Guía a la lectura: Kentukis, de Samanta Schweblin

Por Rosa María Díez Cobo

Samanta Schweblin

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) es una escritora argentina de sobresaliente trayectoria y proyección internacional. Con siete libros de relatos y dos novelas publicadas, la autora es una de las más reconocidas entre las nuevas generaciones de literatos en lengua española. Es graduada en Diseño de Imagen y Sonido por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido becada por distintas instituciones internacionales para realizar residencias en diversos países. En la actualidad, imparte talleres literarios en la ciudad de Berlín, donde vive desde hace años, y donde se dedica, también, a la producción literaria.

Cuentista nata (Ana María Shua la ha calificado como «la mejor cuentista de su generación»), es una narradora singular, creadora de un universo propio y reconocible. Las situaciones principalmente realistas que plantea en sus obras se enmarcan en espacios y cronologías contemporáneos y se hallan, con frecuencia, culminadas por un hálito de desconcierto y peculiaridad. Adentrándose en los ángulos oscuros de nuestra psique y cotidianidad, concibe personajes y tramas que bordean los límites mismos entre lo realista y lo fantástico, pero sin abandonar casi nunca el terreno de lo verosímil. Esto, a menudo, nos lleva a sentir sus historias como ambiguas e inusuales.

El regusto de extrañeza que percibimos tras leer las creaciones de Schweblin imprime a su estilo una seña de identidad inconfundible. La propia autora se ha manifestado en este sentido: «El límite entre lo posible y lo imposible me parece la zona más literaria y atractiva. Creo que busco ese límite en cada una de mis historias» (El oficio de escritor). Esta peculiaridad exige del lector un esfuerzo adicional para desentrañar este baile tan trabado entre lo real y sus límites.

No es por ello extraño que ella misma emparente su escritura con la del «fantástico rioplatense» de autores como Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Antonio di Benedetto o Felisberto Hernández. Pero son muchas otras las influencias que cita la crítica sobre la autora, o que la propia Schweblin menciona. Así, ha hablado de su cercanía a creadores como Samuel Beckett, Boris Vian o Dino Buzzati, en cuanto a la concepción de ideas literarias, y, por otra parte, en referencia a la técnica, a menudo Schweblin alude al impacto que le causó su lectura de los norteamericanos Raymond Carver, J. D. Salinger, John Cheever, Ann Carson o Amy Hempel. Incluso se ha relacionado su maestría cuentista con la de Franz Kafka o Juan Rulfo.

Asimismo, el hecho de que la autora sea graduada en comunicación visual también la lleva a tener una profunda formación en ese ámbito y contar con referentes cinematográficos con los que claramente comparte sensibilidades estéticas. Por ello, no es casual que la extrañeza que permea muchas de sus narrativas sea comparable con la de las creaciones de directores como David Lynch o Michael Haneke, por los que la autora ha manifestado interés.

Las atmósferas que construye Schweblin nos resultan chocantes por su densidad emocional y por su personalísimo hibridismo entre lo factible y lo irreal u onírico. Como la autora menciona, es de la confluencia entre un tema y una particular forma de abordarlo del que resulta la mirada única que puede aportar cada literato. En su caso, su personal abordaje de temas como los vínculos humanos, la incomunicación, la pérdida o el desamparo, entre otros, se realiza zambulléndose en los entresijos más inexplorados de estos asuntos. Ello, con frecuencia, provoca en el lector la sensación de un acercamiento aumentado, exagerado y grotesco a las situaciones planteadas.

Sus volúmenes de relatos incluyen El núcleo del disturbio (2002), La furia de las pestes (2008), Pájaros en la boca y otros cuentos (2009), La pesada valija de Benavides (2009), Hacia la alegre civilización de la capital (2010), Siete casas vacías (2015) y La respiración cavernaria (2017). Sus dos novelas hasta el momento son Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018). Algunos de sus cuentos han aparecido recogidos en antologías como Cuentos argentinos (2004), Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (2006) y La joven guardia (2009). Fue la antologadora de Contra el tiempo (2013), una recopilación de cuentos de su compatriota Ana María Shua. Ha guionizado, junto a la directora peruana Claudia Llosa, su novela Distancia de rescate, que ha sido producida por Netflix. Su obra ha sido traducida a una treintena de lenguas.

Cuenta con un nutrido número de nominaciones, premios y reconocimientos internacionales, entre ellos, podemos destacar:

  • – Premio Mandarache de Jóvenes Lectores, por Kentukis (España, Colombia y Chile)
  • – Premio Tournament of Books, por Distancia de rescate (Estados Unidos)
  • – Premio Shirley Jackson, por Distancia de rescate (Estados Unidos)
  • – Nominada al Man Booker Prize, por Distancia de rescate (Reino Unido)
  • – Premio Tigre Juan, por Distancia de rescate (España)
  • – Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, por Siete casas vacías (España)
  • – Premio Konex: Diploma al Mérito, por su trayectoria como cuentista durante el período 2009-2013 (Argentina)
  • – Premio Juan Rulfo de relatos, por «Un hombre sin suerte» (Francia)
  • – Premio Casa de las Américas, por La furia de las pestes (Cuba)
  • – Premio del Fondo Nacional de las Artes, por El núcleo del disturbio (Argentina)
  • – Premio en el Concurso Nacional Haroldo Conti, por «Hacia la alegre civilización de la capital» (Argentina)

 

Poética narrativa de Samanta Schweblin

Como ya hemos afirmado, su narrativa, tanto en sus cuentos como novelas posee un estilo muy propio y reconocible. Entre los rasgos más significativos en el conjunto de su obra o en muchas de sus narrativas, podemos destacar:

  • una prosa tendente a la depuración, precisa, saneada de elementos accesorios; como la misma Schweblin afirma: «Siento que, cuanto más fuerte y concreto es lo que quiero decir, menos palabras debería utilizar» (El oficio de escritor);
  • Schweblin ha afirmado que parte de imágenes para echar a rodar sus narraciones, de ahí que no resulte extraño que, a menudo, estas sobresalgan por un estilo marcadamente impresionista;
  • la autora ha manifestado no sentirse muy preocupada por la experimentación genérica, pero sí reconoce que tiende a trabajar en el «límite de los géneros». Por este motivo, la mayoría de sus obras nos resultan difíciles de clasificar;
  • la construcción de atmósferas densas, oscuras, inquietantes, donde, como ya se ha señalado, palpita la extrañeza enclavada en el corazón de lo cotidiano. La influencia de la literatura del absurdo es muy marcada en muchos de sus relatos;
  • la configuración de personajes, situaciones y marcos temporales y cronológicos contemporáneos, reconocibles de inmediato por el lector;
  • el perfil de los protagonistas que crea la autora cubre un amplio espectro de edades, condiciones sociales y género. Lo mismo ocurre con los espacios donde acontecen sus tramas, desde escenarios plenamente rurales como en El núcleo del disturbio a completamente urbanos como en Siete casas vacías;
  • aunque en Kentukis se multiplican los escenarios geográficos donde acontece la trama, Schweblin ha declarado en más de una ocasión, el sentir una mayor inclinación por ubicar sus historias en su Argentina natal. Pese a ello, las historias mantienen en casi todas sus obras una gran vocación de universalidad;
  • las tramas, aunque aparentemente morosas en su planteamiento, tienden a evolucionar mediante golpes de tensión narrativa, con un potente ritmo interno. Como sostiene la autora: «sin la tensión no siento que tenga derecho a retener a un lector en lo que estoy escribiendo» (El oficio de escritor);
  • abundancia de narradores en primera persona, que relatan sus propias vivencias lo que permite a la autora acercarnos más a sus personajes, pero, al mismo tiempo, haciéndolos así menos confiables;
  • los temas preferentes de la autora se relacionan con las relaciones humanas a distintos niveles, especialmente familiares, y con especial énfasis en algunas de sus vertientes menos luminosas como la soledad, la fragilidad, el aislamiento, la introversión, la agresividad, el miedo a la pérdida, la incomunicación o la muerte;
  • no poseen, sin embargo, las historias de Schweblin una aureola pesimista o dramática sino que, más bien, el lector, las más de las veces, queda sumido en una cierta perplejidad por la neutralidad con que se enfocan situaciones que tienen poco de alegre u optimista;
  • a pesar de la sobriedad narrativa e, incluso, de la sequedad emocional de muchas de sus historias, la paradoja, la ironía, lo grotesco y un humor ciertamente oscuro laten en el fondo de las narraciones redondeando su alcance crítico;
  • el universo creativo de la creadora es, sin duda, como ya hemos remarcado previamente, unitario, coherente, orgánico y está dotado de una poderosa capacidad de evocación dentro de un procedimiento que la autora ha calificado en algún momento como «ensanchamiento de lo real».

La autora en sus palabras y en las de sus críticos

Ha sido considerada integrante de ‘la joven guardia argentina’ (La joven guardia. Nueva literatura argentina, 2005) integrada, entre otros, por los escritores Mariana Enríquez, Washington Cucurto, Gonzalo Garcés, Gabriela Bejerman, Pedro Mairal, Andrés Neuman o Patricio Pron. En 2010, la prestigiosa revista Granta la incluyó entre los veintidós mejores narradores de su generación en español. En 2017 fue incluida en la lista de ‘Bogotá 39’ de los 39 mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años. Hoy en día, de las jóvenes generaciones de escritores es, posiblemente, junto con Mariana Enríquez, la más internacional de los autores argentinos y, en gran medida, de todos los escritores en lengua castellana.

Esta inclusión en grupos generacionales la alista en una oleada de narradores que han experimentado con nuevas formas de procesar estéticamente la realidad, pero que no los uniforma en absoluto. En el caso de Schweblin ella misma sintetiza muy bien su singular acercamiento al mundo «real» en su interacción con sus márgenes, dinámica esta que pauta gran parte de sus narraciones:

Creo que el mundo de lo real, y todo lo que etiquetamos como «normalidad» en nuestra vida, no es más que una convención social, un pacto con los otros que nos permite movernos dentro de ciertas reglas. En Buenos Aires, por ejemplo, sigue usándose la tracción a sangre en medio de la ciudad, y estos caballos circulan muy asustados por los ruidos y el tráfico. Así que le ponen en los ojos unas viseras que solo le permiten al caballo mirar hacia adelante. Estas viseras son como nuestro pacto de qué pertenecerá al mundo de lo real y qué no para cada sociedad. Que los caballos no puedan ver los coches que circulan a los lados, a solo centímetros de ellos, no significa que estos coches no existan. Son tan reales que, a un paso mal dado, podrían hasta atropellarlos (Literal Magazine, 02/05/2018)

Aquí puedes explorar varios enlaces que te ayudarán a pergeñar una visión más completa de la autora y de sus trabajos:

Kentukis

Información contenida en la contraportada (Literatura Random House, 2018)

Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca… y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney, ni una persona que vive en Bangkok desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.

Los personajes de esta novela encarnan el costado más real -y a la vez imprevisible- de la compleja relación que tenemos con la tecnología, renovando la noción del vouyerismo y exponiendo al lector a los límites del prejuicio, el cuidado de los otros, la intimidad, el deseo y las buenas intenciones. Kentukis es una novela deslumbrante que potencia su sentido mucho más allá de la atracción que genera desde sus páginas. Una idea insólita y oscura, tan sensata en sus reflejos que, una vez que se entra en ella, ya no se puede salir.

 

Estructura y contenido del libro

Dentro de la bibliografía de la autora, Kentukis es su segunda novela y ahonda en muchos de los temas e intereses ya investigados por ella en obras previas, aunque, en este caso, desde una perspectiva novedosa con la introducción del elemento tecnológico como canalizador de relaciones sociales y estados psicológicos.

El libro se compone de una serie de episodios, de longitud variable, que carecen de encabezamiento alguno. Por estas secciones vemos transcurrir, aleatoriamente, diversas situaciones humanas donde el común denominador es la ‘conexión kentuki’ entre sus protagonistas. Cinco de las historias son centrales, se resuelven a través de diversos capítulos, mientras que otras solo acontecen en uno de ellos o tienen menor recorrido. La autora ha declarado que la inspiración para desarrollar la escritura del libro le llegó tras un periodo vital en el que, a pesar de sus frecuentes viajes y actividades académicas y sociales, el hecho de que estas acontecieran mayoritariamente en formato digital, le hizo reflexionar sobre la mediación de la tecnología en nuestras relaciones, el voyerismo que implican y la soledad que esconden.

Algunos temas y aspectos principales de esta narrativa que cabe destacar son:

  • aunque nos encontramos ante una novela, Schweblin siempre ha manifestado su preferencia por el relato y, de alguna manera, la estructura episódica, alterna y autónoma de las distintas historias nos hace recordar una configuración más propia de un volumen de historias independientes;
  • la prosa no resulta densa o complicada, algo que se encuentra en clara relación con la propia naturalidad con la que fluyen las tramas;
  • la tercera persona omnisciente es el enfoque narrativo elegido a lo largo de todo el texto, lo que nos aporta una visión amplia y profunda sobre los personajes y las situaciones;
  • todas las historias se enmarcan en una contemporaneidad reconocible por nosotros y se caracterizan, en general, por la cotidianidad de las acciones de sus personajes;
  • los relatos se emplazan en diversas localizaciones internacionales, pero los kentukis trazan una red global de vinculaciones digitales lo que, de alguna manera, es un trasunto de la globalidad comunicativa y digital que preside nuestra propia realidad;
  • muchos de sus personajes presentan algún tipo de circunstancia personal, familiar, marcada por el conflicto, las carencias afectivas, el desamparo o la soledad;
  • los problemas de comunicación de los protagonistas de todas las tramas es muy patente y los kentukis les despiertan paradójicos afectos y emociones que parecían ya adormecidas o inexistentes en las relaciones humanas «presenciales»;
  • pese a que un halo de drama recorre muchas de las historias, las paradojas que introducen la presencia de los kentukis, provoca que, a menudo, muchas situaciones posean una carga notable de ironía y humor, resultando en  ocasiones incluso absurdas y grotescas;
  • a pesar de que las historias transcurren morosas, sin grandes sobresaltos argumentales, en todas ellas percibimos una tensión in crescendo que conduce a resoluciones sorprendentes o drásticas;
  • aunque el planteamiento realista de las historias es incuestionable, la presencia de un dispositivo digital como «mascota» o divertimento y con singulares funcionalidades, junto con la extrañeza de algunas situaciones, nos hace percibir un aliento de extrañeza que nos lleva a dudar sobre la clasificación genérica de la obra: estamos ante la paradoja de la naturalización de un mundo «hipertecnologizado» que aún no llegamos a comprender en su totalidad;
  • las historias están articuladas a través de binomios como «amo-mascota», «tener-ser», «mirar-ser mirado» lo que acrecienta la sensación de juego de espejos que recorre buena parte de la narrativa;
  • se puede extraer una evidente dimensión ética referida a los límites de lo digital y su influjo en nuestras vidas y relaciones humanas.

Lectura

Se trata de una narrativa de fácil lectura por la fluidez en el desarrollo de las distintas historias y por componer, con todas ellas, un todo que arroja luz sobre la presencia de un dispositivo que perturba la vida de sus poseedores. Su clara vinculación con nuestra realidad digital y tecnologizada puede provocar numerosas reflexiones al lector. Aquí tienes algunas de las preguntas que quizá te ayuden a enfocar tu lectura:

  1. ¿Qué te ha sugerido el título de la novela? ¿Por qué crees que la autora ha decidido bautizar así estos dispositivos?
  2. ¿Cómo crees que conectan con la narrativa en su conjunto, o con los textos que la componen, los epígrafes tomados del manual de una retroexcavadora y de la novela La mano izquierda de la oscuridad (1969), de la escritora de ciencia ficción estadounidense Ursula K. Le Guinn?
  3. ¿Qué efecto crees que provoca el que la novela sea coral y acontezca en distintos escenarios internacionales, retratando situaciones humanas aparentemente tan diversas? ¿Qué impacto provoca esto en la lectura e interpretación de la obra?
  4. ¿Cómo calificarías el estilo de la prosa de Schweblin y los recursos empleados en esta narrativa? ¿Te ha resultado compleja de leer o de interpretar?
  5. En la solapa de la obra se incluye una cita a una reseña publicada sobre el libro en The New Yorker donde se asevera lo siguiente «Tiene un diseño tan enigmático y disciplinado que el libro parece pertenecer a un nuevo género literario», ¿por qué crees que se afirma esto? ¿Estás de acuerdo? ¿Te atreverías a asignarle un género a la obra?
  6. Schweblin ha afirmado en varias ocasiones no sentir un especial interés por los desarrollos tecnológicos, ¿cuál crees que es el papel de lo tecnológico entonces en esta obra?
  7.  Schweblin ha rechazado la etiqueta de «distópica» para referirse a la novela, ¿concuerdas con ella? ¿Por qué crees que no la considera aplicable? ¿Cómo lo interpretas desde tu punto de vista?
  8. Si la presencia de dispositivos digitales en nuestras vidas no es el núcleo temática de la narrativa, ¿cuál sería, según tú, el tema o temas centrales de la obra?
  9. Como hemos señalado, son muy diversos los protagonistas de cada trama pero, ¿tienen algo en común? ¿Te han parecido todos relevantes o interesantes? ¿Qué historia o personaje te ha resultado más atractivo o mejor construido y por qué?
  10. ¿El hecho de que las historias se vayan alternando a lo largo del libro te ha supuesto alguna complicación en la lectura? ¿Te parece efectivo este diseño?
  11. ¿Por qué crees que hay algunas tramas que se desarrollan a lo largo de toda la novela mientras otras solo se abordan en uno de los episodios?
  12. ¿Crees que el orden en el que están dispuestos los relatos posee alguna función o simbología concreta?
  13. En las distintas historias vemos ejemplos de relación muy opuesta hacia los kentukis: desde ataques de inusitada violencia hacia los dispositivos hasta afectos muy apasionados. Así, los personajes parecen manifestar una emocionalidad hacia los kentukis que no proyectan o no saben proyectar hacia otros seres humanos, ¿por qué crees que sucede esto?
  14. ¿Por qué crees que Schweblin ha concebido a los kentukis con aspecto de animalito de peluche? ¿Por qué crees que carecen de la posibilidad de comunicarse directamente con sus «amos»?
  15. Varios personajes experimentan confusiones entre la vida «real» y la digital o, incluso, rechazan la primera en favor de la segunda, ¿qué conclusión extraes de esto en relación con nuestra propia sociedad actual?
  16. ¿Consideras que la obra nos puede iluminar de alguna manera sobre nuestra relación con el mundo tecnológico y, en especial, en nuestra interacción a través de las redes sociales?
  17. En la página 63 del libro se hace una alusión a los libros como «reliquias de una civilización anterior», ¿qué papel crees que puede jugar la literatura en un mundo dominado por las redes sociales y los dispositivos digitales? ¿Qué podemos concluir en este sentido de la lectura de esta novela?

Este es el

1 comentario en “Guía a la lectura: Kentukis, de Samanta Schweblin

  1. Carmen Rodríguez Campo

    Al comenzar la novela, me ocurrió igual que a Rosa. Estos pequeños kentukis (por supuesto, también caí en la pronunciación) me recordaron al muñeco furby, hecho que me hizo concebir la obra como una forma de darle la vuelta a la concepción de este juguete, transformándolo en algo aterrador; en algo que no deja de observarte. Creo, por ello, que el hecho de que Schweblin no sienta interés en los desarrollos tecnológicos se justifica desde esta óptica, en la que media el uso del juguete y/o de la tablet desde la que se maneje. Schweblin quiere que nos fijemos no en le desarrollo de la tecnología, que ha hecho posible, desde luego, que existan estos muñecos y la posibilidad de “ser kentukis”, sino sobre todo en el muñeco en sí, en el hecho de que este pueda ser un verdadero compañero del hogar. Esta reflexión me lleva, inexorablemente, a compararlo con Toy Story y al deseo de todo niño de que su juguete cobre vida. ¿Es, quizás, una exageración llevada al extremo ante dicho supuesto? Creo que nunca dejamos de ser niños y el hecho de que los kentukis resulten tan llamativos en esta sociedad que nos presenta la autora se justifica por ahí.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *