Te recuerdo Víctor. 45 años sin Víctor Jara

Muchas veces el mito devora a la persona. No se si será el caso de Víctor Jara, no debería serlo. Las terribles circunstancias de su muerte pueden eclipsar el enorme calado de su obra. Su conversión por muchos en símbolo y mártir, no debe dejar de lado su inmensa labor como músico.

Víctor Jara es una figura enormemente importante en la música y la cultura de Chile. Su vida fue un reflejo de su país, de los tiempos tumultuosos en que vivió y de su filosofía personal. Victor Jara comenzó su vida en un pequeño pueblo, y con su talento, se convirtió en una de las figuras musicales más conocidas e influyentes de América Latina.

Víctor Jara fue el representante más visible de ese movimiento músico-social que se denominó “Nueva Canción Chilena”, que se empezó a gestar en Chile a mediados de los años sesenta, llegando a su plenitud al comienzo de la década de los setenta.

Este movimiento reivindicaba la música de raíz popular, en contraposición a la influencia de la música anglosajona en los músicos de su país; alumno aventajado de Violeta Parra, con cuya familia tuvo una relación muy estrecha, su labor como folklorista fue muy intensa en la recuperación de la música tradicional chilena y de la zona andina en general.

In this undated photo released by Fundacion Victor Jara appears prominent Chilean folk singer Victor Jara. A retired army colonel was indicted Thursday, Dec. 9, 2004 in the killing of Victor Jara in the opening days of the dictatorship of Gen. Augusto Pinochet. (AP Photo/Fundacion Victor Jara, Patricio Guzman) **MANDATORY CREDIT FUNDACION VICTOR JARA, PATRICIO GUZMAN **NO SALES**

Fotografía: Patricio Guzmán

Víctor Jara nació 28 de septiembre de 1932 en Loquen, un pequeño pueblo a las afueras de Santiago. Sus padres eran granjeros. El padre de Victor Jara tenía un problema con la bebida, y su hogar a menudo fue testigo de muchas peleas. Después de algunos años de esta infelicidad, el padre de Víctor se marchó, y Amanda, su madre, se quedó sola para criar a Víctor y el resto de sus hermanos. Era una mujer extremadamente trabajadora y, en palabras de Víctor, su perspectiva optimista de la vida le dio fuerza a la familia. Ella cantaba y enseñó a Víctor a tocar la guitarra y también le enseñó muchas canciones populares tradicionales de Chile. El tiempo que pasó con su madre tuvo una gran influencia en su estilo musical.

Tristemente, Amanda murió cuando Víctor solo tenía 15 años. Dejó sus estudios de contabilidad y entró en el seminario. Estaba muy triste por la muerte de su madre, y también creía que la profesión de sacerdote era la más importante del mundo. Pero después de dos años, se desencantó de la religión y se fue para alistarse en el ejército. Después de cumplir el servicio militar, ingresó en el coro de la Universidad de Chile.

Durante este tiempo desarrolló un interés por el teatro, y comenzó a estudiar en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Allí mostró una inclinación hacia la dirección, y después de que se completara sus estudios, él comenzó en el programa de dirección. Durante estos años y en el futuro, Víctor Jara participó en innumerables producciones teatrales. También comenzó a cantar y estudiar música folclórica cuando conoció a Violeta Parra. Durante este tiempo también comenzó a involucrarse en la política de su país. En 1966, publicó su primer disco en solitario, titulado simplemente “Victor Jara”. Cuatro años más tarde, abandonó el teatro para dedicar su atención a la música a tiempo completo.

Víctor Jara en 1962. Integrado en el conjunto Cuncumén, dedicado a la recopilación, estudio y difusión de los cantos y danzas de la región central de Chile. 

Las canciones de Víctor Jara están llenas de sus pensamientos sobre la gente sencilla de Chile. Procesaba un gran amor por la gente trabajadora de las pequeñas ciudades y pueblos, y muchas de sus canciones narran la vida de estas personas. Otras sin embargo, atacan las injusticias de la sociedad o los escándalos políticos.

Su faceta como cantautor estaba teñida en gran parte de un claro matiz político, su vinculación total con el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, del cual fue embajador cultural, es notorio en muchas de sus canciones; Sin embargo, dejó canciones como “Te Recuerdo Amanda” y “Luchín”, con un contenido social evidente, pero matizado por la belleza y ternura de la melodía.

Fue inmediatamente detenido tras el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, trasladado al Estadio Nacional de Santiago, que actualmente lleva su nombre, y allí quedó truncada no solo su carrera artística, sino su vida, el 16 de septiembre, cinco días después de su detención.

Víctor Jara con su esposa Joan y sus Hijas Manuela y Amanda

“Si se calla el cantor, calla la vida”, cantaba Mercedes Sosa. Nunca mejor dicho que en el caso de Víctor Jara. El 16 de septiembre de 1973 calló la vida.

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Te Recuerdo Amanda (1969)

El Derecho de Vivir en Paz (1971)

Luchín (1972)

Concierto de Víctor Jara en la Panamericana Televisión (Perú) 17/Julio/1973

Canal oficial de YouTube de Víctor Jara

100 años de la muerte de Hubert Parry (1848-1918). El padre del renacimiento musical inglés

Hubert Parry en 1893. Fotografía de W. & D. Downey

Sir Charles Hubert Parry tiene la inusual distinción de ser amado universalmente y ser casi desconocido por completo. Todo el mundo conoce su gran himno “Jerusalem”, capaz de enardecer al más frío de los ingleses. Junto con Charles Stanford, cuya música detestaba, Parry inspiró lo que se ha llamado el “renacimiento musical inglés” de finales del siglo XIX. El próximo 7 de octubre se cumplirán 100 años de su muerte.

Hubert Parry fue una de las figuras clave del mencionado “renacimiento musical británico” de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como compositor, educador y escritor. Nacido en la aristocracia terrateniente, estudió en Eton y Oxford, y bajo presión familiar entró a trabajar en la City, antes de que el creciente éxito de sus composiciones le permitiera, en 1877, dedicarse a tiempo completo a la música.

El estilo musical de Parry fue influenciado principalmente por la gran tradición alemana, donde logró equilibrar una afinidad tanto por Johannes Brahms como por Richard Wagner, en un momento en el que había pocos compositores  dispuestos a admitir que estaban influenciados por ambos. Gran parte de su producción consiste en música coral: oratorios, cantatas sagradas y seculares, motetes e himnos. Pero también compuso cuatro sinfonías, una Fantasía Sinfónica, un conjunto de Variaciones Sinfónicas y otras obras orquestales; música para piano, órgano y diversos conjuntos de cámara.

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Hubert Parry en su juventud

La temprana carrera musical de Parry fue bastante poco conocida, con una serie de obras de pequeña escala como canciones, himnos y música de piano. No fue hasta 1875, cuando Parry comenzó a producir obras significativas. Las obras de cámara que compuso en los años siguientes reflejaban la clara influencia de brahms.

En su faceta docente destacar, que en 1893 fue nombrado director del Royal College of Music. En 1898, asumió funciones adicionales como profesor de música en Oxford.

En 1908, Parry sufrió un deterioro en el estado de su salud, debido principalmente a la carga de trabajo por sus responsabilidades en el Royal College y en Oxford. Por consejo de su médico, renunció a su puesto en Oxford y redujo sus actividades de composición durante un tiempo, retirándose a Sicilia para recuperar su salud. La receta funcionó, y su recuperación le permitió un período adicional de 10 años, en el que iba a producir algunos de sus mejores trabajos.

Hubert Parry en 1916

Pero no se puede hablar de Parry sin mencionar “Jerusalem” (1916), la obra por la que ha pasado a la posteridad, aunque casi nadie sabe que es composición suya, y eclipsara el resto de su producción musical. La letra del himno está extraída de “Jerusalem”, los versos que William Blake publicó en la introducción a su último gran poema, “Milton”, dedicado al autor de “El Paraíso Perdido”. La última estrofa dice (“No cesaré en mi lucha mental, ni dormirá mi espada en mi mano, mientras no hayamos construido una nueva Jerusalén, en la tierra verde y placentera de Inglaterra”)

Se cantó como himno final en la boda del futuro monarca británico, Guillermo, con Catherine Middleton. Se canta como colofón de la última noche en el festival anual de los Proms de la BBC. El Instituto de las Mujeres, que promueve desde 1915 la educación y los intereses de las mujeres británicas lo tiene como su himno. También se canta en el rugby o el cricket.

Esta pieza es tan popular en Inglaterra, que viene a ser una especie de himno nacional no oficial. Consiguió llegar a ser conocida por el gran público no británico al aparecer en la banda sonora de la película “Carros de Fuego” de 1981. Precisamente el título de la película salió de este himno, concretamente cuando dice: “Tráeme mi carro de fuego”.

Jerusalem (Last Night of the Proms, BBC Proms) 2018

I Was Glad (Compuesta originalmente para la coronación del rey Eduardo VII en 1902)

Blest Pair of Sirens (BBC Proms) 2018

Magnificat

Sinfonía nº 3

Miles Davis (Milestones) 1958

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“Milestones” fue el tercer lanzamiento dentro de Columbia Records de Miles Davis, después de “Round About Midnight” y “Miles Ahead” (1957). La grabación se realizó durante uno de los períodos más intensamente creativos de Davis, precediendo a su grabación de la banda sonora de “Ascenseur Pour L’echafaud” (1958), hasta llegar a lo que se convertiría en su obra maestra y punto de inflexión del jazz con “Kind of Blue” (1959).

“Milestones” es significativo como un período de bisagra creativa entre la etapa  bebop / hard bop de Davis y su período modal futuro. La grabación representó la expansión de su famoso primer quinteto en un sexteto con la llegada de Julian “Cannonball” AdderleyUna banda considerada por muchos como el mejor conjunto de jazz de la historia. “Milestones” iba a ser la única grabación de estudio hecha por este sexteto, ya que la alineación cambió considerablemente en los siguientes meses acercándose a las sesiones de “Kind of Blue”. La famosa inquietud innovadora de Davis aún no había alcanzado la altura de la fiebre que tendría durante los años siguientes, pero estaba comenzando a manifestarse progresivamente

Miles Davis, Cannonball Adderley y John Coltrane en 1958. Fotografía: Dennis Stock

Pocas veces se ha reunido tanto talento para realizar un Álbum. Primero fue el regreso del “Hijo Pródigo”. John Coltrane había superado sus adicciones, causa de su expulsión del quinteto de Miles. Este, de regreso de París, donde había grabado la música de la película de Louis Malle “Ascenseur Pour L’echafaud” incorporó el saxo alto de “Cannonball” Adderley a su quinteto. Las abstracciones de Trane y el lirismo de Cannonball le ofrecieron los contrastes que estaba buscando, mientras que su sección rítmica proporcionaba la intensidad deseada para cada tempo. Tenía completa confianza en su bajista Paul Chambers, a quien dejó realizar largos solos. Con el batería Philly Joe Jones parecían tener comunicación casi telepática. Red Garland, sin embargo, se estaba cansando de las demandas de Miles de como tocar el piano. Un día se levantó en medio de una sesión y dejó el piano al trompetista. Miles estaba buscando una forma de liberarse de las limitaciones armónicas impuestas por el piano. Había empezado a navegar por el jazz modal.

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Red Garland, Miles Davis, Paul Chambers y Julian “Cannonball” Adderley durante las sesiones de grabación de “Milestones”. Fotografía: Dennis Stock

Davis explicó en su autobiografía su concepto de jazz modal: “… El reto aquí, cuando trabajas de forma modal, es ver cuán creativo puedes llegar a ser melódicamente. No es como cuando basas elementos en acordes, y al final de treinta y dos compases sabes que los acordes se han acabado y no hay nada que hacer más que repetir lo que has hecho con las variaciones”.

Desde su infancia en East Saint Louis hasta su muerte en California, Miles Davis se centró en predecir el futuro y tocarlo. Recibió su primera trompeta de un amigo de la familia cuando tenía nueve años y en un momento en que las trompetas tendían hacia el vibrato, Miles aprendió y mantuvo un tono claro y redondeado. Pasó toda una vida a la cabeza del jazz, desde el bebop hasta el cool, pasando por el modal y el eléctrico, como uno de los músicos más innovadores e influyentes del siglo XX.

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John Coltrane y Philly Joe Jones. Fotografía: Dennis Stock

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The Byrds (Sweetheart of the Rodeo) 50º Aniversario

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Justo cuando Chris Hillman se inscribía en la UCLA, recibió una llamada de su antiguo manager, Jim Dickson, para unirse a una nueva banda que se estaba formando como bajista. Los Byrds, esta era la banda, estaban compuestos por Roger McGuinn, David Crosby, Gene Clark, Michael Clarke, y finalmente, Hillman. Nunca antes había tocado un bajo, pero su pasado bluegrass lo llevó a dominarlo rápidamente mientras desarrollaba su propio estilo con el instrumento.

A pesar de que permaneció en un discreto segundo plano en los primeros dos lanzamientos de la banda, rápidamente floreció como cantante y vocalista después de que Gene Clark dejara el grupo. En 1968, la banda se redujo a Hillman y McGuinn, después de que Crosby se despidiera. Para reemplazarlo, contrataron a Gram Parsons, quien junto con Hillman cambió el sonido de la banda para reflejar un estilo country rock, que era algo inaudito en la industria de la música en ese momento. Esta revolución fue capturada en el álbum “Sweetheart of the Rodeo”, que se lanzó el 30 de agosto de 1968.

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Roger McGuinn, Kevin Kelley, Gram Parsons y Chris Hillman

El nuevo álbum mantuvo a Hillman desempeñando un papel de apoyo una vez más, ya que Parsons y McGuinn compartieron el peso de las tareas vocales. Parsons, que era poco conocido en ese momento, fue elevado a la vanguardia del rock debido a este álbum.

Se suponía que “Sweetheart of the Rodeo” sería un reflejo de la música tradicional estadounidense incorporando elementos del Jazz y Rock & Roll, pero Parsons llevó el proyecto a convertirlo en un álbum country puro. Este proyecto fue muy controvertido, ya que para la industria de la música country, no eran más que una panda de hippies con el pelo largo que intentaban sabotear la sacrosanta música country. Entre tanto, Parsons dejó la banda, y ni siquiera era miembro cuando llegó la fecha de lanzamiento en agosto.

Una canción de Bob Dylan, “You Ain’t Going Nowhere”, fue lanzada en abril como el sencillo principal del proyecto. La banda escuchó la melodía de una colección de demos de las grabaciones de Dylan en Woodstock y pensaron que era apropiada para publicarla. Alcanzó el puesto 74 en el Billboard Hot 100 Chart.

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Hillman y McGuinn adaptaron un tema tradicional como segundo y último single, “I am a Pilgrim”. La canción suena un poco más country que la versión del tema de Dylan gracias al banjo de McGuinn y a un hermoso violín interpretado por John Hartford.

Aún más famoso que los dos sencillos es “Hickory Wind” de Parsons, una balada que coescribió con Bob Buchanan en un viaje en tren desde Florida hasta Los Ángeles.

Y eso fue todo: principalmente estándares, un par de melodías de Parsons, una de Dylan. Los resultados fueron malos, en ventas y repercusión. Confundieron a los seguidores de los Byrds y a los puristas de Nashville, y el grupo nunca volvería a intentar un experimento tan radical. Pero ese sonido hipnotizante resuena hasta el día de hoy. Realmente eran un grupo de rockeros cantando canciones country. Pero este trabajo visionario, se entiende cada vez menos como un experimento fallido y más como el Libro del Génesis de un nuevo estilo.

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Family (Music in a Doll’s House) 50º Aniversario

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Un álbum debut impresionante e innovador, que ayudó a sentar las bases del rock progresivo. En los clubes nocturnos del Swinging London en 1967, la escena musical tuvo un cambio de generaciones. Las bandas como The Who y The Kinks ya se habían convertido en estrellas, por lo que fueron reemplazadas en la escena underground por bandas como Family, The Nice, Soft Machine y demás, que estaban experimentando sin los límites impuestos ​​por la industria de la música; la música de Family y las bandas relacionadas fue percibida y etiquetada por el público como “progressive music”.

Family es otra banda total e injustamente olvidada de finales de los años sesenta / principios de los setenta, a veces denominada como un “conjunto progresivo menor”, y por lo tanto ignorada en gran medida en favor de las bandas progresivas más “clásicas”. Sin embargo, siendo estrictos, el sonido de Family apenas corresponde a la definición exacta de “progresivo”. Dicho esto, Family tenía un estilo, tal vez sería más correcto decir que Family era un estilo en si mismo. Eran básicamente folk, pero con un ligero matiz de jazz-fusión, psicodelia y, a veces, incluso cierta aureola mística.

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“Music In a Doll’s House” es un debut muy sólido de una banda que, desde el principio, tenía como objetivo ser diferente. Las canciones del vocalista Roger Chapman y el guitarrista Charlie Whitney abrieron nuevas posibilidades para el rock & roll, que van desde inquietas y sublimes baladas como “Mellowing Grey” hasta oscuras declaraciones románticas como “The Chase”, pero el verdadero atractivo de “Music In a Doll’s House” es su exuberante instrumentación.

Pero si hubo algo que lastró a la banda, fueron sus constantes cambios en la formación del grupo. Esto es otra causa de la infeliz historia de Family: una banda que intentó triunfar durante siete años, pero que nunca logró abrirse camino en los Estados Unidos, y que tuvo poco más que seguidores de culto en Gran Bretaña. Una espantosa injusticia, como nombrar bastantes bandas, cuyo enorme éxito comercial era mucho menos merecido. Esperemos que la historia corrija este triste error.

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Leonard Bernstein (1918-1990): 100 años de la mayor figura clásica de EE.UU.

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Fotografía: PA/EMPICS

Leonard Bernstein, el legendario músico que inspiró a varias generaciones a lo largo del siglo XX, fue uno de los músicos clásicos más influyentes del siglo pasado. Extraordinario profesor, director brillante, buen compositor y pianista consumado. El próximo mes de agosto se conmemora el centenario de su nacimiento.

Leonard Bernstein era un músico de talento excepcional que cautivó a sus jóvenes admiradores con su estilo extravagante y sumamente pedagógico. De hecho, fue el músico clásico más dominante de su tiempo, que más influyó en la escena musical de su época. Como dijo uno de sus alumnos: “Cuando se sube al podio, me hace recordar por qué quería convertirme en músico”.

Ningún músico del siglo XX tuvo una carrera tan controvertida como Leonard Bernstein. Su contribución a la música es realmente inmejorable. Su música fue profundamente inspirada por la realidad y las gentes de América. Bernstein fue capaz de popularizar los clásicos de una manera que ningún músico anterior había hecho alguna vez. Una generación entera de estadounidenses se sintió atraída por la música clásica a través de sus programas de televisión. Ningún músico en la historia de Estados Unidos conmovió a tantas personas tan profundamente y de tantas maneras distintas.

Leonard Bernstein con sus padres, Jennie y Samuel Bernstein, alrededor de 1921. Fotografía: Biblioteca del Congreso, División de Música

Bernstein nació en Lawrence, Massachusetts, el 25 de agosto de 1918, hijo de Samuel y Jennie Resnick Bernstein. Su padre, un vendedor de productos de belleza que había venido a los Estados Unidos desde Rusia cuando era niño, quería que Leonard se hiciera cargo del negocio cuando creciera. Durante muchos años, el padre se resistió a la intención de su hijo de ser músico.

Las historias de cómo descubrió la música, están envueltas en un halo de leyenda, acrecentadas por el paso de los años, pero todas las fuentes coinciden en que era un prodigio. La propia versión de Bernstein fue que, cuando tenía 10 años, su tía Clara, que estaba en medio de un proceso de divorcio, envió un piano a la casa de los Bernstein para que fuera almacenado. El niño lo miró, presionó las teclas y gritó: “¡Mamá, quiero lecciones!”. Ahí comenzó una vida dedicada en cuerpo y alma a la música.

Como compositor, director de orquesta y educador, Leonard Bernstein surgió como una de las pocas figuras del siglo XX que realmente cambiaron la faz de la música. Como compositor, Bernstein dejó un legado de gran alcance que incluye tres sinfonías, una banda sonora sobresaliente (La Ley del Silencio) y un importante conjunto de obras escénicas, incluida una de las piedras angulares del teatro musical estadounidense, West Side Story (1957). Fue el primer director nacido en Estados Unidos en alcanzar el estrellato internacional, Bernstein causó una profunda impresión en el público; su estilo dirigiendo era dinámico, incluso extravagante, de una forma nunca vista antes. La actitud extrovertida de Bernstein generó muchas críticas de aquellos que lo presentaron como un mero exhibicionista; sus defensores, sin embargo, superaron en número a sus detractores.

Composer Leonard Bernstein holds musical score with lighted auditorium behind him in 1955.

Leonard Bernstein en 1955. Fotografía: Getty Images

Durante su estancia (1958-1969) como director musical de la Filarmónica de Nueva York, Bernstein llevó a ese conjunto a un nuevo nivel de prestigio y popularidad: cada concierto y grabación de Bernstein se convirtieron en un acontecimiento muy esperado. Bernstein se hizo particularmente conocido como intérprete de Mahler y Copland; hizo mucho para labrar el lugar prominente en el repertorio de conciertos que ambos compositores todavía mantienen. Destacar especialmente su serie de Conciertos para jóvenes, que fueron televisados a partir de 1958, recordados con cariño por muchos como su introducción al mundo de la música clásica.

Bernstein redujo sus actividades como director en los últimos años con el fin de dedicar más tiempo a la composición. Poco de la música de Bernstein de la década de 1970 ha alcanzado el mismo nivel de popularidad logrado por sus obras anteriores; aún así, comprende un conjunto de obras muy destacables que incluye “Mass” (1971), la ópera “A Quiet Place” (1983) y el ciclo de canciones “Arias and Barcarolles” (1988).

Leonard Bernstein murió el 14 de octubre de 1990, cinco días después de anunciar su retirada, como consecuencia de un infarto de miocardio.

Lista de reproducción de Leonard Bernstein

 

Los Pekenikes (Cerca de las Estrellas) 50º Aniversario

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En una breve, pero deliciosa conversación que mantuve con el batería de Los Pekenikes, el genial Félix Arribas, auténtica leyenda nacional de ese instrumento. Hablamos brevemente de este mítico tema del grupo, en el que tiene un protagonismo especial, al realizar la parte vocal del mismo. Me contaba que había realizado una nueva mezcla añadiendo “sonidos espaciales”, por decirlo así, y que era imprescindible en las presentaciones en vivo de la banda. Este año se cumplen 50 años de la publicación de esta auténtica joya del pop español.

Contaba el genial Forges en una de sus viñetas: “que se puede esperar de un país donde todos dicen haber estado en Los Pekenikes”. Sin llegar a tanto, si es cierto que por el grupo pasaron cantidad de músicos en sus diferentes etapas, aquí nos vamos a centrar en su etapa más exitosa, la segunda mitad de los sesenta, donde perfilaron el sonido que les ha hizo famosos e inconfundibles.

Los Pekenikes surgen a finales de los años cincuenta como un grupo de adolescentes, alumnos del Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, que empiezan a interesarse por la música. Debutan como tales en 1959, haciendo versiones de los éxitos del momento, y ahí empieza esa especie de maldición bíblica con sus cantantes. Hasta el año 1966, donde se transforman en grupo instrumental, pasaron infinidad de ellos, Juan Pardo y Junior entre ellos.

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Formación de Los Pekenikes que grabó “Cerca de las Estrellas”: Tony Luz, Pedro Luis García, Félix Arribas, Ignacio Martín Sequeros, Antonio Brito, Alfonso Sainz y Antonio Obrador.

En 1966, después de la marcha de unos de ellos, el filipino Eddy Guzmán, deciden transformarse en grupo instrumental, animados por el gran éxito de su tema “Los Cuatro Muleros”, que en 1964 tuvo un impacto enorme. En ese año 1966, logran  una gran repercusión con su single “Hilo de Seda” y el larga duración que publican a continuación.

El núcleo fundamental de grupo lo formaban Alfonso Sainz, líder y principal Compositor, su hermano Lucas, Ignacio Martín Sequeros al bajo y Tony Luz en la guitarra rítmica. Todo ello sazonado con las impresionantes producciones de Rafael Trabucchelli, creador del famoso “sonido Torrelaguna”, calle de Madrid donde estaban los estudios de Hispavox, compañía de Los Pekenikes.

Su éxito continuó hasta el final de la década, donde la marcha de los hermanos Sainz y un cierto agotamiento de su sonido. Además se produjo la partición de grupo en dos, al marchar parte de sus miembros a la compañía Movieplay.

El grupo a principios de 1968, todavía con Lucas Sainz y Vicente Gasca en su formación. Serían sustituidos por Antonio Obrador y Antonio Brito para realizar el Servicio Militar.

Pero en 1968 estaban en el cenit de su capacidad creativa. Una máquina perfectamente engrasada, con el tándem Alfonso Sainz y Rafael Trabucchelli en estado de gracia. Este año comienzan con una cierta experimentación en los arreglos de las canciones, que se plasmaría totalmente en su tercer LP, “Alarma”, que se publicaría al año siguiente.

“Cerca de las Estrellas” es directamente la mejor canción de la fecunda historia de Los Pekenikes. Con leves ecos de la psicodelia que empapaba la música popular de entonces, es uno de los monumentos del pop español de todos los tiempos. Sonaba fresca, novedosa, misteriosa… nada que envidiar de cualquier producción internacional de aquella época. Impregnada toda ella del furor por la naciente carrera espacial de finales de los sesenta.

Cuenta con un continuo cambio de ritmo, con la entrada constante de nuevos instrumentos, que alternan su protagonismo en la canción, con una poderosísima sección de metales, un punteo exquisito de la guitarra solista a cargo del casi recién llegado Tony Obrador (considerado el mejor guitarrista español de los sesenta), y la novedad de una pequeña parte cantada por el batería Félix Arribas.

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Álbum de 1969 donde se incluyó “Cerca de las Estrellas”, aunque fue publicada previamente como single en 1968.

Resumiendo: un pop preciosista y barroco que se encuentra con la psicodelia, con leves retazos progresivos. Un tema que debería encabezar cualquier lista de lo mejor del pop español.

“Buscaré… otro mundo lejos del sol, en las estrellas. Un lugar… donde el tiempo no pasará, en las estrellas”

Enlace al vídeo de la canción. Actuación en RTVE

En el año 2016, el prestigioso músico sueco Ebbot Lundberg realizó una maravillosa versión del tema. Renombrada como “Calling from Heaven”, conoció la canción a través de un familiar de los hermanos Sainz.

Ebbot Lundberg & The Indigo Children (Calling From Heaven) 2016

The Band (Music from Big Pink) 50º Aniversario

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Después de una década de giras como grupo de acompañamiento para otros artistas, The Band lanzó un álbum debut increíble con “Music from Big Pink” en 1968. Al mezclar sus vastas influencias de country, Gospel, rock, folk y R & B, el grupo forjó un álbum que rompió bruscamente con las tendencias, cada día más exageradas, de la  psicodélia y de toda la experimentación  que la rodeaba. El título del álbum proviene de una casa (rosa) cerca de Woodstock, Nueva York, donde varios miembros de la banda vivieron mientras escribían y ensayaban material para este álbum. Si bien muchas grabaciones se realizaron allí, la grabación real del álbum, producida por John Simon, se llevó a cabo en estudios de Nueva York y Los Ángeles.

En cinco años, la banda  pasó de acompañar a un cantante de rockabilly, Ronnie hawkins, a unirse a Bob Dylan. Gran parte de su reputación vino del respaldo musical a Dylan durante su gira por Inglaterra en 1966, donde los fans irredentos del folk se volvieron contra el cantante y compositor por abandonar el género y electrificar su sonido. The Band selló su destino el año siguiente, cuando se unieron a Dylan, que se estaba recuperando de un accidente de motocicleta, en una casa en Woodstock, Nueva York, que llamaron Big Pink y grabaron un montón de canciones que se conocieron como The Basement Tapes.

Aunque un álbum oficial abreviado de esas sesiones no se lanzaría hasta 1975, las canciones comenzaron a aparecer en los registros de discos piratas, en álbumes de otros artistas y, finalmente, en el debut de The Band, que grabaron durante la primera parte de 1968. Aún así, “Music from Big Pink” suena como cosecha propia, como una colección de canciones incubadas y alimentadas por cinco músicos alejados del resto del mundo. Rústico, polvoriento y lleno de sabor de otras épocas, el álbum no tenía mucho en común con todo lo demás que se publicó en 1968.

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Bob Dylan y The Band. Fotografía: Barry Feinstein 

El creador del grupo fue el batería Levon Helm, natural de Arkansas, quien formó el grupo The Hawks con el vocalista Ronnie Hawkins a finales de los años cincuenta. En 1958, el grupo migró a Ontario, Canadá, que tenía un mercado en crecimiento para la música del sur de Estados Unidos, y recorrió clubes allí durante años. En el camino, los canadienses Rick Danko, Robbie Robertson, Richard Manuel y Garth Hudson se unieron en diferentes etapas. Cuando Hawkins se tomó un descanso, el resto de la banda siguió tocando  y pronto migró estilísticamente hacia el blues.

Cuando Bob Dylan se hizo “eléctrico” en 1965, alistó a The Band como su grupo de apoyo, y recorrieron el mundo hasta 1966. Sin embargo, Dylan sufrió un accidente de motocicleta casi fatal y no pudo realizar giras durante casi un año. Se retiró a la ciudad de Catskill, cerca de Woodstock y la banda decidió unirse a él, tomandose un merecido descanso de la giras para probar su propia música.

The Band hizo un esfuerzo conjunto para producir las canciones más “auténticas” posibles. Esta filosofía también se extendió con la adopción del nombre más simple posible, “The Band”. Mientras Dylan compuso tres de las once pistas del álbum, hizo también la ilustración de la portada del álbum. Manuel y Robertson compartieron la mayor parte del resto de las tareas de composición, aunque luego admitieron que eran alumnos aventajados de los diversos enfoques de composición de Dylan.

El aspecto rural de The Band no se limitaba solo a la música. The Band en 1968: Richard Manuel, Garth Hudson, Levon Helm, Robbie Robertson y Rick Danko. Fotografía: Elliot Landy

“Music from Big Pink” es uno de los trabajos más eclécticos de todos los tiempos. Buceando en las raíces de la música americana, aparecen sonidos de country, folk, blues, jazz, gospel, el rock más primigenio…

La música de “Big Pink” fue el comienzo de una revolución en el rock, influenciando a varias bandas y compositores como Grateful Dead, The Beatles o Eric Clapton (que quiso unirse a The Band), Crosby, Stills, Nash & Young, Led Zeppelin y la lista continúa hasta hacerse casi interminable.

Como comentó William Ruhlmann: “La música de “Big Pink” surgió como una declaración musical sorprendentemente, divergente solo un año después de las ornamentadas producciones del Sgt. Pepper, e inicialmente atrajo la atención debido a las tres canciones que Bob Dylan había escrito o coescrito. Sin embargo, cuando “The Weight” se convirtió en un éxito menor como single, el álbum y el grupo tuvieron su propio impacto, influyendo en un movimiento hacia estilos deudores de la música americana tradicional. Con el paso del tiempo, “Music from Big Pink” llegó a ser considerada como un punto de inflexión en la historia del rock, que introdujo nuevos tonos y enfoques en un género en constante evolución”.

Fotografía: Elliot Landy

Con toda su historia detrás de ellos, su primer proyecto se destaca claramente como el más influyente y valiente, al haber allanado un nuevo camino para innumerables músicos. “Hay personas que trabajarán todas sus vidas en vano y no lo conseguiran igualar”, escribió Al Cooper sobre el trabajo de The Band en “Music from Big Pink” en 1968. 50 años después todavía tiene razón.

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James Brown (Live at the Apollo) 1963

James Brown, famoso por ser el “Padrino del Soul”, necesita poca presentación. Es raro que un artista de soul sea más conocido por sus actuaciones en vivo que por sus álbumes de estudio, pero la presencia escénica de James Brown, le valió una reputación como uno de los intérpretes más fascinantes y carismáticos de su generación.

En consecuencia, su álbum en vivo, “Live at the Apollo”, es un disco que ha pasado a la historia como uno de sus mejores trabajos, y tal vez lo define como artista mejor que cualquier otra  cosa que haya grabado en el estudio. Lanzado en 1963, pasó más de un año en el American Billboard Album Chart, y se convirtió en uno de los álbumes más vendidos de la larga carrera de Brown.

Los álbumes en vivo eran una rareza en 1962. Las compañías discográficas los consideraban inútiles; ¿Por qué los compradores de discos querrían las mismas canciones que ya tienen, simplemente porque están grabadas en un concierto en lugar de en un estudio?

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Fotografía: Michael Ochs Archives / Getty Images

James Brown creía que el público querría tanto este disco, que pagó la grabación él mismo y presionó a su sello, King Records, para que lo publicara. Un movimiento arriesgado, pero tenía razón.

En 1962, el recorrido de Brown fue ciertamente impresionante. Desde 1956, con “Please Please Please”, grabó una serie de singles en King Records con ventas millonarias. Sin embargo, las cifras de ventas de sus LPs fueron dramáticamente menores; entre 5.000 y 10.000. Realizando cerca de 300 conciertos al año, Brown había forjado un formidable número de seguidores y, a principios de los años 60, fue nombrado el artista más trabajador del mundo del espectáculo. Simplemente, Brown se vaciaba en sus actuaciones, las presentaciones en vivo eran eléctricas.

Posteriormente, la lógica de Brown fue: capturar la magia del directo y venderla. Años más tarde recordaría: “Las canciones eran muy diferentes en directo. Cualquier artista, si realmente lo había dado todo, su show en vivo será dos veces mejor que el disco”. Los álbumes de conciertos, como comentábamos al principio, eran una rareza en ese momento. De hecho, en King Records, el pensamiento preferido del jefe Syd Nathan era: si un álbum en vivo está disponible en las tiendas de discos, ¿por qué ir a los conciertos?

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Fotografía: Michael Ochs Archives / Getty Images

Entonces Nathan, también famoso por su estrechez de miras, vetó el proyecto. Pero Brown fue inflexible, acumulando el dinero para la grabación y también alquilando el Apollo, que costó 5.700 dolares, unos 70,000 a día de hoy. James Brown y The Famous Flames comenzaron sus actuaciones en el Apollo el 19 de octubre, pero decidieron grabar su concierto el miércoles 24.

Tal vez el mejor álbum en vivo jamás grabado. El extraordinario drama y el ritmo de un show de James Brown se capta mientras agota a su audiencia. Deja sin aliento desde la introducción hablada. Continúa con éxitos cortos y febriles como “Try Me” o “Think”. La pieza central del concierto es la cruda balada “Lost Someone”, de 10 minutos de duración. La fascinante relación de Brown con el público es palpable: “¡Me siento tan bien que quiero gritar!” grita. El espectáculo termina con una versión desbocada de “Night Train”

Como propietario de las grabaciones, Brown obligó a Nathan a comprarle las cintas. Pero Nathan no estaba impresionado. Brown recuerda: “No le gustaba la forma en que pasábamos de una canción a otra sin parar … Supongo que esperaba copias exactas de nuestros discos anteriores, pero con gente que aplaudía cortésmente en el medio”. Una vez que Nathan finalmente aceptó imprimir 5.000 copias del álbum, ambos discutieron sobre el sencillo promocional. James Brown: “El señor Nathan estaba esperando ver qué canción tocarían las emisoras de radio del álbum, para lanzarla como sencillo”. Le dije: “No vamos a sacar ningún single de él. Véndelo como está”.

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Primer plano de The Famous Flames

Sorprendentemente, los DJs de la radio, alentados por la audiencia, comenzaron a reproducir todo el álbum, lanzando anuncios entre la primera y el segunda cara. La grabación era tan palpablemente viva, los oyentes de la radio casi pudieron ver a la embelesada multitud, y a James Brown mientras se arrodillaba, inclinando la cabeza, sosteniendo el micrófono con ambas manos y cantando sobre la fuerza de la pasión o las profundidades de la frustración y la pérdida.

“Live at the Apollo” posteriormente vendió millones de copias, gracias sobretodo al boca a boca, escalando al Nº 2 en las listas de álbumes pop. Catapultó a Brown fuera del circuito de la comunidad negra, y atrajo al público blanco tan codiciado. Además, como recuerda Bobby Byrd, componente de The Famous Flames: “Todo el mundo comenzó a hacer álbumes en vivo, todos se subieron al carro”. James Brown actuó en multitud de estadios, en Vietnam y África, para presidentes y en programas de televisión ante millones de personas. Pero en una fría noche de octubre de 1962, frente a 1.500 seguidores hambrientos, realmente cambió una parte muy importante de la industria del disco.

Cara A del Álbum

Cara B del Álbum