parecían ya adormecidas o inexistentes en las relaciones humanas «presenciales»;
  • pese a que un halo de drama recorre muchas de las historias, las paradojas que introducen la presencia de los kentukis, provoca que, a menudo, muchas situaciones posean una carga notable de ironía y humor, resultando en  ocasiones incluso absurdas y grotescas;
  • a pesar de que las historias transcurren morosas, sin grandes sobresaltos argumentales, en todas ellas percibimos una tensión in crescendo que conduce a resoluciones sorprendentes o drásticas;
  • aunque el planteamiento realista de las historias es incuestionable, la presencia de un dispositivo digital como «mascota» o divertimento y con singulares funcionalidades, junto con la extrañeza de algunas situaciones, nos hace percibir un aliento de extrañeza que nos lleva a dudar sobre la clasificación genérica de la obra: estamos ante la paradoja de la naturalización de un mundo «hipertecnologizado» que aún no llegamos a comprender en su totalidad;
  • las historias están articuladas a través de binomios como «amo-mascota», «tener-ser», «mirar-ser mirado» lo que acrecienta la sensación de juego de espejos que recorre buena parte de la narrativa;
  • se puede extraer una evidente dimensión ética referida a los límites de lo digital y su influjo en nuestras vidas y relaciones humanas.

Lectura

Se trata de una narrativa de fácil lectura por la fluidez en el desarrollo de las distintas historias y por componer, con todas ellas, un todo que arroja luz sobre la presencia de un dispositivo que perturba la vida de sus poseedores. Su clara vinculación con nuestra realidad digital y tecnologizada puede provocar numerosas reflexiones al lector. Aquí tienes algunas de las preguntas que quizá te ayuden a enfocar tu lectura:

  1. ¿Qué te ha sugerido el título de la novela? ¿Por qué crees que la autora ha decidido bautizar así estos dispositivos?
  2. ¿Cómo crees que conectan con la narrativa en su conjunto, o con los textos que la componen, los epígrafes tomados del manual de una retroexcavadora y de la novela La mano izquierda de la oscuridad (1969), de la escritora de ciencia ficción estadounidense Ursula K. Le Guinn?
  3. ¿Qué efecto crees que provoca el que la novela sea coral y acontezca en distintos escenarios internacionales, retratando situaciones humanas aparentemente tan diversas? ¿Qué impacto provoca esto en la lectura e interpretación de la obra?
  4. ¿Cómo calificarías el estilo de la prosa de Schweblin y los recursos empleados en esta narrativa? ¿Te ha resultado compleja de leer o de interpretar?
  5. En la solapa de la obra se incluye una cita a una reseña publicada sobre el libro en The New Yorker donde se asevera lo siguiente «Tiene un diseño tan enigmático y disciplinado que el libro parece pertenecer a un nuevo género literario», ¿por qué crees que se afirma esto? ¿Estás de acuerdo? ¿Te atreverías a asignarle un género a la obra?
  6. Schweblin ha afirmado en varias ocasiones no sentir un especial interés por los desarrollos tecnológicos, ¿cuál crees que es el papel de lo tecnológico entonces en esta obra?
  7.  Schweblin ha rechazado la etiqueta de «distópica» para referirse a la novela, ¿concuerdas con ella? ¿Por qué crees que no la considera aplicable? ¿Cómo lo interpretas desde tu punto de vista?
  8. Si la presencia de dispositivos digitales en nuestras vidas no es el núcleo temática de la narrativa, ¿cuál sería, según tú, el tema o temas centrales de la obra?
  9. Como hemos señalado, son muy diversos los protagonistas de cada trama pero, ¿tienen algo en común? ¿Te han parecido todos relevantes o interesantes? ¿Qué historia o personaje te ha resultado más atractivo o mejor construido y por qué?
  10. ¿El hecho de que las historias se vayan alternando a lo largo del libro te ha supuesto alguna complicación en la lectura? ¿Te parece efectivo este diseño?
  11. ¿Por qué crees que hay algunas tramas que se desarrollan a lo largo de toda la novela mientras otras solo se abordan en uno de los episodios?
  12. ¿Crees que el orden en el que están dispuestos los relatos posee alguna función o simbología concreta?
  13. En las distintas historias vemos ejemplos de relación muy opuesta hacia los kentukis: desde ataques de inusitada violencia hacia los dispositivos hasta afectos muy apasionados. Así, los personajes parecen manifestar una emocionalidad hacia los kentukis que no proyectan o no saben proyectar hacia otros seres humanos, ¿por qué crees que sucede esto?
  14. ¿Por qué crees que Schweblin ha concebido a los kentukis con aspecto de animalito de peluche? ¿Por qué crees que carecen de la posibilidad de comunicarse directamente con sus «amos»?
  15. Varios personajes experimentan confusiones entre la vida «real» y la digital o, incluso, rechazan la primera en favor de la segunda, ¿qué conclusión extraes de esto en relación con nuestra propia sociedad actual?
  16. ¿Consideras que la obra nos puede iluminar de alguna manera sobre nuestra relación con el mundo tecnológico y, en especial, en nuestra interacción a través de las redes sociales?
  17. En la página 63 del libro se hace una alusión a los libros como «reliquias de una civilización anterior», ¿qué papel crees que puede jugar la literatura en un mundo dominado por las redes sociales y los dispositivos digitales? ¿Qué podemos concluir en este sentido de la lectura de esta novela?

Este es el

Ya está aquí la  IX edición del club de lectura de la Universidad de León

¡Ya está aquí la  IX edición del club de lectura de la Universidad de León!

Si deseas obtener el diploma acreditativo para el reconocimiento de los créditos LEC y ECTS,  debes  matricularte en el Curso  de Extensión Universitaria CLUB DE LECTURA UNIVERSIDAD DE LEÓN. Si solo quieres unirte a una comunidad lectora y disfrutar compartiendo  los coloquios y  encuentros (virtuales) de las lecturas, no  es necesario que te matricules ni pagues ninguna cantidad económica, pero sí que nos avises por correo y que nos envíes tus datos personales (nombre y correo electrónico)

Como sabes, este año  las sesiones serán de nuevo  en formato online.  Los encuentros se llevarán a cabo a través de Meet  y en breve  nos pondremos en contacto contigo para convocarte al primero de ellos (te envío una guía rápida para que te familiarices con el  programa: Guía rápida de Google Meet pdf). Te enviaremos un enlace para que te unas al encuentro en cada sesión.

Estas son las obras que abordaremos. De ellas y sus autores puedes saber más en la información que te dejamos en la página específica de  nuestro blog.

Nuestra primera cita tendrá lugar el 28 de septiembre ¡Hasta pronto!

Novena edición del club de lectura de la Universidad de León

Ya está en marcha el club de lectura de la Universidad de León para el curso 2021-2022. Este año continuaremos con la dinámica de guías, coloquios y charlas con los escritores, Y también con las sesiones no presenciales, sino en formato online, a través de Google Meet y de  Ariadna, el Moodle externo de la Universidad de León.

Como lectores mantenemos  nuestro amor por los libros, la lectura y las historias bien contadas, pero es preciso resistir un poco más hasta que podamos reencontrarnos de nuevo cara a cara.

Estas son las obras que abordaremos. De ellas y sus autores puedes saber más en la información que te dejamos en la página específica de este blog.

¿Quieres saber
cómo participar en la
Novena  edición del Club de lectura de la ULe?

Guía a la lectura. Lo que no es tuyo no es tuyo, de Helen Oyeyemi

Por Rosa María Díez Cobo

Helen Oyeyemi. (Fotografía de Linda Nylind para The Guardian)

Helen Oyeyemi. (Fotografía de Linda Nylind para The Guardian)

Helen Oyeyemi

Helen Olajumoke Oyeyemi (Nigeria, 1984) es una escritora británica de raíces nigerianas con una aún corta pero intensa trayectoria. Con cinco novelas, dos obras teatrales y un libro de relatos ya publicados, ha sido aclamada por la crítica internacional desde la primera de sus obras, The Icarus girl (2005), que vio la luz cuando la autora solo contaba 18 años e iniciaba sus estudios de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad de Cambridge.

Es una narradora singular puesto que, pese a sus orígenes geográficos y culturales, ha rechazado los intentos de filiación que se le han intentado adjudicar con otros autores africanos o de la diáspora. Tampoco se siente alineada con autoras africanas contemporáneas reconocidas por sus demandas identitarias y feministas. Esta reivindicación de su autonomía geográfica y de su independencia creadora se refleja en esta declaración que se recoge en el siguiente artículo del diario El País (03/02/20):

«No siento ninguna conexión, ¿por qué debería? Soy británica, y no me siento arraigada en ninguna tradición más que en la que me he formado con mis lecturas».

No en vano, Oyeyemi ha residido en diversos países —desde hace unos años se radica en la capital checa—  y el estilo de su obra, metamórfico, escurridizo y colorista, resiste clasificaciones sencillas y se ha vinculado con multitud de autores de la escena internacional, aunque fundamentalmente de la tradición anglófona: los hermanos Grimm, Edgard Allan Poe, Henry James, Silvina Ocampo, Barbara Comyns, Shirley Jackson, Flannery O’Connor, Paul Auster, o Mariana Enríquez, entre otros.

Si bien la autora se opone a explicaciones simplistas y unívocas de sus textos, en sus obras se puede detectar una serie de recurrentes conexiones con su devenir biográfico: la experiencia multicultural, las identidades poliédricas, las tradiciones narrativas orales, la discriminación racial, los procesos depresivos y de ansiedad, la residencia itinerante, etc.

Pero si algo distingue la prosa de Oyeyemi es su personalísimo y deslumbrante acercamiento a la realidad. Su afirmación «para mí la fantasía es parte de la realidad» (Llegir en cas d’incendi, 20/11/19) es toda una declaración de intenciones sobre cómo esta creadora perfila unos universos narrativos cuajados de potenciales y extraordinarias interpretaciones en su moldeamiento del mundo textual. Asimismo, insiste en que su narrativa no es tanto ambigua —algo de lo que se la ha tildado muy a menudo—  como fluida y con la tendencia a dejar todas las puertas abiertas para que el lector pueda decidir por sí mismo qué ruta tomar. En esencia, para aproximarnos a la obra de esta singular narradora, conviene despojarnos de etiquetas aprioristas y dejarnos deslizar por las sinuosidades argumentales de sus textos.

Los novelas que la autora ha publicado hasta el momento son: The Icarus girl (2005), The opposite house (2007), White is for witching (2009), Mr. Fox (2011), Boy, snow, bird (2014), y Gingerbread (2019). Su único volumen de relatos es el titulado What is not yours is not yours (2016). Como autora teatral podemos señalar dos títulos Juniper’s Whitening (2005) y Victemese (2005). De todas estas obras solo tres, hasta el momento, se han traducido al español: El señor Fox (Acantilado, 2013), Boy, snow, bird. Fábula de tres mujeres (Acantilado, 2016), y Lo que no es tuyo no es tuyo (Acantilado, 2019).

Debido a su temprana ponderación por la crítica, Oyeyemi ya cuenta en su haber con numerosos premios y reconocimientos internacionales; entre ellos, podemos destacar:

  • Reconocida en la lista ‘Venus Zine’s 25 under 25’, una lista de los 25 mejores novelistas británicos de menos de 25 años.
  • Finalista del galardón estadounidense ‘Shirley Jackson Award’ por su novela White is for witching.
  • Ganadora del premio británico ‘Somerset Maugham Award’.
  • Ganadora del premio estadounidense ‘Hurston/Wright Legacy Award’ por su novela Mr. Fox.
  • Merecedora del galardón Granta ‘Best of Young British Novelist’.
  • Finalista para el premio ‘Los Angeles Times Book Prize’ por su novela Boy, snow, bird.
  • What Is Not Yours Is Not Yours recibe el galardón internacional ‘PEN Open Book Award’.
Helen Oyeyemi (Foto grafìa de Juan Barbosa para El País)

Helen Oyeyemi (Fotografía de Juan Barbosa para El País)

Poética narrativa de Helen Oyeyemi

 

Su obra alberga multitud de temas e intereses, y posee un estilo muy propio y variable. Así, destacaremos los siguientes aspectos, sobre todo en referencia a sus creaciones narrativas:

  • aunque Oyeyemi rechaza las dependencias geográficas de sus obras, se detectan influencias personales y culturales que remiten, con frecuencia, al gusto por personajes multiculturales, expatriados y a la influencia de las tradiciones narrativas orales y de diversas religiones y mitologías;
  • su prosa es generalmente poética, evocadora, dotada de imágenes plásticas y sugerentes;
  • presenta una notable exuberancia en el uso de recursos narratológicos, principalmente la autora ha desarrollado una técnica de deslizamiento narrativo que podríamos calificar como de stream of action”, fluir de la acción, por la cual las acciones más dispares se enhebran de formas constantes y sutiles revelando al lector que la existencia humana es un continuo entronque de hechos a veces disparatados;
  • el núcleo de sus relatos a menudo nos resulta trivial: las tramas se ocupan de anécdotas cotidianas, y, en muchas ocasiones, banales, pero siempre, en un momento dado, la escritora les aporta un giro peculiar que revela que lo sorprendente se puede ocultar tras las acciones más intrascendentes;
  • muchos de sus textos desdibujan de una forma natural y lúdica las fronteras entre realidad y fantasía y esto la ha llevado a recurrir a elementos propios del género fantástico como, por ejemplo, la casa encantada que protagoniza su novela White is for witching. Sin embargo, Oyeyemi transita de un modo disparejo por los diversas vertientes de lo insólito y, así, dependiendo de los textos, podríamos tildarlos de fantásticos, maravillosos o mágicorrealistas;
  • relacionado con lo anterior, Oyeyemi también ha incursionado en la reescritura o reelaboración de cuentos populares clásicos como en Boy, snow, bird o en Fox y, a menudo, en muchos de sus narraciones, detectamos estructuras, personajes o elementos que comparten características con este tipo de narrativas;
  • las obras de la británica se hallan plagadas de autorreflexiones literarias y de referencias al arte literario y otras variantes artísticas (teatro, cine, música). En su novela Fox el juego narrativo metafictivo es constante, por ejemplo;
  • existe un claro gusto por personajes de identidades fluidas lo que se trasluce en sus acciones, vivencias, etnicidad, género, etc.
  • aunque muchos de sus protagonistas manifiestan una tendencia al aislamiento, la melancolía y la introversión, el acercamiento que la autora realiza sobre ellos no es negativo o dramático, al contrario, la prosa de Oyeyemi aspira, de forma general, a mostrar una fe firme en la posibilidad de las conexiones humanas y las resoluciones pacíficas o alegres;
  • el humor y la ironía recorren la mayoría de sus textos que, en general, no presentan una propensión hacia la gravedad o el drama, de ahí que se la haya calificado como “una enorme dama de la comedia británica” (Laura Fernández, Babelia, 20/06/19);
  • en sus textos el protagonismo femenino es mayoritario, aunque la autora ha rechazado una lectura feminista de este aspecto y ha preferido interpretarlo como una tendencia natural a narrar situaciones y eventos más cercanos a su propia experiencia femenina;
  • pese al rechazo general de la autora hacia un compromiso crítico determinado, en sus obras, en ocasiones, se insertan y focalizan, de forma natural, aspectos relacionados con este como el acoso, el maltrato, la discriminación, etc.

 

La autora en sus palabras y en las de sus críticos:

Como ya se ha mencionado, Oyeyemi es gran medida, una autora inclasificable que reniega de las categorizaciones comunes. Reclama la creación de un territorio personal, propio, basado en su propia aproximación a la realidad. De ahí que ya de niña, como ella misma relata para la entrevista que ofrece a Andrea Aguilar en El País (03/02/20), se atrevió a modificar el final de la popular novela Mujercitas porque no le agradaba. Eso es lo que nos ofrece Oyeyemi en sus incursiones narrativas: la reversión de las conclusiones manidas, la relectura excéntrica de lo cotidiano, la ruptura de las costuras impuestas.

Helen Oyeyemi (Fotografía de Frank Bauer)

Helen Oyeyemi (Fotografía de Frank Bauer)

Aunque, por sus similitudes, pueda resultar tentador alistar a Oyeyemi en las filas del posmodernismo o en comunión con autores del género fantástico, la idiosincrasia de su prosa dificulta, una vez más, trazar una genealogía evidente de su prosa. Si bien estas y otras influencias son innegables, la imaginación prolífica de la autora rebasa estas tipificaciones. No en vano, si atendemos a las reseñas de cualquiera de sus obras indefectiblemente nos encontramos con este foco sobre su excentricidad. En palabras de Vanessa Graell, en su crítica de Lo que no es tuyo no es tuyo para El Mundo, nos encontramos la siguiente reflexión sobre la naturaleza tan única de las narraciones de la británica:

A Oyeyemi le gusta salirse de la línea argumental y tomar bifurcaciones nada evidentes. Huye de lo lineal y desdibuja la frontera entre la realidad y los mundos imaginarios. A modo de juego infantil o de un suspense a lo Hitchcock, resuelve el misterio de la forma más insólita.

A pesar de esta notoriedad crítica alcanzada internacionalmente en los últimos años, Oyeyemi aún no es muy conocida para el público lector en español. Aquí puedes explorar varios enlaces que te ayudarán a pergeñar una visión más completa de Oyeyemi y de sus trabajos:

 

 

 

Lo que no es tuyo no es tuyo

 

Información contenida en la contraportada (Acantilado, 2019)

 Lo que no es tuyo no es tuyo es una colección de relatos que comparten entre sí algo más que la colorida prosa de su autora: las llaves, literales y metafóricas, que desvelan secretos y abren por igual puertas y corazones. En un cuento dan acceso a una biblioteca perdida y a un jardín oculto en Barcelona, dos lugares que serán la clave del destino de las protagonistas; en otro, abren el corazón de una alumna en una escuela de marionetas; hay llaves que protegen de los fisgones un místico diario íntimo, y otras que cierran las puertas de una inquietante «casa de las cerraduras». Tomando los cuentos de hadas como punto de partida, Helen Oyeyemi revisita la tradición desde perspectivas insólitas y, gracias a su poderosa y brillante imaginación, nos transporta a lugares que, como en los sueños, nos resultan tan sorprendentes como reveladores.

 

Estructura y contenido del libro

The Key to her Secret Garden by Christian Schole

The Key to her Secret Garden by Christian Schole

Dentro de la bibliografía de la autora, Lo que no es tuyo no es tuyo es su ópera prima cuentística y nos da en buena medida la pauta de los temas e intereses principales de Oyeyemi, que ya exploró en sus novelas previas y en los que ahondará esta obra. De hecho, en su novela Mr. Fox la estructura general se compone de relatos engarzados por lo que, a decir verdad, no difiere tanto de la propia organización del volumen que aquí estamos considerando.

El libro se compone de nueve relatos, de longitud variable, todos ellos precedidos de significativos títulos. La autora ha declarado que la inspiración para desarrollar la escritura del libro le llegó cuando, en una visita a Egipto, adquirió un puñado de llaves antiguas. Su reflexión sobre la historia que se escondía detrás de cada una de ellas supuso el arranque de estos relatos.

Algunos temas y aspectos principales de esta narrativa que cabe destacar son:

  • la prosa es elaborada, poética, plástica, pero no resulta densa o complicada, algo que se encuentra en clara relación con la propia facilidad con la que fluyen las tramas;
  • las voces narradoras, su naturaleza y enfoque, varían de relato en relato;
  • algunos textos contienen alusiones o comentarios metafictivos y, en general, se detecta un gran número de reflexiones sobre el acto y modos de la escritura y el arte en su sentido más general;
  • contiene gran diversidad en el asunto de las tramas; cada relato nos transporta a situaciones y acciones muy diferentes entre sí;
  • muchas de las historias se enmarcan en escenarios más o menos contemporáneos y se caracterizan, en general, por la cotidianidad de las acciones de sus personajes;
  • los relatos recorren diversas cartografías y es significativa la evocadora diversidad de la que dota a los nombres de los personajes;
  • es frecuente el protagonismo femenino y existe una numerosa presencia de personajes homosexuales o que traslucen ambigüedad genérica;
  • muchos de sus personajes funcionan en pareja, describiendo duplicidades que se pueden interpretar de forma distinta en cada relato;
  • la mayoría de los textos presentan una notable dosis de humor, de complacencia y hay una tendencia desdramatizadora en todos ellos aunque, en algunos, se presenten situaciones humanas graves o incluso trágicas;
  • los planteamientos narrativos fluyen de una forma peculiar: se hallan repletos de digresiones, anécdotas menores, bifurcaciones, saltos temporales, giros argumentales inexplicables, equívocos, tramas inconclusas o con finales abiertos, etc.;
  • aunque muchas de las situaciones se plantean inicialmente de un modo realista, con muchas concomitantes con nuestra realidad actual, los textos de esta obra descubren que la frontera entre realidad y fantasía puede ser muy tenue, de forma que ambas se interpenetran de un modo natural, cercano a los modos insólitos del realismo mágico y lo maravilloso;
  • el fluir narrativo evoca las estrategias de la narración oral popular o, simplemente del estilo conversacional;
  • muchos de los relatos revelan la influencia de los cuentos de hadas tanto en fondo como en forma;
  • así como cada narración transcurre con peculiar autonomía, las fronteras entre los diversos cuentos del volumen también se desdibujan con motivos y personajes que reaparecen a través de las diversas historias;
  • se aprecia la existencia de símbolos recurrentes en los relatos que, de nuevo, pese a su repetición, demuestran su variabilidad en cada situación dada adquiriendo distintos valores o funciones.

Lectura

Se trata de una narrativa asequible en su estilo general, pero cuyas tramas, dada su radical tendencia a describir fuertes meandros, puede resultar bastante compleja de seguir. Esto puede provocar numerosas reflexiones o incertidumbres al lector. Aquí tienes algunas de las preguntas que quizá te ayuden a enfocar tu lectura:

  1. ¿Cómo crees que conecta el epígrafe «Abréme con cuidado», de la poeta estadounidense Emily Dickinson, con la narrativa en su conjunto o con los textos que la componen?
  2. El título general del libro, así como de los relatos, resultan muy sonoros y sugerentes, ¿cómo los interpretas en relación con las tramas y las situaciones descritas?
  3. ¿Cómo calificarías el estilo de la prosa de Oyeyemi y los recursos empleados en esta narrativa? ¿Te ha resultado compleja de leer o de interpretar?
  4. Las voces narrativas alternan, en su naturaleza, de relato en relato e, incluso, a veces, dentro del mismo relato, ¿qué efecto crees que aportan a la lectura y su interpretación?
  5. Vemos que los personajes de cada relato tienen una procedencia geográfica, étnica y cultural diversa, aspecto que se refleja en la presencia de nombres muy evocadores y sonoros, ¿qué te ha sugerido esta multiculturalidad en los protagonistas de los relatos?
  6. Asimismo, vemos que la sexualidad y la identidad de género de los personajes es extremadamente diversa y fluida, ¿qué te ha llamado la atención sobre esta cuestión recurrente en los relatos?
  7. Oyeyemi ha declarado en diversas ocasiones que sus textos no tienen una vocación feminista y que, más bien, los considera femeninos, ¿qué opináis de esto tras la lectura de los relatos y el gran número de protagonistas femeninas que los integran?
  8. Igualmente, la autora ha rechazado adjudicar a sus obras algún tipo de funcionalidad o compromiso extraliterarios y las considera, más bien, una exploración de sus intereses y conciencia, ¿estáis de acuerdo con la autora en que estos relatos carecen de cualquier trasfondo crítico?
  9. En la obra hay numerosas dúos de personajes (parejas sentimentales, amigos, hermanos, colegas, etc.), ¿qué papel creéis que desempeñan estos tándems?
  10. Uno de los aspectos más significativos del texto es la ruptura de las fronteras entre la realidad y la fantasía, lo verosímil y lo inverosímil, de ahí que, en todos los relatos que contiene este volumen, en un punto dado, se dé algún hecho insólito, ¿cómo es el tratamiento que hace Oyeyemi del tema?, ¿cómo lo experimentan los propios personajes?
  11. A pesar de que cada relato funciona autónomamente dentro del volumen, hay conexiones entre todos ellos, ¿cuántas de ellas has detectado y cómo crees que contribuyen a dar cohesión al libro?
  12. La figura del títere o la marioneta es principal en uno de los relatos del libro, aunque en varios de ellos se menciona, ¿qué papel crees que juega y por qué la autora la dota de tanta relevancia (incluso menciona el asunto en los agradecimientos finales)?
  13. El volumen presenta una serie de recursos o aspectos recurrentes a lo largo de todos sus textos, ¿por qué no intentas localizar algún ejemplo de los siguientes?
        • metaficción o reflexión sobre el propio acto de escritura;
        • alusiones a distintas actividades artísticas;
        • digresiones argumentales;
        • bifurcaciones en las tramas;
        • referencias a los cuentos de hadas o tradiciones narrativas populares;
        • ruptura en la diferencia que generalmente se establece entre lo animado y lo inanimado, los seres vivientes y los objetos;
        • humor;
        • simbolismos;
        • recurrencia del mismo o los mismos personajes en diversos relatos;
        • …y otras que hayáis detectado?
  14. ¿Crees que el orden en el que están dispuestos los nueve relatos posee alguna función o simbología concreta?

VIII edición del club de lectura de Universidad de León

Ya está en marcha la VIII edición del club de lectura de Universidad de León. Empieza esta tarde de martes 6 de octubre a las 19:00 horas. Este año podrán asociarse a nuestro club personas de fuera de León, pues los encuentros se realizarán a través de sesiones meet.
Los lectores interesados deben  enviar un correo  ( nalvm@unileon.es) facilitando nombre y apellidos y correo electrónico. Todavía quedan plazas. (Los que ya han escrito no tienen que volver a hacerlo porque están ya incorporados).

4 preciosas lecturas de las editoriales Acantilado, AdN Alianza de Novelas,Editorial Impedimenta y Editorial Páginas de Espuma.

¡Te esperamos! Solo tienes que conectar con nosotros.  Si lo haces antes de las  17:00 horas te enviaremos el enlace meet para unirte a la primera sesión.

Octava edición del club de lectura de la Universidad de León

Ya está en marcha el club de lectura de la Universidad de León para el curso 2020-2021. Este año continuaremos con la dinámica de guías, coloquios y charlas con los escritores, pero  habrá cambios en la intendencia, como corresponde a la… ¿nueva normalidad? Ya te iremos informando con mayor detalle, pero estas son algunas de las novedades de la Octava edición del club de lectura.

Lo que no cambiará será nuestro amor por los libros, la lectura y las historias bien contadas. Aquí  te dejamos un anticipo de las obras que abordaremos. De ellas y sus autores puedes saber más en la información que te dejamos en la página específica de este blog.