Barbara (1930-1997): 20 Años de la Muerte de la Reina de la Chanson

En 1997, a la edad de 67 años, desapareció repentinamente Barbara. Era un 24 de noviembre, mes que ella odiaba. Veinte años después de su muerte, la dama de negro es sin duda la cantante francesa más respetada, incluso entre las generaciones más jóvenes. Con una obra tan densa como apasionada, es una de las pocas mujeres, tal vez la única, que aparece en el círculo muy limitado de maestros de la canción clásica francesa junto a monumentos como Brel, Brassens o Ferré. Con todos ellos, Barbara simbolizaba la “nouvelle chanson” dejando atrás la generación del cabaret.

Su hipnótica y misteriosa imagen, a menudo la hacen parecer una mujer oscura y seria. Es cierto que Barbara era extremadamente estricta con su trabajo y tan exigente que podía ser feroz con sus colaboradores. Pero a la vez, sus amigos recuerdan su peculiar sentido del humor, las horas que pasaba tejiendo bufandas o cocinando en su casa de Precy-sur-Marne .

Un carácter directamente derivado de las ansiedades que amasaban a esta mujer, cuya infancia fue una pesadilla. Nacida como Monique Serf en 1930, en París, en una familia judía, debe abandonar la capital muy rápidamente para peregrinar por las cuatro esquinas de Francia entre 1940 y 1945, con el fin de escapar del horror nazi. En este momento apocalíptico, ella también debe enfrentarse a un padre incestuoso … Sus tormentos, que vienen de la infancia o el resultado de su problema cardíaco, de los cuales Barbara nunca se atrevió a expresarlos en público. O muy poco. Sus canciones, por otro lado, dicen mucho sobre sus miedos y dolores. En ellas encontró la fuerza para exorcizar sus demonios.

Barbara, vingt ans après

Nacida Monique Serf en 1930 en París, llega Barbara, como Serge Gainsbourg, Michel Polnareff y otros artistas de la misma generación, procedente de una familia judía de Europa Central. Su infancia está marcada por numerosas mudanzas. Después de la Segunda Guerra Mundial, la familia se mudó a Vésinet en la región de París. La niña comienza a tomar clases de canto y teoría musical. En 1947, la familia se trasladó al distrito 20 de París y Barbara se matriculó en el Conservatorio. Aprende algunas piezas clásicas, estudiando a Fauré, Debussy y Shumann. Rápidamente, abandona el conservatorio porque quiere actuar en el escenario. Ella lo intenta en los cabarets de París, pero no logró abrirse paso.

A principios de los años cincuenta, viajó a Bélgica para probar suerte. Elige un nombre artístico, Barbara Brodi, derivación del nombre de uno de sus lejanos ancestros eslavos (Varavara Brodsky) y repite el repertorio de Edith Piaf. Pero después de dos años sin éxito, regresa a París. Actuó en varios cabarets. En 1958 logró una audición en el Ecluse, el cabaret del momento. Ella comienza a darse a conocer, y en julio del mismo año, es invitada a cantar en el espectáculo nocturno del cabaret. Descubierta por Pathé Marconi, grabó su primer sencillo, y lanzó su primer álbum en la primavera de 1959, “Barbara at the Ecluse”.

Durante estos años se mezcló con una multitud de artistas en ciernes entre los que se incluyen Georges Moustaki, Serge Gainsbourg, Serge Lama y Brigitte Fontaine. Su repertorio se expande: a la canción realista de antes de la guerra, agrega textos de Brassens, Jacques Brel y Léo Ferré, luego tímidamente prueba ante esta audiencia sus primeras creaciones.

En 1960, Barbara lanzó un álbum, “Barbara Chante Brassens”, que tuvo un gran éxito. En marzo de 1965, publicó su primer álbum como autora, “Barbara Chante Barbara”. El álbum recibe el premio de la Academia Charles-Cros y definitivamente lanza la carrera de la cantante. Unos meses más tarde, escribe “Ma plus histoire d’amour”, una canción que dedica a su audiencia. Continúa conciertos y giras con éxito. En 1970, publicó “L’Aigle Noir”, su undécimo álbum, que da título también a la canción homónima incluida en el mismo, auténtico icono de su carrera musical. En este álbum rompe con el minimalismo habitual en la producción de sus trabajos, gracias a los esplendororos y ajustados arreglos del genial Michel Colombier.

En medio de la explosión yé-yé, Barbara no cede. Sus canciones son un monólogo interno de melancólica poesía negra, que representa heridas personales que a menudo se pueden identificar, o que hablan sobre el amor en bocetos que intentar sonar románticos. El resultado es una relación con su audiencia que ha sido descrita como un concierto de diván psicoanalítico donde se revela a sí misma en momentos que rayan en la catarsis.

En la década de los setenta, después de una despedida de la escena que no podrá respetar, emprende colaboraciones más o menos fructíferas que la llevan al teatro con “Madame” de Remo Forlani, donde interpreta el papel de una mujer gobernando sola un burdel abandonado en África, y en el cine con “Franz”, bajo la dirección de Jacques Brel. Estas aventuras conducen a fiascos críticos y financieros, pero sus fanáticos la siguen. También colabora con escritores y arreglistas talentosos, incluido François Wertheimer, quien escribió en 1973 el álbum “La Louve”, misterioso y poético. Pero el éxito solo ha agravado la fragilidad de esta compleja personalidad. Asustada por la opresiva adoración de sus admiradores, atormentada por las heridas de su infancia, propensa al insomnio, Barbara intenta suicidarse en 1974 tragando siete tubos de barbitúricos.

Sentimentalmente, Barbara multiplica historias de amor apasionadas y violentas, con hombres de todas las edades. Nunca se casó, tampoco tendrá hijos.

Durante los años ochenta, publicó el álbum “Seule” (1981) y luego coescribió el espectáculo musical “Lily Passion” (1985). Después de dos giras por Francia y el extranjero en 1988 y 1991, regresa a la escena en el Châtelet de París y graba el álbum “Châtelet 93” que le permite ganar el premio de la música a la artista femenina del año en 1994 .

 
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