Archivo del Autor: Raquel

Pablo Andrés Escapa: Certezas de un inventor de fábulas

Pablo Andrés Escapa, uno de los nombres más sonados actualmente en la narrativa española nos ha contado con elegante retórica sus “certezas” como narrador. Para abrir boca nos ha recordado los que concibe principios a la hora de escribir que no son otros que los clásicos: la mímesis que ya no busca reproducir con exactitud, sino crear una realidad paralela con sus propias leyes,  el pacto de ficción o la verosimilitud entre otros.

Respecto a su concepción particular, la literatura supone la “conversión del acontecimiento en lenguaje”, algo que tiene su origen en la memoria, en los cuentos de la infancia contados por su barojapadre y de los leídos en la escuela. Recuerda Escapa la primera lectura en la infancia de Platero y yo, o el primer libro comprado con su dinero por el aspecto del autor, Zalacaín el aventurero. O cómo ha sentido predilección por autores en los que el paisaje funciona como expresión del alma, como Conrad, Faulkner, Rulfo o Delibes. De cómo la lucha cervantina entre las armas y las letras se materializaba en que cuanto más leía, más le parecía que los libros lo leían a él, de que la vida a veces se parece mucho a la ficción, ya que en sus propias palabras no conozco mejor medio de comprender la vida en todas sus posibilidades ni disciplina más valiosa para ejercitar el juicio crítico y el cultivo de la razón que adentrarse en un libro.

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Juan Bonilla: Pedro y el lobo

Juan Bonilla -a quien hace bien poco tuvimos el honor de tener con nosotros en el club de lectura- vuelve de nuevo teorizando sobre la ficción. Como ocurrió mientras contestaba a las preguntas de los socios del club (y como de hecho suele dejarse ver en las reflexiones metaliterarias presentes en su obra), Juan Bonilla hace apología constante del proceso de ficcionalización en cualquiera de sus formas. Partiendo de la afirmación de Nabokov de que el origen de la misma podría explicarse a través del cuento popular “Pedro y el lobo”, desvía la8ef3ca1bdae16f19112d20db0eeb7095 atención de la tan comentada finalidad del arte para centrarse esta vez en el papel del receptor. Es decir, siempre hablamos de dónde y quién hace la literatura, ya que estamos bien servidos de ficción suficiente hasta el fin del mundo y, sin embargo, sin lectores no habría literatura.

Consciente de los problemas actuales de la literatura, Juan Bonilla resalta también el compromiso, pero no el del autor con la literatura o con el mundo como se habló en las charlas anteriores sino el compromiso que tenemos los lectores en el proceso de creación de la obra literaria. Como ejemplo, el del propio Nabokov a quien solamente leían durante sus primeras publicaciones intelectuales en el exilio y lectores de otras nacionalidades, gracias a los que ganó visibilidad hasta convertirse en uno de los mejores narradores del siglo XX. Más allá del caso de Nabokov, hemos perdido la conciencia del papel del lector tanto en la creación como en la vida de la obra. ¿Cuántos de los clásicos son en realidad leídos y cuáles no hubieran desaparecido de nuestra memoria de no ser por los cánones filológicos?, ¿por qué hay obras que se convierten en atemporales y que superan los condicionantes del contexto en el que fueron creadas?. En definitiva, ¿no es el lector responsable de la calidad de lo que se escribe?. Si la literatura es reflejo de la sociedad en la que surge y los lectores permitimos que esta se llene de “corruptos”, ¿no tenemos nada que decir ante el desprestigio de las humanidades, ante la necesidad de educar a lectores competentes? Bonilla termina su llamada de atención con un un exordio final (que bien podría considerarse un poema) defendiendo la importancia de lo “inútil”, de “lo que se lee y nos pasa” que arrancó los aplausos bien merecidos de un auditorio conmovido.

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Tomás Sánchez Santiago: poética de lo inmediato

Continuando con la preocupación ya expresada por Isaac Rosa , Tomás Sánchez Santiago ha incidido en su charla en el compromiso que el escritor debe tener para con el mundo, en este caso el poeta para con las cosas cercanas donde a veces cabe un mundo. Como intentando dar respuesta a lo planteado por Rosa, toma postura y plantea que el escrito no solamente está por definición en “crisis”, sino que debe transmitir ese desasosiego por las cosas al lector, desordenar sus creencias empezando por lo que le rodea. 2346afbb65488c18c4ec84f89746283cTomás Sánchez Santiago, a quien perfectamente podríamos calificar como el poeta de las cosas y con la especial profundidad en la expresión a la que nos tiene  acostumbrados, hace un repaso por diferentes estadios de lo cotidiano como el cuerpo o el concepto de lo inmediato, recordándonos y haciéndonos disfrutar tras una mirada especial de la poesía que se puede encontrar en cualquier parte,

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Isaac Rosa: Un escritor en crisis

Tras casi dos meses desde las jornadas hemos hecho bien la digestión de las innumerables aportaciones literarias y por fin podemos echar la vista atrás valorando estas visitas con la distancia necesaria. Sin buscarlo, los posos de todo lo que se habló son ahora el cimiento que condiciona el camino a seguir, y es que las lecturas y los nombres de autores que se escucharon seguramente ahora formen parte de las actuales o futuras lecturas de quienes estuvimos. La gran mayoría de los autores que nos visitaron -de forma consciente o no- se hicieron eco de la sensación actual de que no solamente la economía está en crisis.

isaac-rosaIsaac Rosa abrió las jornadas con una charla que desde el mismo título trataba de suponer una reflexión sobre la función de la literatura y del escritor aludiendo a la crisis en un sentido polivalente: ¿qué papel tiene la literatura en nuestra sociedad?, ¿importa a alguien lo que se escribe?, ¿podemos hablar de una crisis editorial, en los lectores o en la calidad de lo que se escribe? ¿para qué escribir entonces? La respuesta del autor es clara: además de por necesidad, búsqueda de la belleza, contar una historia, etc. la literatura debe ser una forma de intervenir en el mundo, un acto político. Como creación humana el arte siempre es político, y cabe preguntarse en estos momentos convulsos si lo que se lee supone una forma de cuestionar la realidad.

Las obras de Isaac Rosa son un ejemplo de los puntos clave que él mismo postula a la hora de establecer unos principios de los que debe partir la novela y que recomendamos encarecidamente. Así, la relación de la obra con el lector debe ser por excelencia incómoda en tanto que el reconocimiento mutuo sea lo menos condescendiente, y la relación con la realidad debe huir de la superficialidad (no en la forma) en tanto que reflexione sobre la esencia. Y por supuesto, que la obra parta de una idea que contar y no de lo anecdótico, que contenga una tesis, unas determinadas ideas además de una historia.

Tras reflexionar sobre ello, Isaac Rosa no dudó en emitir una imagen de la narrativa actual no demasiado complaciente comenzando la crítica por sí mismo, y es que tras los parámetros anteriores la novela no parece estar a la altura del momento. Sin embargo debemos preguntarnos ¿lo ha estado alguna vez?, ¿en algún momento la literatura ha tenido un papel relevante a la hora de crear conciencia, de promover el civismo?, ¿es verdad que no se escriben buenas novelas en la actualidad o pese  su supuesta limitación a la hora de generar conciencia sí que se está publicando obras nada desdeñables? Ante petición de recomendaciones de autores y novelas imprescindibles Isaac Rosa señaló alguna ya publicada durante el Franquismo como Jugadores de billar  o La mina. La visita de Isaac Rosa y sus palabras fueron necesarias en un sentido parecido a lo que se escuchó poco después durante la visita de Marta Sanz. La palabra más repetida en estos días ha sido sin duda compromiso, de ahí que Rafael Chirbes o Rafel Reig han sido los nombres más repetidos en ponencias como esta, abriendo el camino a las demás conferencias que han continuado sin quererlo haciéndonos pensar en otros tipos de compromiso como el de la realidad inmediata o el de la propia literatura consigo misma.

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Educar en la sensibilidad

Pedro Moya Carbajo

Pedro Moya Carbajo

Cristina Alonso Domínguez

Cristina Alonso Domínguez

A raíz de la reciente entrada en vigor de de la LOMCE en la Educación Primaria y del currículo programado para la Educación Secundaria, los expertos en educación denuncian el menosprecio de las asignaturas que tienen que ver con la educación artística y cultural -como plástica o música- frente a la ciencias, las matemáticas o la lengua. Sin embargo, desde el punto de vista de la enseñanza de la lengua, pese a la supuesta relevancia de su asignatura, los profesores también se preguntan dónde quedan aspectos que en realidad no se trabajan suficientemente. Además de las destrezas orales y escritas, la enseñanza de la literatura se ha planteado (y se plantea) desde un enfoque historicista por lo que los contenidos que marca la ley no dejan demasiado lugar al gusto por el texto que plantea la Educación Literaria.

Clara Guerrero

Clara Guerrero

      Lo que ocurre con la literatura es parejo a lo que pasa con los demás contenidos artísticos del currículo, en tanto que los alumnos deben memorizar o ejecutar una serie de conocimientos que quizá no lleguen a valorar en la mayoría de los casos. Sin pretender elucubrar si es culpa de la falta de tiempo, de la metodología o del profesorado, lo que parece claro es que no enfrentar al alumnado a la obra de arte -no solo a interpretarla sino a disfrutarla, a contemplarla despacio, a emitir juicios y valoraciones sobre ella sin evaluar los mismos- durante su formación puede suponer que en muchos casos los futuros adultos que son ahora adolescentes no  volverán a escuchar una sonata, a leer un poema o a disfrutar de un cuadro jamás.

Alba  Rivera Campos

Alba Rivera Campos

Como somos conscientes de que por haber hubo y hay maestros y profesores que intentaron por todos sus medios educar(nos) en la sensibilidad y transmitir el amor que profesaban ellos mismos por el arte, queremos hoy darles las gracias, y agradecer especialmente a aquellos que sin nada a cambio han acercado durante este curso a sus alumnos a actividades de la Universidad de León que estaban relacionadas con el mundo del arte para que vieran su relación con el mundo más allá del aula.

 

…Gracias a Alicia López Martínez (IES San Andrés del Rabanedo) por tratar de llevar el mundo del Bookcrossing a su centro, con todas las posibilidades que ello supone para fomentar la lectura entre sus alumnos.

Jorge Ordás Solís

Jorge Ordás Solís

 

Mónica Antequera

Mónica Antequera

…Gracias a Lourdes Zapico Alonso (IES Santa María de Carrizo) por facilitar el encuentro entre sus alumnos de Bachillerato y los alumnos del Máster en Formación del Profesorado para que los más jóvenes pudieran mostrar sus “Libros de artista” a los universitarios, a quienes dejaron boquiabiertos y convencidos de que existe otra manera de enseñar Lengua y Literatura.

 

…Gracias a Amelia del Caño (IES Juan del Encina) por su esfuerzo para que sus alumnos pudieran escuchar en vivo al escritor Juan Bonilla.

Raquel Celada Ruano

Raquel Celada Ruano

…Gracias a Marta Vivas Martínez (IES Eras de Renueva) y en especial a sus alumnos de 2º F y 2º E por cederle a Raquel,  su profesora de prácticas, los caligramas que realizaron como tarea durante su estancia (de los que se siente muy orgullosa) para su reproducción en este blog. Por problemas de espacio sentimos no poder ponerlos todos…

Diego Santamarta Diez

Diego Santamarta Diez

 

Daniela Astor y la caja negra: coloquio participativo de los socios

Por Raquel de la Varga Llamazares

…Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo.

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar

(Traducción de Julio Cortázar)

Enfrentarse a la obra de Marta Sanz es una experiencia con inevitables consecuencias relacionadas más con lo personal que con lo literario: la realidad presentada es compartida por autora y lector potencial, de tal manera que nadie escapa a sus implicaturas ni a tomar partido en decisiones morales y políticas que quizás creíamos ajenas a nuestra responsabilidad. En otras palabras, la obra de Marta Sanz es una lectura de la realidad del todo incómoda, que obliga a quien se enfrenta a ella a hacerse preguntas con respuestas comprometidas, nada fáciles de responder sin que algo se mueva dentro de nosotros. Es mirarse en un espejo sobre todo nada complaciente. La mayor prueba de ello es la implicación personal con la que los socios hemos hablado sin tapujos y sin esperar pregunta alguna. Tan cotidiano, pero tan necesario.
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Desde la misma imagen de la cubierta se evidencia una forma muy valiente de hacer literatura en la que la mezcla entre lo real y lo ficticio poco importan en cuanto la autoficción pasa a convertirse en biografía simbólica y lo inventado no deja de ser posible y una manera de dar visibilidad a una generación que vivió el cambio entre la represión absoluta por su condición a una falsa autonomía. Y es que lo primero en saltar a la palestra ha sido la cuestión del narrador, un narrador que difícilmente podría tratarse de una niña de 12 años y que de manera abierta lo confiesa. Sin embargo, revivir la intrahistoria más reciente a través de una mirada tan particular no parte del intento de la deconstrucción del centro basándose en una estrategia de narración posmoderna, ya que la Historia no es el centro sino el cuándo y el cómo. Pero sobre todo el por qué  de cómo se ha constituido nuestra visión de género.

En consecuencia y como decíamos al principio, los aspectos formales han llamado la atención menos que en otras ocasiones, o mejor dicho, las consecuencias emocionales en los lectores del club los han eclipsado. No obstante, algunos aspectos como el narrador, la imagen de la cubierta y sobre todo el espacio y el lenguaje han sido aspectos comúnmente llamativos para los socios que han servido como puente entre lo literario y lo personal. Así, no ha pasado c1726f6876effa7d8023b8e8a275f7c5desapercibido el lenguaje en determinados momentos, sobre todo cuando un personaje femenino repite en varias ocasiones la palabra coño sin parar como signo de rebeldía para escándalo de quienes la rodea en contra de la tradición no escrita de que las mujeres no deben utilizar palabras malsonantes. El uso e influencia del espacio ha sido otra de las cosas más llamativas de las que se hablaron. Y no solo de cómo de forma pretendida el lugar donde se realizan los abortos se caracteriza como un espacio aséptico, sino sobre todo de que -a pesar de que no se muestra en ningún momento como víctima- es el juicio donde la acusada se siente en el mismísimo infierno.

Desde luego, lo que inevitablemente no puede pasar desapercibido es el afán de reflexión en torno a todo lo que tiene que ver con la identidad de género, hecho por el que entre sus líneas se deje entrever la rabia vertida a causa de la identificación entre cuerpo e identidad de la que difícilmente somos ya capaces de liberarnos. Hablando sobre la “pornografía emocional” -tema del que nos habló la autora en su visita a León hace unos meses- que se presenta al final de la novela y cómo la dualidad mercantil entre lo corporal y las emociones recorren caminos no tan distantes, se ha llegado al fondo de la cuestión en un comentario inocente vertido por una de nuestras socias lectoras en torno a la exhibición de la vida privada que podría ser el resumen de la novela: “me duele la mercantilización de las emociones, porque la del cuerpo…una vez te acostumbras ya no pasa nada”.

Prácticamente se puede decir que el personaje en el que más se centra la autora no es la protagonista-narradora sino su madre, Sonia. Por una parte las relaciones que ese personaje contrae con quienes la rodean socialmente son cruciales. La más obvia es la marital, pero por la simbología destacan ante todos la suegra,encarnación de la tradición patriarcal, frente a la vecina, la transgresora socióloga que se hace cargo de ella y que le pasa a escondidas un librode la gran Simone de Beauvoir. Por otro lado, la relación dela narradora con la madre es en cierto modo la más “distante” en cuanto al silencio y todo lo que se omite y que el lector debe reconstruir acerca de los sentimientos mutuos. El hecho de que haya toda una serie de pensamientos y emociones hacia la madre que no se expresen y, sobre todo, que ese personaje no refleje en ningún momento lo que siente no parece responder a un motivo como podría ser el querer evitar el sentimentalismo, sino que el silencio que hay al respecto nos obliga a empatizar no solo con ella, sino con todas las que fueron, pudieran ser o son DOC006Sonia Griñán: mujeres a quien se ha juzgado moral y jurídicamente sin derecho y sin tener respeto ninguno por sus circunstancias. Nuestro compromiso para con esas mujeres es simbólicamente como la relación entre madre e hija, que en un momento se vuelve incómoda porque no es capaz de comprender. El silencio que rodea a ese personaje es el mismo que imponemos a quienes hemos juzgado.

A continuación reproducimos un fragmento de la maravillosa entrevista realizada por David Becerra a Marta Sanz en la revista Buen Salvaje que merece la pena leer con detenimiento, ya que la propia autora desengrana la tesis de la novela:

Empecemos por el final. En tu última novela, Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2012), se plantea el modo en que, durante la transición, se construye un nuevo modelo de mujer en la sociedad española. Nace una mujer moderna, libre y liberada de antiguos tabúes, de viejas actitudes recatadas, de un mundo donde su única función era la reproducción y el cuidado de la familia y el hogar. La transición, como una resaca del 68 francés, libera el cuerpo de la mujer para el placer. Sin embargo, en la novela muestras de una forma magistral la parte invisible del nuevo imaginario: que no hay emancipación, sino conversión de la mujer en una mercancía más, donde su cuerpo, bonito y desnudo, se convierte en un reclamo publicitario, en capital erótico, y lo que parecía contrahegemónico –y emancipador– no es más que una nueva forma de dominación de la mujer por parte del capitalismo y el patriarcado.

No sé si yo habría sabido verbalizar las intenciones de mi texto tan bien como tú, David. Me identifico con lo que dices y sólo puedo añadir que una de las cosas que yo quería contar, mientras escribía Daniela Astor y la caja negra, es cómo se relaciona la realidad con sus representaciones, porque creo que esas representaciones nunca son asépticas, sino profundamente ideológicas. La cultura y, dentro de la cultura, la representación del cuerpo de las mujeres, la reducción de las mujeres a cuerpo –al espacio de su fisiología, de su capacidad para gestar o de su potencial para la seducción-, el imaginario colectivo, inciden en la manera de valorarnos a nosotras mismas, en nuestras aspiraciones y en nuestro concepto de lo que es una mujer admirable. Durante los años que recrea la novela muchas mujeres tuvieron la sensación de soltar lastre: el de la oscuridad, la represión, la moral nacional-católica, el de una sexualidad que no se entendía más allá de la procreación y que asociaba el placer erótico de las mujeres con la suciedad. Pienso en imágenes tan intolerables para ciertas mentes como la de la masturbación femenina. En este contexto, fue un acto de higiene que Marisol se mostrara desnuda en la portada de Interviú con una flor amarilla en la mano.

Sin embargo, me parece que ese primer desvelamiento o ese pequeño entusiasmo solo forman parte de la línea continua de la historia cultural: por una parte, entroncan con el mito del cuerpo de una mujer, reducida a esencia, a musa, a estereotipo, a bello objeto de contemplación y, por otra, derivaron, como tú apuntabas hace un instante, hacia una mercantilización radical que alcanza su máxima expresión en la pornografía como banalización capitalista del sexo. Y en algo incluso más preocupante: en la homogeneización de un canon estético que no es más que el reverso formal de la idea de que existe una esencia femenina: en los tiempos que corren, esa esencia se identifica físicamente con un modelo femenino digital, recauchutado, serializado y de pubis infantil. La belleza femenina hoy pasa por la violencia quirúrgica. Por la obsesión en tener la apariencia de dibujo animado o de chica del vídeo-juego. Por parecer, no ya una joven, sino una niña eterna de rasgos occidentales. Se exagera la mitología de la mujer ideal y eso nos inflige un daño.

Somos muchas y distintas, y no podemos permitir que nuestra diferencia respecto a otros géneros nos sitúe en desventaja. Por eso, en esta novela y también en “La lección de anatomía” yo quería hablar del cuerpo de las mujeres, no como receptáculo maternal o como carne deseable, sino como texto donde se quedan impresos los trabajos, las experiencias, de cada una. La idea del cuerpo como texto se refleja en un lenguaje lleno de metáforas fisiológicas. También en el planteamiento de la novela subyace una analogía entre lo histórico y lo biológico: la pubertad de un país coincide con la pubertad de su narradora-protagonista. La euforia, la incertidumbre, la ilusión, el miedo, el comienzo del desencanto. Todo el libro podría interpretarse como la búsqueda de un lenguaje propio: el de una mujer que renuncia a ser musa, objeto de la narración, y se transforma en sujeto de la misma. También podría interpretarse como la expresión de un culpa: la que experimenta la narradora, Catalina, al darse cuenta de que se dejó llevar por un “deber ser” de las mujeres que no le permitió apreciar la valentía de su propia madre.

Sin darnos cuenta asumimos palabras y comportamientos que no nos corresponden, nos dejamos llevar, nos faltamos permanentemente al respeto, no desarrollamos nuestro sentido crítico y nos hacemos muchísimo daño a nosotras mismas. El feminismo de Daniela Astor parte de una vocación autocrítica y se expresa a través de una voz de mujer que reproduce y a la vez lucha contra esa mirada dominante que nos conforma y nos frustra: la mirada que no permite a Catalina valorar a su madre y que incluso la hace avergonzarse de ella, una mirada familiar, que se construye y encuentra su eco esa otra mirada pública, colectiva, que se revive en las cajas negras. La novela de aprendizaje se contrapuntea con el falso documental sobre el fantaterror español, la muerte de Sandra Mozarowsky, el cronicón amarillo de los juguetes rotos del destape, Nadiuska, Amparo Muñoz, el primer desnudo integral de nuestro cine que fue el de la Cantudo en La trastienda… La historia de Catalina y el documental que ella misma rueda son indisolubles: confesional y lo documental, lo íntimo y lo público, lo individual y lo colectivo. Posiblemente, Daniela Astor sea una novela sobre la dificultad de comprender que no somos tan libres como creemos y que esa incomprensión dificulta la posibilidad de rebelarnos.

Al inicio de la sesión Ana leyó unos datos que complementaron la propia documentación de la novela y que fueron muy útiles para adentrarnos un poco más en el debate surgido entre mujer, cuerpo e identidad. Para quienes nos los habéis pedido, enlazamos a la web de donde surgieron, y reproducimos aquí alguno de los que se leyeron:

1936
 Ley del aborto en Cataluña, firmada por Josep Tarradellas. Muy pocas mujeres se acogieron al aborto legal previsto y en lugar de eso abortaron clandestinamente.                                                   1937
La República otorga plena capacidad jurídica a la mujer.                                                                       1939
Se deroga la ley del divorcio y el matrimonio civil, con efecto retroactivo. Las funcionarias no pueden ser jefas de administración.                                                                                                            1941
Ilegalización del aborto. Se establecen los “préstamos a la nupcialidad”. Ayudas para jóvenes parejas siempre que la mujer abandonase su puesto de trabajo después de casada.
1944
Código Penal. Se prohíbe la fabricación, consumo, venta y publicidad de cualquier método anticonceptivo. Figura del “infanticidio privilegiado”: la mujer tiene derecho a matar a su hijo recién nacido, con una mínima sanción penal, siempre y cuando el crimen se cometa para ocultar la deshonra. Sus padres pueden ocultarla, aunque están sujetos a la misma pena de prisión menor de entre seis meses y un día a seis años, la misma que la del aborto, que no contemplaba atenuantes o eximentes. Las agresiones sexuales se consideran delitos “contra la honestidad” y el violador puede eludir la cárcel si obtiene el perdón de la víctima o la lleva ante el altar. Las mujeres tampoco pueden ser notarias ni registradoras.
1958
Mercedes Fórmica logra que se reforme en el Código Civil el concepto de “casa del marido” por “hogar conyugal”, de forma que los jueces pueden decretar desde entonces que la mujer permaneciese en la vivienda conyugal tras la separación. Antes se quedaba sin casa. Es la primera reforma de los derechos de la mujer en tiempos de Franco.
1961
La mujer ya no tiene que pedir excedencia forzosa del trabajo al casarse; mantiene la autorización preceptiva del marido para que su mujer trabaje, pero la novedad es que considera el permiso dado si ya trabajaba antes de casarse. Si se separaba, automáticamente podía trabajar.
1963
Hasta esa fecha, maridos y padres podían matar a esposas o hijas si las sorprendían en adulterio, y también a sus parejas.
1970
Hasta este año el padre tenía derecho a dar en adopción a sus hijos sin consentimiento materno.
1972
La   mayoría de edad de la mujer pasa de los 25 a los 21 años, equiparándola a la del hombre.   Hasta esta fecha las mujeres menores de 25 años no podían abandonar el domicilio familiar sin permiso  del padre, salvo para casarse o para ingresar en un convento (art. 321 del Código Civil), y cuando ya habían contraído matrimonio, estaban obligadas a presentar la llamada “licencia marital” para trabajar, ejercer el comercio, ocupar cargos públicos u obtener el pasaporte.
1975                                                                                                                                                                   Reforma del Código Civil. La patria potestad y la administración de bienes gananciales son exclusivos del hombre, hasta la Constitución y la reforma de 1981. Se elimina la licencia marital y  la obediencia al marido.
1978
En el derecho penal, mediante Ley 22/1978, de 26 de mayo, se derogaban los artículos 449 y 452 del Código Penal, relativos al adulterio y amancebamiento; de esta forma se daba fin a una situación en   la que la norma legal tutelaba concepciones estrictamente morales y discriminatorias para la mujer.  La Ley 45/1978, de 7 de octubre, modificaba los artículos 43 bis y 416 del mismo Código Penal, con lo   que se conseguía la despenalización de la divulgación y propaganda de los medios anticonceptivos. Ya había 800.000 mujeres que los usaban en España.
1981
En el contexto del derecho privado, la ley de 13 de mayo de 1981 equiparaba jurídicamente al marido y a la mujer en el matrimonio, tanto en el régimen económico como en la titularidad de la patria  potestad de los hijos.                                                                                                                     Ley de 7 de julio de 1981, del divorcio, que regula el matrimonio, nulidad, separación y divorcio. Partía del principio de que el marido y la mujer son iguales en el matrimonio en derechos y en deberes. La  ley, avanzada en la letra, se consideraba insuficiente en lo que se refiere a la penalización de aquellos que no cumplen las obligaciones familiares derivadas de una separación o divorcio, ya que  suponía en muchos casos la indefensión económica de mujeres sin ingresos extradomésticos, por impago de sus cónyuges de las prestaciones económicas destinadas a los hijos. Estas y otras muchas reformas en el ordenamiento privado y penal supusieron un importante avance, al menos en    la forma, en la situación jurídica de las mujeres. Este hecho fue admitido por numerosos colectivos feministas que durante estos años ejercieron unidos su presión para que estas reformas se llevaran a la práctica.
1985
Ley del aborto
1993
Se sustituye oficialmente el término “hembra” por el de “mujer”.

¿Eres de los que compran o de los que leen?

¿Es sincera nuestra celebración del día del libro?

¿Las propuestas institucionales son devoción o impostura?

¿A quién benefician las ferias del libro?

¿Son los autores más vendidos estos días tus autores de cabecera?

¿Compras libros habitualmente?

¿Se lee más a un autor tras haber recibido el premio Cervantes?

¿Qué opinas de los actos, maratones y lecturas públicas del Quijote que se hacen en el día de hoy en multitud de municipios españoles?

¿Qué libro te gustaría regalarte a ti mismo?cervantes

Tanto si eres crítico con esta festividad como si no,

   sin importar si te apasiona el Quijote o si  no lo has llegado a abrir,

     si entras en cólera cada vez que se nombra a Cervantes en vano un 23 de abril,

        si regalas hoy un libro o si te lo regalas,

       si no lees habitualmente, empiezas a leer o si lo haces a diario,

 por entretenimiento, por obligación o por devoción,

     si lees novela o poesía, ficción criminal o ensayo,

      a Paulo Coelho o a Muñoz Molina,

 si utilizas un eBook o si eres un fetichista olfateador de la tinta recién impresa,

 ¡ Te deseamos de todo corazón un feliz Día del Libro !

Daniela Astor y la caja negra: coloquio participativo de guía a la lectura

Por Raquel de la Varga Llamazares

La autora

La principal etiqueta que se utiliza al hablar de Marta Sanz (1967) suele ser la de ‘escritora joven’, o al menos perteneciente a la nomina de jóvenes narradores españoles de entre cuarenta y cincuenta años. Aunque sabemos que los rótulos son en la mayoría de los casos tremendamente injustos, sí que es pertinente hablar de Marta Sanz sobre todo como una MartaSanz01escritora ante todas las cosas comprometida. Con la imposibilidad de dejar a un lado el aspecto político -del que la propia autora nunca se desprende-, hablamos de un compromiso con la cultura y sus funciones, con la condición de escritor y sobre todo con lo político y culturalmente femenino y sus representaciones. Pero pese a esa preocupación en cuanto a los contenidos no hay que perder de vista que también en la forma encontramos un riesgo en su lectura, un estilo muy personal, de sintaxis ágil y cargado de un lenguaje cotidiano en apariencia alejadas de lo poético. Leer a Marta Sanz supone por lo tanto no solo una mirada hacia la cotidianidad “dolorosa” y absolutamente necesaria, sino también un placer en la lectura a veces nada fácil de encontrar en la literatura de tesis propia de su estilo. Sus intereses temáticos principales se deducen inevitablemente de su obra, donde a cada paso encontramos bien como homenaje o como cauce genérico la ficción criminal, o bien una evidente preocupación por la identidad femenina que no se despega de un análisis sociológico, intereses que a rara vez se separan.

Antes de leer a nuestra autora, el mejor ejemplo de su concepción literaria resumido en unos minutos lo podemos escuchar de su propia boca a partir del minuto 5:30 de la entrevista que os enlazamos. Además, en su visita a León en 2013 nos deleitó con la lectura del relato “Extrañas en un tren (Versión amarilla)”, que -a pesar de la escasa calidad el vídeo- os animamos encarecidamente a que escuchéis:

 

La obra

  • El frío. Madrid: Debate, 1995. Reeditada por la editorial Caballo de Troya, 2012.
  • Lenguas muertas. Madrid: Debate, 1997.
  • Los mejores tiempos. Madrid: Debate, 2001. Premio Ojo Crítico de Narrativa.
  • Animales domésticos. Barcelona: Destino, 2003.
  • Susana y los viejos. Barcelona: Destino 2006. Finalista del Premio Nadal.
  • La lección de anatomía. Barcelona: RBA, 2008. Nueva edición Anagrama, 2014.
  • Black, black, black. Barcelona: Anagrama, 2010.
  • Perra mentirosa / Hardcore. Madrid: Bartleby, 2010.
  • Un buen detective no se casa jamás. Barcelona: Anagrama, 2012.
  • Amour Fou. Miami: La Pereza Ediciones, 2013.
  • Daniela Astor y la caja negra. Barcelona: Anagrama, 2013.
  • Vintage. Madrid: Bartleby, 2013
  • No tan incendiario. Madrid: Editorial Periférica, 2014.

 Durante la guía hablamos de su obra en general, de la importancia de ciertos premios y de novelas en particular como Black, black, black o Un buen detective no se casa jamás como renovación del género policíaco, Amour Fou y la censura, No tan incendiario y la preocupación social del arte y La lección de anatomía como obra pareja a Daniela Astor y la caja negra en muchos sentidos.

 

Aspectos a tener en cuenta

Daniela Astor y la caja negra es una novela de tesis muy clara cuya construcción formal y temática se articula en torno a la misma. Por lo tanto, tratar de analizarla antes de su lectura estropearía la lectura misma, pero hay ciertos aspectos a tener en cuenta como guía:

  • Estructura formal: :los capítulos que componen la novela están divididos en varias partes, que a su vez se caracterizan por su narrador, bien en primera persona (Catalina Griñán, de 12 años) o en tercera persona (caja negra). Frente a la primera persona, remarcadora de la subjetividad y ligada a un ritmo narrativo veloz, la tercera persona y la descripción pura de la “caja negra” busca la objetividad, el contar los hechos tal y como son o como los percibimos, esta vez de forma más pausada, reflexiva.

  • Autobiografismo: Como ocurría en La lección de anatomía, la autobiografía funciona de forma simbólica, en este caso en relación con todo lo que ha rodeado a las mujeres españolas educadas entre el franquismo y la transición.

  • El cuerpo como identidad: desde la primera página se van a enumerar y traer a nuestra memoria a las mujeres que protagonizaron el famoso destape español, y es que a la autora le interesa evidenciar las relación que hay entre la representación mediática de los cuerpos con el condicionamiento que eso produce en la configuración de la identidad. Desde tiempos inmemoriales identidad femenina y corporeidad han sido uno, y Daniela Astor y la caja negra exige al lector una reflexión sobre la relación que esto ha tenido tanto como reflejo político como identitario.

  • Madres e hijas, una relación no siempre problemática: la historia de la literatura está plagada de relaciones turbulentas entre madre-hijo, padre-hija o padre-hijo, pero raramente hasta el siglo XX las disensiones generacionales están protagonizadas por madre e hija. Muchas son las obras paradigmáticas en las que ambas generaciones sufren un choque entre tradición y modernidad, pero en las últimas décadas esta tendencia se ha inclinado desde el conflicto hacia la unión y una mayor comunicación entre personajes femeninos con una rebeldía común contra el patriarcado. Fruto de los cambios sociológicos, las hijas ya no van a ver en sus madres como el símbolo de la tradición opresora sino como espejo.

Hemos cerrado la sesión viendo un anuncio de hace unas décadas y otros bastante más próximos en el tiempo. Breves aproximaciones que sirven para abrir boca e introducirnos en una novela que, más allá de la apariencia anecdótica, es tan dolorosa como necesaria.

 1980

culito

2010

Tres cuentos de Munro

El día de la guía a la lectura comentamos una imagen que simboliza a la perfección la experiencia del lector cuando se embarca en la lectura de Munro. Más allá de que determinados cuentos nos hayan llamado más la atención por su contenido (como es el caso de “Dimensiones”), esta experiencia lectora no deja de parecerse a un viaje por el interior de una casa -casa que somos en realidad nosotros mismos- en el que nos detenemos más en unas habitaciones que en otras según nuestra propia manera de ser, vivencias previas o sencillamente nuestro momento vital. En cualquier caso, la mirada con la que nos dirigimos hacia cada detalle escondido en el espacio de lo privado en cajones y armarios no está empañada por la nostalgia de quien rebusca entre objetos del pasado, sino de reconocimiento y vergüenza ante personajes y acciones de los que se nos hace partícipes silenciosos y que tiene que ver con lo que se oculta tras la cotidianidad, una nada condescendiente visión de la condición humana. Insatisfechos por lo que nos quedó dentro el día del coloquio, retomamos algunos aspectos que se insinuaron para que no caigan en balde, ahondando un poco más dentro de nuestras posibilidades. Que las siguientes palabras -dentro de las limitaciones espaciales y cualitativas- sirvan como pequeño homenaje a Munro.

alice munro

Respecto a los cuentos que abren y cierran la obra existen varios nexos temáticos. El más obvio es el de la focalización en un protagonismo de lo femenino, ya que ambos sitúan en el punto de mira a una mujer que de una u otra manera es esclava de un condicionamiento de género. Sofía  Kovalesvski es una de las muchas mujeres cuyo nombre no conocemos que han poblado la historia de la humanidad, y que por su condición de mujer no han podido dedicarse por entero a la actividad cultural o científica en el mejor de los casos, asumiento que han sido infinitamente mayores en número las que sencillamente por la misma razón no han tenido -no una alfabetización- sino unas condiciones de vida dignas. Pese a que no se trata de comparar la calidad de ambos textos, muy diferentes en esencia, ni tampoco de restar importancia a las af3447de0d4234e0b589b0725343c279situaciones reales o no vividas por ambos personajes, es cierto que “Dimensiones” parece haber causado una sensación mucho más honda en el lector. Quizá porque se trata del texto que abre la obra o seguramente por lo terrible de lo que se nos narra. Como comentábamos en la entrada anterior, la intención de la autora no es crear personajes cargados de victimismo. Sin pretender escribir un cuento cuyo tema principal sea la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones, en esta historia hay un trasfondo que evidencia la relación de dominación que comúnmente hay entre maltratador y víctima en un caso de violencia de género, poniendo de manifiesto que ni la violencia física llevada al extremo llegando al homicidio de unos hijos en común es suficiente para que desaparezca la relación de dependencia y de sometimiento emocional que va más allá de lo que la razón pueda comprender. A la autora no le hace falta recrearse en descripciones lacrimógenas ni en ahondar a través de un personaje en primera persona en unas emociones desgarradoras que puede sentir la protagonista, porque los simples hechos hablan por sí mismos. Otro de los nexos que conectan esta historia con “Demasiada felicidad” es el motivo del viaje, algo nada novedoso en la historia de la literatura y que sin embargo resulta esencial para comprender ambos textos. El increíble manejo del tiempo que hay en cada relato hace que en “Dimensiones” llegue un momento en el que nos olvidemos de que la narradora está haciendo un viaje en autobús, ya que hemos pasado a 12d4fd00095790391d2cee83dff2a20bconocer qué es lo que la ha llevado a estar allí viviendo una vida que nos describe como anodina y sin mucho sentido. Cuando por fin sabemos que se dirige a la cárcel a visitar a su marido, -quien no solamente la maltrataba sino que acabó terminando con la vida de sus hijos-, se retoma de nuevo la atención hacia el viaje, el autobús y la carretera que la lleva de nuevo hacia lo único que le queda en la vida, aunque paradójicamente se la arrancara sin piedad. Paradójicamente, Sofía Kovalesvski viaja hacia la muerte, mientras que Doree, prácticamente muerta en vida, que parece que irremediablemente nunca podrá salir del bucle infernal en el que se encuentra se topa “por accidente” con un pretexto que le conduce de nuevo a vivir. Con tres hijos muertos a manos de su padre y por lo tanto, una vida destrozada por completo, solo hay algo por encima del bien y del mal que puede dar sentido a una existencia tan absurda como la realidad en la que se encuentra inmersa. Tras haber corrido para socorrer al joven al que han atropellado y conseguir reanimarlo con su aliento es capaz por primera vez de decir “no”. De decir no a la muerte, y de dar vida.

Si nos fijamos en los elementos recurrentes en la obra de la canadiense, hay que tener en cuenta que, además de la violencia explícita o no que se esconde detrás de la cotidianad (la poética del linóleo) y de la presencia de la religión, se observa una voluntad expresa de reflexionar sobre la propia ficción en varios aspectos. El caso más evidente es un fragmento muy citado en el que se deja entrever a la Munro real y no a un narrador ficticio, y es que se ha escuchado hasta la saciedad (sobre todo a quienes no son precisamente lectores) la identificación entre literatura y evasión: “Ella odiaba la palabra escapismo referida a la ficción. Era más bien la vida real la que merecía ser tildada de escapismo”. Este comentario en apariencia inocuo, es el perfecto resumen de una de las mayores enseñanzas que podemos extraer de su obra, y es que por ejemplo un cuento como “Ficción” tiene muy por encima de la trama una importancia suprema en cuanto a la demostración de que vida y ficción son a veces categorías que pueden llegar a confundirse. Pero atención, no en un sentido obvio que podamos pensar inicialmente, ya que nada tiene esto que ver con que la narradora acabe descubriendo su aparición como personaje en una novela, sino por una cuestión que va mucho más allá. Resulta imposible no dedicarle al menos unas líneas a “Ficción”, donde a pesar de que posee una trama más o menos cotidiana que puede o no llamar nuestra atención la tesis nada tiene que ver con lo prosaico, ni con la infidelidad en las relaciones de pareja ni con los traumas de una paternidad irresponsable. Seguramente lo más importante que un lector puede extraer de este cuento ni siquiera es el consuelo de que la vida puede cambiar radicalmente de un día para otro, y que quizá con el paso del tiempo lo que ahora nos preocupe en otro tiempo no tendrá ninguna importancia. No, no solo habla de la importancia del momento, sino de la vida misma, que a veces nos puede parecer tan inverosímil como la ficción, y -qué duda cabe- infinitamente más apasionante. El mayor logro de Munro respecto a la dignificación de lo literario como un reflejo de la vida, que no está relacionada con el escapismo sino con el compromiso de la literatura, se plasma en este relato, cuyo título podría ser el siguiente “Ficción (= Vida)”. Como la narradora, cada uno de nosotros es consciente de lo que como protagonista de su propia obra teatral ve, siente y padece; Pero no solo en el gran teatro del mundo actuamos en soledad, sino que interactuamos con otros seres y, nos guste o no, nuestros actos no controlan los designios ajenos ni la casualidad. A nuestra protagonista, que seguramente cuando fue abandonada por su marido no pudo creer en que recuperara las riendas de su existencia acabó haciéndolo, y cuando volvió a ser feliz se percata de que también ella fue el antagonista que le negó la felicidad a alguien. Y no lo perdamos de vista, todo ello gracias a la ficción. Puede que sea una afirmación demasiado personal y arriesgada, pero ante un texto como este no se le puede dejar de reconocer a Munro el mérito de hacer que leyendo y no viviendo sea como realmente nos damos cuenta de que la ficción nunca podrá superar a la vida.

La maestría narrativa de Munro se materializa especialmente en el cuento central de Demasiada felicidad, texto del que seguramente más se ha hablado y -paradójicamente- del que nadie parece tener una interpretación que convenza a todos. Precisamente, este cuento fue uno sobre los que se trabajó el año pasado en la “Experiencia cuento” de tULEctura y que, a pesar de ello, sus admiradores no comparten unas mismas conclusiones. En lo que sí que parece haber unanimidad es en el convencimiento de que, si en general con cualquier texto una sola lectura nunca aclara el sentido, en el caso de Radicales libres todas las lecturas del mundo no parecen suficientes, ya que cada vez percibimos un detalle nuevo anteriormente imperceptible que, o bien nos decanta hacia una determinada interpretación de un personaje o sencillamente nos asombra la profundidad inimaginable de los niveles de lectura , algo que  se resumen y se entiende en la afirmación que muchos han hecho sobre el ingenio de la canadiense, capaz de escribir cuentos en los que se encierran en realidad novelas. En cuanto a la trama, tras una primera lectura que nos deja convulsos, preguntándonos qué se nos habrá querido decir, por las sensaciones provocadas solo podemos estar seguros de una cosa, aquello tan famoso de “aquí alguien ha matado a alguien”. Las apariencias son tan engañosas, que en una lectura inicial Nita puede 410e7947c8a4b11b8bcd84e0265d490eparecernos incluso una ancianita adorable e indefensa. Descartada la primera impresión, algunos lectores toman por verdaderas las palabras de nuestra protagonista para lograr la complicidad del joven asesino y por lo tanto asumen que Nita envenenó a la amante de su marido. Sin embargo, esta información se desdice cuando el narrador en tercera persona vuelve a focalizar la atención en los pensamientos de la anciana y nos dice entonces que ella era en realidad la amante de Rich y que su anterior mujer Beth, aún sigue viva y además ha publicado un libro sobre plantas del que Nita ha extraído el conocimiento conveniente sobre las propiedades tóxicas del ruibarbo. Indudablemente, la narración es deliberadamente engañosa. O para ser más exactos, además de por los detalles al principio imperceptibles, la grandiosidad del cuento reside más que nunca en lo que no se llega a decir, cuya interpretación queda enteramente bajo la responsabilidad del lector. Esto se materializa a la perfección en la parte final, tras la huida del triplemente asesino y su muerte. Ciertamente, no hay manera a ciencia cierta de saber lo que ocurrió en el pasado y si de verdad hubo un intento de asesinato o quién intentó envenenar a quién. Hay opciones para elegir: unos optarán por considerar a Nita como la instigadora de un crimen, otros como lo suficientemente inteligente como para haber previsto que la mujer de su amante trataba de envenenarla. Hay incluso quien pueda pensar (¿por qué no?) que lo que Nita prepara no es té en hebras, sino ruibarbo con el que envenena al joven.

En general, los cuentos de Munro están habitados por personajes con tal profundidad psicológica que colocarnos frente a nosotros y reconocernos en ellos resulta una experiencia tan poco  halagadora como necesaria. Si tomamos como referencia la famosa cita de Shakespeare acerca del teatro como espejo de vicios y virtudes de la sociedad y la extendemos a la literatura en general, llegaremos a la conclusión de que a Munro le interesa más devolvernos no lo positivo, sino las miserias inherentes a la condición humana que se esconden sutilmente detrás de la cotidianidad. En este mundo loco no se puede tachar a sus historias de inverosímiles, porque un vistazo a las noticias nos acerca de un porrazo a una realidad en la que, como en la ficción, hay mezquindad sin límites, falta de honestidad incalculable en las relaciones personales, una discriminación cultural hacia lo femenino, sentimiento de superioridad respecto al prójimo y monstruos, muchos monstruos que son capaces de asesinar en serie, a su vecino e incluso a sus padres o hijos. Quizá lo más estremecedor de esto no es solo aceptar su existencia, sino la posibilidad de que el monstruo esté en nosotros. Puede que cualquiera de nosotros haya sido infiel o se lo haya planteado a costa de destrozar una familia, e incluso siendo niño hubiera apretado fuerte la cabeza de alguien el tiempo necesario bajo el agua. ¿Por qué Nita no iba a ser capaz de ponerse a la altura de su atracador y ser ella capaz de matar? Quizá deberíamos plantearnos que transcurre toda una vida hasta llegar a su edad y que eso no nos hace menos culpables ni susceptibles de todo acto. Tal y como se alude a la religión en cada cuento, a los personajes de Munro la idea de Dios parece servirles más bien de poco para dar sentido a una realidad cruel, mucho menos a una anciana enferma de cáncer. ¿Y si en el interior de NIta y de todos nosotros hubiera un monstruo que pudiera en un determinado momento despertar?

Nunca se sabe.

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Demasiada Felicidad: coloquio participativo de los socios

En la tarde de ayer nos reunimos los socios del club como es costumbre para charlar sobre Demasiada felicidad, una de las últimas obras de la canadiense premio Nobel que, si bien a algunos no les ha terminado de convencer, ha generado más de un seguidor que no tardará en conseguir toda su bibliografía. Lo primero que hay que decir es que difícilmente en una sesión se puede abordar esta obra con una solvencia mínima, ni si quiera uno solo de los cuentos. Los niveles de lectura son tales que, aunque dedicáramos todo el curso a Demasiada felicidad no nos acabaríamos de quedar satisfechos.2ae10e3e826e99a2d766f7f595e0f76b

Si la lectura de Bonilla nos familiarizaba con los relatos donde las anécdotas puramente triviales escondían reflexiones sobre el paso de la adolescencia a la madurez, Demasiada felicidad es un perfecto compendio de la importancia de la “lectura entre líneas”. En la guía a la lectura ya se apuntó la idea primordial de que la obra de Munro es de fácil lectura pero muy difícil comprensión. Esto se traduce en que formalmente nos encontremos ante una narrativa sintácticamente sencilla y sin florituras, que participa más de la brevedad que de la construcción de oraciones subordinadas que se encadenan a lo largo de las líneas. Más concretamente, lo esencial de los textos suele encerrarse precisamente en frases muy cortas cargadas de ambigüedad e ironía que se encuentran diseminadas en el desarrollo de las historias y sobre todo en sus finales, -a veces necesarios para dar sentido al cuento- como el nunca se sabe de “Radicales libres” o Yo me hice mayor, y vieja de “Algunas mujeres”. En cualquier caso, una sola lectura no basta para percibir todo lo necesario ni la riqueza de los cuentos. Ante la insatisfacción de no haber podido pararnos a hablar todo lo que nos hubiera gustado, en los próximos días aparecerá otra entrada profundizando sobre aspectos que se mencionaron ayer a través del comentario de tres cuentos.

Basta un vistazo a la bibliografía de la autora (Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, El amor de una mujer generosa, Las vidas de las mujeres..) para percatarse de que el foco de su narrativa se inclina (¿sin querer?) sobre las mujeres Más en concreto, sobre “la terrible vida de las mujeres”. A pesar de lo que pueda parecer, lo hace sin sin victimización, sin juicios, de una forma tan magistral que nos parece estar tratando a personales reales en lugar de a personajes literarios. Nadie puede f4a8a04bf9306b3294a77e6632865da5salir indemne de lo que ellos piensan, dicen o hacen porque nos hacen partícipes de su historia. A veces se insinúa que la autora presenta a estos personajes como víctimas, o que se ensaña con dureza con los hombres: nada más lejos de la realidad. La profundidad psicológica de los mismos es tal que debemos descartar por completo esa afirmación. La tan famosa frase de los evangelios “por sus obras los conoceréis” se les puede aplicar: no es necesario describir a los personajes en términos morales, ya que el hombre que asesina a sus hijos, el joven que mata a  su familia y luego la fotografía, las niñas que ahogan a su compañera en el campamento de verano: no hace falta que el narrador juzgue lo más mínimo, el lector ya tiene datos suficientes para decidir si lo hace o no. Entrar a debatir si son los personajes masculinos peor tratados que los femeninos es una necedad, ya que ambos simplemente son descritos de tal manera que nos parece encontrarnos ante un espejo del que no siempre nos gusta la imagen que nos devuelve. Todos ellos están vistos desde la distancia y la frialdad que solamente puede tener una persona que ve la vida con más de ochenta años, todos con sus virtudes, sus vicios, y en ocasiones una mezquindad demasiado cotidiana.

Continuará.