De por qué comer fuera y asistir a un club de lectura

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Comer es para los seres humanos una necesidad vital que algunos de nosotros tenemos las suerte de poder satisfacer, de forma cotidiana, al menos una vez al día. (Porque eso, hay que obligarse de vez en cuando a recordarlo, es una suerte).

Desde las primeras papillas hasta nuestras preferencias actuales nuestro paladar ha ido evolucionando y educándose, siempre condicionado por la cultura gastronómica de nuestro entorno. En general, solemos preferir los guisos caseros  y la cocina tradicional . A cierta edad, ya tenemos nuestros gustos, nuestras manías, nuestras indigestiones, tal vez alguna intolerancia alimentaria y el recuerdo de algún atracón. El acto de comer es algo tan usual que a veces lo hacemos por hábito, porque ha llegado la hora de la comida, e ingerimos de forma automática unas viandas sabrosas y nutritivas, pero en las que tal vez ni reparamos más que para comprobar «qué toca hoy».

Comer fuera de casa conlleva en no pocas ocasiones una aventura implícita que trasciende la mera ingesta de alimentos. Solemos preparar  la salida  con ilusión, esperando lo mejor de ella. y la convertimos en una ocasión especial, casi una fiesta que nos gusta compartir con amigos. Nos atrevemos con nuevos platos, nos dejamos aconsejar, probamos las elecciones de nuestros compañeros, descubrimos lo que se guisa en otras cocinas, incluso en otras latitudes, saboreamos maridajes que nos parecían imposibles, comprobamos que los alimentos se pueden mezclar de forma inesperada y guisar con  técnicas diferentes a las que conocemos, con un resultado sorprendente.Woman and Waiter

«A mí no me gusta el sushi. Yo eso del pescado crudo…» decimos antes de experimentar por primera vez  la delicadeza de un bocado cuyo sabor se extiende en nuestra boca de manera exquisita.

«Yo es que soy ovo lacto vegetariano». Nada que objetar, algo encontrarás a tu gusto en la carta.

«Donde esté un cocido, que se quite todo». Es posible, pero ¿solo cocido y siempre cocido? Y en su caso ¿maragato, montañés, lebaniego, madrileño…?

­- «Bueno, pues pruebo de lo tuyo a ver si me gusta». Perfecto: cada uno tiene sus gustos y entre comensales suelen compartirse.

«A mi lo que me gusta es ir a un sitio bonito, estar en buena compañía y comer algo bien preparado». Muy bien, buenos propósitos.

«Vale, voy a probar las hamburguesas de lúpulo que me sugiere usted». Es interesante tener en cuenta las recomendaciones  y las especialidades de la casa.

Romper los tópicos sobre la comida puede ayudarnos a superar otras ideas prefijadas, a acercarnos a otras culturas, otras formas de hacer las cosas. Compartir con otros comensales nuestras opiniones sobre el menú añade un plus al banquete. Y si tenemos la suerte de contar con la presencia del chef explicándonos la inspiración, elaboración y curiosidades del plato, la velada será doblemente grata.

Y ahora, sustituye todos los términos relativos al campo semántico de la comida por aquellos equiparables del ámbito de la lectura y dime…

porción de libro

 

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