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Fallo de la V edición del Concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones”

Todas nuestras actividades están abiertas a la participación de cualquier persona con independencia de su edad o formación, pero ésta… especialmente.

Siempre hemos sospechado  que el nuestro no es  un certamen literario al uso, y aunque  el nivel  general de calidad de  las participaciones es alto, la temática que propone el concurso (la visibilización y el fomento de las relaciones intergeneracionales), desborda con creces nuestra  consideración.

Este ha sido, sin duda, un año raro, muy raro. Duro, solitario, solidario… La declaración  del estado de alarma por la cuarentena del coronavirus  ha suspendido nuestra rutina  y nos ha obligado a vivir de una manera que no jamás habríamos sospechado. En medio de la sorpresa, el miedo o la incertidumbre, hemos ido reajustando nuestras emociones hacia  la valoración de lo que consideramos esencial. Tal vez haya sido por eso, pero les aseguro que nunca como en este año hemos detectado la ternura, la solidaridad  y el cuidado mutuo entre generaciones.

Como siempre, agradecemos todas y cada una de las comunicaciones recibidas, el interés por participar, el esfuerzo realizado para redactar el texto , el trabajo tomado para enviarlo y, en este año en particular, la paciencia por las sucesivas prórrogas y retrasos en el fallo.


El CEI Triangular-E3, el Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Castilla y León (BUCLE), la Consejería de Servicios Sociales de Castilla y León, el Programa de Convivencia Intergeneracional entre personas mayores y estudiantes universitarios de la Universidad de León, el Vicerrectorado de Estudiantes y Empleo y el de Responsabilidad Social, Cultura y Deportes, el Programa Interuniversitario de la Experiencia y tULEctura convocaron en el curso académico 2019-2020 la quinta edición del concurso de microrrelatos “Unidos por Generaciones”.

Las bases del concurso establecen un primer premio y dos accésits por cada una de las cuatro categorías. Reunido el jurado, ha resuelto el V  Concurso de Microrrelatos “Unidos por Generaciones”, concediendo los siguientes

PREMIOS

 

Categoría: Miembros de la Comunidad Universitaria 

Primer premio

  • Autora: Lucía Llera Campos
  • Título: Calicó

Desde que tenía tres años supe que quería estudiar Veterinaria. Mi abuelo, al que le encantaban los animales, me iba allanando el camino. Recuerdo que tenía una gata tricolor de decoración y, siempre que iba a verlo, me sentaba en su regazo y jugaba con el peluche.

— Verás, Lucía, cada vez que veas un gato de tres colores será, en realidad, una gata.

En aquel momento no supo contestar a mi “¿por qué?”; pero con los años veía que mi abuelo no se equivocaba. Ahora, por fin, puedo darle una explicación a él. Es una cuestión genética y de cromosomas sexuales. Lo que mi abuelo no sabía es que uno de cada 3000 gatos tricolores puede ser macho porque la Genética es así de aleatoria. Pero las otras 2999 veces, abuelo, tenías razón.

*Un plus añadido:

TESTIMONIO DOCUMENTAL GRÁFICO  DEL RELATO:

Para documentar la veracidad de este relato, la autora  ha tenido la gentileza de remitirnos la imagen autobiográfica que inspiró la historia del mismo.
Publicamos la fotografía con la autorización de la pequeña, del abuelo y hasta del gato de peluche. ¡Muchas gracias!


 

 Accésit primero

  • Autora : María Teresa Mata Sierra
  • Título : La gota

 Había heredado de su padre esa afición a dejarse llevar en autobús, aprovechando la vida; que cuando conduces, decía, se escapa a borbotones, porque no disfrutas del paisaje ni de las gentes, sólo de la carretera.

 Empezaba a llover. Reparó en aquella gota que resbalaba por el cristal y luego otra y otra… y pensó en dónde iría, dónde empezaba y terminaba su camino aquel agua de lluvia renacida y constante, mucho más eterna que cualquiera que nosotros.

Él otra vez, y la gota… ¿iría  a regar los campos?, ¿a refrescar la ciudad esa tarde calurosa?, ¿al río Bernesga?, ¿a las plantas del sendero?, ¿a empapar la tierra en la que descansaba él…?

Cuando llegó a su destino, antes de que el autobús retomara la marcha, pasó la mano por la ventanilla y retuvo varias gotas en su palma. Sonrió…

Cualquier excusa es buena para recordarte, papá…


 

 Accésit segundo

  • Autora : Annie Abreu Cívico

La cena está servida. Como todos los días, a la misma hora -el grito de mi mami desde la cocina- yo ya sé mi función: paro la música que me ayuda a relajarme, miro por última vez el Instagram y voy al cuarto de la más pequeña de la casa: Está dormida, duerme poco la verdad, en las noches le gusta que le hable de mi día. La despierto con un beso, me sonríe, la ayudo a llegar a la mesa, sus movimientos son torpes y lentos. Mi mami se ha esforzado mucho hoy, hay todo un manjar; mi padre la premia con un beso, me miran y se sonrojan. La más pequeña no come sola, mami la ayuda y a mi papi se le escapa una lágrima. Ella es pequeña pero grande de espíritu: hoy hizo un gran esfuerzo y salió al balcón a aplaudir. Hoy cumple 95 años.



Categoría: Personas mayores de 60 años

Primer premio

  • Autor: José Antonio Vallejo Aller

Eres muy joven. Y te has asustado
contemplando los surcos de mi rostro
y mi pelo canoso, cuando dije:
“Algún día tendrás mi edad, hijito”.

No te asustes.

Si conservas tu alma noble y limpia;
si no dejas de amar, si eres sincero;
si tu ilusión de ahora no se apaga,
no vas a envejecer. Y si Dios quiere
que llegues a mis años, y aun superes
esta edad mía, nunca te harás viejo.

Tendrás arrugas, tal vez seas más torpe,
nevará en tu cabeza, estarás algo sordo,
y no verás muy bien; tendrás achaques;
mas, si sigues amando, serás joven.

Será tu juventud más honda, más auténtica,
porque estará en tu alma inmarcesible.
Y el día que traspases el umbral de esta vida
y entres en la presencia del Dios bueno,
tu juventud, la que nunca perdiste si has amado,
será incorruptible, será eterna.

Hijito, no te asustes.


Accésit primero

  • Autor : Jesús María Martinez Borregán
  • Título : Bartolo

Ahora llevas un ridículo sombrerín y un cayado.
Luces bombo de embarazada y sigues con la cara de hogaza de siempre.
Soltero y sin debutar, a tus ochenta y tantos, no apeas de los 120.
Me dicen, que el médico no puede contigo.
Que le pegas al morapio y que comes un pollo de una sentada.
Te agradezco, que me enseñaras a jugar al truque y a diferenciar entre: Poíno, carriego, atestar o cernir…
Intenté devolverlo, enseñándote informática. Fue inútil.
Te instruí en, Internet, wasap o wifi. Te confeccioné un guíaburros, para el manejo del móvil. Todo en vano. Tus manazas no cabían en el teclado y tu cabeza no daba más.
En el intercambio de conocimientos, creo que salí ganando y siempre te estaré agradecido.
Últimamente, te dejas ver poco y vas algo mohíno, el otro día cuando paseabas te pité, pero creo que no te enteraste.


Accésit segundo

  • Autora: Mª Carmen Argüello Alonso  
  • Título: Cómplice en tercer grado

Salí al jardín para serenarme después de oír lo que hablaban emocionados mi hija y su abuelo. En mi cabeza bullía el recuerdo de aquella discusión quinceañera  que  mi padre había zanjado con un ultimátum: o me cortaba “esas greñas” o me quedaba sin propina todo el verano.

No sabía  cómo entrar y mantener mi postura sin desautorizar al mayor e  imponerme a la adolescente : “del tatuaje” no se volvía a hablar, por lo menos hasta la mayoría de edad, ni aunque lo pagara el abuelo.



Categoría:  Alumnado de E.S.O. (León y provincia)

Primer premio

  • Autora: Laura Gutiérrez Garrido  
  • Título: El tiempo… ¿se paró?

Aquella tarde el tiempo se paró. No sabía hablar, no sabía andar, no podía comunicarse. A sus casi 80 años había que comenzar de nuevo. La tarea era difícil, muy difícil, pero nunca se rindió. La sillita de paseo de su nieta le servía de andador, y con ella aprendió de nuevo a andar, aprendió a hablar, aprendió a leer, aprendió a contar, aprendió a escribir, esta vez con la mano izquierda. Los dos crecieron juntos, se rieron juntos, lloraron juntos. Se comunicaban a su manera, pero siempre juntos. El tiempo, inexorable, a ella le hizo crecer y volar, y a él irse, pero sigue aquí, en la risa de su nieta, en su manera de hablar y escribir, en su gusto por los libros y la naturaleza, en su corazón, porque todo el mundo lo dice: “esta niña es igual que su abuelo”.


 

Accésit primero

  • Autor :Sergio Viloria Mateo
  • Título : El abuelo Mateo

Pablo tiene un abuelo muy divertido, hacen muchas cosas juntos porque está jubilado.
Le lleva al parque, a la piscina… Una vez subieron a un tren que los llevó al pueblo donde vivió el abuelo cuando era pequeño y, como no había vuelta hasta el día siguiente, tuvieron que ir sus padres en coche a buscarlos.

Cuando hace mucho frío se quedan en casa y juegan a las cartas. A veces, el abuelo Mateo le cuenta historias de su infancia. La que más le gusta a Pablo es aquella de la Guerra Civil en la que el abuelo tenía 8 años y su madre le llevaba a jugar a un viejo granero a las afueras del pueblo. Sin saberlo, Mateo jugaba toda la tarde mientras su padre le veía entre las alpacas ya que, por sus ideas políticas, tenía que esconderse de la Guardia Civil.


 

Accésit segundo

  • Autor : Álvaro Villarejo Gutiérrez
  • Título : Vosotros

VOSOTROS fuisteis los primeros en venir al hospital a conocerme cuando nací.
VOSOTROS estuvisteis una temporada en mi casa enseñando a mis padres a cuidarme.
VOSOTROS siempre me habéis mimado cuando he estado enfermo.
VOSOTROS siempre me habéis acogido en vuestra casa durante mis vacaciones.
VOSOTROS siempre me habéis acompañado en los momentos más importantes de mi vida dándome vuestro cariño y apoyo: cumpleaños, mi primera comunión, las actuaciones en el colegio, las graduaciones…
VOSOTROS me habéis enseñado tantas y tantas cosas…
Ahora que vuestro cuerpo empieza a jugaros malas pasadas y os veis limitados, prometo ser vuestros ojos, vuestros oídos, vuestras piernas y estar siempre a vuestro lado, como VOSOTROS siempre habéis estado al mío.
¡Gracias por todo ABUELOS! porque mi vida no hubiese sido la misma sin VOSOTROS.



 

Categoría: Público general

Primer premio

  • Autor: Raúl Clavero
  • Título:  Las palabras pendientes

Después de cenar, con una copa de vino entre sus manos, nuestro abuelo nos relataba alguna anécdota de su juventud. Se sentaba en su mecedora y hablaba y hablaba, hasta que nos quedábamos dormidos.

Ahora que ya no está, bajamos cada noche a su bodega, y durante unos minutos tratamos de adivinar en cuál de las botellas se esconden todas las historias que no nos llegó a contar


 

Accésit primero

  • Autor: Francisco J. Barata Bausach 
  • Título: La carrera

Este año no quise que mi padre participara. Que hubiera cumplido los setenta era una buena razón, aunque a él no le convencía. Castellano, de los “viejos”, un portento de cabezonería. Yo  participo, como todos los años, aunque solo sea para que mi incipiente barriguita no se envalentone y me invada, que las “barrigas” son muy suyas.

Tengo que admitir que cada año me cuesta, “sangre, sudor y lágrimas”, completar la carrera. Solo la “vergüenza torera”… y que mi mujer me espera con mis hijos en meta, es lo que me impele a llegar, aunque colecciono agujetas para todo el año.

Cuando pasaba por  la “Casa de las Conchas” casi me cuesta un desmayo lo que vi. Ni idea de dónde salió, pero allí estaba mi padre, corriendo, con más compostura que la mía.  No sé, quizás me esté haciendo viejo…, pero mi padre corría delante de mí.


 

Accésit segundo

  • Autora: Noemi Álvarez da Silva  
  • Título: In memoriam

Meter las manos en un saco de legumbres. Descalzarse para que las olas acaricien tus pies. La fragancia de alguien al pasar a tu lado. Un pequeño estímulo. Un detalle impulsa el mecanismo cuyos engranajes comienzan a moverse hasta apretar cerebro, estómago y corazón. Se activan, así, recuerdos tristes llenos de alegría o alegres llenos de tristeza que evocan lejanos cantares y raíces familiares.

¿Cómo conseguir -recapacita la madre- que sus hijos valoren, aprovechen e, incluso, expriman a sus mayores antes de que sea tarde?

¿Cómo les digo a los abuelos –se dice el niño- que no me entra en este dibujo todo lo que les quiero? Si les abrazase con todo mi cariño les estrujaría. ¡Saldrían disparados hasta la luna! ¡O más!

 ¿Cómo explicar -piensa la anciana- que solo con cogeros en brazos lo entendimos? Lo sabemos. Todo.



 

¡Felicidades a los ganadores!

Este año, dadas las circunstancias, no ha sido posible celebrar nuestra fiesta de despedida en la biblioteca San Isidoro.

Esperamos reencontrarnos pronto con todos nuestros amigos (¡os echamos de menos!) y  entregar a los ganadores de los concursos sus merecidos premios.

Mientras tanto, seguimos viéndonos en tULectura, la ventana desde la que aplaudimos, leemos, miramos, escuchamos, opinamos y aprendemos de los libros y la lectura, pero sobre todo, de la vida…

¡Suerte a todos!

 

Los premios en  prensa digital  y páginas web:

El V Concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones” y el delantal de la abuela

De un tiempo a esta parte, en las redes sociales, en los blogs, en los periódicos digitales, en las bitácoras y páginas de la web se ha hecho viral la memoria de una humilde prenda de vestir. Hasta tal punto ha triunfado la historia que aparece la mayor parte de las veces sin la mención a su autora (Ángeles Fuentes) y con variantes en el texto más o menos acertadas, locales y hasta personalizadas.

A estas alturas, el texto parece pertenecer a todos y cada uno de quienes lo han leído, pues su autora utiliza con habilidad el tratamiento de un personaje, unos hechos, un objeto y un pasado que, siendo ficticios, se hacen muy cercanos a la realidad.   El lector reconoce inmediatamente esa realidad y la interpreta en clave simbólica, asumiendo como propia la historia narrada.

Las relaciones intergeneracionales se pueden contar de muchas maneras.
En este caso, la autora lo hace a través de un objeto cotidiano
al que dota de una carga evocadora fortísima.
Lee el relato, piensa un poco, recuerda y… luego
participa en nuestro  concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones”

El delantal de la abuela, de Ángeles Fuentes

La principal función del delantal de la abuela era proteger el vestido que estaba debajo; pero además servía de agarradero para retirar la sartén del fuego cuando estaba muy caliente.

Era una maravilla secando las lágrimas de los pequeños, y en ciertas ocasiones limpiando sus caritas sucias.

El delantal servía para transportar desde el gallinero los huevos golpeados que acababan en la basura.

Cuando llegaban visitas, el delantal de la abuela servía para refugio de los niños tímidos; y cuando hacía frío, la abuela se envolvía los brazos en él.

Aquel viejo delantal servía de fuelle, cuando el fuego estaba medio apagado agitándolo sobre él; y era el que cargaba con la leña desde la leñera hasta la cocina; y también con las patatas del huerto, los guisantes y demás verduras; con él se recogían las frutas que caían de los árboles al terminar el verano.

Cuando alguien llegaba de forma inesperada, era asombrosa la rapidez con que el viejo delantal limpiaba el polvo de los muebles.

Cuando se acercaba la hora de comer, la abuela salía a la puerta y agitaba el delantal: entonces los hombres que estaban en el campo sabían que era la hora de comer.

La abuela también lo usaba para colocar la torta del horno en la ventana para que se enfriara.

Pasarán varios años antes de que inventen un utensilio que pueda reemplazar aquel viejo delantal de la abuela, que tantas funciones cumplía”

Lee el relato, piensa un poco, recuerda y… luego
participa en nuestro  concurso de microrrelatos “Unidos por generaciones”